Integrando el amor a Dios y al prójimo

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la Misión, Félix de AndreisLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Pat McNamara · Traductor: Javier F. Chento. · Año publicación original: 2011.

Los Misioneros Paúles y la Educación Superior en América


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San Vicente de Paúl (1576-1660)

Hoy en día las dos universidades católicas más grandes de los Estados Unidos son St. John’s, fundada en Brooklyn en 1870, y DePaul, fundada en Chicago en 1898.

Estas instituciones reúnen, entre las dos, cerca de cincuenta mil estudiantes. Sus alumnos son jueces y abogados, políticos y funcionarios públicos, clérigos y educadores. Las universidades se inspiran, en su compromiso con el servicio y el bien público, en el espíritu de la comunidad religiosa que las fundó, los Padres y Hermanos Paúles, llamados oficialmente «la Congregación de la Misión».

Universidad DePaul, Chicago (1898)

Los Misioneros Paúles fundaron siete colegios y universidades en Estados Unidos desde que el Padre Félix de Andreis lideró el primer grupo llegado desde Italia, en 1815. Lo curioso es que los colegios no formaban parte del programa original. Cuando San Vicente de Paúl (1576-1660) fundó la Comunidad en Francia, lo hizo para trabajar en dos de las necesidades más apremiantes de aquellos tiempos: el servicio a los pobres y la formación de los sacerdotes. Por este segundo trabajo vinieron a Estados Unidos. Como el Padre de Andreis escribió, el objetivo era «fundar un seminario tan pronto como fuera posible».

Venerable Félix de Andreis, C.M. (1778-1820)

En 1818 fundaron su primer seminario en Perryville, Missouri, llamado «St. Mary of the Barrens». Siguieron otros pero, en el contexto de su compromiso con el servicio a una Iglesia emergente y a muchas otras necesidades, pronto tomaron los Misioneros Paúles nuevas ocupaciones no planeadas, tales como parroquias y escuelas. Varios paúles sirvieron también como Obispos. Así, Leo De Neckere, destinado a Nueva Orleans en 1829 a los treinta años de edad, siendo el obispo más joven de Estados Unidos (un récord que aún mantiene).

Cuando los Misioneros Paúles tomaban las riendas de un colegio, tendían a verlo como un complemento a su trabajo en el Seminario. Algunos, comenta el padre Stafford Poole, no lo consideraban «un verdadero ministerio de la Congregación». En 1842, el obispo de Nueva York, John Hughes, les entregó el Seminario San José de Fordham, y también el espacio para un nuevo colegio (en la actualidad la Universidad de Fordham). Pero se retiraron cuando se obligó a los seminaristas a enseñar en el colegio. El padre Juan Timón, que se convirtió en Obispo de Buffalo en 1847, admitía: «Tengo miedo de los centros educativos» (pero superó sus miedos y compró tierras en 1856 para el Seminario y Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles, hoy en día la Universidad de Niágara).

Universidad de Niagara, Niagara Falls, Nueva York (1856)

Así, se respondió afirmativamente a la petición de los obispos que querían un colegio en su diócesis.  En la década de 1860, cuando el número de católicos crecía en Brooklyn, el Obispo John Loughlin les pidió que fundaran una escuela que ofreciera a los hijos de los inmigrantes «una sólida formación… donde sus mentes recibieran la formación moral necesaria para mantener el crédito de la catolicidad». El Colegio de San Juan Bautista se inauguró en Bedford-Stuyvesant, en Brooklyn, el 4 de septiembre de 1870. Hoy, con oficinas centrales en Queens, la Universidad de San Juan cuenta con cinco campus en todo el mundo.

Universidad de St. John, Jamaica, Nueva York (1870). Imagen de comienzos del siglo XX, a la sombra de la Iglesia de San Juan Bautista, en Bedford-Stuyvesant, Brooklyn.

En 1954 se revisaron las constituciones vicencianas para incluir la educación como un ministerio oficial de la Comunidad. Sin embargo, en un sentido amplio, dicho trabajo ha estado siempre en sintonía con el espíritu vicenciano. San Vicente dijo una vez que el único tema importante que predicó a lo largo de sesenta años de sacerdocio fue el amor de Dios, el cual encontró más claramente en el rostro de los más pobres. El padre Anthony Dosen, profesor de la Universidad DePaul, escribe que la educación vicenciana busca:

  • Educar a los pobres y a sus hijos.
  • Educar a los estudiantes universitarios de primera generación.
  • Utilizar la enseñanza católica como base para su actividad, especialmente la doctrina social.
  • Inculcar en los estudiantes el amor a los pobres, que lleva a la acción.
  • Investigar las causas de la pobreza y buscar la manera de ponerla fin.

El padre Dosen resume muy bien el carisma vicenciano como «la integración del amor a Dios y al prójimo». En una conferencia reciente, el padre Thomas McKenna, un teólogo en la Universidad de Niágara, dijo:

Un seguidor de San Vicente de Paúl busca educar, primeramente, porque los seres humanos merecen educación. Mejor dicho quizás: porque la educación tiene una capacidad única y sin parangón para sacar a la luz lo que, precisamente, hace humanas a las personas. La educación es uno de los catalizadores principales para resaltar lo humano, hacerlo visible, despertarlo, e insertarlo en la vida. Alimenta al ser humano como casi nada más puede hacerlo. Por lo tanto, si creemos en la dignidad de las personas, que viene de Dios, sin duda veríamos con buenos ojos la oportunidad de hacer crecer esta dignidad mediante la Educación.

El enfoque educativo vicenciano es, hoy en día, más pertinente que nunca. En un mundo que, con demasiada frecuencia, niega la dignidad innata de la persona, San Vicente llama a los hombres y a las mujeres a trabajar por el cambio en la sociedad, un cambio de raíz, no basado en una vaga filantropía sino en la concreta, gozosa experiencia del profundo amor del Señor, un amor que nos impulsa a traducirlo en acción, para llevar la Buena Nueva a los pobres de Dios, y construir su Reino más plenamente, tanto en el presente como en el futuro.

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