LA MISERICORDIA EN SANTA LUISA DE MARILLAC (I)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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  1. UNA SOCIEDAD SIN CORAZÓN

El 11 de abril el Papa Francisco, con la Bula El rostro de la Misericordia, promulgó un Jubileo Extraordinario de la Misericordia desde el 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016. Y añadió: «¡Cómo deseo que los años venideros estén impreg­nados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!» (MV, 5). ¡Hoy día hay tanta necesidad de misericordia!

Porque los corazones de los hombres modernos no albergan demasiada misericordia, están bloqueados. Son humanos deshuma­nizados, a los que les son indiferentes los sufrimientos ajenos en esta sociedad donde solo triunfan los fuertes. La técnica, la eficacia y la burocracia han destruido la ternura. A la sociedad actual le pare­ce que mostrar corazón compasivo hacia el que sufre es humillante para la dignidad del que sufre e indigna de personalidades fuertes y emprendedoras en una sociedad competitiva como la actual, donde solo triunfan los fuertes. Esta sociedad no tiene puestos de trabajos para todos y se ha convertido en un estadio donde se forma a los hombres para superar las dificultades y no mostrar compasión con los que pierden, rivales suyos. Vuelve a ser realidad la frase de Plauto y popularizada por Thomas Hobbes: «Homo homini lupus» [el hombre es un lobo para el hombre]. Necesitamos echar de nos­otros la mirada fría y mostrar nuestros sentimientos sin avergonzar­nos de que vean nuestras lágrimas.

Las ciencias humanas quieren arrancar de los hombres :as represiones por medio del deseo ilimitado de placeres descarados. convirtiendo la afectividad en sensualidad, aunque el corazón quede insatisfecho y vacío. Esta sociedad necesita recordar las palabras de Mons. Uriarte: «Una persona que no ha vivido la experiencia salu­dable de sus propios límites, la frustración provocada por sus pro­pios fallos, la impotencia a la hora de cumplir sus propósitos, la mordedura del sentimiento de culpabilidad, la necesidad de ser per­donado, la angustia de la cita con la muerte… está inmunizada con­tra la misericordia. Los triunfadores natos suelen ser poco propen­sos a la misericordia». Es la realidad humana de siempre. Es la rea­lidad moderna como lo era en el siglo XVII, el siglo en el que vivie­ron san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac.

Benito Martínez Betanzos, C.M.

CEME, 2015

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