El Sr. Jean Baptiste Legros entró, ya sacerdote y a los treinta años, en la Congregación de la Misión el 24 de junio de 1644. Había nacido en la diócesis de Coutances.
San Vicente apreció muy pronto su actividad y sus talentos, y a partir del año 1647 se le ve superior de la casa de Richelieu. De un carácter generoso, parecía querer ir de un solo salto al final; y el Santo, reconociendo en él uno de esos temperamentos que le caían bien, y de los que decía que tienen «más necesidad de brida que de espuela» debía moderarle a veces. «He encontrado algunas palabras en una de vuestras cartas que respiran sentimiento porque los asuntos nuestros no avanzan, y que no se toman con decisión como vos deseáis«. Le rogaba entonces «que considerara que no estamos en el mundo más que para recibir y cumplir las órdenes de Dios; y que nos basta con que por nuestra parte no omitamos nada de lo que puede adelantar su obra -vasto programa que el Santo sabía abrazar- sin echar la culpa a nadie por el retraso«.
En la misma carta, le felicitaba por su entrega a la Comunidad de las Hijas de la Caridad y por las sabias instrucciones que les daba. Otro día, le escribía estas palabras, indicios del celo del piadoso Misionero por la familia naciente en torno a a Luisa de Marillac: «Nos habéis hablado de tres jóvenes que piden entrar en la Caridad, si ellas son aptas y están resueltas, enviadlas, por favor; y si se presentan más, escribidme, ya que esta pequeña Compañía está necesitada de sujetos, tantas nos piden de todas partes.»
Sintiendo el apoyo que podía encontrar en el Sr. Legros, san Vicente le acercó a sí; se le ve en una época encargado de la importante procura de San Lázaro. La bula de Inocencio X contra las cinco proposiciones acababa de aparecer y el hermano Ducournau cuenta a este propósito este rasgo que constata la influencia de san Vicente en la condena del error jansenista: «Un Misionero, dice, el Sr. Legros, procurador de la casa de San Lázaro, habiendo ido a ver a algunos de los Srs. presidentes y consejeros de la cámara superior del Parlamento que no estaban contagiados de las malas opiniones, le testimoniaron su alegría por la decisión del papa, diciendo: ‘Nosotros se lo debemos al Sr. Vicente‘».
El Santo le confió la dirección de la casa de San Carlos o seminario menor, del que fue superior durante uno o dos años. Se sabe lo que era este establecimiento, limítrofe al Recinto de San Lázaro. Desde tiempos de san Vicente, se formaba allí a los jóvenes para enseñarles las humanidades, con la esperanza de hacerlos buenos súbditos de la Iglesia. El ensayo dio resultados consoladores, pero que no fueron tan completos como se hubiera deseado, lo que hace que se renunció a la obra al cabo de unos años (1685). La casa sirvió después de seminario de renovación para los Misioneros que habían trabajado ya y que durante seis meses venían a descansar el espíritu y recuperar los ejercicios de su primera formación.
Mientras era superior de Saint Charles, el Sr. Legros asistió a la asamblea general de 1651 y fue uno de los apoyos del santo Fundador en las cuestiones importantes para la Congregación que se decidieron entonces. Había dejado en Richelieu, cuando había sido superior, casi al salir del seminario, recuerdos que hacían desear su regreso y fue nombrado de nuevo para este puesto importante en 1651. Entonces san Vicente le encargó de vez en cuando de la visita de las casas de la Compañía. Fue mientras cumplía esta misión de confianza cuando fue sorprendido por la enfermedad que se lo llevaría. Había visitado las casas de Gascogne y acababa de llegar a Montauban, allí sucumbió.
San Vicente, al enterarse de la muerte de este Misionero, cuya virtud y grandes cualidades admiraba, escribió: «Visitando el seminario de Montauban, el Sr. Legros fue él mismo visitado de una enfermedad que le ha conducido al cielo«.







