Hno. Ignacio Artola Jauregui.

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Author: Francisco Carballo · Source: Anales españoles, 1970.
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El día 25 a las 24 horas falleció en la Enfermería provincial de esta casa el H° Artola.

Hacia 11 años que vivía entre nosotros. Como portero de la casa, y desde el año pasado retirado en la enfermería por grave enferme­dad. Una diabetis profunda e insuficiencia cardíaca pusieron su vida el peligro repetidas veces. El año pasado tuvimos que llevarlo al Hos­pital provincial, y de allí al Hospital de la Santísima Trinidad, donde logró recuperarse ligeramente.

El día 25 de este mes v año sufrió al atardecer un colapso; en se­guida se recuperó; recibió los sacramentos con plena lucidez, y a las 11,30 entraba ya en coma. Estuvimos presentes en su agonía varios Padres y Hermanas. A las 12 de la noche menos 10, expiraba. Una muerte recibida en paz y con la llaneza con que obraba siempre el H° Artola.

Su familia no pudo llegar hasta la noche del día 26. Al día si­guiente, hicimos su funeral y entierro. En el cementerio de Santa Marta, en el recién levantado panteón de la Congregación de la Mi­sión, el H° Artola es el primero que lo ocupa. En la homilía de la misa resumimos lo que creemos fue su vida espiritual:

El H° Artola es un viejo amigo. Le conocí en los Milagros cuan­do él era un mozo todo acción. Nos cantaba a los niños canciones y le vejamos en la cocina y en la Iglesia feliz de servir a su comu­nidad y a los fieles; Los Milagros han sido siempre para el H.° Ar­tola lo más entrañable.

Luego le conocí en Cuenca, donde en años de dificultades eco­nómicas grandes, él fue cocinero unos meses y nos enseñó a saber cómo sabían los alimentos, a nosotros Estudiantes que vivíamos en una pobreza sin remilgos.

Y por fin he vivido en este Teologado cinco años con él; y él llevaba aquí ya 6. En los 11 años el H° Artola ha servido con toda su buena voluntad. Cierto que la edad mermó su audición y una cliabetis grave le provocaba somnolencias pesadas, pero él era siem­pre el Hermano digno que hemos conocido: un hombre a carta ca­bal; era piadoso y no dejaba jamás sus rezos, su meditación, la lectura de las Reglas y de la Biblia. Era respetuoso, especialmente con los sacerdotes, y eso siempre sin que costumbres más democráticas le cambiaron. Era ante todo un hombre franco, leal noble. De quien te podías fiar siempre, de quien nunca vendría una mala jugada. Y que tuvo gran sentido de respeto y amor a los hom­bres; él, alejado de todos los campos de batalla sangrienta o parlamentaria, siguió con dolor los azares que llevaron a la muer­te o a la opresión a grupos y personas y lo sufrió en el fondo de su ser, respetuoso y deferente para todo hombre, muy espe­cialmente de los pobres.

Que el Señor, a cuyo encuentro ha ido y en cuya presencia sin duda está, sea su premio y nos dé la ayuda ahora más necesaria de su ejemplo y de su oración por nosotros; que nos atraiga la bendición de Dios a sus familiares y a esta casa, en cuya comuni­dad es su presencia gozosa.

Ignacio Artola Jáuregui nació en Astigarraga (Guipúzcoa), en 1896. Entró en la. Congregación de la Misión en 1915. De sus destinos, los más importantes fueron Los Milagros y Salamanca., Falleció el día 25 a las 24 horas.

 

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