Jean-Baptiste Germano (1588-1656)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

CREDITS
Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
Estimated Reading Time:

   La casa de Turín ha sufrido una gran pérdida en la persona del Sr. Jean-Baptiste Germano, quien pasó a mejor vida el 25 de enero de 1756, a los sesenta y ocho años de edad y cuarenta y cuatro de vocación. Aunque desde su juventud se haya visto sometido a diferentes indisposiciones  a causa de su complexión delicada, no ha dejado de trabajar  de manera infatigable todo el tiempo que ha vivido en la Congregación, desempeñando los diferentes empleos de superior, de asistente, admonitor, confesor de la casa, director de los convictores, profesor de la teología moral y demás funciones que la obediencia le confió en diferentes circunstancias.  Ha ejercido también casi todas las funciones  del Instituto, sobre todo ha trabajado mucho en las misiones, para las cuales tenía un talento particular.

Por esta razón cuando el príncipe Francavilla,  de feliz memoria, quiso fundar la casa de Oria en el reino de Nápoles, se lo pidió a los Superiores a causa de la grande estima que tenía de él y les rogó que le enviaran para ser la primera piedra de esta nueva fundación. Se consintió en ello de buen grado y la elección quedó justificada  por la satisfacción común de los Misioneros y de los externos. Una vez que esta casa estaba en el buen camino y bien establecida, fue llamado a Turín después enviado de superior a Reggio en el ducado de Modena. Fue luego superior en Casale, y por último pasó los últimos años de su vida en la casa de Turín, donde enseñó la teología moral a los convictores y a los estudiantes. Sería difícil de creer cómo ha trabajado, a pesar de sus continuas y graves indisposiciones, para cumplir bien los deberes de un maestro en la materia de una ciencia tan importante. Ponía todos sus sentidos para que los jóvenes estudiantes de la Congregación estuviesen bien formados en una moral recta y sólida. No estaba menos alejado en la práctica  de ciertas conclusiones de un celo indiscreto y de un rigorismo que no sirve de nada, sino para hacer el sacramento de la penitencia penoso a quien lo administra y odioso a quien lo recibe. Su última enfermedad fue la hidropesía y un absceso en el pecho, que después de ocasionarle muchos sufrimientos acabó por romperse de improviso y se lo llevó en un momento en que nadie estaba a su lado; pero el mismo día había recibido los últimos sacramentos con mucha devoción. – Anciennes Notices manuscrites.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *