En el capítulo anterior, al estudiar las cinco virtudes características, describí brevemente los cambios de perspectiva que han tenido lugar entre el siglo XVII y el XX, cambios que influyen inevitablemente en nuestra manera de ver hoy la enseñanza de san Vicente: 1) un cambio de metodología filosófica y teológica; 2) una creciente consciencia de interdependencia; 3) un nuevo modelo en el ejercicio de la autoridad; 4) énfasis en una cristología y en una eclesiología «desde abajo»; 5) una tendencia hacia una visión más positiva de lo creado y un menor énfasis sobre el pecado; 6) la transición de la «era de la Cristiandad» a la «era secular». Vamos ahora a desarrollar algo más la idea de «cambios de perspectiva» y a describir brevemente otros modos adicionales de cambio en que se manifiestan los esquemas mentales hoy comparados con los del tiempo de san Vicente.
Los cambios de perspectiva, reaccionemos ante ellos negativa o positivamente, tienen necesariamente un impacto en nuestra manera de interpretar la realidad. Si dirigimos nuestra vista hacia una llanura desde la mitad de una montaña la vemos mejor que cuando la miramos desde la llanura misma, aunque la vemos con menor detalle. Si subimos a lo alto de la montaña el paisaje se ampliará más. Veremos toda la llanura, o incluso por encima de la montaña de enfrente, pero no distinguiremos tan en detalle a la gente en el llano, o los edificios, o los árboles, ni tan claramente como veíamos todo eso desde más abajo. Pero si descendemos otra vez al pie de la montaña no veremos nada de lo que hay al otro lado de las montañas de enfrente ni veremos buena parte de la llanura, pero veremos a los que están cerca, los edificios y los árboles con mucha nitidez. Y además desde ahí abajo tendremos una mejor visión de la falda de la montaña que cuando estábamos en ella.
Como se desprende de esa comparación, los cambios de perspectiva llevan consigo ganancias y pérdidas. A veces las ganancias superan con mucho a las pérdidas; otras veces sucede lo contrario. Pero en cualquier caso afectan nuestra manera de interpretar la realidad.
Al intentar interpretar el significado de la enseñanza de san Vicente acerca de los votos, y al buscar el reinterpretarlos hoy, es necesario que tengamos en cuenta los cambios de perspectiva que han tenido lugar desde el siglo XVII. De otro modo el Vicente de Paúl que ofrecemos a otros será una mera foto fija del pasado, más bien que un maestro vivo e importante, o un cadáver más bien que un santo vibrante.
En el corazón mismo de la interpretación se encuentra el significado. Debemos tratar de encontrar el significado de la enseñanza de san Vicente tal como la presentó en una forma propia del siglo XVII, y debemos tratar de expresarla en una forma propia del siglo XX comprensible para nuestros contemporáneos (pero en primer lugar para nosotros).
Por supuesto que no todas las formas del siglo XVII serán irrelevantes hoy; muchas de las prácticas que sugirió san Vicente son aún aptas para expresar los valores que él pretendía. Sin embargo, así como muchas lenguas dejan de existir como lengua viva capaz de comunicar sentido, también algunas prácticas que fueron capaces de comunicar valores en tiempo de san Vicente no son capaces de hacerlo hoy. En esos casos nos encontramos ante un desafío para encontrar o crear formas nuevas que consigan hacerlo.
Un documento preparatorio, presentado para estimular la discusión para el sínodo de 1990 mencionaba varios cambios significativos de mentalidad que nos afectan hoy sin remedio, para bien o para mal. De la misma manera, trataré aquí brevemente de varios cambios de perspectiva añadidos a los que vieron en el último capítulo, que tienen influencia en nuestra manera de ver los votos.
Al escribir de cambios de perspectiva soy consciente de un gran problema. No todos los que viven el mismo momento histórico viven en el mismo «mundo». Las perspectivas cambian mucho del este al oeste y del norte al sur. La formación cultural, filosófica y teológica de la gente que vive en la India, por ejemplo, es muy diferente de la que vive en Europa o en Norteamérica'». Aun reconociendo este problema quiero ofrecer las ideas que siguen mientras escribo desde mi propio tiempo y lugar histórico. Intentaré hacer algunas adaptaciones basadas en mi limitado conocimiento de otras culturas, confiando que otros hagan el trabajo con sus propias culturas.
Es también importante advertir que los cambios de perspectiva, sobre todo los radicales del tipo del copernicano, son asimilados lentamente por las mentes de los que viven en un período histórico dado. Los modelos antiguos mueren muy lentamente. Hasta el final de sus vidas algunas personas obrarán y reaccionarán como si no hubiera tenido lugar ningún cambio.
Paso a describir ahora brevemente algunos nuevos cambios de perspectiva que tienen importancia para el estudio de nuestros votos.
1. El paso de una sociedad industrial a una sociedad de la información
Desde el tiempo de san Vicente el mundo occidental ha visto la transición de una sociedad agraria a otra industrial, y luego a otra de la información. El último de estos cambios, a una sociedad basada fundamentalmente en la creación y distribución de la información, está aún creándose. Trae consigo luces y sombras, ventajas y desventajas.
Por otro lado, los avances en la comunicación proporcionan oportunidades para una diseminación rápida de la información. Las computadoras nos permiten resolver en segundos problemas que antes costaba meses resolver o que incluso no tenían solución. La televisión introduce en el hogar al instante noticias y diversión.
Pero estas ventajas son a veces muy ambiguas. La misma información que da a la sociedad la capacidad de salvar vidas se la da también para destruirlas. Ni tampoco cualquier tipo de diversión televisada que invade la sala de recreación contribuye realmente a «edificar el cuerpo de Cristo». Hace falta mucho discernimiento. La explosión informativa es un reto para la sociedad en general, y en particular para las comunidades religiosas, un reto que invita a una reflexión responsable, crítica y moral. No todo lo que se puede hacer se debe hacer; no todo lo que se puede producir se debe producir.
En la sociedad de la información, además, las exigencias que recaen sobre la autoridad son muy grandes. Todos quieren saber lo que pasa, y quieren tener la oportunidad de expresarse. Saben además que hoy se tienen los medios para hacer ambas cosas.
Pero mientras que la «alta tecnología» (sobre todo en el terreno de la información) avanza más y más, más se exige también una alta competencia en el modo de gobernar y en el de las relaciones sociales. Tal vez porque tantas facetas de la vida y del trabajo son ahora de tipo impersonal, la gente ansía relaciones personales profundas. Quieren ver y hablar con sus superiores cara a cara»’. Desean una vida de comunidad que no sea sólo funcional, sino personalizada.
Todos estos fenómenos presentan enormes retos a los que viven en comunidad, sobre todo a los que tienen autoridad.
2. El paso de las economías nacionales a la economía mundial
Los escritos de Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II muestran un énfasis muy fuerte acerca de la necesidad de una perspectiva mundial. Las encíclicas sociales y los escritos de muchos obispos critican el abismo creciente entre las naciones ricas y las pobres. Una política económica basada en intereses nacionalistas es vista hoy como hostil a la comunidad mundial.
Esta nueva perspectiva produce desafíos muy complejos. En el plano internacional se trata hoy mucho de la necesidad de un «orden internacional económico» más justo. Una nación no puede simplemente tener en cuenta sus propios objetivos económicos aislada de la comunidad de las naciones. La gente cada día es más consciente de que la planificación a corto plazo debe ceder el lugar a planes a largo plazo, y de que la solución apresurada de un problema (por ej., la necesidad de energía) produce a veces problemas mayores (por ej., contaminación de la atmósfera, de los ríos, del mar).
En el plano político-económico la necesidad de ingresar en la economía mundial ha sido claramente uno de los principales factores en el reciente derrumbamiento del muro que separaba al Este del Oeste. Las naciones de la Europa del este están ahora luchando por integrarse en la economía mundial y tener parte en ella.
Naturalmente, todo esto presenta retos también a las comunidades religiosas. Los que se dedican a los pobres saben que la ayuda inmediata a una persona pobre, aunque necesaria, no suele resolver el problema de fondo. Hay estructuras sociales injustas que mantienen a los pobres en su pobreza. Esto exige un cuidadoso análisis social. A propósito de esto Juan Pablo II animó a los miembros de la Congregación de la Misión durante la asamblea general de 1986 a «investigar hoy más que nunca, con valentía, humildad y competencia, las causas de la pobreza, a emprender soluciones a corto y a largo plazo que sean concretas, flexibles y eficaces».
Las congregaciones son hoy también conscientes de que las inversiones de sus fondos no tienen consecuencias sólo para el futuro de la comunidad sino que también producen un impacto moral, a veces económico, en el conjunto de la sociedad. Por ello muchas comunidades religiosas han establecido consejos de administración que analizan sus inversiones y recomiendan medidas para saber cómo utilizar su derecho a voto como accionistas, o se suscriben a agencias regionales o internacionales que hacen estas cosas.
Muchas congregaciones son también cada día más conscientes de su carácter internacional, por las variadas culturas, lenguas, educación religiosa, sistemas económicos y políticos de las naciones de sus miembros. El dialogar y el tomar decisiones en tal contexto se convierte en procesos altamente delicados. El problema se agrava cuando algunas provincias parecen «ricas» y otras parecen «pobres».
3. Del Norte al Sur
Durante los quince años del pontificado de Pablo VI tuvo lugar un llamativo cambio en el centro de gravedad de las estadísticas de la Iglesia. El punto de inflexión se alcanzó en 1970: el 51% de los católicos vivían en el hemisferio sur, que para el año 2.000 serán el 70%. Walbert Bühlmann denomina este fenómeno «la llegada de la tercera iglesia.
En un sentido existencial el catolicismo se está convirtiendo en verdad en una «iglesia mundial», como señaló Karl Rahner en varias ocasiones.
Muchas comunidades religiosas están experimentando esto dramáticamente. Por ejemplo, en nuestra propia congregación, mientras disminuye el número de vocaciones en Europa occidental y en Norteamérica, donde antes eran tan abundantes, la compañía está creciendo no sólo en Polonia sino también en Filipinas, la India, Indonesia, Colombia, Méjico, América central, Etiopía, Nigeria, el Zaire, Mozambique y Madagascar.
Para la congregación los retos y las oportunidades son muy grandes. Los cohermanos procedentes de esos países enriquecen a la congregación con la aportación de sus culturas y de sus tradiciones religiosas. Nos dan, por ejemplo, el ejemplo de una experiencia de vida vivida continuamente en íntimo contacto con los pobres. Tales provincias tienen con frecuencia activos y muy vivos programas de formación ministerial lo mismo para el clero que para los laicos. Pero también presentan dos necesidades importantes: 1) la de personal capacitado para su propia formación; 2) la de una mayor inculturación, de modo que la idea cristiana y su propia cultura se influyan mutuamente en un nivel más profundo, enriqueciéndose en el proceso la una a la otra. Rahner advierte que la globalización de la teología va a ser una de las necesidades principales de la Iglesia en los años próximos. Ad-vierte también que hasta ahora ha existido una desafortunada tendencia a «canonizar» lo que no ha sido más que una manifestación de los esquemas mentales de la cultura occidental.
Ahora mismo muchas jóvenes provincias en período de crecimiento, y en ellas sobre todo los responsables de la formación, se enfrentan con el difícil desafío de enseñar filosofía y teología (formuladas tan a menudo desde contextos europeos o norteamericanos) en una atmósfera africana, o asiática, o suramericana, o de las islas del Pacífico. Se encuentran también con el problema de encontrar formas adecuadas de expresar lo que exigen la po-breza, la castidad, la obediencia y el compromiso de por vida con los pobres en el contexto de culturas no sólo muy diferentes de la de san Vicente, sino también de la de la mayor parte de los libros de filosofía, teología y lectura espiritual escritos hasta hace bien poco.
También el lugar de las mujeres en la sociedad y las costumbres sociales en relación a ellas varían notablemente en el norte y en el sur, y, en ambos hemisferios, de un continente a otro. Hablar con una mujer en la calle puede ser tan «natural» en Los Angeles como «escandaloso» en La Meca.
4. Cambios adicionales en los modelos del ejercicio de la autoridad
El descontento que hasta hace poco llevaba una existencia subterránea en China, Rusia, Polonia, y en casi toda la Europa del este ahora acaba de explotar con toda la fuerza. A través de medios pacíficos y violentos la gente busca, y consigue, una mayor participación en el gobierno.
De manera más ordenada (aunque a veces la experiencia también fue muy dramática), la Iglesia está atravesando un fenómeno parecido en las últimas tres décadas. En el último ca-pítulo describí brevemente el cambio de un modelo monárquico de autoridad en la Iglesia a otro colegial. Este proceso está aún en marcha. En la vida de comunidad se manifiesta en varios aspectos concretos.
Está, primero, una tendencia del deseo de representación al deseo de participación. Con las rápidas comunicaciones de hoy día la gente no está a menudo satisfecha con un proceso de toma de decisiones en el que toman parte sólo el provincial y sus consejeros o ni siquiera una asamblea provincial, aunque sea ésta elegida, sobre todo si las decisiones que se toman afectan a todos los miembros de una provincia. Todos esperan que se les consulte personalmente sobre todas las cuestiones importantes que importan a su futuro. Otras veces desean que todos los miembros de la provincia sean consultados en asuntos de importancia. En este tema vemos hoy el perfeccionamiento de algunos sistemas de consulta sofisticados y detallados. También la existencia de reuniones generales de toda la provincia, en paralelo con, y a veces en lugar de, las asambleas provinciales de elegidos.
En segundo lugar, además de las estructuras jerárquicas, se ve una tendencia hacia estructuras de participación, a veces por iniciativa de la misma jerarquía, otras veces por iniciativa «de la base». Algunas de estas formas aparecen institucionalizadas en el Código de Derecho Canónico (sínodos diocesanos, consejos de presbiterio, consejos pastorales, etc…) y en las Constituciones, Estatutos y Normas provinciales de varias comunidades (asambleas y consejos locales, proyectos comunitarios, proyectos provinciales, etc…).
En tercer lugar, la sociedad contemporánea ofrece pocas alternativas en blanco y negro, sino más bien presenta opciones variadas. Esa variedad es fruto de la sociedad de la información y de la tecnología avanzada, que tiene la capacidad de proponer y explorar diversas posibilidades. Diferentes grupos, cuando se ponen a diseñar planes a largo plazo, con frecuencia se proponen a sí mismos varios «escenarios» basados en diferentes hipótesis. También en las comunidades religiosas el estudio de opciones múltiples forma ahora parte frecuente de su vida, sobre todo en las consultas para futuros destinos. A veces también se hacen estudios del interés de todos los cohermanos de una provincia que puedan servir de ayuda para planificar para el futuro.
Para que el lector no se vea abrumado por la magnitud de los cambios descritos, puede que le ayuden las observaciones de un escritor contemporáneo:
En varias maneras las personas que sirven directamente a la Iglesia están mejor preparadas para los grandes cambios que la persona normal, por no haber sido empleadas de la industria y por haber estado trabajando en ocupaciones relacionadas con los servicios que pueden ser más fácilmente integradas en una sociedad de la información. Además, si han estado trabajando en la Iglesia Católica durante los últimos veinte años, han experimentado ya grandes cambios.






