El 29 de agosto de 1751, la casa de Nápoles perdió al Sr. Jacques Marie Maineri, decano de todos los misioneros de Italia, y modelo de todas las virtudes que deben hallarse en un verdadero hijo de san Vicente. Nació en Génova, de George Maineri y de Ann Martora el 30 de junio de 1668. Cuando hubo alcanzado la edad de dieciséis años, vino a hacer un retiro en la casa de Génova, y le hizo con tanto fervor y éxito que, cuando los otros ejercitantes salieron, él dijo que no quería dejar la casa, estando resuelto a hacerse misionero, si los superiores tenían a bien aceptarle. Costó bastante decidirle entonces a que se volviera a su casa, al menos provisionalmente y, poco después, recibió el consuelo de su admisión, que tuvo lugar el 24 de octubre de 1685. Era hijo único de sus padres, pero él abandonó generosamente las esperanzas que le daba el mundo para entrar en el seminario, donde echó los fundamentos de una virtud bien sólida como se ha podido ver en el curso de su vida. Fiel en responder a todas las gracias de su vocación se convirtió en poco tiempo en un modelo de piedad y de modestia para con sus cohermanos del seminario. Dos años después, fue admitido a los votos que pronunció el 25 de octubre de 1687. Seis años más tarde, pasó de Roma adonde había sido enviado a la casa de Nápoles, y allí estuvo hasta el 6 de enero de 1711. En esta época, se dirigió a Roma donde, durante diez años, condujo con mucha prudencia, en calidad de superior, la casa de los Santos Juan y Pablo en el monte Celio. Salió de allá, en 1730, para ir a comenzar la casa de Oria y fue allí superior hasta en 1740. Ese año volvió a Nápoles, y de allí no salió ya más que para ir al cielo, si exceptuamos sin embargo algunos meses que fue a Roma, como superior de la casa de Monte-Citorio, adonde había ido como deputado de la casa de Nápoles para la asamblea provincial de 1742.
Sintió siempre hacia su vocación y la Congregación el amor más tierno. Cuando oía que alguno había sido infiel a ella y que, volviendo a las cebollas de Egipto, había entrado en el mundo, esta noticia producía en él dos efectos destacados. El primero era un sentimiento de un temor humilde y saludable, que le hacía pedir a Dios que le defendiera de semejante desgracia, el segundo era que le llenara de amor y le uniera más y más a una vocación que otros desconocían hasta el punto de abandonarla.
En toda circunstancia, daba muestras de que quería a la Congregación como un niño bien nacido a su tierna madre, y ha querido dedicarle la renta anual, que sus padres le habían dejado.
En algunas de sus memorias, se ve que la única casa de los Santos Juan y Pablo en Roma, ha recibido de él, en diversas ocasiones, hasta 1 300 escudos. La casa de Oria, además de 60 escudos al año, recibió también de su liberalidad la mayor parte de su mobiliario y todos los ornamentos de la sacristía. Por último la casa de Nápoles ha gozado también de su amor por la Congregación pues, además de un hermoso copón de 180 escudos y de un bonito lavabo de mármol negro, que está a la puerta del refectorio y que le costó 150 escudos, y le dio también otras muchas cosas más. Finalmente, antes de morir, donó lo que le quedaba a la biblioteca de la casa.
Es verdad no obstante, que quería más el bien espiritual de la Congregación, y sus virtudes han demostrado suficientemente qué lleno se encontraba de él. Se esforzaba por inspirárselo a todos con su buen ejemplo y con sus palabras. Mientras era director del seminario interno de Roma, denunciaba con gran solicitud la indolencia y todo abandono en el caminar, o en el modo de sentarse y estar de pie de sus seminaristas.
Desde el comienzo de junio de 1751, empezó a sentir una gran postración de fuerzas; lo cual no le impidió, el 2 de julio, seguir trabajando fuerte en adornar el altar de la capilla del campo de Arzano donde, al día siguiente pasó también, después de su oración, una parte de la mañana en ejercicios de piedad, antes de celebrar la santa misa. Fue la última que celebró. Le entró un ataque de parálisis y, el 28 de agosto de 1751, entregó piadosamente su alma a su creador.







