La formación seminarística en tiempos de san Vicente y según san Vicente (VII)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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2.2. Ciencia «competente»

Dado que el tiempo de formación no pasaba de unos meses, al principio, y sólo progresivamente se fue ampliando a uno o dos años, san Vicente de Paúl orientará la formación académica hacia la teología moral, el canto, la administración de los sacramentos, la predicación y la catequesis y la explicación de las ceremonias: «En el seminario se tiene más necesidad de piedad y de una cien­cia regular con el conocimiento del canto, de las ceremonias, de la predicación y del catecismo, que no de mucha doctrina».

Para alcanzar la ciencia «competente», insistirá san Vicente en la conveniencia de utilizar un manual y no verá bien que los profesores quieran dictar ellos mismos sus apuntes. Escribe en diciembre de 1641 al P. Codoing:

… dudo de la conveniencia de darles a los seminaristas apuntes para estudiar; ya hay bastantes libros extensos o resumidos para ello. En los colegios de España no se escribe en clase. Lo principal es repetir bien lo que se ha enseñado; y el mejor método que yo he experimentado para ello es tomar un casuista, explicarles uno o dos capítulos cada vez y hacerles repetir de memoria a cada uno de ellos la lección; si esto se hace varias veces, las cosas quedan bien inculcadas y se recuerdan para siempre, y se les explican las dificultades que surgen. Así es como nos­otros lo hacemos para los casos de conciencia y para las controversias y nos ha resultado maravillosamente bien. Por eso no conviene dar apuntes, pues lo malo es que se remite uno a esos apuntes y no se ejer­cita suficientemente la memoria para recordar las cosas. ¿Qué le apro­vechan a un doctor sus apuntes, después de haber hecho sus estudios? No le sirven para otra cosa más que para recurrir a ellos en caso nece­sario. Pero hay ahora tantos autores, que tienen los índices de materias tan bien hechos, que basta con un solo casuista bueno para recurrir a él en caso necesario. Según esto, le ruego, padre, que mire la manera de adoptar la práctica que acabo de decirle.

Vicente de Paúl renovará la indicación de atenerse a un manual y no dictar en clase, en cartas sucesivas al mismo P. Codoing, el 31 de enero de enero y el 17 de marzo de 1642. Esta última carta, de la que se conserva el borrador y la carta defini­tiva del puño y letra de san Vicente, recoge los argumentos para atenerse a esta práctica:

Hemos consultado seriamente a siete de la compañía, (a seis por una parte y al otro en privado, porque tenía que marcharse al campo) a pro­pósito de los apuntes dictados…; pensadas y consideradas todas las cosas, cinco hemos sido contrarios a esos apuntes; y [entre esos] se encuentran los dos que se consideran más sabios de la compañía. Estas son nuestras razones.

La primera es por parte de la ciencia que se desea enseñar, la cual será más segura, siendo de un autor aprobado, que la que contienen los escritos de un particular.

En segundo lugar, por parte de los prelados y del público, que preferi­rán a un autor aprobado antes que los escritos de un hombre joven que no ha dado ninguna prueba de su ciencia más que en los púlpitos.

  1. Por parte de la compañía, en la cual hay más sujetos que puedan explicar útilmente un autor que personas capaces de dictar; además, así no se verá expuesta a la censura de sus lecciones y no atraerá tanta envidia por lo que haga.

Por parte de los que enseñan, a los que resultará mucho más útil explicar un autor que componer apuntes…; es preciso ser profesor de teología para ello o tener mucha capacidad, y gastar mucho tiempo en consultar los autores, y no hacer más que eso. Y adiós la preocupación por hacer que repitan bien los alumnos, en lo que consiste el fruto prin­cipal; y adiós también el cuidado de lo espiritual y todo lo demás.

Por parte de los seminaristas, puede ser que sean teólogos o no. Si lo son, no entrarán en el seminario para aprender la moral, sino más bien la piedad y las demás cosas que les serán convenientes; tampoco los licenciados en teología de la Sorbona entran entre los ordenandos para aprender la doctrina que allí se enseña, sino para hacerse mejores. Si no son teólogos…, el maestro que les enseñe creerá que ya ha hecho bas­tante dándoles los apuntes y que bastante tiene con haber trabajado en componerlos y en dárselos; (y Dios quiera que los alumnos piensen luego en estudiarlos).

… Se puede objetar que los discípulos sentirán la tentación de salirse, si no se les da algo de la propia cosecha, y que no tendrán tan buena opinión de su profesor. Quizás esto fuese verdad si no hubiera otros atractivos en el seminario; pero tiene usted el de la piedad, que puede ser un gran atractivo, si Dios quiere que haya allí hombres muy piado­sos; tiene usted el canto, las conferencias, las ceremonias, la instruc­ción, la catequesis y la predicación, y sobre todo el buen olor que bro­tará de la buena vida de todos los que sean educados de esa forma, y la forma con que los buscarán para las diversas ocupaciones.

… Se ha dicho que es más fácil componer y dictar que explicar un autor. Si eso es lo que a usted le pasa, enhorabuena; pero me parece que no es eso lo razonable. Hay más dificultad en pensar las materias, en ver los diversos autores, en ordenar mentalmente la materia y en escribirla per­sonalmente, y luego dictarla y explicar, que en explicar solamente.

En los escritos vicencianos encontramos referencias a tres autores cuyos manuales vienen recomendados para el estudio de la ciencia «competente»: el jesuita belga Martín Becan, el luxemburgués Pedro Binsfeld y el también jesuita cardenal Francisco de Toledo, natural de Córdoba.

Para la formación moral, Vicente de Paúl propone utilizar los Entretiens des ordinands: «al comienzo de la compañía, sólo se empleaban esos Entretiens. Los señores obispos de Boulogne y de Alet, el abate Olier y algunas otras personas se reunieron algunos días para ver qué es lo que sería más necesario para los ordenandos; se compusieron estos Entretiens, y parecieron sufi­cientes; no hemos utilizado desde entonces ningún otro texto. Alguna vez he preguntado, incluso a doctores de la Sorbona, si una persona que supiese bien esos Entretiens podría confesar en las aldeas y en otros sitios; me dijeron que hasta en París podría confesar, sí, en París. Por eso, se entregará un ejemplar de los mismos a cada uno de los estudiantes de teología y de los sacer­dotes del seminario; me refiero a los que están allí por lo menos para dos meses…».

Martín Bécan, jesuita belga, escribió contra los calvinistas gran número de opúsculos. Compuso además una Suma teológica, una Analogía del Antiguo y del Nuevo Testamento, un manual de controversias y un compendio de este mismo manual. Bécan era muy apreciado en su época, sobre todo por su clari­dad y por su método.

2.3. Formación pastoral

Para el misionero Vicente de Paúl, la formación pastoral, entendida principalmente como práctica pastoral, constituye una dimensión fundamental en la preparación de los eclesiásticos.

Se llena de alegría al recibir noticias del P. Codoing desde la misión en que está participando con los seminaristas: «Ayer reci­bí la suya desde el lugar de la misión adonde ha llevado usted a sus seminaristas. ¡Cuánto se alegra mi alma con todo lo que me dice…».

Entre las razones que expone al obispo de Périgueux, Filiberto de Brandon, para que los misioneros atiendan al mismo tiem­po la dedicación al seminario y a las misiones, se encuentra la oportunidad que tendrán los seminaristas de ejercitarse pastoral­mente:

Así pues, señor obispo, es de desear, puesto que quiere usted tener misio­neros, que tenga usted por lo menos cuatro para esas dos funciones, tanto por la pena que sentirían al tener que dejar la primera, que es la de las misiones y que es de suma utilidad, según he dicho, incluso para las parroquias mejor cultivadas, como por la ocasión que habrá entonces de llevar allá a los seminaristas más adelantados, y para hacer que practi­quen las instrucciones que hayan recibido en el seminario, y finalmente para que aprendan mejor las funciones curiales y eclesiásticas, viéndolas practicar a los nuestros cuando evangelizan a los pobres.

Esto mismo es lo que se practica en San Lázaro, como escri­be san Vicente al P. Codoing el 30 de enero de 1643:

Acabamos de enviar esta mañana a dos seminaristas a misionar en Champagne, y mañana o pasado enviaremos siete u ocho en dos gru­pos. Los que han vuelto hace poco han hecho mucho bien, y los que cedimos a los señores obispos de Reims y de Chalons para que fueran sus capellanes hacen mucho bien».

San Vicente, reticente a la hora de aceptar que los misioneros se hicieran cargo de parroquias, considera oportuno que la fun­dación de un seminario vaya acompañada de la asignación de una parroquia donde los seminaristas puedan ejercitarse pasto­ralmente:

Es verdad que siempre hemos puesto dificultades para cargarnos con parroquias, sobre todo en las ciudades episcopales y donde hay parla­mento o cabildo; pero la experiencia nos ha hecho ver que, donde hay un seminario, es conveniente que tengamos también una parroquia para ejercitar en ella a los seminaristas, que aprenden mejor las funciones parroquiales con la práctica que con la teoría. Tenemos un buen ejem­plo de ello en san Nicolás du Chardonnet, en donde los eclesiásticos que de allí salen están muy bien preparados para servir en una parroquia, por haberse ejercitado previamente en ella; y los del seminario de Bons-Enfants no lo están tanto, por faltarles ese ejercicio, aunque se procura formarlos con cuidado. Esto me hace pensar que hará usted bien en exponerle lo que le digo al reverendo señor Spada y a los demás seño­res prelados que trabajan por el progreso espiritual del clero, no ya para pedirles una parroquia, sino para que ellos mismos juzguen si es conve­niente que Su Santidad destine una para ello, en el caso de que tenga pensado establecer un seminario en Roma y confiarnos su dirección.

CEME

Corpus Juan Delgado

 

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