Juan-Bautista Etienne (XIII)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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SSigue dividido el mando

Seis meses después de su elección, Verbert no había recibido aún de la Santa Sede confirmación de su nombramiento como superior general. En una carta que dirige a Roma a comienzos de marzo, dice estar dispuesto a que Sicardi continúe de por vida ostentando el título de vicario general y ejerciendo jurisdicción sobre las provincias de Italia, España, Portugal y Polonia. El breve pontificio llegó por fin en julio de 1817. Verbert supo entonces que Sicardi y los italianos le habían ganado por la mano, como lo habían hecho con sus predeceso­res. La Santa Sede reconocía a Verbert sólo como vicario general para la Congregación en Francia, y para las Hijas de la Caridad en Francia y en todas las demás regiones. Roma restablecía de este modo el status quo de 1805, cuando Sicardi fue reconocido por primera vez como vicario general.

Sabedor de que Roma había tomado muy a mal el que solicita­se confirmación como superior general, y no como vicario general, Verbert escribió al cardenal Consalvi justificándose. Negaba que su solicitud hubiera sido “motivada por el orgullo o la ambición”. Señalaba cómo, no permitiendo las circunstancias que se convocase una asamblea general, los franceses habían pedido la aprobación papal de su elección como superior general, con el objeto de terminar “esta división de la autoridad y falta de unidad”. Verbert articulaba la opinión francesa de que si la división “se perpetuaba y creaba hábito, en el futuro sería muy difícil, si no imposible, restaurar la unidad”. ”Confío totalmente en la sabiduría de Su Eminencia decidirá si mi solicitud estuvo bien fundada”, escribía para concluir.

El 1 de enero de 1818, el anciano Sicardi emitió una circular informando a la Congregación de que, con licencia de la Santa Sede, nombraba a Francisco-Antonio Baccari pro-vicario general. En mayo Sicardi escribía a Verbert, respondiendo a éste, que había suplicado se terminase el cisma: «En cuanto al cargo de vicario general de los misioneros de Francia que usted ejerce, y al de superior general sobre el cual me ha hablado, diré con toda sencillez que soy responsable de haber dispuesto las cosas como han sido decididas. Yo en per­sona escribí y hablé al Papa, y estoy contento del resultado. Plega al Señor asistir a usted y darle valor para poner en buen orden lo que la Providencia le ha encomendado.

Poco a poco, los franceses iban restaurando la Congregación en su país. Antiguos miembros volvían uno a uno, a medida que podían dejar las responsabilidades asumidas entre el clero diocesano. En 1818-1819 entraron los primeros aspirantes en el nuevo seminario interno de la calle de Sévres. Pedro Le Go volvió a la Congregación para servir como primer director del seminario después de la Revolución.

En el invierno de 1818-1819, Verbert cayó gravemente enfermo. Los franceses estaban preocupados, pues no había recibido aún la facultad de nombrar sucesor. Una instancia que dirigieron a la Santa Sede pidiendo la referida facultad, fue afortunada. Caso de morir Verbert, el breve les autorizaba a nombrar nuevo vicario general, el cual debía ser confirmado por la Santa Sede. El breve llevaba la fecha de 21 de marzo. Verbert había fallecido el día 4 precedente. Los misioneros franceses se reunieron de nuevo en París para elegir vicario general. En la asamblea habida el 13 de mayo, los 21 misioneros presen­tes eligieron como vicario general a Carlos-Vicente de Paúl Boujard.

He aquí la relación que hace, sin otro comentario, de la elección de Boujard la Notice Étienne.

Una asamblea, compuesta por misioneros presentes en París y por otros procedentes de diversos lugares de Francia, procedió a la elección del que debía ser propuesto a la Santa Sede, para suceder al señor Verbert. Los votos recayeron en el señor Boujard, recientemente incorporado a la Casa-Madre: era el que el señor Verbert había designado antes de su muerte. Su elección agradó a Roma y recibió el Breve de su confirma­ción, con fecha de 10 de agosto de 1820. Sin embargo, no tenía más poderes que para gobernar los miembros de la Congregación que se encontraban en Francia, y las Hijas de la Caridad de Francia y de Suiza. Todas las Provincias extranjeras eran administradas por otro Vicario General establecido en Roma, el señor Baccari, encargado de gobernar las Hijas de la Caridad de España y Polonia.

Ahora bien, en relación con el nombramiento de Boujard, estaban pasando bastantes más cosas de las que Étienne admite. El cisma entre italianos y franceses continuaba.

Por algún motivo, los franceses habían escrito a la Sagrada Con­gregación de Propaganda Fide, solicitando permiso para que Verbet nombrara un sucesor. El cardenal prefecto de la referida Congregación emitió el breve solicitado. Después de elegido Verbert, José Boullangier, procurador general francés, escribió al Papa y a la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares. Pedía confirmación de la elección de Boujard como vicario general para Francia, para las misiones extranjeras, y como superior general de las Hijas de la Caridad.

En Roma mientras tanto, Baccari se enteraba por puro accidente de la muerte de Verbert. No era sabedor de que Propaganda Fide había autorizado a los franceses para que le designaran sucesor. Por sí y ante sí, Baccari se dirigió a la Santa Sede para pedir el procedimiento de la elección del siguiente vicario general francés. La situación ilustra la total ausencia de comunicación entre franceses e italianos en esta fase del cisma.

Tras su audiencia con Pío VII, Baccari escribió a los franceses instruyéndoles sobre cómo proceder en el nombramiento de nuevo vicario general. Envió la carta el día mismo de reunirse en París los misioneros franceses. La carta no había aún llegado a París, cuan­do Bullangier escribió a la Santa Sede solicitando la confirmación de Boujard. No habiendo respuesta de los franceses a la primera carta de Baccari, éste escribió de nuevo, con instrucciones de que diesen dos o tres nombres para consideración de la Santa Sede. En julio recibían los franceses una carta de Propaganda. Esta Sagrada Congregación declaraba haber tenido noticia de la muerte de Verbert, y preguntaba por qué no había recibido solicitud alguna de confirmación para el sucesor. Bullangier contestó que la cuestión estaba ahora en manos de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares. Para contrarrestar la influencia de Baccari en Roma, los franceses recurrieron a los bue­nos oficios de Joaquín Isoard, auditor francés de Santa Rota. El resto de 1819 y los primeros meses de 1820 transcurrieron sin ulteriores nuevas. Finalmente, el 10 de agosto de 1820 llegó la decisión. Sus términos representaban de nuevo una derrota francesa. Boujard veía reducida su jurisdicción a los misioneros e Hijas de la Caridad de Francia y a las misiones de Levante. La Santa Sede le negaba la facul­tad de designar sucesor, y manifestaba su intención de nombrar un superior general. El nuevo superior general residiría en Roma y regi­ría la doble familia fuera de Francia.

Boujard escribió al nuncio del Papa en París protestando contra los términos del breve pontificio. A juicio suyo, éstos «destruían la esencia de la Congregación de la Misión, cuyo superior general ha residido siempre en Francia, y cuya casa-madre siempre ha estado en París». Boujard señalaba que, el breve de 1817 que confirmaba a Verbert como vicario general, había prometido a los franceses que «la Congregación de la Misión sería restaurada en su antigua forma”.

Boujard predecía además que esta provisión detendría a antiguos miembros, deseosos de reintegrarse a la Congregación, haría que otros la abandonasen, turbaría además, dividiría, y aun acarrearía una pronta ruina a las Hijas de la Caridad. Pero la objeción más importante que ponía Boujard era que «el gobierno, y sobre todo el rey de Francia, no permitirán estos cambios».

El nuncio del Papa en París, Vicente Macchi, recibió en audiencia a Boujard y a Bullangier el 25 de enero de 1821. Según Boujard, el nuncio les informó de que la Santa Sede confirmaría pronto a Boujard como vicario general. El nuncio les dijo que «el Papa no tenía intención de nombrar un superior general en Roma, y que la sede del Superior general seguiría siendo París». Macchi les comunicó también, que era decisión de la Santa Sede «mantener el status quo, hasta que se pudiera instaurar un nuevo orden de cosas». Esto significaba que seguiría habiendo dos vicarios generales. Por el momento, el status quo contentó a ambos, franceses e italianos, si bien implicaba la continuación del cisma.

Fue en lo más agudo de esta controversia, cuando Juan-Bautista Etienne llegó a la casa-madre, para comenzar su largo recorrido en la Congregación de la Misión. Edouard Rosset, el biógrafo de Étienne glosaba la llegada de éste y de otro seminarista de Metz del modo siguiente:

… sintieron gran decepción al entrar en aquella casa, cuya comunidad habían ellos imaginado numerosa y próspera, y que hallaron casi desierta. Este inesperado espectáculo fue para ellos una dura prueba, y sacudió durante un instante su resolución. Hicieron aun así el retiro que suele proceder a la admisión y, durante aquellos días consagrados al recogimiento y a la oración, dominaron esta primera impresión de tristeza, más bien humana, mutuamente se animaron a tener paciencia, y decidieron quedarse… Dios, que velaba por la obra de san Vicente, preparaba en el silencio del retiro, al hombre destinado por la Providencia para reparar tantos desastres.

E. UDOVIC

CEME

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