La Casa de Espluga ha tenido una novedad importante en los albores del año en curso; novedad que transmitimos a ANALES sin demora, con fines de oportuna información y de consoladora y confortante edificación.
La Casa de Espluga ha sentido el contacto de la muerte, que no se olvida de los hijos de los hombres; ha visto desaparecer con sorpresa a uno de sus jóvenes moradores. Uno de nuestros amados hermanos estudiantes —el primero desde 1919 en que fallecieron los HH. estudiantes Felip y Peiró y no en Espluga— escuchó la última hora del reloj de su vida, y se fue a dormir a la tumba. Llamábase Salvador Herrero Casanovas, nacido en Barcelona el 24 de abril de 1922, siendo sus padres Tomás y Blanca.
Sabemos de su infancia que fue un niño muy bueno, mereciendo que el Señor fijara sus ojos en él y le distinguiera con el ideal del Sacerdocio.
Educado un tiempo por las Hijas de la Caridad, estudió en el Seminario Conciliar de Barcelona, y concluido su curso de Humanidades, movido por el deseo de las misiones, ingresó u el Seminario Interno de la Congregación de la Misión en esta Casa el día 7 de septiembre de 1943.
Transcurridos con aprovechamiento sus dos años de probada, hizo los Santos Votos con inmensa satisfacción de su espíritu el día 8 de septiembre de 1945.
Dio comienzo a sus estudios con tan notable aplicación que le hizo obtener muy satisfactorias calificaciones en los exámenes del primer cursillo, únicos que ha sufrido.
Su enfermedad, que duró unas tres semanas, empezó por una ligera indisposición, la cual fue acentuándose hasta degenerar en una tifoidea que no pudo vencer su naturaleza delicada.
Después de darnos los más edificantes ejemplos de conformidad a la voluntad de Dios, que cortaba sus sublimes ideales de misionero, de gratitud hondamente sentida a cuantos servicios se le prestaban, de notable paciencia en sufrir los agudos dolores que la enfermedad le ocasionaba y de extraordinario espíritu de piedad entregó plácidamente su alma a Dios a las dos de la madrugada del día 26 de marzo de 1946.
Copiamos de su recordatorio:
No importa morir temprano si la muerte nos sorprende con las armas en la mano.»
(Máxima de San Vicente de Paúl).
«Acepto, Señor, resignado, vuestros inescrutables designios. Quiero, Señor, expiar mis pecados.
Expiación… Esta es la senda que conduce a la Vida…
Acepto, Señor, mi muerte prematura, tronchando mis más sublimes anhelos. Acéptola, Dios mío, para el fomento de vocaciones misioneras.» (Aspiraciones santas del. enfermo).
Descanse en paz nuestro amado difunto y nos consiga abundancia de vocaciones, con las oraciones que, poco antes de morir, prometió hacer a este fin desde el cielo.
Hno. estudiante Salvador Herrero Casanovas (1922-1946)







