La Fe es una fiesta continua y contagiosa

Francisco Javier Fernández ChentoFormación Cristiana0 Comments

CRÉDITOS
Autor: Félix Villafranca Calvillo, C.M. .
Tiempo de lectura estimado: 6 minutos

Objetivos catequéticos

  • Devolver a la fe su sentido de autenti­cidad de donde nace la única alegría profunda que puede saborear el hombre.
  • Ayudar a redescubrir a los jóvenes el orgullo de ser creyentes de verdad. Un orgu­llo que nace, no del sentimiento de superio­ridad o desprecio de los demás, sino de la conciencia del don gratuito recibido, del ‘im­pulso gozoso a compartirlo con todos los hombres.
  • Hacer ver a los jóvenes que la fiesta de la fe sólo es posible en comunidad. La fiesta que no se comparte no es fiesta, sino alinea­ción o enajenación.

Ambientación

Durante siglos, la idea de creer en Dios, máxime si esto implica aceptar a la Iglesia, ha sido vinculada a la idea de carga, imposi­ción, leyes y normas, limitación a los dere­chos inalienables de espontaneidad, creativi­dad, libertad de expresión o de iniciativas.

Creer es todavía para muchos jóvenes aguar la fiesta de la vida, ponerse en inferio­ridad de condiciones con respecto a otros jó­venes más “libres”, reducir su capacidad de movimientos y el ángulo de visión del mundo…

Si Cristo ha de significar algo para nues­tra sociedad, ha de ser a partir de su ima­gen de liberador integral del hombre. Si el Dios de la fe cristiana ha de suscitar el inte­rés y el atractivo sobre las jóvenes genera­ciones ha de ser a partir de su rostro humano, de esa imagen de Dios, Padre Bueno que comparte con los hombres problemas, inquie­tudes y alegrías humanas: que convoca al hombre a la fiesta perdurable, cuyo anticipo y garantía se realiza ya, aquí y ahora.

El catequista ha de poner buen cuidado en hacer experimentar vivencialmente al gru­po que ser cristiano no sólo no limita o mutila al hombre, sino que el pone en camino para serlo de verdad, en plenitud. Es más: el que no ha gozado de la fe sufre una mutilación; le falta la clave para una interpretación cabal del sentido de la vida del hombre, de su espe­ranza y de la historia: “Jesús de Nazaret” (Alaiz. Pero hagámosles ver también que pre­sentar este rostro festivo del cristianismo es nuestra propia responsabilidad y signo incon­fundible de la credibilidad de nuestra fe. “Un santo triste es un triste santo” (Santa Teresa). “Lo contrario de un pueblo cristiano es un pueblo triste” (Bernanos). “Sería más fácil creer en el Redentor si los cristianos tuvie­ran rostros de redimidos” (Nietzsche).

Experiencias humanas

El grupo evoca su propia experiencia vivencial.

Se invita a presentar casos relevantes de personas de nuestro entorno cuanto más cer­canas a nosotros mejor, que dan signos evi­dentes de vivir su fe como una fiesta: siempre alegres, de buen humor, dispuestos a ayudar a todo el mundo… Ver la conexión íntima que pueden tener estas constantes de su vida con su unión a Cristo: ¿Será Cristo realmente el secreto último? ¿O hay además otras cosas?

  • Contrastar con aquellas otras perso­nas que actúan siempre de aguafiestas: todo está mal, los demás son una… que gruñen a todas horas, que son huraños, egoístaá… ¿Habrá alguna conexión entre estas actitudes y su Identidad religiosa? ¿De qué signo?
  • La vida de los santos puede aportar­nos buenos puntos de referencia: San Igna­cio de Antioquía, camino del martirio, con­fiesa alborozado que “entonces comenzaba a ser cristiano”. Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Vicente de Paúl, cuyos Centenarios estamos celebrando, pueden corroborar la idea.

Experiencias bíiblicas

Pablo renuncia a todo saber que no sea Cristo y este Crucificado (cf. 1 Cor. 2, 2). Para él, vivir es Cristo y morir le es gran ganancia (cf. Flp. 1, 21). Las dificultades no cuentan, el amor de Dios inunda de gozo y esperanza todo su ser (cf. Rom. 5, 3-5). Por amor a sus hermanos está dispuesto a ser rechazado por Cristo (cf. Rom. 9, 3).

“Dios ama, nos dirá, a quien da con alegría” (2 Cor. 9, 7). Habla de la alegría interior como una realidad permanente, como el clima pro­pio de la fe. “Estad siempre alegres en el Se­ñor; os lo repito, estad alegres” (1 Tes. 5, 16). Tiene todo por basura con tal de ganar a Cristo (cf. Flp. 3, 7-10). La fe, la experiencia de Jesús, es para él liberación profunda e integral (cf. Gal. 5, 1. 13).

Las primeras comunidades cristianas vivían en íntima comunión con compartición de bie­nes. Los que observaban su estilo de vida no podían menos de exclamar: “mirad cómo se aman” y el número de los creyentes cre­cía de día en día (cf. Hc. 2, 42-47).

MARIA se siente plenIfIcada desde el mo­mento en que se ha puesto enteramente en manos de Dios. Y está segura de que su gozo se contagiará a otros (cf. Lc. 1, 46-50).

La Fe, fiesta continua y contagiosa

Lo hemos visto ya en las experiencias ci­tadas: una fe vivida en profundidad invita a la fiesta, mejor, es fiesta que penetra hasta las entrañas del ser y lo transforma hasta des­bordar. La fiesta que nace de la fe es como la exuberancia de la alegría interior que rebosa el recipiente del propio ser y corre como un torrente a empapar a todos y todo lo que en­cuentra en su camino. Las personas que en­tran en su contacto irradian nueva luz. Hasta las cosas y los acontecimiento se ven de otra forma. Es una especie de ósmosis biológica. Actúa por contagio mutuo.

Para una comprensión más amplia del sen­tido de la fiesta cristiana recomendamos el libro citado de Alaiz (“Cristianos adultos”), pág. 89 ss., y “Cristianos en Fiesta”, de Juan Mateos, pág. 254 ss. Me limito a sinte­tizar a continuación algunos de los aspectos a mi juicio más destacables reseñados por estos dos autores.

La fiesta es ante todo una dimensión fundamental de la Fe

  • “Cristo, la fe hacen de la vida una fies­ta continua” (San Atanasio).
  • “El cristianismo no tiene necesidad de fiestas como los paganos. Toda su vida es una fiesta, un domingo, una Pascua” (Orí­genes).
  • “El cristianismo es una Fiesta” (Taizé).
  • “A Dios no se le sirve, se le celebra” (Lanza del Vasto).
  • Las imágenes que Jesús nos pone sobre el Reino coinciden con esta idea: es una gran noticia, liberación para todos (cf. Lc. 4, 18-19).
  • Es un banquete, una boda (cf. Mt. 22, 1 ss.). Es un tesoro por el que merece la pena venderlo todo (cf. Mt. 13, 44).
  • Esta fiesta ha comenzado ya, pero con­tinua progresando incesantemente hasta la plenitud en el Reino definitivo.

La Fe-Fiesta es afirmación de la vida

  • “La alegría presupone un juicio positivo de valor: Si nada vale la pena es absurdo estar alegre. Sin fe no hay fiesta.”
  • “La fiesta expresa una solidaridad en el mundo, se adhiere al “Muy bueno” que Dios pronunció sobre él.”
  • “La esperanza es inherente al sentido de la fiesta; al afirmar el triunfo de la vida sobre la muerte asevera el del bien sobre el mal.”
  • “El sentido de la fiesta, sin embargo, no se desentiende del dolor de la vida, sino que afirma la fuerte alegría que lo integra y lo supera.”
  • “La fiesta cristiana es el SI de respuesta del hombre a Dios.”
  • “Es el anhelo de una vida plena, feliz, erguida en toda su estatura.”

Búsqueda de actitudes nuevas

Ver

¿Vivo la alegría como una dimensión funda­mental de mi fe?

Personal y comunitariamente, nuestro gru­po, en concreto, vive su fe como una fiesta continua y contagiosa o más bien transpira hastío, cansancio, evasión, pasividad, indife­rencia? Nuestra fe es de verdad una opción espontánea, libre, responsable, dinámica, crea­tiva, o sólo una herencia sociológica?

Juzgar

Critica imparcialmente las siguientes acu­saciones que se lanzan contra los cristianos:

  • El ateo es un hombre de convicciones; el cristiano de costumbres (Sartre).
  • Los cristianos parecen con frecuencia una Cofradía de ausentes (Garadoy).
  • Es preferible ser un ateo confeso que un creyente fingido (Alaiz).

¿Qué fundamento real tienen tales acu­saciones y qué propondrías para cambiar este rostro de nuestro cristianismo?

Actuar

Se ha dicho:

  • “Para poseer lo que heredaste, con­quístalo” (Goethe).
  • “Que se advierta solemnemente al pue­blo esto: Dios prefiere que confesemos ho­nestamente que no somos ni queremos ser cristianos… Dios prefiere esta confesión a la náusea de un culto que es burla de El” (Kier­kegaa rd).
  • “Hay algo peor que tener un amigo per­verso y es tener un ánimo acostumbrado” (Peguy).
  • “En Dios no se empieza a creer del todo hasta que no se deja de necesitarlo” (Martín Descalzo).
  • “Creer es crecer, crear, comprome­terse”.

¿Qué actitudes prácticas y operativas sur­gen de estas afirmaciones?

Francisco Javier Fernández Chento

Director General y cofundador de La Red de Formación Vicenciana.

Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregación de la Misión y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia canónica de Zaragoza (España) de la Congregación de la Misión.

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