Juan Justafré

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Benito Paradela, C.M. · Year of first publication: 1935 · Source: Notas biográficas.
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P. Juan Justafré.—Nació en Las Illas, dióce­sis de Solsona, el 2 de enero de 1707. Entró ya sacer­dote en la Congregación el 9 de octubre de 1736 e hizo los votos el 11 de octubre de 1738. En los años sucesivos le encontramos en las misiones de la casa de Barcelona, en muchas de ellas de director, predicando ordinariamente las pláticas de la mañana y a veces las doctrinas. fue en abril de 1752 al Seminario de Nuestra Señora de la Bella y gestionó luego su traslación a Barbastro, siendo su pri­mer superior. He aquí lo que de él nos dice el P. Pí, suce­sor suyo en el cargo: «Sr. Justafré, superior de esta casa, murió el día 2 de diciembre de 1766, de edad de sesenta años y treinta de vocación. Su muerte fue en Es­pierba, aldea de la villa de Bielsa, del obispado de Barbas­tro, y el día 4 del mismo mes fue enterrado en medio del lugar donde entierran los Racioneros de Bielsa y en la misma iglesia de Bielsa. Dicho señor entró en la Congre­gación el día 9 de octubre de 1736; en el noviciado y después fue muy observante, muy celoso. Fue el que vino por fundador de esta casa de Barbastro. Aunque tuvo mu­chos trabajos, como sucede en las nuevas fundaciones, no obstante, siempre los sufrió con grande resignación. Era muy limosnero. Trabajó hasta morir en todos los ejercicios de un buen Misionero, predicando con un grande espíritu y celo. La muerte le vino de lo que voy a referir. Hacien­do misión en Espierba, fue llamado de una mujer que se fingió enferma, para que le fuese a confesar. Lo que pasó en la confesión, no se puede saber; pero al salir de con­fesarla, fue ella tras dicho señor y le echó una grande piedra en la cabeza, y no contenta con eso tomó un aza­dón, que le tomó de la mano el señor Justafré, y llena de furor iba tirando piedras; pero el señor Justafré sin mirarla, porque iba mal compuesta, se retiró a la posada. De aquella herida que recibió, pasados algunos días, se hinchó y murió. Jamás se quejó de la mujer ; estuvo muy contento con su trabajo y siempre se ha pensado que su muerte fue de mártir, por haber sido por defender la vir­tud». (A. M. C. M. Sign. 34, p. 57.)

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