“¡Ensancha el espacio de la tienda vicentina!”
En este año el tema para la Familia Vicentina es “La Colaboración”. Nuestra convicción es que la colaboración entre las varias ramas de la Familia Vicentina es necesaria para el desarrollo cualitativo y cuantitativo del servicio a los pobres. Hoy en día, en todos los sectores de la vida actual se estimula y se promueve la colaboración. La organización y animación de la Familia Vicentina son una búsqueda de aprendizaje y de desarrollo de este espíritu colaborativo en una perspectiva no funcionalista, sino evangélica, para la dinamización y la eficacia de la caridad y la misión vicentina. La colaboración es una llave indispensable para la fidelidad creativa a la vocación vicentina. Negar o ser indiferente a esta realidad significa mantenerse solamente en los parámetros de «la cultura de siempre», que anula la fuerza del Espíritu Santo, que llama a salir de la estagnación y a construir la identidad vicentina en íntima relación con las nuevas realidades y retos que la historia presenta.
- La Familia Vicentina es llamada actualmente a ser un espacio y un instrumento de colaboración para la revitalización de la vida y misión vicentina. La colaboración con la Familia Vicentina y como Familia Vicentina ayuda a reflexionar y asimilar la vocación vicentina en sus actuales y nuevas posibilidades y desafíos. Ayuda a promover entre las ramas el compartir solidario de los dones y la riqueza de la misión vicentina en su diversidad, abre perspectivas de revitalización para la vida y misión de las ramas, impulsa nuevas acciones y proyectos conjuntos que cambian la realidad y generan vitalidad vicentina. Esta dimensión propositiva de la colaboración ultrapasa las prácticas convencionales, va a más allá de las fronteras de las ramas, requiere una mentalidad participativa, una apertura a nuevas expresiones para llevar a cabo el servicio de los pobres, una valentía para vencer los miedos, las resistencias y las indecisiones… La colaboración ayuda a mantener el carisma siempre con vivencia rejuvenecida y en compás de renovación e invita a cada rama a definir mejor su lugar y su papel dentro de la Iglesia y de la sociedad, caracterizándose siempre más como agente efectivo de servicio vicentino a los pobres.
- La colaboración, hoy en día tan valorada, estimulada y presente en nuestro mundo, tiene una comprensión sobre todo funcionalista, que busca la reorganización administrativa, los resultados y la eficiencia en la producción. La colaboración a ser buscada y desarrollada en la Familia Vicentina debe ir más allá de la mentalidad funcionalista. Vale para nosotros la palabra del Papa Francisco a los obispos latinoamericanos: “La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de «teología de la prosperidad» en lo organizativo de la pastoral”1. La colaboración encuentra su alma en el misterio de la Iglesia que, por obra del Espíritu, es llamada a construir la comunión dentro de la multiplicidad de dones, personas, grupos y realidades. Esta comunión fundamenta y estimula la colaboración, es fecunda porque las diversas iniciativas se completan y se iluminan entre sí; además, ayuda a cada rama a descubrir sus propios dones a través de la confrontación y del compartir fraterno. El espíritu de comunión hace que la colaboración en el interior de la Familia Vicentina no sea una acción aislada y cerrada en sí misma. Ella se inserta en la realidad eclesial y social, también sumando fuerzas y haciendo alianzas con grupos y asociaciones eclesiales, con organizaciones sociales y movimientos populares, siempre en beneficio de una acción transformadora y articulada a servicio de los pobres.
- La Familia Vicentina es desafiada a desarrollar su acción colaborativa a partir de la mística vicentina de misión y caridad, como expresión viva de amor a los pobres. El proceso de colaboración, para no ser funcionalista, necesita ser desarrollado en sintonía con los elementos espirituales que configuran la identidad vicentina. Llamada a testimoniar el amor preferencial de Cristo por los pobres, la Familia Vicentina es desafiada a desarrollar una colaboración a partir de los clamores de los pobres. El trabajo llevado a cabo por San Vicente fue una gran obra comunitaria y participativa, un trabajo en equipo. San Vicente reunió a los misioneros y laicos, movilizó y formó muchísimas personas y supo desarrollar la colaboración para fundar sus instituciones y realizar sus muchos proyectos de misión y caridad. El testimonio de San Vicente invita a una colaboración realizada en la opción solidaria y misionera por los pobres. La colaboración es una expresión y una exigencia de la virtud vicentina del celo en la evangelización de los pobres.
- La verdadera colaboración se desarrolla a partir de las actitudes de humildad y de responsabilidad que llevan los grupos y las personas a percibir que “tenemos necesidad los unos de los otros”. No es fortuito que en toda su vida y obra San Vicente, maestro de la colaboración, colocase la humildad como virtud indispensable para la vida misionera. La humildad supone un constante vaciarse de sí mismo, de la prepotencia y de la autosuficiencia. Exige una interdependencia entre las personas y comunidades. Nadie se basta a sí mismo; ningún miembro de la Familia Vicentina, ninguna rama puede considerarse autosuficiente, sin necesidad de ayuda. La colaboración lleva a considerar a los colaboradores como alguien que tiene cualidades y capacidades a desarrollar, y que puede ayudarnos a crecer en la caridad. Una actitud de reciprocidad y de responsabilidad, de interdependencia y de apertura a la colaboración del otro requiere una relación fraterna, sin discriminación ni intereses de poder. El humilde intercambio de dones y la sumatoria de fuerzas ayudan a los grupos y personas a hacerse creativos, a descubrir sus fuerzas y posibilidades, capaces de transformarse a sí mismos y de colaborar para afrontar los retos y alcanzar mejor sus objetivos comunes.
- Mirando a la marcha de la Familia Vicentina, se constatan muchos desafíos a asumir y muchas prácticas a perfeccionar y a desarrollar, para que la Familia Vicentina crezca en la colaboración.
- Ampliar el horizonte de la misión vicentina. En tos tiempos de crisis, varios factores y situaciones hacen cada vez más compleja la evangelización de los pobres y crean innúmeros problemas que amenazan la estabilidad y la marcha misionera de las ramas. Hay el gran peligro de cada rama cerrarse en sus dificultades y carencias. Este cierre alimenta resistencias y miedos, crea un círculo vicioso que impide encontrar respuestas creativas para los problemas, provoca rigidez y poca flexibilidad para cambiar, estanca y debilita los ideales comunitarios. Es necesario ponerse en actitud de salida y abrirse a la colaboración. En esta época de grandes desafíos y nuevas posibilidades, es importante escuchar y acoger la palabra profética de Isaías, dicha durante la crisis del exilio y en la esperanza de la liberación del pueblo de Israel con el adviento del Rey Ciro: “Ensancha el espacio de tu tienda” (Is 54,2-5). La Familia Vicentina es llamada a ser una herramienta para, con audacia y creatividad, ensanchar la tienda de la experiencia vicentina, crear un sentido nuevo y amplio de la misión vicentina y discernir compromisos comunes para el bien de los pobres, escuchando lo que el Espíritu está diciendo hoy.
- Asumir una opción responsable y coherente por la colaboración. El Papa Francisco, hablando contra las divisiones y conflictos en la Iglesia y pidiendo un testimonio de comunión fraterna, decía: “Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis… ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto!” (EG, 99) Estamos en la misma familia y nuestro puerto son los pobres. La conciencia de la misión común y de los retos cada vez más inquietantes y comunes debe conducir a la superación de las barreras e intereses ideológicos, culturales y de grupo y promover la ayuda mutua. Necesitamos profundizar el sentido amplio de pertenencia a la Familia Vicentina y aprender a asumir la colaboración como modo de vida y estrategia de acción.
- Desarrollar y fortalecer la corresponsabilidad, los procesos y los mecanismos de colaboración. La Familia Vicentina se reúne con frecuencia y tiene muchas propuestas de acción conjunta. Sin embargo, la gran dificultad es la realización concreta de sus objetivos y sus acciones o proyectos comunes. Para que la Familia Vicentina funcione efectivamente y no se quede solamente en sus buenos deseos e intenciones, son necesarias decisiones y prácticas concretas y eficaces:
La opción por la colaboración supone fortalecer la comunión y la responsabilidad. La propuesta de actuar con la Familia Vicentina y como Familia Vicentina necesita ser asumida, apoyada y cuidada por todos sus miembros. Es indispensable que los miembros cultiven el espíritu de comunión y de trabajo en equipo para que el cuerpo tenga una funcionalidad armoniosa y fecunda. Si cada uno sólo piensa en sí mismo, la Familia Vicentina pierde su fuerza y capacidad de actuar. Es indispensable creer en el valor y la importancia de la Familia Vicentina, y que cada miembro, cada rama asuma efectivamente sus objetivos, criterios, estructuras y actividades y desarrolle la corresponsabilidad en los compromisos asumidos y en los medios necesarios para su ejecución.
La colaboración para el desarrollo del servicio de los pobres es un largo proceso de reflexión, maduración y trabajo. Requiere la definición de metas, o sea, de una agenda común de propuestas y proyectos, a corto, mediano y largo plazo, con políticas y acciones a desarrollar. En una interacción profunda con la realidad de los pobres y de las ramas y con un trabajo constante y determinado, es importante crear y alimentar procesos. Estos procesos constituyen un conjunto de actividades y hechos relacionados entre sí, que crean una dinámica en la marcha de la Familia Vicentina y que a través del tiempo establecen un orden deseado, o llevan a una nueva manera determinada de ser y vivir. Estos procesos son un conjunto de actividades, en una compleja red de causas y consecuencias múltiples, para establecer las condiciones históricas necesarias para concretar propuestas, transformar la realidad y alcanzar las metas deseadas. Siempre es más fácil y cómodo permanecer en las propias posturas estáticas e inmutables; al contrario, los procesos requieren valentía y un trabajo duro, coherente y determinado para evaluar, cambiar y tomar decisiones difíciles y sufridas, para que las propuestas puedan avanzar y hacerse realidad concreta.
El proceso colaboración propuesto por la Familia Vicentina no es una acción voluntarista llevada a cabo por unas pocas personas o por los dirigentes de las ramas. Supone la adhesión y la participación activa y corresponsable de las ramas, de sus dirigentes y sus miembros. Por ello, es necesario crear e impulsar mecanismos de colaboración, de participación y de comunicación. Si la reflexión y las propuestas de las Familias permanecen restrictas a unas pocas personas y a las reuniones, ellas no tienen fuerza operativa y no pasan de buenos deseos. Es indispensable crear y animar mecanismos para involucrar a las personas y ramas en una marcha participativa de colaboración. La participación en los varios niveles es indispensable para definir bien las propuestas, discernir los medios y caminos necesarios y comprometer a todos en la realización de los proyectos comunes.
La propuesta de colaboración en la Familia Vicentina es muy rica, pero difícil y desafiante. El Papa Francisco nos anima: “los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada” (EG, 109). Como Familia Vicentina, necesitamos valorar profundizar y promover la colaboración, sin dejar que las dificultades nos roben este importante instrumento de revitalización de la misión vicentina de servicio a los pobres.







