José María Ardanaz

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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P. José Mª Ardanaz

24-12-91

Cuba

BPZ 1992 En.7

mso6EB48El P. Ardanaz había nacido en Aibar (Navarra) el 17 de septiembre de 1932. Estudió en la Escuela Apostólica de Pamplona, en Limpias, donde hizo el Seminario Interno, en Hortaleza y Cuenca. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1956. Ese mismo año fue destinado a Cuba donde ha gastado todos los años de su vida misionera, y donde quiso morir porque se sentía unido por el Señor a todos los pobres y buenas gentes que había ido conociendo en los distintos destinos y ministerios. Cuando alguien le sugería que ya había estado muchos años en Cuba, que su salud no era buena, que, por ello, podría ya quedarse en España definitivamente, esto sucedía mas de una vez durante sus vacaciones aquí, su respuesta era que su corazón misionero era de los cubanos y que allí deseaba continuar ejerciendo su ministerio siempre, hasta la muerte. Y así ha sido.

Empezó su ministerio en Yaguajay y lo ha terminado en La Habana, después de recorrer varias de las casas de la reducida Provincia de Cuba, viviendo en algunas de ellas solo, debido a los «poquísimos» Misioneros que a raíz de la Revolución Castrista quedaron en Cuba.

El P. Ardanaz ha muerto con las armas en la mano. El día 24 de diciembre, día de Nochebuena, cuando asistía a un enfermo fuera de casa, le dio un infarto que lo transportó de este mundo al Padre para allí cantar con los ángeles, esa noche, Nochebuena, y para siempre: Gloria a Dios, y desear a los hombres paz. – La familia del P. Ardanaz recibió la noticia de la muerte del Padre con consternación y dolor, acrecidos por lo inesperado del caso. El día 27 del pasado diciembre se celebró en Albar un funeral por el José María Ardanaz, al que asistieron, acompañando al pueblo y a la familia en la oración y en el dolor, el P. Visitador y varios misioneros más de la Casa Provincial, Cintruénigo, Barakaldo-Colegio y San Sebastián.

En la vida de toda persona hay florecillas de exquisito perfume. Escogeré aquí una del jardín del corazón del P. Ardanaz. En una de las sesiones de la Asamblea General de 1968-1969 acompañó en Roma al P. Hilario Chaurrondo. El P.Chaurrondo ágil todavía de mente, no lo era de cuerpo. Estaba torpe y pesado. Necesitaba ayuda y compañía. El P. Ardanaz fue esa ayuda constante, generosa, delicada, en todo momento, de día y de noche.

En aquellas semanas del caluroso verano romano lo único que al P. Ardanaz le interesó, fue hacer agradable al P. Chaurrondo su estancia en Roma. Y lo consiguió, como consiguió con ello, la admiración de cuantos -y fuimos todos- los que veíamos siempre juntos al venerable P. Chaurrondo y al corpulento y servicial P. Ardanaz. ¡Viva siempre en el Señor!

Anónimo

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