Joseph Torti (????-1756)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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   La muerte del Sr. Torti, superior de la casa de Guisona de la diócesis de Urgel en España, sucedió el 22 de diciembre de 1759. Tenía setenta y dos años y cincuenta de vocación. Según el sentir de nuestros cohermanos que han tenido la ventaja de conocerle y tratarle, era un misionero muy digno que no se conducía más que por las reglas y los decretos, y según los comunicados y las cartas de los Superiores.  Era un sacerdote muy instruido, muy versado en la teología escolástica, en la sagrada Escritura, en la teología moral y en la teología mística. Era también entendido en el canto gregoriano, en la explicación y la práctica de las santas ceremonias. Era por consiguiente un hombre adornado de todas las ciencias divinas y humanas que se pueden desear en un sacerdote de la Congregación. Por eso venían de todas partes a consultarle, incluso las personas de un rango elevado. Sin embargo su humildad le daba un sentimiento muy bajo de sí mismo.

Nuestro obispo, que tenía de él una gran estima, tenía costumbre de consultarle y de hablar con él sobre las cosas más difíciles y más secretas que se referían al gobierno de su diócesis ; le había tomado como director de su conciencia y estaba tan satisfecho de la ciencia y de la prudencia de sus respuesta que tenía la costumbre de decir que no había encontrado nunca en personas una conversación tan dulce, tan sencilla, tan devota ni tan erudita como en el Sr. Torti, y que nunca había tratado con un hombre que pudiera serle comparado  en cuanto a ciencia ni en cuanto a virtud. Le tenía tal afecto que para poder disfrutar más cómodamente de su compañía y de su conversación decía que había formado el proyecto de renunciar a su obispado para venir a habitar en nuestra casa y hallarse a su lado, lo que no pudo ejecutar, pues este buen Prelado fue advertido de muerte. Decía también amablemente, haciendo alusión al nombre del Sr. Torti (Torto): «Aunque se llame Torti no deja de tener razón en todo lo que hace». Además le proclamaba y no sin fundamento el hombre más humilde y más virtuoso. El obispo actual, que dispensa mucha benevolencia hacia nuestro Instituto y que es un prelado muy sabio, escribiendo de su propio puño al obispo de Cartagena el elogio del Sr. Torti, le decía: » No puedo por menos de confesar el gran disgusto que me dio la muerte del Sr. Torti, ya que yo tenía no solo estima sino afecto y veneración hacia él a causa de sus raras cualidades.

Por medio de sus talentos y sobre todo de su santidad, tenía éxito admirablemente en todas las obras del Instituto. No obstante fue probado  por Dios como el oro en el crisol con numerosas debilidades  que soportó con gran paciencia y resignación  del agrado de Dios; nunca se oyó salir de su boca la menor queja. Hacía incluso provechoso de sus debilidades sufriéndolas por amor a Jesucristo crucificado.

Algunos que no le conocían bien le tenían como a un hombre político; pero en realidad si bien sabio y prudente, no era menos sencillo en sus palabras y en sus acciones, y evitaba no solo toda clase de mentiras, sino también todo equívoco.

Era soberanamente pacífico y dulce aunque su aspecto fuera austero y su natural un poco severo; sin embargo mediante los actos frecuentes de la virtud de dulzura, se había formado de tal manera que quien trataba con él le juzgaba eminente en la práctica de esta amable virtud, y todos le tenía por incapaz de faltar a ella incluso en las circunstancias más imprevistas.

Se podía constatar en él una profunda religión para con Dios y una tierna piedad para con las santa Virgen. Sentía también una filial devoción por san Vicente cuyas virtudes trataba de imitar. Buscaba comunicársela a los demás y distribuirles las Máximas de este gran santo que estaban ya impresas; leía todos los días alguna para meditarlas mejor, arraigarlas en su corazón y ponerlas en práctica. Pero su devoción principal fuera para el santísimo Sacramento del altar, para el cual su veneración y su culto eran inexpresables. No podía permitir en esto la menor irreverencia por pequeña que fuese.

Su muerte causó un extremo dolor a todos los que le habían conocido. Como el camino para ir a la iglesia de la ciudad era bastante largo en incómodo varios eclesiásticos vinieron a la casa para cantar la misa y los funerales ; vino también un gran número de seglares que se creían obligados a rendir este homenaje al difunto. – Anciennes Notices manuscrites.

 

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