Iluminados por el Evangelio

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Año publicación original: 1985 · Fuente: CEME.
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evangelio«Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, tendrá la luz de la vida». (Jn 8,12)

«Supuesto este fin, la Congregación de la Misión atendiendo siempre al Evangelio, a los signos de los tiempos y a las peticiones más urgentes de la Iglesia, procurará abrir nuevos caminos y aplicar los medios adaptados a las circunstancias de tiempo y lugar; se esforzará además por enjuiciar y ordenar las obras y ministerios, permaneciendo así en estado de renovación continua». (C 2).

El cristiano debe siempre referirse al Evangelio, a la doctrina y a los ejemplos de Jesús. El se definió a sí mismo como «luz del mundo», como «camino, verdad y vida». Dice el Perfectae Caritatis en el número 2: «la última norma suprema» de toda la renovación es el siguimiento de Cristo tal como se propone en el Evangelio.

1. «Cristo, clave, centro y fin de la historia humana».

Cristo «primogénito de la Creación», «Alfa y Omega».

«La Iglesia cree firmemente que Cristo, muerto y resucitado por todos, ofrece al hombre, por medio del Espíritu, luz y fuerzas, que le permitan responder a la altísima vocación, y que, bajo el cielo, no se ha dado a los hombres otro nombre en el que deban salvarse. Cree, asimismo, que en su Señor y Maestro se encuentra la clave, el centro y el fin de toda la historia humana. Sostiene, además, la Iglesia que, bajo la superficie cambiante, hay muchas cosas permanentes que tienen su fundamento último en Cristo, el cual existe hoy como ayer y seguirá siendo el mundo durante todos los siglos». (GS 10).

2. «El Evangelio y la vida se interpelan mutuamente».

La norma constitutiva, objeto de nuestra consideración, se ordena a la práctica, es decir, a promover la creatividad y la renovación continua. Por eso, debemos ser conscientes de la mutua interpelación que permanentemente existe para el cristiano entre Evangelio y vida. No hay otro modo de evangelizar, según nos dice Pablo VI:

«La evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre Evangelio y la vida concreta, personal y social, del hombre. Por eso precisamente, la evangelización lleva consigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de «oda persona humana, sobre la vida familiar, sin la cual apenas es posible el progreso personal, sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo,’ un mensaje, especialmente vigoroso en nuestros días, sobre la liberación». (EN 29).

3. «Esta es mi fe y esta es mi experiencia».

Todo misionero sabe cómo la espiritualidad de la Compañía se fundamenta sobre las máximas evangélicas y obtiene la primacía sobre los demás criterios por razonables que éstos sean. Nunca San Vicente cedió en este particular. Basta leer lo que escribió al P. Codoing, Superior en Roma, que quería dar unas misiones por consideraciones humanas:

«Ay, padre, Dios nos guarde de hacer nada por esas consideraciones tan bajas… Deje Vd. que piensen y digan lo que quieran y esté seguro de que los principios de Jesucristo y los ejemplos de su vida nunca nos llevan al desastre, sino que dan fruto a su debido tiempo, que todo lo que no es conforme con ellos es vano y que al que sigue las máximas contrarias todo le saldrá mal. Esta es mi fe y esta es mi experiencia». (II 236-237).

  • ¿Acostumbro a reflexionar, a juzgar, a evaluar los sucesos, éxitos y fracasos a la luz del Evangelio?
  • ¿Qué motivos son los determinantes en mis decisiones?

Oración:

«Oh Dios, poder inmutable y luz sin ocaso, mira con bondad a su Iglesia, sacramento de la nueva Alianza, y, según tus designios, lleva a término la obra de la salvación humana; que todo el mundo experimente y vea cómo lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y vuelve a su integridad primera por medio de Jesucristo, que todo lo ilumina y de quien todo procede. El cual vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén».

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