La canonización de Juan Gabriel Perboyre y el compromiso misionero de la Congregación

Francisco Javier Fernández ChentoJuan Gabriel PerboyreLeave a Comment

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Autor: Corpus Juan Delgado, C.M. · Año publicación original: 1996 · Fuente: Vincentiana.
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En carta dirigida a todos los miembros de la Congregación de la Misión (20 de abril de 1995), el Superior General daba cuenta del decreto del Papa Juan Pablo II con el que se culminaba el proceso para la canonización del beato Juan Gabriel Perboyre.1 En la misma carta expresaba el P. Robert P. Maloney sus deseos y los del Consejo General para vivir este acontecimiento.

Con la canonización, el papa declara solemnemente que Juan Gabriel «goza de la visión de Dios; que su intercesión ante Dios es eficaz; y que su vida presenta las características de un auténtico modelo cristiano».2 Esta certeza mueve a la Iglesia, desde los primeros tiempos, a tributar veneración a los mártires (y después a los demás santos), a invocar su mediación y a celebrar su memoria en la fiesta eucarística.3

¿Qué puede significar para la Congregación de la Misión, para cada uno de los misioneros, la canonización de nuestro misionero Perboyre?

I.- Juan Gabriel Perboyre nos estimula con el ejemplo de su vida

«Los santos hacen la santidad real para nosotros. La encarnan. Deseo exhortar a todos los miembros de nuestra familia Vicenciana a que durante los meses próximos mediten sobre este hombre maravilloso».4

«Ellos nos estimulan con el ejemplo de su vida».5

1.- Juan Gabriel, un misionero…

A los dieciséis años, con ocasión de una misión predicada por los lazaristas en Montauban, donde Juan Gabriel cursaba sus estudios, expresa con claridad su decisión: «quiero ser misionero».6 ¿Se trataría sólo de un entusiasmo juvenil?

Ingresa en el Seminario Interno de la Congregación de la Misión en Montauban (diciembre de 1818). Pasa después a París para estudiar la teología. Concluidos sus estudios, es destinado al colegio de Montdidier en tanto alcanza la edad requerida para la ordenación sacerdotal. Es ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1826 y destinado al Seminario Mayor de Saint Flour. En 1835 pasa como subdirector al Seminario Interno de San Lázaro.

Comentando un día el martirio del P. Clet, exclama Juan Gabriel: «¡qué bello final el del P. Clet; pedid al Señor que acabe como él». Y, cuando llegaron a París algunas reliquias del P. Clet, martirizado en China, comenta a los seminaristas: «Aquí está el hábito de un mártir, aquí está el hábito del P. Clet, aquí el cordón con el que fue estrangulado. ¡Qué felicidad la nuestra si un día tuviéramos la misma suerte!». Y le pide a uno de los seminaristas: «Rece en adelante para que me restablezca en mi salud y pueda ir a China a predicar a Jesucristo y morir por Él». Y a otro seminarista le asegura: «Hace catorce años que pido ir a China… entré en San Lázaro sólo para eso».

La muerte de su hermano Luis en el viaje, enciende todavía más su deseo de ir como misionero a China, «aunque no me sienta digno de ocupar el puesto que él deja vacante».

La objeción para su envío a China, su poca salud, quedó superada el 2 de febrero de 1835, cuando el médico retira sus reparos.

Desde 1836 a 1840, Juan Gabriel desarrolla su actividad misionera principalmente en las provincias de Ho-nan y Hu-pé. Apenas cuatro años y medio de predicación de la Palabra y de catequesis para animar a los cristianos, probados por la persecución, en pobreza, y dispersos geográficamente.7

Juan Gabriel, como los demás misioneros, está fuera de la ley, expuesto a peligros continuos, obligado a viajar disfrazado u oculto. «Hay que ganarse el cielo con el sudor de la frente».

2.- … Identificado con Cristo

Los biógrafos de Juan Gabriel Perboyre han destacado su identificación con Cristo: Alter Christus, otro Cristo, se ha dicho de él con propiedad.

Se nos han conservado varios escritos de Juan Gabriel en los que expresa con viveza su identificación con Jesucristo:

«Yo soy el camino: ¿Qué camino? El camino de la humildad, de la caridad, de la obediencia, de la paciencia, de la perfección, de la felicidad y de la gloria del cielo. Si queremos llegar a ser perfectos, si queremos lograr la felicidad y la gloria del cielo, es necesario que caminemos por este camino. Pero para no extraviarnos necesitamos una antorcha que nos alumbre. Pues bien: Cristo nos servirá también de antorcha, porque Él es la Verdad y nos declara que quien le sigue no anda en tinieblas y tendrá la luz de la vida. También necesitamos una fuerza que nos sostenga en este camino y nos dé la perseverancia en él. Y otra vez Jesús nos resuelve este problema: Él será nuestra fuerza. Él ha querido ser nuestro alimento dándose en la Eucaristía, y por eso nos ha dicho: Yo soy la Vida».

«Jesucristo es el Gran Maestro de la Ciencia; sólo Él da la verdadera luz. Toda ciencia que no procede de Él y no conduce a Él es vana, inútil y peligrosa. No hay más que una sola cosa importante: conocer y amar a Jesucristo».

«No podemos llegar a la Salvación sino por la conformidad con Jesucristo. Después de nuestra muerte no se nos preguntará si fuimos sabios, si nos ocupamos en empleos distinguidos, si conseguimos que hablaran bien de nosotros en el mundo; se nos preguntará si nos dedicamos a estudiar a Jesucristo y a imitarlo».

Y en una inspirada oración que el propio Juan Gabriel compuso, se expresa así:

«Mi divino Salvador, haz por tu poder y por tu infinita misericordia que yo sea cambiado y totalmente transformado en Ti. Que mis manos sean las manos de Jesús; que mi lengua sea la lengua de Jesús; que todos mis sentidos y mi cuerpo no sirvan más que para glorificarte; pero, sobre todo, transforma mi alma y todas sus potencias: que mi memoria, mi inteligencia, mi corazón, sean la memoria, la inteligencia y el corazón de Jesús; que mis obras y mis sentimientos sean semejantes a tus obras y a tus sentimientos; que de la misma manera que tu Padre decía de Ti ‘Yo te he engendrado hoy’, puedas decirlo Tú de mí y añadir también como tu Padre Celestial: ‘Este es mi hijo muy amado en quien me complazco'».

Jesucristo es la persona que atrae con tanta fuerza a Juan Gabriel como para que se deje arrebatar la vida, que aprecia y que ve tan necesaria para la evangelización.8

3.- … Hasta la muerte y muerte de cruz

Juan Gabriel vivió la identificación con Cristo hasta la muerte y muerte de cruz.

Había escrito a su padre: «Si tuviéramos que sufrir el martirio, sería una gracia grande que se nos concedería; es algo para desear, no para temer». Y al Superior General: «No sé qué me reservará el futuro. Sin duda muchas cruces. Es la cruz el pan cotidiano del misionero».

Juan Gabriel participó de la cruz de Cristo desde su llegada a China: viajes penosos, persecución… Finalmente, traicionado por uno de sus catecúmenos a cambio de treinta taéis,9 sufre una larga pasión de tribunal en tribunal.

El P. Rizzolati le pidió que escribiera una carta a sus cohermanos desde la prisión. El papel, teñido de sangre, dice en latín:

«Las presentes circunstancias no me permiten escribir con muchos detalles… Desde que llegué a Kou-tcheng-sien (donde he sido bien tratado por el subprefecto durante todo el tiempo), he soportado dos interrogatorios; en uno de ellos estuve medio día con las rodillas desnudas sobre cadenas y colgado en el han-tse.10 En Ou-tchang-fou he sufrido más de veinte interrogatorios y en casi todos torturas diversas porque no quería decir lo que los mandarines deseaban escuchar, ya que si hubiera hablado, se habría desatado la persecución por todo el imperio. Todo lo que he sufrido en Siang-yang-fou ha sido directamente por causa de la religión. En Ou-tchang-fou he recibido ciento diez azotes por no querer pisar la cruz…»

A un catequista que le visitó en la prisión le pide: «Saluda a todos los cristianos en mi nombre cuando regreses. Diles que no teman esta persecución, que confíen en Dios. No los volveré a ver ni ellos a mí tampoco, ya que seré condenado a muerte. Pero soy feliz de morir por Cristo».

Juan Gabriel moría atado a una cruz el 11 de septiembre, a la edad de 38 años. Recobran todo su sentido aquellas palabras del joven estudiante: «¡Ah! ¡Qué bella es esta cruz plantada en tierras infieles y muchas veces regada con sangre de los apóstoles de Jesucristo».

El testimonio de su vida estimula nuestro compromiso misionero

La vida y la muerte de Juan Gabriel pueden suscitar en nosotros actitudes dinamizadoras de nuestro compromiso misionero:

1.- Amor a nuestra vocación de misioneros:

San Vicente de Paúl, repasando las actividades misioneras confiadas a la Congregación, exclamaba:

«… dar a conocer a Dios a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que está cerca el reino de los cielos y que ese reino es para los pobres… ¡qué gran motivo para alabar a Dios, hermanos míos, y agradecerle incesantemente esta gracia!».11

El testimonio de la vida de Juan Gabriel nos lleva también a exclamar cantando la excelencia de la vocación del misionero. Su canonización será ocasión para crecer en el amor a nuestra vocación y vivirla con gozoso reconocimiento.

2.- Deseo de crecer en santidad:

Juan Pablo II ha escrito en la encíclica «Redemptoris Missio»:

«Cada misionero lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad… es necesario suscitar un nuevo anhelo de santidad entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana… El verdadero misionero es el santo».12

El reconocimiento de la santidad de la vida de Juan Gabriel animará el esfuerzo de cada uno de los misioneros por avanzar en el camino de la santidad.

3.- Identificación con Cristo:

Las Reglas Comunes de la Congregación de la Misión nos recuerdan:

«Para que esta congregación consiga, con la ayuda de la gracia de Dios, el fin que ha elegido para sí misma, es menester que trate con todas sus fuerzas de revestirse del espíritu de Cristo».13

Y la Asamblea General 1992:

«Tratando de identificarnos con Cristo, evangelizador de los pobres, nos revestimos cada vez más de su Espíritu».14

La canonización de Juan Gabriel, alter Christus, fortalecerá nuestra decisión de vivir en Cristo y hacer de Cristo nuestra Regla y el centro de nuestra vida y de nuestra actividad.15

4.- Participación en la cruz de Cristo:

Según san Vicente de Paúl, nuestra identificación con Cristo debe ser total, en coherencia con la entrega de amor hasta el extremo de su muerte en cruz:

«Acuérdese, padre, de que vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo y que para morir como Jesucristo hay que vivir como Jesucristo».16

El reconocimiento eclesial del mártir Juan Gabriel nos asegura que fue discípulo auténtico del Maestro. La identificación con Cristo en la cruz dará autenticidad a nuestro compromiso misionero.

5.- Disponibilidad para sufrirlo todo por amor:

San Vicente de Paúl, consciente de que la vocación del misionero es exigente, nos invita a estar dispuestos a todo por la misión:

«Exponer la vida, atravesar los mares por puro amor de Dios y por la salvación del prójimo es una especie de martirio, ya que aunque no lo sea efectivamente, al menos lo es en la voluntad, porque uno lo deja todo y se expone a no sé cuántos peligros..»

«¿Será posible que seamos tan cobardes de corazón y tan poco hombres que abandonemos esta viña del Señor, a la que nos ha llamado su divina Majestad, solamente porque han muerto allí cuatro o cinco o seis personas?… Digamos: ‘No habrá nada que pueda hacerme abandonar esta resolución».17

El testimonio martirial de Juan Gabriel, su participación en la cruz de Cristo, sostendrá nuestra entrega en medio de las adversidades inherentes a la misión.

De esta manera se hará realidad la bienaventuranza del señor Vicente:

«Los misioneros deberían sentirse felices de hacerse pobres por haber ejercido la caridad con los demás y que no temieran empobrecerse por ese cambio… ¡qué felicidad, hermanos míos, poder responder entonces: ‘Ha sido la caridad».18

El testimonio martirial de Juan Gabriel nos ayudará a descubrir que el compromiso misionero se mide por la caridad en seguimiento del Maestro que da su vida por todos.

II.- Juan Gabriel Perboyre nos ayuda con su intercesión

«Hoy pido con todos ustedes que Juan Gabriel Perboyre, nuestro hermano, nos estimule a vivir nuestra vocación misionera con más generosidad».19

«Ellos nos ayudan con su intercesión».20

La identificación del mártir con Cristo en su muerte es también participación en la eficacia de su entrega.21 La muerte de Juan Gabriel participa del carácter sacrificial de la muerte de Cristo y de su virtud redentora. Su canonización es el reconocimiento eclesial de la importancia de su martirio para la comunión de los santos. Por ello, Juan Gabriel nos ayuda con su intercesión.

1.- Por intercesión de Juan Gabriel pedimos la generosidad en el espíritu misionero para todos y cada uno de los miembros de la Congregación de la Misión y de la familia Vicenciana.

2.- Por intercesión de Juan Gabriel pedimos, más concretamente, por los nuevos compromisos misioneros adquiridos por la Congregación de la Misión a raíz de la Asamblea General 1992 y de las peticiones dirigidas por el Superior General a cada uno de los misioneros y de las provincias.22

3.- Por intercesión de Juan Gabriel pedimos, muy especialmente, por nuestra misión en China, «recordando los sacrificios de quienes trabajaron en ella en el pasado y expresando nuestra gratitud por la fidelidad de quienes continuan viviendo allí siendo testigos de Cristo, así como esperando con ilusión un futuro trabajo de evangelización en China».23

  1. P. Robert P. Maloney, en VINCENTIANA (1995), 66-67.
  2. P. MOLINARI, Canonización, Sacramentum Mundi.
  3. Esto explica en qué sentido y por qué razones canoniza la Iglesia. Es sabido que, desde 1234, la canonización quedó reservada al papa, señalándose progresivamente con detalle los procedimientos a seguir.
  4. P. Robert P. Maloney, ibidem.
  5. Prefacio de los Santos.
  6. Los datos de la vida de Juan Gabriel y los textos que citamos en este trabajo están tomados de: Jean Gabriel Perboyre, prêtre de la Congrégation de la Mission, lazariste. Puesch-Montgesty. Cfr. también: Vie du Bienhereux Jean Gabriel Perboyre. Paris, 1889; y J. HERRERA. Alter Christus. Vida del Beato Juan Gabriel Perboyre. Madrid, 1942.
  7. Cf. A. PIRAS, I martiri crocifissi: Clet e Perboyre, en Annali della Missione (1988), 53-66.
  8. Juan Gabriel acoge el martirio como gracia de Dios, aunque «en China, donde los sacerdotes son tan escasos, para la gloria de Dios es mejor vivir que morir».
  9. Moneda local.
  10. Instrumento de suplicio.
  11. SVP, XI, 387.
  12. Redemptoris Missio, 90.
  13. RR.CC. I, 3.
  14. Carta de la Asamblea General 1992.
  15. Cf. Constituciones, 5.
  16. SVP I, 320.
  17. SVP XI, 297-298.
  18. SVP XI, 767-768.
  19. P. Robert P. Maloney, ibidem.
  20. Prefacio de los Santos.
  21. Cf. O. SEMMELROTH, Martirio, Sacramentum Mundi.
  22. La Asamblea General sancionó este Estatuto: «El Superior General y su Consejo tengan el poder en realidad para impulsar a las Provincias a participar en ministerios (obras, compromisos) misioneros internacionales». El Superior General escribía a todos los sacerdotes y hermanos de la Congregación del la Misión (9 de octubre de 1992): «He decidido, con el apoyo y consentimiento unánime del Consejo General, establecer cada año una nueva misión ad gentes, con participación internacional, durante los seis años de mi mandato».
  23. P. Robert P. Maloney, carta del 20 de abril de 1995.

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