La Medalla Milagrosa, expresión gráfica de la mariología

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Emilio Cid, C.M. · Año publicación original: 1981 · Fuente: 9ª Semana de Estudios Vicencianos.

Este artículo se escribió para «Sendero», la revista multicopiada de los Es­tudiantes paúles de Filosofía. «Sendero» quiso dedicar un número extraordinario (el 99-100) al tema mariológico del Año Santo de 1954. y ahí encontró su lugar el presente artículo (pp. 7-20). Aunque había pasado el tiempo, el Padre Cid seguía identificándose con la doctrina que aquí una vez expuso; de ahí que espontáneamente evocase el hecho, cuando se optó por el tema de la IX Semana de Estudios Vicencianos: el CL ani­versario de la Medalla Milagrosa. La publicación del trabajo del Padre Cid es sin duda un tributo póstumo, pero rebasa dicha finalidad para enriquecer el contenido de este volumen. La sencillez y rigor de sus procedimientos hicieron que el resultado no perdiese actualidad. En cuanto al carácter del Padre Cid, véase sobre todo la breve semblanza que de él escribió para los «Anales» (de la C. M. y de las HH. de la C. Madrid, t. 88, n.° 4 abril 1980, pp. 295-302) el Padre M. González R., C. M. (hay sólo una exigua inexactitud: Ervedelo, i.e. el seminario diocesano, fue su primer destino, aparte de eso, los estudios en París siguen de inmediato el destino en Potters Bar). Por lo que atañe a la doctrina mariana, puede cotejarse el pensamiento de este artículo con el de otro que el Padre Cid escribe ese mismo año para «Divus Thomas», publicación del Collegio Alberoni (Piacenza, Italia), a LVII (1954), n.° 3-4, pp. 422-441: «Del dogma de la Inmaculada Concepción al de la Asunción». Aunque tributario del método entonces vigente, saltan por doquier a la vista los indicios de una penetración relevante al día de hoy, y su sobria lectura de las Encíclicas no desdice de lo que observaría R. LAURENTIN en marzo de 1973 («Con­cilium», n.° 83 p. 425) : «...El documento definitorio dio a la Asunción un conteni­do mínimo: María fue tomada (assumpta), en cuerpo y alma, con Cristo resucita­do. Nada más: no se menciona la muerte ni la inmortalidad, ni el cómo, ni el cuándo, ni la «subida» al «cielo», ni incluso que se trate formalmente de un «privilegio» único, cosa que Pío IX había precisado, a propósito de la inmaculada concepción, en 1854». Sencillas comprensiones sobre las que estriba el pensamiento del Padre Cid son:... «que Dios hizo un orden aparte para la Virgen María, análogo al de su Hijo, y la dotó de todo lo necesario para su función de Madre de Dios y de los hombres». ... «El orden a que pertenece la Santísima Virgen es un orden nuevo, dependiente de la voluntad de Dios, que no es repetición exacta del orden antiguo de Adán inocente y que no puede conocerse por simple comparación con él, sino por una revelación distinta»... «De la Virgen María no se nos dice en ninguna parte que eligiese su propio estado ni sus defectos y cualidades... A lo sumo podemos afirmar que María tuvo los mismos defectos que Cristo, que los aceptó voluntaria­mente, pero no los tomó libremente». La Asunción, afirma el Padre Cid, no se deduce de la Inmaculada, sino que entre uno y otro misterio existe una maravillosa congruencia. La Concepción Inmaculada significa un «triunfo» especial de María sobre el pecado original y sus secuelas morales, y la Asunción un «triunfo» sobre la disolución física en que con­siste la muerte. El Padre Cid reivindicará además el sentido mariológico de Génesis, 3, 15 y Apocalipsis, 12, 1, «por encima de toda discusión». En suma, nos es grato poder recordar al Padre Cid en un tema tan íntimo a la historia de la doble familia ( L. Huerga, C. M.).


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I. Estudio general

1. El simbolismo en la plástica cristiana

El respeto y la veneración por los personajes eminentes mueve a los hombres a mantener viva su memoria ejemplar por medio de estatuas. Por la necesidad de sensibilizar sus buenas cualidades, se les añade símbolos que de una manera compendiosa narran al expectador sus virtudes cívicas o mi­litares.

La misma ley mueve la plástica cristiana. La Iglesia al principio para ocultar sus misterios los representaba por me­dio de símbolos; pero cuando pudo salir a la luz pública dejó toda la libertad para el uso de las imágenes. Ya desde entonces a las imágenes se les añadía símbolos complementarios, lla­mados atributos, para distinguir a los santos de los que no lo eran, más tarde para distinguir las categorias de los mismos y al fin para distinguir individualmente a un santo de otro. Así hacia el siglo IV empezó a poner un nimbo luminoso en la cabeza de los santos, poco después aparecen los símbolos especiales de una categoría de santos : el folio de los apóstoles y de los profetas, la palma de los mártires, el libro de los doc­tores, el báculo y la mitra de los obispos. Desde el siglo X empieza tímidamente los atributos individuales: las llaves de San Pedro, la espada de San Pablo, la rueda de santa Catalina, la cruz de san Andrés, etc.

Los símbolos accesorios son objetos que aluden a su his­toria, o símbolos de sus virtudes más sobresalientes. Como se trata de signos arbitrarios no siempre es fácil interpretar sus significado, porque cada época y aún cada pueblo tiene sus signos expresivos propios.1

2. Símbolos de la Medalla Milagrosa

La Medalla Milagrosa, prescindiendo ahora de su origen, es un caso particular dentro del cuadro general de la plástica cristiana. Ostenta una imagen de la Virgen María con símbo­los complementarios tanto en el anverso como en el reverso, que explican sus perfecciones.

Considerando en general el conjunto de símbolos de la Medalla Milagrosa, podemos afirmar que su lenguaje es sen­cillo, claro, universal y expresivo. Considerado después en particular afirmamos que la Medalla Milagrosa expresa en for­ma gráfica de una manera más o menos explícita todas las verdades de la Mariología.

Voy a prescindir de la descripción de la medalla con las palabras de la vidente, y, en su lugar, enumeraré los símbolos.

En el reverso:

La letra M que sostiene una cruz sobre una barra horizon­tal, que se entrelaza en los trazos de la M.

El Corazón Sagrado de Jesús coronado de espinas y con llamas en la parte superior, a su lado el Corazón de María con llamas encima y atravesado con una espada.

Alrededor de ambos signos doce estrellas.

En el anverso:

La imagen de María con los siguientes símbolos suple­mentarios :

Medio globo terrestre sobre el que apoya los pies.

Debajo de los pies, una serpiente verde con pintas ama­rillas.

En las manos haces de luz que tienden hacia la tierra.

Alrededor, una inscripción que dice: Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos.

No figura la Medalla, pero es necesario tenerla en cuenta para su comprensión, una primera fase de esta misma apari­ción, en que la Virgen se presenta orante con un globo en las manos coronado por una pequeña cruz de oro.

De todos estos símbolos podíamos formar tres grupos :

  • Primero: símbolos inmediatamente bíblicos.
  • Segundo: símbolos remotamente bíblicos.
  • Tercero: sígnos naturales que significan en el orden so­brenatural lo que expresan.

Son símbolos inmediatamente bíblicos:

Los corazones, que aluden al conocido texto de la profe­cía de Simeón: “Y una espada atravesará tu alma”.2 Como también a la presencia de María en el Calvario.3

Las estrellas recuerdan claramente el texto del Apocalipsis : “Y en su cabeza una corona de doce estrellas”.4

El color del vestido alude al mismo versículo : “Una mujer vestida de sol”.5

La serpiente a los pies de María alude al Protoevangelio: “Pondré enemistades entre tí y la mujer, entre tu descenden­cia y la suya, y habrá en su descendencia quien quebrante tu cabeza”.6

La M y la cruz pertenece al segundo grupo. Bien puede considerarse como una estilización del evangelio de la infan­cia de Jesús, particularmente del capítulo primero de san Lu­cas, donde se habla de la Madre de Jesús.

Al tercer grupo pertenecen los rayos en las manos, los globos, la actitud orante, la actitud de distribuir. Aparte que la misma Virgen María los explicó a la vidente, son tan sen­cillos que con solo verlos se comprenden.

Después de esta consideración nos atrevemos a asegurar que no hay lugar bíblico interesante de carácter mariológico que no esté incorporado a la Medalla. De ello se deduce que el simbolismo es universal. Que es claro y sencillo lo veremos enseguida. En otra dimensión podríamos asegurar que en valor plástico y expresivo supera con mucho las Inmaculadas de Murillo y aún la inmensa mayoría de las imágenes de la Virgen por no decir a todas.

3. La Medalla ante la teología

La segunda afirmación es que la Medalla Milagrosa com­pendia toda la mariología.

Toda la mariología se reduce a dos principios simples: María es Madre de Dios; María es madre espiritual de los hombres. La dignidad de Madre de Dios exige el privilegio de la Inmaculada,7 la impecabilidad, la esención del fómite del pecado o desorden de la concupiscencia, la maternidad virginal, la Asunción corporal,8 los carismas espirituales, la realeza.

El segundo principio se desarrolla en las siguientes fases: 1. Consentimiento en la maternidad divina y en la obra re­dentora;9 2. Compasión de María con Cristo, o sea colabo­ración de María en la Redención de los hombres realizada por Cristo en la Cruz;10 3. Intercesión de María ante Dios por los hombres, como en Caná de Galilea;11 4. Distribu­ción de las gracias.

Los teólogos intentan sintetizar ambos principios en una solo y en una sola fórmula, y toda la cuestión está en buscar el punto de conexión, o sea saber cómo la maternidad espiri­tual de María está contenida en la Maternidad divina. Una de las opiniones y no la menos probable, es la que reduce toda la mariología a una sola expresión compendiosa: María es la Madre del Redentor.12 Esta fórmula tiene una explicación sencilla. La maternidad de María no es una maternidad como la de cualquier otra mujer, sino que es una maternidad cons­ciente del futuro del hijo y libre al mismo tiempo. Podemos distinguir en ella los siguientes elementos:

Primero: la maternidad física, que funda una solidaridad con la persona, no con la obra del Hijo. La cooperación de María a la obra de Cristo por esta sola razón sería puramente material y mediata.

Segundo: la maternidad consciente del futuro del Hijo y libre. Funda una solidaridad moral con la persona y con la obra. Pero esta colaboración a la obra es sólo inicial. María por este título quedaba asociada inicialmente a la obra reden­tora del Cristo.

Tercero : la maternidad consciente de la redención dolorosa y aceptación libre de su participación en ella. Es el caso de María que conoció la obra redentora de Jesús por el dolor y aceptó libremente su participación en ella.

Este tercer elemento tiene un fundamento sólido. En pri­mer lugar a la Stma. Virgen fuéle revelado el nombre de Jesús, que significa Salvador, y por las profecias mesiánicas conocía el modo doloroso de la salvación de Israel.13 Por otra parte la humilde respuesta de María al Angel “Ecce ancilla Domi­ni”14 tiene un sentido más claro si el mensaje es glorioso y do­loroso al mismo tiempo. Entonces tiene el valor de un gesto noble del que acepta un sacrificio sin atender al honor. La profecía de Simeón no es sino una declaración más explícita de la misma realidad.

Luego el título de Madre del Redentor sintetiza la verdad de la Maternidad divina y de la asociación de María a la re­dención dolorosa de Cristo, y de estas verdades se deduce ló­gicamente toda la mariología. La Encíclica “Fulgens Corona” viene a confirmar esta opinión : “De este sublime oficio de Madre de Dios, —dice— como de una fuente misteriosa y limpidísima parecen brotar los privilegios y las gracias, que adornaron su alma y su vida de maneras y por razones extra­ordinarias”.15

Veamos ahora la Medalla. La Medalla Milagrosa tiene un ritmo dialéctico que avanza de los fundamentos de la mario­logía en el reverso a la plenitud de sus funciones reales y ma­ternales en el anverso. He aquí los tres momentos fundamen­tales de esta síntesis plástica :

Primero: La M coronada por una cruz. Significa la Ma­ternidad Divina, que es raíz y fundamento de la Maternidad espiritual. Este símbolo resume en forma gráfica y sintética el principio general de toda la mariología.

Segundo: Los Corazones de Jesús y de María en actitud de sufrimiento y de amor. Simbolizan el amor y el dolor re­dentor de Jesús y, paralelo a él, el amor y el dolor corredentor de María. Este símbolo explica el anterior, significa la mater­nidad espiritual de María en ejercicio. La Virgen María nos engendra a la vida espiritual por medio de su amor • y de su dolor corredentivo.

Tercero: La imagen de la Virgen María en actitud de Me­dianera de todas las gracias. Esta imagen, significativa en to­dos sus detalles, completa los símbolos anteriores. La supre­ma prerrogativa de su maternidad espiritual es contribuir a la distribución de las gracias. Después analizaremos más al de­talle el rico simbolismo que la adorna.

II. Estudio particular de los símbolos

A) Reverso

1. La letra M y la cruz

Empecemos por el primer símbolo. La Santa no describe nunca al detalle en sus escritos el reverso de la Medalla, los detalles se los debemos al Padre Aladel que los recibió de la Santa de viva voz. Esta circunstancia no disminuye en nada su autoridad. La Santa vió la medalla y la confirmó y habla de su reverso como de cosa conocida por todos. He aquí las palabras del P. Aladel:

“En esto volvióse el retablo, y en reverso vio la letra M, sobre la cual había una cruz descansando Sobre una barra, y debajo los corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado por una corona de espinas, y atra­vesado con una espada el segundo”.16

Santa Catalina supone verídico este relato sin bajar a de­talles: “Al punto dice me pareció que el cuadro daba la vuelta, donde yo ví el reverso de la Medalla; un día, durante la me­ditación, me pareció oir una voz que decía: La M y los cora­zones dicen lo bastante”.17

La interpretación de este símbolo es sencillísima. La letra M es la primera del nombre de María. “En el reverso —dice el libro de la Medalla Milagrosa— se veía lo mismo que la vez anterior el monograma de la Virgen con la cruz encima”.18 Igual interpretación da el Papa Pío XI.19

La cruz que está encima de la M significa :

Primero: la persona de Jesucristo, que padeció en ella.

Segundo: la obra redentora de Jesucristo, que fue el motivo de padecer.

Tercero: el modo doloroso de la Redención en concreto.

Ahora el conjunto del símbolo significa que la persona y la obra redentora de Cristo, en concreto, arranca de la persona de María. Destaca por lo tanto la Maternidad divina de María en concreto como raíz de su maternidad espiritual por su unión con Cristo. La barra horizontal resuelve un problema estético de equilibrio y acentúa la intimidad y profundidad de la unión entre Cristo y la Virgen María.

Ahora bien traducida a términos técnicos esta unión de Cristo y de la Virgen María, tenemos que la Medalla Mila­grosa en este primer símbolo enseña la cooperación de María a la obra de Jesús :

Primero: de una manera material y remota sencillamente por el sólo hecho de ser su Madre.

Segundo: de una manera formal o moral .y próxima, pero inicial, por consentir en su obra redentora.

Tercero: de una manera formal, próxima y perfectiva por consentir al modo doloroso de la Redención de Cristo y al aceptar su participación en ella.

Luego la Medalla Milagrosa sintetiza en forma sencilla y plástica el principio fundamental que contiene virtualmente todas las verdades de la mariología. Por el mismo camino probaríamos que en este breve símbolo se hallan estilizados todos los lugares bíblicos que dicen referencia a la Stma. Virgen.

2. Los corazones

El segundo símbolo de la Medalla lo forman dos corazones “el de Jesús y el de María, de los cuales el primero estaba cir­cundado por una corona de espinas, y atravesado por una espada el segundo”.20 Todos los grabados, empezando por el cuadro de Lecerf, pintado en 1835 por encargo del P. Aladel añaden las llamas que brotan hacia arriba del interior de ambos.21

Ni la Santa, ni el P. Aladel explican nunca el significado de estos corazones. Unicamente la Vidente oyó interiormente aquellas palabras de la misma Virgen María: “Bastante dicen la M y los Sagrados Corazones”.22 Ello significa que la com­prensión es obvia Analicemos un poco más.

Sabemos ciertamente que se trata del Corazón de Jesús y del Corazón de María. Ambos están en actitud de amar. El corazón por sí es un símbolo universal del amor, las llamas ex­plican mejor este significado o añaden la idea de intensidad. Ambos están en actitud de sufrir, el Corazón de Jesús está coronado con la corona de espinas de la Pasión, el de la Vir­gen María atravesado por una lanza. La alusión a la Pasión de Cristo y a la participación de María en ella es clarísima. Po­díamos preguntar por qué la espada atraviesa el corazón de María y no el de Jesús tal como sucedió en la realidad. San Bernardo da una respuesta plausible a esta dificultad: “Cier­tamente (la espada) atravesó tu alma, Madre santa… Y en verdad, después que aquel tu Jesús murió, la lanza cruel que abrió su costado no tocó a su alma, pero ciertamente atravesó la tuya”.23

Siempre el corazón de una madre anda paralelo con el del hijo principalmente en el dolor. Mucho más el corazón de Ma­ría, asociada en todo a la obra del Hijo. Este paralelismo de corazones lo muestra de una manera general el Protoevan­gelio y el Capítulo 12 de la Apocalipsis, y más en concreto la profecía de Simeón y la presencia de María en el Calvario a los cuales alude la Medalla inmediatamente.

La profecía de Simeón habla primero del Hijo : “He aquí que ESTE ha sido puesto para ruina y para salvación de muchos en Israel, y como bandera que será combatida”.24 Luego habla de la Madre que participará de la contradicción del Hijo : “Y una espada atravesará tu alma”.25 Difícilmente hallaríamos una visión plástica más exacta de esta frase que el corazón atravesado por una espada tal como lo ostenta la Medalla.

La profecía de Simeón se cumple en el Calvario. No po­demos hallar mayor paralelismo de corazones. Padece Cristo y compadece María.26 María sufre en carne viva la lanzada que el soldado dio en el cuerpo muerto del Salvador. Los corazones de la Medalla explican perfectamente este dolor pa­ralelo.

Con estos elementos a la vista bien podemos afirmar que los corazones de la Medalla enseñan que la Virgen María es la Corredentora. En realidad expresa el elemento material y for­mal de la corredención y alude a los pasajes de la Sagrada Es­critura en los que suelen fundar los teólogos esta verdad. Vea­mos más en particular.

La obra de salvación del hombre, realizada por Jesucristo principalmente en la Pasión, se llama con término general, Redención. En el acto redentor de Jesucristo distinguimos un elemento material, el dolor y un elemento formal, el amor y la obediencia. Son los elementos contrapuestos al pecado, que fue formalmente acto de rebeldía y materialmente de gula.

La cooperación de la Virgen María a la salvación del hombre se llama corredención. En el acto principal de la co­rredención, no único, distinguimos así mismo dos elementos : el amor y el dolor.

Los teólogos ven el fundamento de esta idea en la unión de la Virgen María con Jesucristo en la lucha contra el demonio y contra el pecado, tal como se describe en el Protoevangelio y en el capítulo 12 del Apocalipsis.27 La participación de Ma­ría en el acto redentor de Jesucristo la vemos anunciada en la profecía de Simeón y realizada en la escena del Calvario, en que presenció la Crucifixión, la muerte y la lanzada en el cos­tado del Hijo.

La Medalla Milagrosa no omite ninguno de los detalles que contribuyen a expresar esta idea.

Primera: los corazones están juntos como asociados a la misma obra redentora.

Segundo: están en actitud de sufrir, que es el elemento ma­terial del acto redentor y corredentor.

Tercero: estan en actitud de amar, que es el elemento formal.

Cuarto: aluden a los textos bíblicos en que los teólogos fundamentan la corredención.

Los teólogos estudian todavía las cualidades y los modos de la corredención de María.

Entre las cualidades enumeran, las siguientes: la correden­ción de María es inmediata y moral, más que la cooperación de cualquier madre a la obra del hijo; es secundaria en cuanto a la necesidad, y subordinada a la obra de Jesucristo, en cuanto a la eficacia.

Entre los modos hay que enumerar los cuatro aspectos que distinguen los teólogos en el acto redentor de Jesucristo. Es acto meritorio, satisfactorio, es sacrificio y es acto redentor.

La Medalla no expresa de una manera explícita esta doc­trina pero la incluyo como una semilla. Por sus alusiones a la Sagrada Escritura sus símbolos resultan tan amplios como la Escritura misma.

Aún nos queda otra dimensión en este símbolo. Los cora­zones tal como aparecen en la Medalla expresan el objeto ma­terial y el formal de las dos devociones más vitales de los tiempos modernos: la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y de María.

Prescindiendo ahora de la devoción al Corazón de Jesús, que excede los límites de este tema, voy a apuntar brevemente cómo la Medalla Milagrosa es también la Medalla del Corazón de María.

El objeto material próximo del culto al Corazón de María es su propio corazón físico, reflector y símbolo de su amor maternal.28

El objeto formal es siempre la excelencia de la persona de la Virgen María, elevada por su maternidad divina al orden hipostático y asociada a la obra redentora de Cristo. La razón diferencial es la eminencia de su santidad, y principalmente su ardientísimo amor para con Dios, para con Jesucristo, su Hijo, y su piedad maternal para con los hombres.29

Disputan los teólogos cuál es más importante en esta de­voción el amor a Dios y a Jesucristo o el amor corredentor a los hombres.

La Medalla Milagrosa presenta el símbolo universal de dicho culto, el corazón traspasado por una espada y da pre­ponderancia al amor corredentor.

Ya hemos visto y veremos después todavía cómo la Meda­lla está llena de la idea de la corredención y de la mediación universal de María, que en resumen no son sino el ejercicio de su amor maternal. Bien mirada la imagen de la Virgen Mi­lagrosa tiene la actitud maternal ante el hijo que empieza a dar los primeros pasos.

Así lo comprendió M. Dufriche-Desguenette, fundador de la archicofradía de Ntra. Sra. de las Victorias, bajo la protec­ción del Inmaculado Corazón de María, que no le dio otra insignia más que la Medalla Milagrosa con la obligación de recitar la jaculatoria de la misma: “Oh María sin pecado con­cebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos”.

Confirma estos puntos de vista la particular devoción de la Santa, activa y apostólica, a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Así aparece en su correspondencia30 y lo re­conoce Pío XII en la homilía de su canonización.31

3. Las doce estrellas

Sobre el símbolo de las doce estrellas hay que estudiar previamente la cuestión de su autenticidad en la Medalla.

La Santa no las menciona en sus notas. El P. Aladel no habla de ellas ni en la carta a M. Guillou de 17 de marzo de 1834,32 ni en el informe dado al promotor de la fe, de la dió­cesis de París en 16 de febrero de 1836,33 ni las admite el pintor Lecerf en 1836 en su cuadro de las apariciones hecho por encargo del P. Aladel.34

A favor de las estrellas están la tradición cuya antiguedad no he podido averiguar y libro del P. Aladel sobre la Medalla Milagrosa, Ambos testimonios serían definitivos si pudieran mostrarse medallas con estrellas del tiempo del P. Aladel o los testimonios que hoy se alegan se hallaran en las primeras ediciones del libro “La Medalla Milagrosa”.35

En resumen, yo carezco de datos para sacar una conclu­sión cierta ni siquiera probable sobre este punto dudoso.

La significación de las estrellas hay que tomarla de la in­terpretación del capítulo 12 de la Apocalipsis, al que alude evidentemente: “Apareció en el cielo —dice este texto— una gran señal, una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas”.

El contexto del capítulo se refiere a la Iglesia y a la Stma. Virgen, porque ni todo conviene a la Iglesia, ni todo a la Virgen María. En la cabeza de la Iglesia la corona de estrellas, según los intérpretes, es la corona de los doce apóstoles. En la cabeza de la Virgen María, dice S. Bernardo, las doce estrellas son las doce prerrogativas con que Dios quiso adornarla.36

Nosotros al menos podemos afirmar que las estrellas de la Medalla nos llevan a un texto famoso del Apocalipsis, del cual deducen los teólogos por su paridad con el texto del Génesis, casi todos los privilegios de la Santísima Virgen. Con ello ve­nimos a caer en la sentencia de san Bernardo de que las estre­llas significan las gracias de María, y se cuentan con el número sagrado aplicado a las cosas perfectas en el Antiguo Testa­mento y aún en el Nuevo como en el caso de los Apóstoles.

B) Anverso

El anverso lo llena todo la figura de María, significativa hasta los detalles mínimos

Por comodidad metódica distinguimos símbolos estáticos, que describen principalmente prerrogativas personales de Ma­ría y símbolos dinámicos que expresan su función mediadora.

Entre los primeros está la serpiente vencida a sus pies, el color del vestido, la jaculatoria de la parte superior. Entre los segundos pueden contarse los globos, bien que uno de ellos no figure en la Medalla, la actitud suplicante, los anillos en las manos, los rayos de luz, su posición maternal de distribuidora.

1. Símbolos estáticos

“La Santísima Virgen estaba de pie, vestida de blanco, con un vestido de seda de color blanco aurora”… “los pies apoya­dos en una bola”37 y debajo de los pies “una serpiente de color verdoso con pintas amarillas”.38 “En este momento, en que yo era o no era, y gozaba no sé qué, se formó un cuadro al­rededor de la Santa Virgen, un poco ovalado, donde había, en lo alto del cuadro estas palabras: ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos!”.39

Esta visión sintetiza dos momentos bíblicos paralelos, el Protoevangelio y el capítulo 12 del Apocalipsis. No hace falta más que leerlos para darnos cuenta de su relación inmedia­ta. Dice el Génesis: “Pondré enemistades entre tí y la mujer, entre tu descendencia y la suya, y de su descendencia habrá quien quebrante tu cabeza”.40

Dice el Apocalipsis: “Una mujer vestida de sol —blanco aurora, dice la vidente— en su cabeza corona de estrellas, y la luna debajo de sus pies”.41 Luego se describe la lucha a muerte con el demonio42 y el triunfo de la mujer.43

Ahora bien los teólogos deducen de estos lugares las si­guientes verdades mariológicas :

  1. María fue exenta de pecado original. La amistad de la primera mujer con el demonio había consistido en el consen­timiento al pecado. La enemistad de la segunda mujer con­sistirá en vencer el pecado. Esta enemistad es total y radical tal como se anuncia, luego ha de extenderse a la inmunidad del pecado original. La jaculatoria con la invocación “sin pe­cado concebida” hace explícita esta verdad.
  2. María fue exenta de pecado personal por la misma razón.
  3. María fue exenta de concupiscencia, que es una conse­cuencia moral del pecado original.
  4. María fue exenta de la corrupción en el sepulcro. El triunfo sobre el demonio no sería plena sin triunfar al mismo tiempo de las tristísimas consecuencias del pecado.44
  5. María es Reina del Universo, por su Maternidad divina, por su unión con Cristo y por su victoria sobre el enemigo.

En el otro orden de su función mediadora deducen los teólogos de estos mismos pasajes:

  1. Su Maternidad espiritual tanto por la interpretación del capítulo 12 del Apocalipsis como por su actitud de Nueva Eva.
  2. La Corredención por su unión con Cristo en la lucha y en la victoria sobre la serpiente.

Es imposible, y, hasta cierto punto, cae fuera de los límites de este trabajo desarrollar todos los puntos indicados. No obstante he de puntualizar algunos puntos más interesantes.

Sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, expresado en la Medalla, podemos hacer las afirmaciones siguientes:

Primera: la Medalla Milagrosa expresa en su simbolismo y en su jaculatoria el dogma de la Inmaculada Concepción.

Segunda: la Medalla Milagrosa es la Medalla de la Inma­culada. Así se llamó desde un principio,45 así la llaman co­rrientemente los documentos pontificios: “La medalla —dice Pío XI— que representa la imagen de María Inmaculada”,46 este es el carácter que tiene la liturgia de la fiesta en la oración, en el prefacio, en las antífonas.47 Y por fin supera el valor plás­tico y profundidad teológica a la de Murillo.

Tercera: La Medalla Milagrosa, difundida a millones desde el primer momento de su aparición,48 extendió por el pueblo cristiano la verdad de la Inmaculada Concepción con su sim­bolismo y con la jaculatoria explícita y preparó el ambiente de la definición dogmática. He aquí algunos documentos a modo de ejemplo donde la Iglesia reconoce el hecho:

Pío XI en el decreto de “tuto” para la beatificación de la vidente dice : “Esta medalla, que representa la imagen de María Inmaculada Juntamente con una piadosa invocación pre­paró oportunamente entre otras cosas los ánimos del pueblo cristiano para la inminente definición dogmática de la Inma­culada Concepción y derramó innumerables gracias de todo género y aun más los milagros abundantísimamente”.49

Pío XII en el decreto de “tato” para la canonización se expresa así : “Ciertamente que no eligió sin una esmerada —elegante— disposición de la Divina Providencia este día consagrado a la Inmaculada Concepción de la B.V. María, por cuya gloria ya antes de la definición dogmática la Bta. Ca­talina trabajó en gran manera —plurima adlaboravit — para que este decreto la embelleciese con esta diadema”.50

Y recientemente volvió a repetirlo a las Hijas de María: “Hace siete años la canonización de santa Catalina Labouré coincidía con el centenario de vuestra asociación ,y así como el nacimiento de ésta tuvo lugar en los preludios del dogma de la Inmaculada Concepción, inflamando de una intensa devo­ción las almas cautivas por este gran privilegio mariano”.51

Otro punto digno de explicación es cómo la Medalla Mila­grosa contiene la doctrina de la Asunción. Ciertamente la con­tiene aunque de una manera implícita. Presenta a la Virgen María triunfante sobre la serpiente. Ahora viene el triunfo de María, por analogía con el triunfo de Cristo, es una victoria sobre el pecado y sobre la muerte principalmente.52 Ya hemos visto cómo triunfó sobre el pecado por su Concepción Inma­culada. Ahora afirmamos que el triunfo sobre la muerte no consiste precisamente en no morir sino en la glorificación cor­poral, que por privilegio especial Dios concedió a la Virgen María antes de la corrupción en el sepulcro.53 Luego la Meda­lla expresa también el dogma de la Asunción de María. Y esta doctrina está en todo conforme con la Constitución Apos­tólica “Munificentisimus Deus” en que se define el dogma de la Asunción.

2. Símbolos dinámicos

La Medalla Milagrosa no presenta a la Stma. Virgen en posición estática sino en acción. Y esta acción tiene dos fases según la visión de santa Catalina. En la primera fase aparece con un globo en las manos, coronado con una pequeña cruz de oro, en actitud suplicante, levantando los ojos al cielo y bajándolos a la tierra alternativamente. Mientras oraba sus manos se llenaban de anillos luminosos —tres en cada dedo, uno grande, otro mediano y otro más chico— con piedras proporcionadas, que despedían rayos hacia la tierra de tal manera que ocultaban los pies de la Virgen. Algunos anillos no despedían luz. Al mismo tiempo, a la altura de las manos, pasando por encima de la cabeza, se formó la conocida jacu­latoria.

En la segunda fase desaparece el globo de las manos, que se despliegan con grandes haces de luz hacia la tierra, que está debajo de sus pies tal como aparece en la Medalla.

Mientras sucedía esto, una voz iba explicando a la santa el significado:54

“Esta bola que ves, representa el mundo entero, particularmente a Francia, y a cada persona en particular”.55

“La hermosura y el brillo, los rayos de luz tan hermosos… es el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden”.56

“Estas piedras preciosas de las que no sale nada son las gracias que se olvidan de pedirme”.57

Hasta aquí en resumen el relato de la aparición de 27 de noviembre de 1830.

Antes de proceder al análisis hemos de notar algunas cosas.

Santa Catalina no habla en sus escritos de la segunda fase de la aparición tal como aparece en la Medalla. Es más, tal vez el primer intento del P. Aladel fue acuñar la Medalla con la imagen del globo,58 pero dificultades técnicas y estéticas se lo impidieron. Santa Catalina sintió grandes angustias al fin de su vida porque la imagen del globo no era glorificada. Fundados en esto algunos han pensado que tal vez la Medalla Milagrosa debía llevar la imagen del globo en vez de la imagen que lleva actualmente.59

Aún admitidos estos hechos como ciertos, no dicen nada en contra de la Medalla. La Medalla, tal como la tenemos, es­taba acuñada el 30 de junio de 1832, casi diez años antes del primer escrito de la Santa, 1841…60 La Santa la vio, la aprobó y en sus escritos no muestra disgusto alguno por la Medalla. Por otra parte la finalidad de sus escritos era insistir al P. Aladel sobre la construcción de un altar con la Imagen del globo. Y la angustia se explica por la importancia que tenía la ima­gen del globo para la comprensión completa de la Medalla.

En ninguno de sus escritos, ni en las confidencias de última hora a Sor Dufés muestra indicios de querer reformar la Me­dalla.61

Por otra parte el intento fallido del P. Aladel no muestra sino que la Virgen María tomó varias posiciones.

Sobre los globos, el de las manos y el de los pies, hay así mismo otra cuestión, que significa cada uno.

Sobre la primera disputan los intérpretes. El P. Mott C.M. cree que el globo de las manos simboliza el mundo de los jus­tos, la ciudad de Dios, según la terminología de san Agustín; mientras que el globo de los pies significa el mundo de los hombres malos, la ciudad del mundo.

El P. Trueco, Paúl italiano, propone otra interpretación. La posición de la Virgen con el globo en las manos simboliza el momento en que la Redención se está realizando. Eso signi­ficaría en este caso la cruz de Cristo. El segundo globo signi­ficaría el momento de la aplicación de los méritos de Cristo a la salvación de los hombres en particular.62

Ambas interpretaciones tienen buenos fundamentos, no obstante ninguna de ellas me parece la más acertada. Más bien creo que ambos momentos se refieren a la redención aplicada a la salvación de los hombres en particular. El primer momento representa la fase de intercesión en que la Virgen alcanza de Dios las gracias para los hombres. La segunda fase significa la distribución de las mismas.

Veamos más en particular. La teología enseña que la San­tísima Virgen interviene en la distribución de todas y cada una de las gracias. Esta intervención es universal en dos direccio­nes, en cuanto a los hombres y en cuanto a las gracias. Todas las gracias que han recibido y recibirán los hombres en el mundo —salvo las del estado de inocencia en Adán— las re­ciben en atención a los méritos de Cristo y de la Santísima Virgen. Desde el momento de su gloriosa Asunción a los cie­los intervienen con conocimiento actual, distinto y explícito en la distribución de todas y cada una de las gracias a todos y a cada uno de los hombres. Su intervención es directa en la distribución de las gracias actuales e indirecta en la distribu­ción de las habituales.63

Disputan los teólogos sobre la naturaleza de esta interven­ción. Ciertamente interviene intercediendo ya sea en particu­lar por cada hombre ya sea en general representando ante Dios sus propios méritos en unión con los méritos de Cristo. No es tan cierta la cooperación instrumental física en la pro­ducción de la gracia de cada uno.64

De todas las maneras los teólogos distinguen dos mo­mentos en esta mediación: el momento de la intercesión y el momento de la distribución. Para los que admiten la coopera­ción instrumental física estos momentos son adecuadamente distintos por la naturaleza distinta de la acción de la Stma. Virgen. Para los demás son fórmulas de una misma realidad en orden a la comprensión de los hombres.65

Volviendo ahora a la Medalla hallaremos que las apari­ciones de la Virgen distinguen perfectamente las dos fases. La Virgen del Globo simboliza con una plasticidad extraor­dinaria la primera fase de intercesión. La de las manos ten­didas y los haces de rayos simboliza la distribución.

La intercesión aparece con las siguientes cualidades:

  • es universal: “Esta bola que ves, representa el mundo en­tero…” La doctrina de los teólogos está en todo conforme con esta afirmación. A todos los hombres se les da de una manera próxima o remota las gracias suficientes para salvarse.
  • es actual y distinta por cada persona en particular : “repre­senta al mundo entero, particularmente a Francia y a cada persona en particular”.
  • es eficaz por su parte, sus manos se llenan siempre de ani­llos, pero algunos no dan luz.
  • es en virtud de los méritos de Jesucristo, la Virgen presenta al Padre Eterno el mundo coronado por la Cruz de Cristo, para que en atención a sus méritos se digne salvar a los hom­bres.
  • exige la oración en los hombres. He aquí un punto digno de examen. La Virgen afirma repetidamente: “Estos rayos son el símbolo de las gracias que la Virgen Santa alcanza para los que se las piden”.66 En otro lugar dice: “Estas piedras pre­ciosas de las que no sale nada son las gracias que se olvidan de pedirme”.67 ¿Quiere decir esto que la petición es condición esencial? El Evangelio abunda en frases de sentido parecido : “En verdad —dice J-C— en verdad os digo, si pidiereis al Pa­dre algo en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis”.68 Los teólo­gos afirman enérgicamente el precepto de la oración, y la ne­cesidad de la oración como el camino ordinario para recibir los bienes espirituales; y exclusivo particularmente para la perseverancia final; pero no se atreven a darle un sentido to­talmente exclusivo, porque hay muchas gracias que recibimos a pesar de no pedirlas. Las afirmaciones de la Stma. Virgen, en sentido afirmativo no exclusivo. Afirma la necesidad en sentido positivo y negativo, pero no nos atrevemos a darle un sentido exclusivo, porque sabemos que su corazón maternal es más amplio que nuestra petición.

La segunda fase con las manos tendidas a la tierra, tal co­mo aparece en la Medalla, simboliza la distribución de las gra­cias después de conseguirlas. Nuestra Medalla tiene un sentido más completo suponiendo la cooperación instrumental física de la Virgen María en la producción de las gracias, pero no es necesario en absoluto resolver la cuestión disputada. En todo caso el oficio maternal de la Virgen no queda perfectamente explicado sin esta segunda fase, porque en fin, el que recibe una gracia siempre debe favor a Ntra. Señora.

Nos queda la Jaculatoria, que vamos a examinar suma­riamente. La Jaculatoria viene a ser la consecuencia práctica para el hombre. En ella se insinúan dos obligaciones que el hombre tiene para con la Madre de Dios: la alabanza y la invocación. Inculca la alabanza, poniendo nuestros labios el título de Inmaculada. Inculca la invocación con la súplica. La súplica es genérica, porque la necesidad individual es ca­paz de individuarla.

Notemos de paso el paralelismo con el “Santa María” que la Iglesia nos enseña a rezar desde tiempo inmemorial. En ambas hallamos los mismos elementos: una invocación a mo­do de saludo, un título para alabar y una petición genérica.

No hemos hablado de la virginidad porque va implícita en toda la medalla Tampoco he tocado el punto del sacerdocio, eminencial, no formal de María, porque va bien expresado en la corredención.

De propósito he dejado para el final la maternidad espi­ritual y la realeza, porque toda la Medalla es un monumento espléndido a la Reina y Madre de Misericordia.

La Virgen María es Reina, porque es Madre del Rey, y es Reina por su corredención, porque en unión con Cristo con­quistó el reino de las almas al pecado y a la condenación. Su reinado no es de justicia sino de amor, y lo ejerce distribuyen­do a los hombres los infinitos tesoros de la misericordia de Dios.

La Virgen María es Madre Espiritual de los hombres. Lla­mamos madre en el orden físico a la mujer que nos dio el ser. Si el ser que nos comunica es del orden espiritual, la llamamos Madre espiritual. Ahora bien la Stma. Virgen contribuye a la producción de la gracia en el hombre, que es su segunda natu­raleza, luego la Virgen María es madre espiritual del hombre. Esta maternidad se desarrolla en tres momentos, consenti­miento a la obra de la redención en el momento de la En­carnación del Verbo, compasión en el Calvario, distribución de las gracias a los hombres para su santificación individual.

Miremos ahora a la Medalla empezando por el reverso :

La M y la cruz: Maternidad divina, consentimiento a la obra redentora primer título de realeza, primer momento de la Maternidad espiritual.

Los corazones: compasión bajo la Cruz, segundo momento maternal, segundo título de realeza.

La Virgen del Globo, la Virgen con las manos tendidas hacia los hombres: la plenitud de las funciones reales y mater­nales. Se comprende la exaltación de la Santa pensando en la gloria de María: “Oh qué hermoso será oir decir: María es la Reina del universo, particularmente de Francia. Y los niños exclamarán : y de cada persona en particular, con alegría y exultación. Será ese tiempo de paz de gozo y de ventura que será largo; Ella será llevada triunfalmente y dará la vuelta al mundo”.69

Séame permitido sacar una conclusión : Si algún día una academia de mariología hubiera de adoptar una medalla por insignia no podría tomar otra más sabia que la Medalla Mila­grosa.

Y después cerrar mi conferencia con una plegaria a la Rei­na y Madre de Misericordia:

¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos!

  1. Cf. NAVAL Y AYERVE, F. Tratado compendioso de Arqueología y be­llas artes, Madrid 1922. t. II, c. 3 y 4.
  2. Lc 2, 35.
  3. 10 19, 25.
  4. Apoc 12, 1.
  5. Ib.
  6. Gen 3, 15.
  7. FULG. CORONA, n.° 11, Apud Eph. Mar. 4 (1954), pp. 5-20.
  8. Munif. Deus, n.° 38: Eph. Mar. 1 (1951), 6-26.
  9. Luc 1, 38.
  10. Lc 2, 35; Io 19, 25 y ss.
  11. Io 2, 1-11.
  12. Cf. ANGEL Luis, C. SS. R., Principio fundamental o primario. ¿Cómo enunciarlo si se da ese único principio? Est. Mar. 3 (1944), 187-218.
  13. Is 82, 14; 53, 2-12.
  14. Lc 1, 38.
  15. Fulg. Corona, n.° 11. “Quin immo ex ipso sublimi Deiparae Munere, veluti ex arcano fonte limpidissimo, omnia profluere videntur privilegia et gratiae, quae eius animam eiusque vitam praecellendi modo, praecellentique ratione exomarum”.
  16. ALADEL, La Medalla Milagrosa (Trad. Esp. de Alvarez, Madrid 1895), p. 87. Cf. E. CRAPEZ, La venerable Catalina Labouré, Barcelona 1911, p. 82.
  17. CRAPEZ, o. c., p. 80.
  18. ALADEL, O. C., p. 83.
  19. AAS, 15 (1933), 367-371: “Inversa autem fronte Sanctum Mariae Nomen, eminente supra Crucis signo, duobus inferius cordibus adiectis”. traportada.
  20. ALADEL, O. C., p. 87; CRAPEZ, O. C., p. 82.
  21. MISERMONT, L. El alma de la B. Catalina Labouré. Madrid 1933, con­traportada.
  22. ALADEL, O. C., p. 94.
  23. Brev, Rom. Offic. Sep. Dolor. B.M.V. (15-Sept.) lectio 5 (S. Bernardus; Sermo duodecim Stellarum).
  24. Lc 1, 34.
  25. Ib. 35.
  26. Cf. León XIII, “Pascendi semper”, “Stabat juxta crucem Jesu Maria Mater eius, quae tacta in nos caritate immensa ut susciperet filios, Filium ipsa ultro obtulit justitiae divinae, cum eo commoriens corde, doloris gladio trans­fixa”.
    Ib. “Ex hac autem Mariam inter et Chistum communione dolorum ac voluntatis promeruit Illa ut reparatrix orbis dignissima fieret”. Apud Gregorio de Jesús Crucificado, Objeto material y formal del culto al Corazón Inmaculado de Maria: Est. Mar. 4 (1945), 296.
  27. Gen 3, 15.
  28. Cf. GREGORIO DE J. CRUCIFICADO, Objeto material y formal… Est. Mar. (1945), pp. 265-299; M. LLAMERA, El Corazón físico de la Virgen, ¿es también objeto-sujeto del culto cordimariano? Est. Mar. 4 (1945), pp. 407-410.
  29. Decretum S. Rituum Cong. AAS. 37 (1945), p. 50. Cf. ALDAMA, Ma­riología, p. 473.
  30. Cf. MISERMONT, O. c., pp. 198-202.
  31. AAS. 39 (1947), p. 379 “Amaba (s. Cat.) deliberadamente con un peculiar ardor de su piedad al Sacratísimo Corazón de Jesús y al Imnaculado Corazón de la Virgen Madre de Dios, y excitaba a cuantos podía y cuanto podía a corresponderles en el amor”.
  32. Ap. CRAPEZ, O. c., p. 134.
  33. ALADEL, o. c., p. 86.
  34. MISERMONT, O. c., contraportada.
  35. Aladel, o. c., p. 89: “Aunque en los apuntes de sor Catalina no se dice nada de las doce estrellas que en el reverso de la medalla se ven alrededor del monograma de María, y de los Sagrados Corazones, parece cierto que esto lo manifestó de viva voz en el tiempo de las apariciones”. Crapez, o. c., p. 82: “Por lo que hace a las doce estrellas “que han figurado siempre” en el reverso de la Medalla Milagrosa “está moralmente seguro (el autor) de que esta par­ticularidad ha sido de viva voz por la Hermana después de las apariciones”.
  36. CORNELIO A LAPIDE, In Apoc. S. loan., c. 12, Ed Vives, París 1881, t. 21, p. 238.
  37. MISERMONT, El Alam… p. 196.
  38. CRAPEZ, O. c., p. 81.
  39. Ib., p. 79.
  40. Gen 3, 15. Este texto está traducido libremente en atención al texto primitivo.
  41. Apoc 12, 1.
  42. Ib. 12, 4-5.
  43. Ib. 12, 16-17.
  44. Munif. Deus, n.° 40.
  45. ALADEL, o. c., p. 95-99 et passim; CRAPEZ, O. c., passim; Información canónica, Crapez, p. 149; Títulos de los libros de M. de Gillou apud Crapez, p. 139-143.
  46. AAS, 22 (1930), pp. 515-516; Cf. AAS, 1(1909), pp. 669-671; 25 (1933), pp. 217-219 y 367-371.
  47. Cf. Officium Manifestationis B.M.V. Inmaculatae a Sacro Numis­mate.
  48. CRAPEZ, O. c., p. 142.
  49. AAS, 25 (1933), 217-219.
  50. AAS, 39 (1947) p. 38.
  51. Aloc. a las Hijas de María el 17 de julio de 1954, Ecclesia 14 (1954) 119.
  52. Rom. 5 y 6; 1 Cor. 15, 21-26; 54-57.
  53. Munif, Deus, n.° 4 y 5.
  54. CRAPEZ, O. C., p. 77; MISERMONT, O. C., p. 196 y ss.
  55. MISERMONT, p. 197.
  56. Ib.
  57. CRAPEZ, p. 85.
  58. ALADEL, O. C., p. 100.
  59. G. GAETANO DI SALES, La Virgen del Globo: “La Milagrosa (Cuba) 1954 mayo. Cf. MrsERmomr, Les gráces extraordinnaires de la Bien. Catherine Labouré, París 1934, p. 123.
  60. CRAPEZ, p. 128.
  61. MISERMONT, El alma de la B. Catalina…, pp. 207-12.
  62. SÁNCHEZ MARTÍN, J., La Mediación Universal de María y la Medalla Milagrosa, Madrid. p.
  63. ALASTRUEY, G., Mariología, Vallisoleti 1941, t. 2, c. 3, a. 1, p. 133-170.
  64. lb. art. 2.
  65. ALDAMA, Mariología. Sacra Theologíae Summa, t. 3, ed. BAC, 1953, p. 449.
  66. CRAPEZ, O. c., p. 84.
  67. Ib. p. 85.
  68. Io. 16, 23-24.
  69. CRAPEZ, O. c., p. 85.

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