José María Martín

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Miguel Ángel Renes, C. M. · Source: WEB de Madrid.
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Biografias PaúlesEl P. José María Martín falleció el día litúrgico de Santa Teresa. El día anterior le hablamos de su estado de salud, «estás muy malito», pero no se lo creía. El 15, le hablamos menos, porque le era más difícil concentrar su atención. Le animamos a pensar y a que orara en el silencio de la habitación 114 del Hospital La Milagrosa, en esta frase proclama da en el Santo Evangelio: «Venid vosotros, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y sed y estaba desnudo… y vosotros cuidasteis de mí».

Se nos ha muerto un compañero sacerdote, se os muerto un familiar, se nos ha muerto el P. José María Martín que ha celebrado la liturgia en esta Basílica desde 1986 como vicario parroquial y nos la ha hecho vivir en su esplendor y sencillez, como organista, unido al llorado y sentido P. José María Alcácer, su maestro e inspirador.

Celebrando la Eucaristía, en la que suplicamos a Dios Padre el eterno descanso de su hijo José María, quiero destacar tres cosas: Todos somos un misterio. No sólo misterio como personas. Sino que llevamos en nosotros mismos el misterio de Dios, el misterio de la gracia. Y me acerco a José María desde este misterio del Santo Evangelio proclamado hoy. ¿Cómo lo vivió José María? No lo sé, porque el misterio me supera. Pero en él, en José María, ya difunto, Dios nos puede ir diciendo algo que cada uno debemos asumir y más desde nuestro vivir vicenciano. Su familia, la noche antes de morir, recogió esta frase que, entre delirio y realidad, decía: «Evangelizar a los pobres, para servirlos, desde la vocación que hemos elegido».

Nos ayudó a alabar al Señor. Y muchos, en muchas ocasiones, hemos suspendido el ánimo escuchando, cómo la música le nacía de su sentimiento religioso… Cuidándole las últimas horas de su vida, en ciertos momentos de lucidez, le repetimos frases del Evangelio y de salmos y de canciones que recordábamos para ir preparándole en la entrega de su vida al Padre. Y él asentía: «El Señor es mi pastor, nada me falta». «Tú eres la resurrección y la vida». Nos causó estupor escucharle pocas horas antes de morir: «Cristo está vivo en este mundo de la adversidad».

En la noche previa a su muerte, cantó el «Oh María sin pecado concebida», y con sus brazos, dirigiéndose a un coro imaginable, los movía e invitaba a cantar «Aleluya, aleluya». Y me quedo pensando: Hay que orar y cantar, y desde la Palabra real de Dios, saber que estamos hechos para ayudar a los demás a sentir que son de Dios y para Dios.

También quiero invitaros hacer memoria de él y su relación con la Comunidad. Le preguntábamos, porque nosotros sabíamos que se nos moría, si deseaba decir algo a los compañeros. Y ¡qué grandes palabras de agradecimiento ha tenido para con toda la Comunidad! Nos decía, estando en la UCI, que gracias a nuestra preocupación por él, estaba allí, vivo. En estos días sólo le oí hablar positivamente de todos, ni una queja de nadie. La noche previa a su muerte, decía: «No demos demasiada importancia a los pequeños problemas de convivencia pues lo más importante es vivir como cristianos. Los instrumentos no son fáciles de afinar». En el recuerdo ha edificado, porque no se quejó de nada y colaboró de buen grado en todo lo que le pedían. Somos misterio, ¡qué lástima que no sepamos desentrañarlo! «Nada te turbe… quien a Dios tiene nada le falta». Así Santa Teresa. ¡Ojalá nosotros también!

En el día de San Ignacio de Antioquia, que deseaba ser pan molido, despedimos físicamente a José María Martín que nació en Tapia, pueblo de Burgos, en 1936, y que fue ungido como sacerdote en 1961. Decimos «adiós» a nuestro compañero, juntamente con su familia de sangre. De modo especial me dirijo a Piedad, su cuñada, y a Juli, prima hermana: muchas gracias por vuestra intensa cercanía y ayuda fraterna durante esta última semana.

También os hacemos presentes, a vosotros, feligreses de La Basílica La Milagrosa, lo mismo que a los que atendió en su ministerio sacerdotal en Higuera de Arjona, junto a Andújar, y en el barrio de Cristo Salvador, y a los seminaristas de Andújar.

Juntos, reafirmemos nuestra fe en Cristo, Resurrección y Vida porque, aunque hayamos muerto, viviremos. Miremos al misterio de José María inmerso ya en el misterio de Cristo que nos dice: «lo que hemos hecho a uno de nuestros hermanos más humildes, a mí me lo hicisteis».

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