La Medalla Milagrosa, memorial vivo y perpetuo de las apariciones a Santa Catalina

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación de la Medalla Milagrosa, Virgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Miguel Pérez Flores, C.M. · Año publicación original: 2001 · Fuente: Revista Virgen Milagrosa.
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Con muy buen acuerdo los responsables de la Asociación han decidido estudiar durante el año 2001 los Estatutos de la Asociación como uno de los temas de formación con la finalidad de conocer bien quiénes somos como Asociación, qué pretendemos y cómo nos gobernamos entendiendo por gobernar saber condu­cir a la Asociación y a sus miembros a las metas por la que fue constituida, por las que optaron a hacerse miembros de la Asociación.

Por Asociación entendemos, en sentido amplio, cualquier grupo formado volun­tariamente para conseguir finalidades determinadas, mediante una organización reconocida por la autoridad com­petente, como en el caso de la Asociación de la Medalla Milagrosa es el Superior General de los Paúles y de las Hijas de la Caridad. En toda Asociación hay ele­mentos esenciales, de tal manera que si fallan no sería, propiamente hablando, una Asociación, como son la finalidad, la existencia de miembros y el soporte organizativo.

Los Estatutos que intentamos comentar son los que de una manera concreta de­terminan las disposiciones que de una manera general se han establecido en las leyes generales de la Iglesia para las Asociaciones.

Uno de los elementos esenciales de toda asociación es que sus miembros sean cris­tianos, que toman parte, a su modo de la función sacerdotal, profética y real de Cris­to, cada uno según su propia condición. Todos están llamados a llevar a cabo la misión de la Iglesia que no es otra que ser continuadora de la misión salvadora de Cristo Jesús. Las asociaciones no se cre­an si no es para realizar unos fines que sir­van a la misión de la Iglesia. Con razón di­jo el Concilio Vaticano II que si la devoción a la Virgen María no nos hace más cris­tianos, tal devoción es vana. Toda devo­ción mariana tiende a que Jesucristo sea mejor conocido, amado y glorificado y que, a la vez sean mejor cumplidos los mandamientos (LG. 66). Y en otro lugar, el mismo Concilio exhorta a que se expli­quen rectamente los oficios y privilegios de la Santísima Virgen, que siempre tie­nen como fin a Cristo, origen de toda ver­dad, santidad y piedad (LG. 67). Y una úl­tima exhortación es que los fieles tengamos en cuenta que la verdadera de­voción no consiste ni en un sentimiento estéril y transitorio, ni en una vana cre­dulidad, sino que procede de la fe au­téntica, que nos induce a reconocer la ex­celencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Ma­dre y a la imitación de sus virtudes (LG. 67).

Teniendo muy presente lo anteriormen­te expuesto, pasamos a estudiar los Es­tatutos de la Asociación porque, según lo establecido en las normas comunes de la Iglesia, no se admiten a ninguna aso­ciación que no tengas sus normas particulares o Estatutos. Efectivamente, el ca­non 304 § 1 establece: Todas las Asocia­ciones de fieles, tanto públicas como pri­vadas, cualquiera que sea su nombre o título, deben tener sus estatutos propios, en los que se determine el fin u objeti­vo social de la Asociación, su sede, el go­bierno y las condiciones que se requie­ren para formar parte de ellas y se señale también su modo de actuar, teniendo en cuenta la necesidad o conveniencia del tiempo y del lugar.

Origen de la Asociación de la Medalla Milagrosa

La Asociación se entronca en la Medalla Milagrosa. La devoción a la Medalla Mi­lagrosa fue la razón de que, primero, en Polonia, los obispos, viendo que los fieles se reunían, no sólo para honrar a la Vir­gen de la Medalla Milagrosa y extender su devoción, sino para ejercer el aposto­lado, pidieron a la Santa Sede que apro­bara dichas reuniones a modo de Asocia­ción eclesial y la concediera numerosas indulgencias y privilegios. El Papa Pío X respondió afirmativamente con un res­cripto el 3 de Junio de 1905. (Circulaires del P. Fiat aux Missionaires, pág. 764)

Este hecho suscitó la conciencia mariana del Superior General de los Padres Paú­les y de las Hijas de la Caridad y le pare­ció conveniente no mantenerse ajeno a este modo de honrar a la Virgen de la Medalla Milagrosa, por la sencilla razón de que todo se había originado dentro de la Comunidad de las Hijas de la Caridad en la que santa Catalina se estaba pre­parando en el noviciado (seminario lo lla­man ellas) para ser buena Hija de la Ca­ridad, servidora de Cristo en los pobres.

La respuesta de Pío X, con fecha del 16 de diciembre de 1908 tenia un todavía un sentido local. La respuesta del Papa al P. Fiat, el 8 de julio de 1909 fue, como se pidió, es decir, que la Asociación tuviera carácter universal y además que fuera una Asociación organizada consideran­do a la Medalla Milagrosa como un me­morial vivo y perpetuo de las aparicio­nes de la Virgen a la sencilla y humilde novicia, Catalina Labouré. Dotando a lo Asociación de los Estatutos oportunos (Circulaires, o.c. pág. 765), que han ido renovándose al correr de los tiempos, co­mo ha sucedido con los actuales apro­bados por el Director General, P. R. Ma­loney el 11 de diciembre de 1999.

Para evitar la confusión que se podría en­gendrar con la Asociación de las Hijas de María (hoy Juventudes Marianas Vicen­cianas), el P. Fiat se apresuró a escribir el 12 de febrero de 1909, una circular a las Hijas de María anunciándolas una gran noticia: la creación de una Asociación de la que la Medalla sería la insignia y que sería llamada Asociación de la Medalla Milagrosa. Era la respuesta que san Pío X dio al Superior General de la Congrega­ción de la Misión y de las Hijas de la Ca­ridad: Nuestro querido hijo Fiat A.., nos ha informado que en muchas diócesis del mundo católico existe una piadosa Asociación de la Medalla en honor de la In­maculada Concepción, ordinariamente llamada Asociación de la Medalla Mila­grosa (Circulaires, o.c. pág. 765).

Naturaleza de la Asociación (Capítulo 1°, Art. 1°)

El estudio atento de los Estatutos ac­tuales, actualización de los aprobados por san Pío X, nos permiten conocer la razón de la Asociación, los fines que pre­tende, su organización y el espíritu que la debe animar, las condiciones requeri­das para ser miembro de la Asociación, la exhortación a celebrar lo mejor posi­ble la fiesta litúrgica de la Milagrosa el 27 de noviembre o en otras fecha que relacionada con la Medalla resulte más oportuno. Los Estatutos dan base para llevar a cabo otra prácticas en honor de la Virgen o de apostolado misionero y de servicio a los pobres, personal o aso­ciativamente.

El primer capítulo de los Estatutos des­cribe la naturaleza eclesial de la Asocia­ción. Expone los elementos esenciales:

  • Es una Asociación a la que pueden per­tenecer toda clase de fieles con tal de que no rechacen públicamente la fe o se apartara de la comunión eclesiásti­ca, o se encuentren incursos en una ex­comunión impuesta o declarada. (ca­non 316 § 1)
  • Es una Asociación «pública». El término «publico» es un término técnico en el Derecho eclesial y definido en el canon 301 § 3: Las Asociaciones de fieles erigidas por la autoridad ecle­siástica competente se llaman Asocia­ciones «públicas». El que sea Asociación pública, lleva consigo el que está obli­gada a las normas eclesiales dadas para las Asociaciones en general (cánones 298­311) y las propias de las Asociaciones «públicas» (cánones 312-320; 327-329). La palabra «pública» no se toma aquí en un sentido general como una cosa vista por todos y conocida por todos.
  • La aprobación pontificia por la que la Asociación toma, no sólo el carácter ecle­sial en el aspecto jurídico, sino que el Papa la inserta en el misión santificado­ra de la Iglesia y la hace un medio mo­desto y humilde de ser continuadora de la misión de Cristo. El Concilio Vaticano II enseña que la función maternal de Ma­ría, después del consentimiento de la Anunciación no tiene ya fin… Virgen y Madre, María es figura de la Iglesia y, después de haber dado a luz a su pri­mogénito cooperó a la regeneración a los innumerables hermanos de Cristo, esto es, de los fieles (LG. 62-63). Debido a la íntima y profunda relación de María con la Iglesia, la Asociación de la Medalla lle­va la nota de Eclesial.
  • Por razón de su origen, de su aproba­ción eclesial, su finalidad y contenido asume la nota de ser una Asociación Mariana. Tampoco se trata únicamen­te de una nota externa y social. Al ase­gurar que la Asociación es Mariana, compromete a sus miembros a profun­dizar no sólo en la acción de María en las personas que la honran y veneran, sino en ahondar en el designio de Dios de la misión de María, escogida entre todas las mujeres para ser la Madre de Dios, el que Dios se haga hombre co­mo nosotros, sea nuestro redentor y nos abra las puertas de la salvación eterna y desempeñar otras funciones mater­nales en los hombres, llamados todos a la felicidad que esperamos gozar al fin de nuestra peregrinación en la tierra.
  • La tercera nota que caracteriza a la Aso­ciación es la de Vicenciana. También en esta nota no sería suficiente verla porque el origen de la Medalla surgió dentro de la Familia Vicenciana y han sido los hijos e hijas de san Vicente sus principales propagadores, ni porque hoy el Director General de la Asociación sea el sucesor de san Vicente. El mejor le­gado que ha dejado san Vicente es la visión de Cristo en los pobres , los pre­dilectos del Señor. El que forma parte de la Asociación debe meterse, desde su situación en la dinámica de la espi­ritualidad vicenciana. La Virgen María, Madre de Dios, Madre de misericordia y Madre de Esperanza de los pobres. Carecemos en el Evangelio de pasajes que nos pongan a María cercana a los pobres. Ella, sin embargo se une a los prodigios de su Hijo dirigidos casi siempre a los pobres. El pueblo cristiano, la ha dado el titulo de Madre de la Mise­ricordia. Ella es la Madre de Misericor­dia atenta siempre a los ruegos de sus hijos. Ella es la Madre clemente, que habiendo experimentado la misericor­dia de Dios de una manera singular, pro­yecta su misericordia sobres los hom­bres necesitados; a los hambrientos colmó de bienes y a los ricos les dejó vacíos. Juan Pablo II, en su encíclica «Ri­co en misericordia» refiriéndose a Je­sucristo, afirma que María conoció la misericordia divina como nadie, de una manera singular y extraordinaria (Rico en Misericordia, 9). No en vano la in­vocamos como refugio de los pecado­res, consuelo de los afligidos y salud de los enfermos.

Nombre de la Asociación (Capítulo 1°, Art. 2°)

Es obvio que cada Asociación tenga un nombre o titulo que la identifique y dis­tinga de las demás. Está plenamente jus­tificada la nota puesta al final del capi­tulo primero, articulo primero porque en un principio se llamó Asociación de la In­maculada Concepción de la Sagrada Me­dalla o Asociación de la Santa Medalla en honor de la Inmaculada Concepción. La traducción literal del articulo primero aprobado por su santidad reza así: «La Asociación de la Sagrada Medalla en ho­nor es como un monumento vivo y pe­renne de la aparición de la Inmaculada Virgen María del año de 1830, cuya fies­ta anual se celebra el 27 de noviembre, y en la cual la Santísima Virgen mostró el ejemplar de la Medalla que, difundi­da luego por todo el mundo, es llamada por el pueblo milagrosa, a causa de los continuos prodigios que se creen divi­namente realizados por su mediación» (Circulaires, o.c., 965). La alusión del pri­mer nombre a la Inmaculada Concepción fue debido, como dice un historiador de las Asociaciones eclesiales García A. , al ambiente inmaculista que existió en el siglo pasado acerca del dogma de la In­maculada de la Virgen María que, como sabemos, fue definido dogmáticamente por el Papa, Pío IX, hoy beato, el día 8 de diciembre de 1854. Hoy, como dice la nota al articulo segundo, en algunas par­tes todavía se la sigue llamando Asocia­ción de la Inmaculada Concepción, pero es más popular, al menos en España, lla­marla Asociación de la Medalla Milagrosa, siendo éste el nombre oficial.

Lee, reflexiona y comparte

  1. ¿Tienes conciencia de que ser Igle­sia es ser miembro vivo y compro­metido con lo que la Iglesia es y con lo que la Iglesia hace?
  2. ¿Cómo es tu devoción a María? ¿Tra­tas de imitarla en tu vida?
  3. ¿Qué actitudes adoptas ante los po­bres? Imitas al buen samaritano o pasas de largo ante ellos como el sacerdote y el levita de la Parábola? (Lc 10, 29-38)

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