La amenaza de supresión
Por febrero de 1829, el Consejo General debatía las cuestiones que había suscitado el retraso de la asamblea general ordenado por el Papa. Las actas de la reunión del día 15 revelan además la incubación de otra crisis. Potencialmente, la situación que se anunciaba para la Compañía era más seria que las incesantes peleas con Baccari. Étienne registró una noticia, según la cual, «la Cámara de Diputados ha recibido una petición para que se suprima la Congregación de los Lazaristas… arguyendo que existe ilegalmente en Francia». «Esta petición» —proseguía Étienne— «preocupa a los partidos políticos. Todo indica que llevará a grave y enconada discusión”. Salhorgne preguntó al Consejo si, en semejantes circunstancias políticas, no debería considerarse el ulterior retraso de la asamblea. Los miembros del Consejo respondieron que ésta se tuviera en las fechas fijadas, a pesar de los riesgos.
La relación de Étienne vuelve a mezclar el hecho, la ficción, y el error por descuido, o aun por premeditación. Así ha afirmado que la elección de Salhorgne tuvo lugar el 20 de abril de 1829. En realidad, la asamblea general no comenzó hasta el 15 de mayo. Fue el siguiente día 18 cuando salió elegido Salhorgne. Según la cronología de Etienne, tras la elección de Salhorgne, «la lucha entre facciones políticas no tardó mucho en suscitar nuevas inquietudes… Algunos meses después, en la Cámara de Diputados, el partido liberal de la oposición, atacó la existencia legal de la Congregación. De hecho, sin embargo, la lucha que Étienne señala estalló a comienzos de marzo. Faltaban aún dos meses para la elección de Salhorgne. Por añadidura, Etienne guarda silencio sobre el papel clave, jugado por él mismo, en la maniobra política que hizo frente a la amenaza. Atribuyó en cambio todo el crédito del feliz resultado a su mentor: Salhorgne.
El año 1828, cuando decaía la Restauración borbónica, los liberales anticlericales de la Cámara de Diputados reunieron la fuerza suficiente para imponer la disolución de los jesuitas a un reacio Carlos X. Francisco Isambert, abogado de París, presentó a comienzos de 1829 una petición a la Cámara. En ella «Señalaba al gobierno la existencia en Francia de diversas congregaciones religiosas dedicadas al ejercicio de las misiones». Isembert «se quejaba del mal efecto de sus predicaciones en las principales ciudades del reino, denunciaba la ilegalidad de su existencia y reclamaba contra ellas la ejecución de las leyes». La comisión de la Cámara que entendía en peticiones admitió el fundamento de los cargos, y recomendó que fuesen remitidos al Ministro de Justicia, para que él actuase. Si la Cámara de Diputados aprobaba la recomendación, el gobierno «el Gobierno se vería constreñido a sacrificar las congregaciones atacadas y firmar contra ellas nuevas ordenanzas de proscripción».
De acuerdo con Étienne, este ataque a la Congregación era efecto de «este ataque fue ocasionado por la agitación que provocaba en el público una Congregación de Misioneros, llamados entonces Misioneros de Francia». Juan-Bautista Rauzan era el fundador de la referida congregación. Había otorgado a ella reconocimiento legal una real ordenanza en 1816. He aquí el juicio que merece a Étienne: «Estaba compuesta de hombres respetables, de un celo y de una capacidad incontestables. Pero tuvieron la desgraciada idea de mezclar la política con la religión, en sus cánticos y así como también en sus exhortaciones; de tal forma que el partido liberal los consideró como instrumentos empleados por el Gobierno para actuar a favor de sus propios intereses en el espíritu de las poblaciones». El partido liberal —según Étienne— se propuso poner fin a aquella predicación partidista, cuestionando la existencia legal de los misioneros. Ahora bien, los liberales creían erróneamente «que nuestra Congregación participaba del mismo espíritu y tenía el mismo fin, y, en consecuencia, quería que tuviese el mismo destino».
Rosset hace relación de los trámites acometidos por Étienne, con sus solos 28 años. Escribe: «Atento al peligro que amenazaba a la Compañía, el señor Étienne puso todo en marcha para conjurarlo… multiplicó las visitas a los diputados de la derecha que debían, según toda apariencia, tomar la palabra en esta ocasión, excitando su celo y no olvidando nunca de dejarles por escrito las razones más apropiadas para oponerse a la petición del señor Isambert».
Los dos puntos principales que elaboró Étienne en su empeño de consolidar la tramitación eran, la utilidad de la Congregación para Francia y la legalidad de su existencia. Ilustraba su proposición destacando los servicios prestados por los Lazaristas al Estado. Advertía, en segundo lugar, la imposibilidad de subsistir las Hijas de la Caridad, si éstas perdían a sus «guías naturales». Étienne hacía además un resumen de la jurisprudencia que, desde el tiempo de san Vicente había reconocido la existencia legal de la Congregación.
Rosset observaba que Étienne, no contento con suministrar argumentos sólidos a los oradores de la derecha, intentó aún tornar favorables a la Congregación a aquellos mismos que, en el partido opuesto, habían resuelto perderla». Un diputado influyente de la oposición era Alejandro-Luis-José, conde de Laborde. Laborde era un distinguido orientalista. Había visto las obras de la Congregación, en un anterior viaje suyo por el Oriente Próximo. A raíz de este viaje escribió una relación «en la cual los [a los Lazaristas] elogiaba, y refería muy por extenso el bien que estaban haciendo en estos países, y el influjo que así deparaban al nombre francés». He aquí la relación que hace Etienne de su visita a Laborde:
Le recordé su elogio de nuestra Congregación, en el Instituto (del que era miembro), añadiendo que si él quisiera dar el mismo testimonio de nosotros, en la Cámara de los Diputados, nos haría un servicio maravilloso. Me acogió de la manera más favorable y se puso enteramente a mi disposición para defender nuestra causa. Y mantuvo su palabra. Logró que su partido adoptase su convicción y en la sesión en la que fue discutido el tema, obtuvo que la causa de nuestra Congregación se separase de la de los Misioneros de Francia: de este modo el voto que había sido contrario a ellos, nos fue unánimemente favorable.
El influjo de Laborde en los diputados de izquierdas tuvo que ser privado, pues no intervino en los debates de la Cámara. Los diputados conservadores que hablaron, siguieron fielmente el texto de las justificaciones utilitarias y legales redactado por Étienne. Los diputados liberales reconocieron su fuerza en la defensa de los Lazaristas. Articularon una propuesta para que se separasen una y otra votación, la que atañía a los Lazaristas, y la que afectaba a la Compañía de Rauzan y a las otras dos, todas tres sujetas a interpelación. En realidad estaban en la mirilla los misioneros de Rauzan. Los delegados de derechas, deseosos de salvar a los Misioneros de Francia, se opusieron a la votación separada. La Cámara votó a favor de ella, y a continuación pidió se suprimiera la congregación inculpada.
E. UDOVIC
CEME







