CAPITULO LX: DOCUMENTOS USADOS EN LA HISTORIA DE LAS FUNDACIONES EN FILIPINAS
Petición de nuevas Fundaciones de las Hermanas en la Península y en Filipinas
Carta del Visitador P. Codina al P. General (en francés)
Madrid, 23 de junio de 1845
Deseo saber su opinión sobre las dos fundaciones que pienso hacer en el año corriente, la de Jerez de la Frontera, Hospital y la del Hospicio de Vitoria. Tiempo ha que tienen el permiso Real y el Ministro del Interior me ha ordenado no admitir nuevas fundaciones antes de ejecutar las autorizadas. No podemos rehusarlas sin exponernos. Otras muchas se nos piden de ellas le hablaré a su tiempo.
= Preséntase, ahora, otro negocio más comprometido, aunque de grandes ventajas para ambas familias. El Deán de la Catedral de Manila… ha venido a la Corte para tratar los asuntos graves de los Hospitales de aquel lejano país. Hay descontento en los servicios prestados por los Religiosos de S. Juan de Dios a los pobres enfermos. Probablemente serán despedidos y quieren reemplazarlos por Hermanas. El Gobierno, deseoso de conservar aquellas Islas, aceptará con gusto la demanda y creo nos invitará a encargarnos de tan importante misión. Si llega el caso, ¿qué haré?…
El Sr. Igüés, hombre santo, dotado de rara virtud tiene talento y venerado como un apóstol en la Ciudad de Sangüesa.
Tengo carta de Sor Angela Telechea que está en Argelia. Dice que no se hace a las costumbres libres de aquellas gentes de Africa y que desea volver a España. Pide que la llame. Yo no puedo hacer más que ponerlo en conocimiento de V. por si quiere hacernos el favor de mandarla. Yo la recibiría con mucho gusto, lo mismo que a Sor Teresa Jiménez que está en los Incurables de París»
Fundación de las Hijas de la Caridad Españolas en Filipinas.
Carta del P.. Codina, Visitador, al P. General (en francés)
Madrid, 28 de setiembre de 1845.
El Sr. Deán de la Catedral de Manila no volverá hasta pasados dos años. El Gobierno, que teme la independencia de las Islas, quiere darles cuanto pueda para tenerlos gratos. Lo mismo con respecto a Cuba, donde el Capitán General pide seis Hermanas para los Hospitales.
El Ministro ha recibido bien la demanda y pronto el Ministro del Interior me mandará una Real Orden. Esta es una buena ocasión que Dios nos ofrece para pedir la restauración de la Congregación, lo que espero obtener a la sombra del Instituto de nuestras Hermanas, pues haré ver al Ministro que nuestras Hermanas no irán nunca a países lejanos sin Directores de su familia y que las Hermanas mismas de la Península, pronto morirían si les faltase nuestro apoyo.
Las Hijas de la Caridad en Filipinas
Desembarazado el Gobierno español en 1839 de los graves asuntos de la guerra civil, prestó alguna atención al problema educacional de las Islas. El mismo año dictó la Regencia un Real Decreto, por el cual mandaba al Gobierno de Filipinas se formara una Comisión de Instrucción pública para regular la enseñanza. El 20 de noviembre de 1854 tomó posesión del mando superior de las Islas D. Manuel Crespo, quien, en su solicitud por el bien del pueblo, puso en práctica el Real Decreto sobre la enseñanza, que dormía hacía diez y seis años en el Archivo del Gobierno General. El mismo nombró los miembros de la Comisión de reforma y consiguió con el apoyo de su autoridad, que se dieran acertadas disposiciones, pero su corta estancia en Filipinas dejó sin cristalizar las bellas esperanzas que su gobierno prometía…
R.O. con el expediente de Manila, para envío de Hermanas a Filipinas
El Sr. Ministro de Estado dice de Real Orden al de la Gobernación lo siguiente:
Instruido el expediente a consecuencia de la carta documentada fecha 3 de setiembre de 1855 del Gobernador Capitán General de Filipinas, que en copia acompaño adjunta, consultando, entre otras cosas, el envío a aquellas Islas de doce Hermanas de la Caridad, la Reina (q.D.g.) se ha servido mandar disponga V.E. lo conveniente con objeto de que vayan las expresadas doce Hermanas, que como más necesarias se reclaman, debiendo poner en conocimiento de V.E., al mismo tiempo, que el enunciado Capitán de Filipinas ha librado la cantidad de ciento cinco mil seiscientos sesenta y cuatro reales para atender a los gastos de traslación, cuya suma existe disponible en la Dirección General de Ultramar.
= De Real Orden comunicada por el Sr. Ministro de Gobernación traslado a V. para su inteligencia y a fin de que, si es posible, que sin desatender las necesidades de los Establecimientos de Beneficencia de la Península, se trasladen a Filipinas las doce Hermanas, que reclama el Capitán General de aquellas Islas, disponga V. lo necesario al efecto cuidando que, en la elección de las mismas, se eviten los inconvenientes que se indican en las comunicaciones del Ayuntamiento, Muy Reverendo Arzobispo, Regente de la Audiencia, Junta de Hacienda Asesoría y Superintendencia, se expresan y que se acompañan adjuntas en calidad de devolución.
= Dios guarde a V. muchos años
= Madrid, 14 de mayo de 1856
= El Subsecretario = Manuel Gómez
= Sr. Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad
El expediente citado fechado en Filipinas en mayo 14 de 1856(?), contiene los siguientes documentos:
lº Oficio del Gobernador de Filipinas, enviando al Ministro de Estado de España el resultado del Expediente y apoyando la ida de Hermanas a Filipinas.
2º Parecer del Ayuntamiento de Manila. Pinta el deficiente estado de aquellas Hospitales y Colegios y concluye ensalzando los servicios de las Hijas de la Caridad.
3º Informe del Sr. Arzobispo de Manila, «ha leído con la mayor complacencia la adjunta exposición del Ayuntamiento de esta Capital, en la que propone se plante en estas Islas el piadoso Instituto de las Hijas de la Caridad, para mejorar, en lo posible, la asistencia de los pobres en los Hospitales y la educación también de su propio sexo, extremos ambos dignos de la superior consideración de V.E… Objeto fue éste de algunos desvelos del último finado Arzobispo de Manila y el que suscribe no ha dejado también de consagrarle sus meditaciones para proponerlo a Su Majestad con conocimiento y acuerdo del Superior Gobierno de las Islas, llegada que fuera la ocasión de poder ser removidos los obstáculos que en su concepto no dejarían, como no dejarán acaso de presentarse, para su cabal realización. Es innegable que las religiosas hospitalarias, Hijas del gran Apóstol de la Caridad S. Vicente de Paúl, prestan por doquier, etc… Habla de la insuficiencia de los servicios del Instituto de S. Juan de Dios en aquellas Islas, pero la elección ‑dice‑ del personal de las Hermanas de la Caridad que hayan de venir a Manila, debe ser muy detenido y escrupuloso, pues que a esta distancia de las casas matrices en España y para presentar la novedad que se importa enfrente de lo que hoy existe, cualquiera equivocación traería amargura y males de dolorosa trascendencia.
4º El informe de la Intendencia General del Ejército y Hacienda considera laudable y altamente filantrópico el pensamiento de establecer en las Islas las Hermanas de la Caridad y que no encuentra inconveniente en autorizar al Excmo. Ayuntamiento para que de sus fondos contribuya con las cuentas que propone.
5º Otro informe del Sr. Arzobispo de Manila, sobre los recursos con que se podría contar para la instalación de las Hermanas. El ofrece pagar el pasaje de dos o tres Padres Paúles para su Seminario… etc.
6º El informe de la Real Audiencia Cancillería de Manila dice… abriga también la esperanza de que los ejemplos de admirable caridad de estas Hermanas no serán estériles en este País y cree que muchas jóvenes piadosas se consagrarán bajo las reglas de ésta santa Institución al servicio de Dios y de la humanidad doliente y desvalida… El que suscribe es de opinión que para el envío de las diez o doce Hermanas que deben reclamarse, debería, desde luego, ponerse a disposición del Gobierno la suma que se estime necesaria, teniendo en cuenta la comodidad y el decoro con que debe efectuarse su traslado. Los fondos aprobados por la Junta Superior Directiva de Hacienda, la suma que ofrece el Excmo. Ayuntamiento y las que designe el Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo, son, a juicio del que expone, suficientes para subvenir a éste y los demás gastos que ha de ocasionar el envío y establecimiento, en este país, de las Hijas de la Caridad».
Finalmente el Capitán General de Filipinas manda facilitar los recursos citados para la venida de las Hermanas.
Informe de Sr. Igüés al Gobierno sobre la dificultad de enviar Hermanas a Filipinas.
Excmo. Sr.:
He leído con reflexión la R.O. de 14 del pasado mayo, relativa al envío de doce Hijas de la Caridad a las Islas Filipinas, donde se reclaman como muy necesarias, según las comunicaciones del Ayuntamiento, Regentes de la Audiencia y otras Autoridades Eclesiásticas y Civiles de aquellas Islas. El fruto de mis detenidas reflexiones ha sido el que no podía menos de ser, esto es, tropezar con dificultades que casi imposibilitan, por ahora, la realización de este plan, aunque tan ventajoso para los Establecimientos de Beneficencia de aquel remoto País.
V.E. ha indicado anticipadamente, en la citada Real Orden, alguna de esas dificultades, cuando ha dicho se trasladen a Filipinas las doce Hermanas, sin desatender las necesidades de los Establecimientos de Beneficencia de la Península. Tales necesidades son tan grandes y, a veces, tan urgentes, que no pueden distraerse Las Hijas de la Caridad para otros puntos de fuera, sin irrogar perjuicios a los Establecimientos del interior. Más de veinte son las fundaciones que están concebidas por Reales Ordenes y no pueden ejecutarse por falta de Hermanas disponibles, las que por un efecto natural, serán menos en número si se las destina a tenor de la Real Orden que nos ocupa. Porque, si bien es verdad ser bastante reducido el número que se pide y facilita esto extraordinariamente el envío de ellas, es digno, sin embargo, de llamar la superior atención de V.E. sobre lo insuficiente que ha de ser tan corto número para llenar ni aún, por modo de ensayo, los diferentes cargos que allí se les quieran confiar…
Dice que de encargarse de todo esto no bastarían ni veinte Hermanas. Por otra parte, no se les puede dar este destino sin ir acompañadas de Directores a propósito, capaces de conservarlas en el espíritu propio de su vocación, sin el cual no podrían prestar en aquellos establecimientos de Beneficencia y Escuelas de niños los importantes servicios que las Autoridades de las Islas justamente se prometen…
El Director de las Hijas de la Caridad, después de haber conferenciado con el Visitador de la Congregación de la Misión, cree que, por ahora, no es posible, a causa de no tener sujetos disponibles, para encargarse de los Seminarios.
Habla de la supresión de la Congregación que no fue restablecida hasta 1851 «pero se halla propiamente en su cuna v ni tiempo ha tenido para formar los jóvenes que hace más de cuatro años comenzó a admitir en su seno. Ellos dan esperanzas ciertamente de poder servir más adelante para los cargos a que se les quiera destinar, pero corre mucho peligro de que la Congregación los pierda y queden frustrados sus piadosos proyectos formados sobre ellos por su Majestad la Reina, en la citada Real Cédula, si V.E. no interpone su poderoso influjo para alejarle prontamente. Nace este peligro de la Ley de Reemplazamiento que expone a los jóvenes de la Congregación de San Vicente de Paúl a haber de abandonarlo si no se les exime de entrar en el sorteo como a los de otras Congregaciones privilegiadas. Clara y terminante está la disposición de dicha Ley, en los números 3 y 4 del artículo 74, en favor de los religiosos profesos y novicios de seis meses de las Escuelas Pías y de los Misioneros de Filipinas, y estando la Congregación de los Misioneros de S. Vicente de Paúl destinada para aquel mismo País, parece se debe hacer extensiva a sus jóvenes la mencionada exención.
Por tanto a V.E. encarecidamente suplica el que suscribe, se digne interesarse con el Sr. Ministro de la Guerra, para que sea despachada favorablemente, en el sentido dicho, la solicitud que más de una vez tiene ya presentada con este objeto el Visitador de la Congregación de S. Vicente de Paúl a Su Majestad la Reina, por conducto del Ministerio de Gracia y Justicia, y de la cual ninguna resolución se ha tenido, después de tres años, hallándose siempre dicha Congregación en peligro de perder sus jóvenes y de imposibilitarse por consiguiente para cumplimentar la parte de la Real Cédula que dispone la excepción de una casa de la misma en la ciudad de Manila y al mismo tiempo a la que manda el envío de las Hijas de la Caridad a aquellas Islas, que es el objeto del expediente instruido en el Gobierno de ellas del cual V.E. se sirvió mandarme copia que devuelvo adjunta, según se me previene en la Real Orden citada del 14 del pasado mayo, a que contesto con las precedentes observaciones.
= Dios guarde a V.S. etc.
= Madrid, 1 de setiembre de 1856.
= Excmo. Sr. Ministro de Estado, encargado del Despacho de la Dirección General de Ultramar.
R.O. sobre el envío de Hermanas a Filipinas
Con esta fecha y de Real Orden comunicada por el Sr. Ministro de Estado y Ultramar traslado especialmente recomendada a los Señores Ministros de Guerra y Gobernación, que en 1º de setiembre último se sirvió Vuestra Paternidad dirigir al Sr. Ministro de Estado y Ultramar acerca del proyectado y necesario envío de Hermanas de la Caridad a las Islas Filipinas. Y de la propia Real Orden manifiesto a V.P., que esta Dirección General de mi cargo, lejos de encontrar inconveniente alguno en que en lugar de doce vayan catorce Hermanas, como V.P. propone, a las mencionadas Islas y que allí presten sus meritorios servicios en uno o dos establecimientos piadosos solamente, en vez de fraccionarse en casi todos los existentes, como indicaba el Capitán General de aquel Archipiélago, halla acertadas y atendibles las observaciones de V.P. a las que desde luego se presta, encareciendo a V.P. que sin perjuicio de lo que resuelvan los Ministros de Guerra y Gobernación, procure remover los obstáculos que se oponen a la expedición proyectada y tenga ésta lugar en el más breve plazo posible en bien del Estado en general y en el de aquellas Provincias muy particularmente.
= Dios guarde a V.P. muchos años
= Madrid, diciembre 3 de 1856.
= El Director General = Isidro Díaz Argüelles.
= Sr. Director del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad.
R.O. para que se remuevan todos los obstáculos y vayan Hermanas a Filipinas
Se ha recibido en esta Dirección la Comunicación de V.P., fecha 20 de diciembre último, manifestando que, a pesar de todos los esfuerzos del Gobierno y de los de esa Dirección, era imposible el envío a Filipinas de algunos miembros de la Congregación de S. Vicente de Paúl, a causa de no estar suficientemente preparados.
Enterada Su Majestad, la Reina, ha tenido a bien disponer diga a V. P., como de su Real Orden comunicada por el Sr. Ministro de la Guerra y de Ultramar lo ejecuto, que siendo de la mayor necesidad los servicios de las Hijas de la Caridad en Filipinas, conviene que se remuevan todos los obstáculos que existan para la realización de este pensamiento y por consecuencia que se haga todo lo posible para poner en estado de aptitud los presbíteros jóvenes de San Vicente que muestren mejores disposiciones
= Dios guarde a V. P. muchos años.
= Madrid, 31 de marzo de 1859.
= El Director General, Augusto Ulloa
= Sr. Director General del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad.
Hermanas y Padres destinados a Filipinas
Carta del P. Masnou al P. General
Madrid, 6 de noviembre de 1861
Trata de la petición del Gobierno para enviar a Filipinas Misioneros e Hijas de la Caridad.
El Sr. Inocencio Gómez va de Superior, Le han juzgado el más capaz para ir al frente de esta expedición, y para Superior de la nueva casa de Manila. Van cuatro sacerdotes y quince Hermanas.
R.O. sobre el envío de Hermanas a Filipinas
«El Sr. Ministro de Estado dice de Real Orden al de la Gobernación lo siguiente:
Instruído el expediente a consecuencia de la carta documentada fecha 3 de setiembre de 1855 del Gobernador Capitán General de Filipinas, que en copia acompaño adjunta, consultando, entre otras cosas, el envío a aquellas Islas de doce Hermanas de la Caridad, y a la Reina (q.D.g.) se ha servido mandar disponga V.E. lo conveniente con objeto de que vayan las expresadas doce Hermanas, que como más necesarias se reclaman, debiendo poner en conocimiento de V.E,, al mismo tiempo, que el enunciado Capitán de Filipinas ha librado la cantidad de ciento cinco mil
seiscientos sesenta y cuatro reales para atender a los gastos de traslación, cuya suma existe disponible en la Dirección General
Sobre la Fundación de Filipinas, el Sr. Santasusana nada ha dicho de ello en el Consejo
Carta del P. Sanz al P. Maller
Madrid, 9 de noviembre de 1961
Ayer con mi dictamen la Visitadora Sor Angela Ochoa escribió a la Generala, dándole parte de una fundación de Hermanas en Filipinas y de la que el Sr. Santasusana no les ha hablado ni siquiera una palabra en el Consejo. Yo no creería esta conducta del Sr. Santasusana, si yo mismo no lo viera.
La aceptación de la Fundación de Filipinas contraría al P. General
Carta del P. Masnou al P. Maller, en París
Madrid, 10 de diciembre de 1861
Respecto a la fundación de Filipinas la aceptó con licencia presunta del P. General, porque así lo exigían las circunstancias: que tenía que dar inmediata contestación y que no podía declarar su dependencia del Superior General. Porque me consta que algunas autoridades de nuestro Gobierno no llevan a bien esta dependencia y si no se va con cuidado, temo no se remueven los acontecimientos del Sr. Armengol.
Por otra parte ha sucedido alguna vez enviar alguna carta muy importante al Superior General y pasarse mucho tiempo sin tener contestación.
Por entonces sólo irían dos sacerdotes con las Hermanas. A los primeros les da el gobierno una pensión Anual de doce mil reales a cada uno y siete mil a cada Hermana.
Quiérese imponer la corneta a las Hermanas que van a Filipinas. El Sr. Gómez irreductible renuncia ir de Superior.
Carta del P. Sanz al P. Maller, en París.
17 de febrero de 1862
No sé cómo el Sr. Masnou, que conocía su modo de pensar según el mismo Sr. Gómez me lo ha asegurado, lo eligió para esta misión de Filipina. Cuando el Sr. Masnou me habló de él, sólo me dijo que era muy observante y el más capaz de los que pudieran ir y en esto acertó. Pero no me dijo que era el más opuesto a los deseos del Superior General sobre el asunto que nos ocupa. Vaya éste hecho en confirmación.
Cuando le entregué la patente de Superior de Filipinas, creí indicarle que no sería extraño que las Hermanas tuvieran con el tiempo que ponerse la corneta… Bastó esto para que me volviese inmediatamente la patente, asegurándome que no quería ir y añadiendo a esto expresiones tan avanzadas, que yo no quiero decirlas a V. por no mortificarlo. Procuré tranquilizarlo y hacerle ver los inconvenientes que se seguirían de su negativa, sabiendo todos que él era el destinado para esta misión y que cuando llegase el caso arriba indicado, podía volverse a España. Así quedamos al mediodía, pero a la noche, me volvió diciéndome que él no juzgaba conveniente el ir a Filipinas, sin hacer antes presente al Superior General que no se hallaba en la determinación de contribuir al cambio del tocado de las Hermanas, ni de permanecer de Superior en Filipinas, si esto se verificaba… Por aquí podrá V. traslucir cómo se piensa por acá…
P.D. Acaba el Sr. Gómez de entregarme una carta para el Sr. Superior General, que le remito hoy. Yo no la he leído, pero me ha dicho que le escribe en éstos términos que dejo a V. indicado. ¡Qué sentimiento va tener el Padre! No hay remedio, es necesario que, a vuelta de correo, mande la patente de Superior para el Sr. Velasco, y que el Sr. Moral vaya por compañero suyo…
Respecto del Sr. Gómez es necesario que no tomen en ésa ninguna medida fuerte; esto lo echaría a perder todo y causaría aquí un daño espantoso; lo menos malo es que vuelva a Badajoz. En Madrid no conviene que esté ni que se ocupe de la dirección de las Hermanas.
Aquí y fuera de aquí hay otros varios de las mismas ideas que el Sr. Gómez. Se espanta uno al oír cómo se expresan contra Francia…
El Sr. Borja es un santo, pero está acabado por sus años y falta de vista. El Sr. Igüés es muy comedido en el hablar, de conciencia y de observancia, pero está firme en sus ideas y no cree que el Sumo Pontífice tome parte en el cambio del tocado de las Hermanas. Añado a V, que, aún en el caso que lleguen los documentos de Roma, no creo que las actuales circunstancias sean oportunas para realizarlo. Qué golpe ha sido para mí el haber vuelto a España. No obstante yo no retrocedo y trabajaré con empeño, pero con mucha calma y esperando en paz los tiempos señalados por la Providencia. Me costará tal vez la vida, pero moriré gustoso en obsequio de la obediencia. Mándeme al Sr. Salmarón.
EXPEDICION DE HERMANAS A FILIPINAS
«El Deán del Cabildo pamplonés, D. Gregorio Melitón Martínez, propuesto por la Reina Isabel para la vacante de Manila, en 1861, precisamente cuando pensaba él ingresar en la Orden de San Agustín, conocía íntimamente a las Hijas de la Caridad y antes de salir consiguió de la Reina el cumplimiento de la Real Cédula de 1852 que mandaba enviar a Filipinas Misioneros e Hijas de la Caridad. Fruto de sus gestiones embarcaron en 5 de marzo de 1862, en la Fragata Concepción, en Cádiz 15 Hijas de la Caridad, dos Padres y dos Hermanos.
En Manila las esperaba un público de mas de diez mil personas que las saludó y aclamó a los acordes de la marcha real española. Por debajo de los arcos triunfales que adornaban la carrera y entre las aclamaciones de la multitud, se dirigió la comitiva con las Autoridades a la antigua Iglesia del Colegio de Santa Isabel, que servía interinamente de Catedral, donde fue recibida por el Sr. Alcalde de la ciudad y por un canónigo, quienes las acompañaron al coro para asistir al solemne Te Deum en el que oficiaron tres canónicos. Las Hermanas fueron alojadas en el Colegio de Santa Isabel, de donde se trasladaron unos días después a la casa quinta de la Concordia, preparada igualmente por su propietaria Dª Margarita Rojas de Ayala, Presidenta de las Conferencias de Señoras de San Vicente de Paúl, a cuyo cargo corrieron todos los gatos de las Hermanas hasta estar éstas instaladas en el Hospital Militar.
La primera entrevista con el Sr. Arzobispo no pudo ser más cordial. El Sr. Gobernador General Excmo. Sr. D. Rafael Echagü, conde del Serrallo, las recibió con muestras de verdadero contento, sobre todo, al ver entre ellas, algunas Hermanas que habían estado con él en la campaña de Africa, donde el bravo General se cubrió de gloria y les declaró, que desde aquel momento, quedaban bajo su especial protección…»
Contrata del pasaje de las Hijas de la Caridad que van a Filipinas
Con esta fecha se expiden las órdenes oportunas para que el Gobernador de la Provincia de Cádiz contrate el pasaje de las Hijas de la Caridad y Hermanos de S. Vicente, destinados a las Islas Filipinas. En cuanto a la parte de la cantidad presupuestada para su habilitación que V.P. no ha percibido aún, le será entregada por la Ordenación General de Pagos de esta Dirección General de Ultramar, en el momento en que se presente a hacerla efectiva
= Dios guarde a V.P. muchos años
= Madrid, 7 de marzo de 1862.
= Augusto Ulloa
= R. P. Director del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad.
R.O. preguntando al Director del Real Noviciado cuándo se podrán enviar a Filipinas el pedido que han hecho de veintidós Hermanas.
El Gobernador Capital General de Filipinas ha manifestado a este Departamento, en 23 de diciembre último, al dar cuenta a una petición del Director de las Hijas de la Caridad en aquellas Islas, sobre aumento del número de éstas, que eran necesarias otras veintidós, además de las quince que hay en la actualidad.
Las dificultades que V.P. encuentra para satisfacer exigencias análogas en Puerto Rico hacen creer que no será posible llenar por de pronto la necesidad indicada por la Autoridad Suprema de Filipinas, mas en la precisión de organizar convenientemente éste tan importante servicio, ha tenido a bien disponer Su Majestad, se ponga en conocimiento de V.S. el nuevo pedido, y se le pregunte, como de su Real Orden comunicada por el Sr. Presidente del Consejo de Ministros, Ministro de Ultramar, lo ejecuto, para qué tiempo podrán embarcarse para Filipinas las veintidós Hermanas, en qué ha de consistir el referido aumento.
= Dios guarde a V.P. muchos años
= Madrid 10 de abril de 1963
= El Director General interino = Gabriel Enríquez.
= Sr. Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad».
R.O. concediendo el embarque de dieciséis Hermanas a Filipinas y pagándolas el vieja a ellas y a los Directores.
Presidencia del Consejo de Ministros
= Ministerio de Ultramar.
El Sr. Presidente del Consejo de Ministros, Ministro de Ultramar, dice hoy al Gobernador Superior Civil de las Islas Filipinas lo siguiente: Concedida por la Reina su Real permiso de embarque de dieciséis Hermanas de la Caridad, que acompañadas de los Directores, pasan a esas Islas a ayudar a las que en ellas existen en los trabajos de su Instituto, ha tenido a bien Su Majestad dictar las disposiciones siguientes:
1ª- Que el pasaje de las mencionadas Hermanas se contrate en pública subasta con arreglo a las disposiciones vigentes, librándose su importe sobre esas cajas como se verifica en los pasajes de los funcionarios públicos y sin incluir en la contrata a los dos Directores, por cuanto van llamados por ese Prelado Diocesano para la enseñanza del Seminario.
2ª- Que el importe de la libranza de dicho pasaje que expidió el Gobernador de la Provincia de Cádiz sea inmediatamente reintegrado a esas cajas, de por mitad entre las de Comunidad y los fondos de Propios y Arbitrios.
3ª- Que con sujeción a lo prevenido en la Real Orden de 20 de enero del año último, se entre que al Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad en esta Corte, la habilitación de equipo de cada una de ellas, a razón de tres mil trescientos reales, como también igual suma por cada uno de los dos Directores que las acompañan y seiscientos reales para la compra de libros espirituales que les son necesarios, importante en junto, sesenta mil reales que percibirá aquel del Tesoro público, a reintegrar por esas Cajas de la manera prevenida en Real Orden de esta fecha.
= De la de Su Majestad comunicada por el referido Sr. Ministro lo traslado a V.P. para su conocimiento y efectos correspondientes
= Dios guarde a V.P. muchos años.
= Madrid 26 de abril de 1863
= El Director General interino, Gabriel Enríquez
= Sr. Director del Noviciado de Hijas de la Caridad.
Las perturbaciones de la corneta no llegan a Filipinas
Carta del P. Moral al P. Maller
Manila, 20 de setiembre de 1863.
Están muy en paz, pues no han llegado allí las perturbaciones de la Península. «Nuestras piadosas Hermanas aunque tienen que sufrir muchas incomodidades por falta de local, con motivo del espantoso terremoto de que escribí a nuestro P. General, están contentas y gozosas, sirviendo a sus pobres enfermos y yo me gozo de verlas impasibles en medio de tantas privaciones. El cielo las favorece como también las Autoridades les muestran mucha deferencia y en general todos. ¿Por qué? Oh observancia de la Regla! ésta es la que atrae sobre ellas las bendiciones del cielo…»
Carta del P. Sanz, Visitador, a las Hijas de la Caridad de Filipinas
Madrid, 22 de junio de 1864.
A mis amadas Hermanas en Jesucristo de Manila
Bendice una y mil veces a Dios por el desarrollo prodigioso de las obras propias de su Instituto y que para mejor guarda del espíritu de su vocación podrá contribuir mucho la formación de su Consejo de Gobierno.
El Consejo queda establecido, desde que se reciba esta nuestra Circular y se compondrá del modo siguiente:
1º.- El Director de las Hermanas, que es el Sr. Velasco y en los casos de ausencia o enfermedad, el P. Moral, subdirector.
2º.- Sor Tiburcia Ayanz.
3º.- Sor Josefina Rivas.
4º.- Sor Casimira Marquínez.
5º.- Sor Catalina Carreras.
Ved, Hermanas mías, la medida de tanta trascendencia, que no había podido realizarse antes…
R.O. disponiendo el pago del pasaje de las Hijas de la Caridad
Ministro de Ultramar.
= El Sr. Ministro de Ultramar dice con esta fecha al de Hacienda lo que sigue:
= Debiendo pasar a Manila doce Hermanas de la Caridad para cubrir las vacantes de las que han sido víctimas del cólera morbo y acompañándolas, además cuatro Misioneros de San Vicente de Paúl destinados a los Seminarios de Cebú y Nueva Cáceres, la Reina (q.D.g) ha tenido a bien disponer que por el Tesoro Público se entreguen a D. Ramón Sanz, Director General del Noviciado de las Hijas de la Caridad 28.360 reales vellón, etc.
= Madrid 16 de noviembre de 1864.
= El Subsecretario, Gabriel Enríquez.
= Sr. Director del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad.
Otra Real Orden de 21 de diciembre de 1864 dispone se satisfaga el importe del pasaje de las doce Hermanas y cuatro Misioneros, embarcados en la fragata «Concepción» de Castro y Compañía que ha salido con destino a Manila.
Relación de lo ocurrido a los Misioneros de San Vicente de Paúl y a las Hijas de la Caridad en su travesía de Cádiz a Manila
Impreso dedicado al Sr. Sanz, 15 págs.
Manila 21 de abril de 1865.
Recordará V. lo ocurrido en Cádiz el 1º de diciembre de 1864. Oh, día memorable, que ha dejado en nuestros espíritus los más gratos y dulces recuerdos… Doce Hermanas, que, cuales nuevos apóstoles de Caridad iban destinadas por la Providencia a consagrarse al servicio de los pobres y a la doble enseñanza religiosa y civil de las niñas del Colegio de Santa Isabel de Manila… en la hermosa fragata Concepción, que debía ser nuestra casa y habitación por espacio de ciento treinta y cuatro días que duró nuestra navegación…
Las Hermanas iban espiritualmente unidas a las dos mil doscientas que quedaban en la Península. Recuerdan las palabras de despedida del Sr. Visitador: Id, Hermanas mías, id con confianza de habitar la nueva patria que la Providencia os depara, id, no temáis; el Dios que os ha escogido entre las doscientas compañeras que habían solicitado igual gracia, es el mismo que manda los vientos e impone silencio a las olas encrespadas de un mar embravecido, que os conducirá con seguridad hasta el término de vuestro destino.
Volved la vista y fijadla en esa proa; leed esa prodigiosa palabra: Concepción. Es uno de los títulos más gloriosos de vuestra buena Madre María; ella es la Estrella del mar y cubiertas con el manto de su poderosa protección surcaréis seguras esas profundas aguas y llegaréis con felicidad al puerto de salvación. Levantad los ojos de la fe a ese cielo, donde alrededor de S. Vicente veréis a muchas de vuestras compañeras, que, después de haber seguido la causa, que vosotras hoy emprendéis, descansan ya en la mansión de la paz; ellas unidas a las dos mil doscientas que dejáis en la Península se interesarán por vosotras y harán que desciendan sobre vuestro espíritu las gracias y bendiciones del Altísimo.
Aunque indigno, yo también me atrevo a daros la mía; recibidla y con ella la seguridad fundada en las promesas que Dios hace al varón obediente, de la felicidad de vuestro viaje y del buen éxito de vuestra ardua misión. Adiós, Hermanas, adiós, hasta el cielo, adiós. Estas últimas palabras de nuestro Director arrancaron copiosas lágrimas. etc.
Los señores que fueron en esta expedición eran los Padres Miguel Pérez, Antonio Santonja, Serrallonga y Hº Del Río. Las Hermanas: Sor Francisca de Sales Montoya, Sor Josefa Adsarias, Sor Josefa Núñez, Sor Victoria Corneja, Sor Teresa Palmarol, Sor Aquilina Vega, Sor Eustaquia Mendizabal, Sor Ignacia Ostolaza, Sor María Viu y Sor María Luque.
Esta deliciosa narración termina con este párrafo del P. Sanz:
La sencilla narración de los prodigios que el cielo ha obrado en favor de nuestras Hermanas en su larga y penosa travesía de Cádiz a Manila, habrá tal vez despertado en vosotras, Hermanas mías, un pensamiento que me ocupa a mí hace ya muchos días… Yo he visto y palpado una y repetidas veces la acción de esa Providencia amorosa que parece haberse hecho especialmente para vosotras que os cuida, os protege y que al través de las contradicciones hace que vuestro Instituto siga inalterable en la marcha progresiva de sus obras caritativas; crezca y se aumente en el número de esa multitud de jóvenes que desengañadas del mundo y de sus falsos bienes llegan todos los días a vuestra Casa Central y piden con instancia ser inscritas en el catálogo de las Hijas de la Caridad de San Vicente.
Yo tengo a mi vista esas solicitudes de las juntas de Beneficencia, apoyadas por las Reales Ordenes que las acompañan, en las que se os ofrecen nuevos Establecimientos… Yo veo y tengo experimentado muchas veces ese espíritu de abnegación, de sacrificio y de ciega y generosa obediencia, que sin necesidad de precepto a la primera insinuación de vuestros Superiores, os hace volar al cumplimiento de los destinos más repugnantes a la naturaleza.
Las contradicciones que El permite se susciten de vez en cuando contra vosotras, las debéis considerar, Hermanas mías, como pruebas saludables, de las que El sabrá libraros cuando lleguen los momentos prefijados por su Providencia; esperadlos, pues, con resignación…
R.O. relativa al envío de Hermanas al Hospital de S. Juan de Dios en Manila
Ministerio de Ultramar
= He dado cuenta a la Reina (q.D.g.) de la carta nº 93 de 23 de octubre último, que el Gobernador Superior Civil de las Islas Filipinas ha elevado a este Ministerio y del expediente que lo acompaña instruído por la Junta Inspectora del Hospital de San Juan de Dios de Manila, relativo a la conveniencia de enviar de la Península diez Hermanas de la Caridad para la asistencia de los enfermos de dicho establecimiento.
Enterada Su Majestad y teniendo presente la utilidad de introducir en aquel Hospital tan humanitaria mejora, no ofreciendo por otra parte dificultad alguna el sostenimiento de las diez que se reclaman, por contar el mismo con los recursos propios necesarios, pudiendo hacerse los gastos de traslación con cargo a los fondos locales, como se ha verificado en otras ocasiones, se ha servido resolver ponga en conocimiento de V. dicha petición a fin de que se sirva manifestar a este Ministerio si el número y condiciones de las referidas Hermanas en la actualidad permite el envío a las Islas de las que se piden, acompañando en su caso un presupuesto de gastos que podrá ocasionar la instalación de las mismas hasta el embarque en Cádiz.
= De Real Orden lo digo a V. para su conocimiento y efectos correspondientes.
= Dios guarde a V. muchos años
= Madrid, 20 de marzo de 1867.= Castro.
R.O. concediendo Hijas de la Caridad para la enseñanza de niñas en Nueva Cáceres.
Ministerio de Ultramar
= El Sr. Ministro de Ultramar dice hoy al Gobernador Civil Superior de Filipinas lo siguiente:
Dada cuenta a la Reina (q.D.g.) de la Instrucción del Rvdo. Obispo de Nueva Cáceres, en que solicita el establecimiento de una Escuela de niñas en su Diócesis, dotada con los necesarios medios de subsistencia, Su Majestad, en vista de lo dispuesto en Su Real Decreto de 20 de diciembre de 1863 y, teniendo en consideración la necesidad y conveniencia de facilitar por todos los medios posibles la enseñanza en aquellas Islas y muy particularmente la primaria entre la clase desvalida, ha tenido a bien disponer lo siguiente:
Primero, se crea en la ciudad de Nueva Cáceres, capital de la Diócesis y bajo la Advocación de Santa Isabel, una escuela de instrucción Primaria, a la que puedan concurrir las niñas pobres de la Diócesis o recibir gratuitamente la enseñanza.
Segundo, dicha escuela se hallará bajo la inspección inmediata del Rvdo. Obispo, debiendo seguirse en el régimen de la instrucción lo dispuesto en el citado Real Decreto de 20 de diciembre de 1863.
Tercero: el personal de dicha escuela se compondrá de seis Hermanas de la Ciudad con el sueldo anual de seiscientos escudos cada una, asignándose mil escudos para entretenimiento del edificio en que se halle la escuela y reposición de material necesario para la enseñanza.
Cuarto: el importe del pasaje de las seis Hermanas maestras y ochocientos escudos para gastos de viaje hasta el punto de embarque, más dos mil escudos para habilitar el edificio y comprar los utensilios necesarios, serán satisfechos por el Gobierno con cargo a los fondos locales de las Provincias de la Diócesis. Para llevar a efecto lo dispuesto por Su Majestad se encarga a V.E, que autorice el oportuno crédito supletorio de diez mil seiscientos escudos con cargo a los fondos locales de las Provincias enclavadas en Diócesis de Nueva Cáceres y sean incluídos desde los próximos presupuestos los 3.600 escudos como gastos permanentes de dichos fondos locales.
= De Real Orden comunicada por el dicho Sr. Ministro lo traslado a V. para su conocimiento y efectos correspondientes.
= Dios guarde a V. muchos años
= Madrid, 5 de noviembre de 1867.
= El Subsecretario, Salvador de Albacete.
= Señora Superiora de las Hijas de la Caridad.
R.O. consultando al Director del Real Noviciado si es posible enviar Hijas de la Caridad a los Hospitales Militares.
Excmo. Sr.:
Habiéndose recibido en este Ministerio una comunicación del Ministro de la Guerra en la cual encarece la conveniencia de enviar a Filipinas diez Hijas de la Caridad para la asistencia de los enfermos de los Hospitales Militares de Cataboto y Zamboanga, Su Majestad el Rey (q.D.g.) se ha servido disponer se pregunte a V.E. si es posible realizar, desde luego, el envío.
= De Real Orden lo comunico a V.E. para su conocimiento y efectos correspondientes.
= Dios guarde a V.E. muchos años
= Madrid 23 de julio de 1871.
= S. de Ayala.
= Sr. Director General del Noviciado de las Hijas de la Caridad.
El Gobierno de la República autoriza envío de Hermanas al Hospital Militar de Filipinas
El Sr. Ministro de Ultramar dice con esta fecha al de Hacienda lo que sigue:
Excmo. Sr.: Visto el expediente instruído en este Ministerio sobre la reclamación hecha por el de la Guerra con el objeto de que se envíe a las Islas Filipinas una Hermana de la Caridad con destino al reemplazo de otra fallecida en el Hospital Militar de dichas Islas y la comunicación remitida por el Visitador del Noviciado de la Caridad, por ausencia del Director del mismo, participando la conveniencia de que sean dos o más las que se envíen, conforme también con los de aquel Ministerio.
El Gobierno de la República ha tenido a bien disponer que por el Tesoro Central de la Península se anticipe al Director del dicho Noviciado cuatro mil novecientos treinta y ocho pesetas, importe del pasaje y equipo de dos Hermanas que se consideran necesarias para el servicio de dicho Hospital, dándose por mi parte cuenta de esta disposición al Intendente en las mencionadas Islas, para que en su día efectúe el reintegro a dicho Tesoro, mitad por las Cajas de Propios y Arbitrios y la otra mitad por la de la Comunidad de las Islas, según lo dispone la Real Orden de 7 de mayo de 1862.
= De orden del expresado Gobierno, comunicada por el referido Sr. Ministro lo traslado a V. para su conocimiento.
= Dios guarde a V. muchos años
= Madrid 27 de enero de 1874.
= El Subsecretario General, F. de León y Castillo
= Sr. Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad.
Las Hijas de la Caridad en la expedición del General Malcampo al archipiélago de Jolo
Deseando dicho General someter definitivamente a los moros joloanos, siempre levantiscos y merodeadores, organizó una expedición en 1876. A la primera insinuación de Malcampo se ofrecieron voluntariamente seis Hijas de la Caridad, marchando a la cabeza Sor Catalina Carreras, Asistenta de la Visitadora. Llegados a Zamboanga, capital de la Isla de Mindanao, habilitaron las Hermanas el Hospital de Sangre, centro de sus operaciones caritativas. En su deseo de servir a los servidores fieles de la Patria, quisieron algunas de ellas seguir a las tropas hasta el campo de batalla, mas el prudente General se lo impidió, haciéndoles ver el gran peligro a que exponían inútilmente su vida en parajes tan abruptos y en una guerra de emboscadas y sorpresas. Después de algunos meses de sangrientos combates consiguieron los expedicionarios la conquista y pacificación definitiva de Jolo e Islas adyacentes.
Sor Tiburcia Ayanz, Visitadora de las Hermanas en Filipinas no sólo se negó a recibir retribución alguna del Gobierno por los servicios prestados por sus subordinadas, sino que ella misma proveía desde el Colegio de la Concordia de Manila de cuanto necesitaban las Hermanas y mandaba por su cuenta propia muchas provisiones para los soldados hospitalizados. Conducta tan patriótica hizo subir la ola de simpatía en el público de Manila, la cual se desbordó en el entusiasta y clamoroso recibimiento que tributó a las Hermanas a su vuelta de la gloriosa expedición.
Hospitales Militares y Civiles de Filipinas
Datos sacados de una memoria escrita por el P. Pedro Pampliega en 1928.
Ocupa el primer lugar el Hospital Militar de Manila, que en 22 de agosto de 1862 recibían las quince Hermanas de la primera Misión, de manos del Gobernador General D. Rafael Echagüe.
Diez meses después, el 3 de julio del 63 un espantoso terremoto causó en Manila más de 600 muertos y más de 2.000 heridos. Sepultó bajo los escombros del edificio a algunas Hermanas y a gran parte de sus enfermos, de ellos no pocos muertos y varios heridos.
Las Hermanas providencialmente salieron ilesas de entre las ruinas. Al año siguiente apareció el cólera morbo que ocasionó a las Islas más de cien mil muertos. El Hospital militar, entonces provisional, fue el centro de mayor aglomeración de coléricos. Las Hermanas fueron con tal ocasión los ángeles del consuelo.
En 1869 un ciclón destructor dio en tierra con el Hospital apenas reconstruído, viéndose precisadas las Hermanas a trasladarse al fuerte de Santiago con sus enfermos, por entre ruinas y bajo una lluvia torrencial.
El año 1880 ocurrió en Manila el terremoto más espantoso que registra la Historia sísmica de la Ciudad. En su recinto no se oían más que los ayes desgarradores de las víctimas, entre cadáveres horriblemente mutilados. Las pobres Hermanas hicieron prodigios de fortaleza y de caridad con los desgraciados.
Por fin el año 1882, se instalaron en el nuevo y amplio Hospital Militar que hoy posee el Gobierno americano para sus soldados, en la calle de Arroceros. en él prestaron sus caritativos servicios a nuestros soldados enfermos hasta el año 1899.
El nuevo Hospital de Marina fue construído durante el Gobierno de D. José Malcampo, en Cañacao, en agosto de 1876. Está situado en una hermosa explanada, que cierra la parte noroeste de Cavite, a dos kilómetros de la población. Los años transcurrieron tranquilos para las Hermanas hasta 1898. Rotas entonces las hostilidades entre España y los Estados Unidos presentóse la escuadra yanqui delante de Cavite, el 30 de abril y a las cinco de la mañana del día siguiente, rompió el fuego contra la plaza y la débil armada española surta en el puerto. Pocas horas después el Hospital de Marina y el de San Juan de Dios eran insuficientes para contener el crecido número de heridos que llegaban de las escuadras y de las baterías a la plaza.
Entre el pánico de la población que huía despavorida, el crujir de los cañones, y a las veces, la nutrida metralla que caía en el recinto de la ciudad, habilitaron las Hermanas un cobertizo y la iglesia parroquial para evacuar las atestadas salas de los dos Hospitales, cargando ellas mismas con la impedimenta de comestibles y cirugía.
Rendida la plaza, después de resistencia desesperada, se dirigió una Comisión de ellas al Almirante norteamericano Dervey, rogándole les permitiese trasladarse a Manila con sus heridos y enfermos, para evitar desmanes de la soldadesca, a lo cual accedió el Almirante, poniendo a su disposición un barco transporte. Llegados a Manila fueron repartidos los heridos en distintos puntos de la Capital.
A los pocos días, los insurgentes filipinos atacaron el santuario, del cual se apoderaron, después de catorce horas de combate sostenido valientemente por un grupo de cazadores españoles, enviados por la Autoridad militar para mantener el orden en el Hospital. Ni uno de los nuestros fue herido, nos decía una de las ocho Hermanas, que se hallaban en el Santuario, asistiendo a los heridos, a pesar de tener que barrer, varias veces al día, el pavimento de la sala cubierto materialmente de balas.
La convivencia con los revolucionarios en Guadalupe se hizo insostenible, a causa de las arbitrariedades y, aun amenazas de uno de los jefes, que despechado ante la inflexibilidad de las Hermanas, en defensa de sus queridos enfermos, envió al Generalísimo Emilio Aguinaldo un capítulo de acusaciones contra ellas, pidiendo la pena de muerte. El general Aguinaldo rechazó indignado la proposición de su subalterno; esto no obstante al ser trasladados los soldados heridos a Manila, las Hermanas quedaron prisioneras, en poder de los Revolucionarios y gracias a los buenos servicios del Cónsul francés, pudieron volver sanas y salvas a la Capital.
Hospital de San Juan de Dios en Cavite. Entraron en él las Hermanas, a petición del Ilmo. Sr. Payo, en 1884. Este Hospital tuvo aneja la Escuela de la Sagrada Familia. La guerra hispano americana y la revolución filipina que a ella siguió, obligó a las Hermanas a abandonar el Hospital, después de pasar mil penalidades, sobresaltos y peligros y de cooperar eficazmente, junto con el Hospital de Marina, al alivio de nuestros soldados heridos en la batalla naval de Cavite y en el bombardeo y toma de esta plaza.
Hospital de Nª. Sª. del Pilar de Zamboanga. Fue fundado en 1916 por el Ilmo. Sr. O’Doherty, para contrarrestar al Hospital protestante que se desenvolvía en un ambiente de descarada intolerancia religiosa con perjuicio de los pobres. En febrero del año citado, se posesionaron del Establecimiento seis Hijas de la Caridad. Por falta de recursos se cerró este Hospital en mayo de 1921.
Hospital de San Juan de Dios en Manila. Único Hospital superviviente en la catástrofe de 1895, fue confiado a las Hijas de la Caridad que se posesionaron de él, a principios de 1869. Los terremotos de 1880 averiaron notablemente algunos de sus departamentos, que fueron prontamente reparados. Las mejoras y ampliación del edificio han hecho de San Juan de Dios un Hospital modelo en todos los órdenes.
Solamente el nuevo Hospital General levantado por el Gobierno le es superior en el aspecto material, pero supera aquel a éste, en el cuadro de facultativos, los mejores de las Islas. Durante la guerra del 98 fue el centro principal de concentración de nuestros soldados heridos, los cuales encontraron en las Hermanas, madres solícitas y abnegadas en su penas y dolores.
Colegios y escuelas de las Hijas de la Caridad en Filipinas
Escuela Municipal de Manila. Deseando el Ayuntamiento de la Ciudad proporcionar a las jóvenes los beneficios de la instrucción completa y esmerada que soportaban las jóvenes del Ateneo de Manila, regentado hacía cinco años por los PP. Jesuitas, creó, en 1864, una Escuela a él similar y la puso bajo la dirección de seis Hermanas especializadas en la enseñanza, traídas de España con ese objeto.
El programa de estudios implantado en éste primer centro docente del cual hablaremos después, fue el modelo y tenido por oficial en los damas Colegios de Filipinas. Esta Escuela quedó, en 1901, bajo el Departamento de Instrucción pública del Gobierno Yanqui (Véase también Anales tomo 32 pág. 461)
Hospicio de San José de Manila. De Real Patronato era una verdadera arca de Noé, donde se encerraban todas las miserias humanas: ancianos y ancianas achacosos, niñas y niños huérfanos, lactantes abandonados, dementes y jóvenes delincuentes de 10 a 15 años.
Colegio de la Concordia. Manila. Es reputado como el primero de la capital, sin que haya perdido un punto de su reputación en lo que llevamos de soberanía norteamericana. Prueba de ello es ir a la cabeza de todos los internados de niñas.
Colegio de San José. Iloilo. Se inauguraba en 1º de mayo de 1872. Cinco años más tarde se trasladó a Jaro, donde, a petición del Ilmo. Sr. Obispo Cuartero, se hicieron cargo de la Escuela Municipal. El 1916 se instalaron en el amplio edificio construído por las Hermanas en el camino Real que une a ambas ciudades.
Asilo de San Vicente de Paúl. Asilo Looban. Fue fundado por la generosidad de Sor Asunción Ventura, Hermana de la Caridad, quien no contenta con consagrarse en persona al servicio de los pobres, empleó la herencia más que regular, recibida de sus padres, ricos propietarios de la Papanga, en socorrer a los menesterosos, fundando esta casa refugio, para niñas huérfanas y abandonadas. Inauguróse solemnemente el 26 de julio de 1885.
En nuestros días vive pujante de caridad y de fondos, gracias a las primorosas labores de las niñas y a las limosnas.
Colegio de la Sagrada Familia de Cavite. Desde el año 1885 estaban las Hermanas al frente del Hospital de Cavite, pero como los enfermos eran pocos propusieron los Superiores de las Hermanas a la Junta Administrativa del Hospital, la erección de una Escuela aneja, a beneficio de la población.
Con aprobación del General Weyler se comenzaron las clases en 2 de junio de 1890. En él se sucedieron los cursos con normalidad hasta el año 1898, en que hubieron de suspenderse, a causa de la revolución. Los Caviteños pidieron en 1902 al Delegado Apostólico, Monseñor Chapelle la vuelta de las Hermanas al Colegio. Accedió gustoso el Sr. Delegado y se reanudaron las clases en junio del mismo año.
En 1910 abrieron una escuela en Cavite las religiosas Agustinas Recoletas y en vista de esto, el Sr. O’Doherty, Arzobispo de Manila dispuso que las Hermanas dejasen el Colegio como innecesario, a pesar de los ruegos de la Ciudad. En 1918 el mismo Sr. Arzobispo solicitó de los Superiores la vuelta de las Hermanas a Cavite. Abrióse otra vez el Colegio de la Sagrada Familia, hasta que en mayo de 1923, se cerró definitivamente por falta de niñas alumnas.
Colegio de la Inmaculada Concepción de Cebú. A este Colegio, fundado en 1895, deben su instrucción las jóvenes de las Islas de Cebú, Bohol, oeste de Leite y norte de Mindanao. En nuestros días continúa compartiendo con el Colegio de Jaro la primacía sobre todas las instituciones docentes privadas de las vastísimas regiones visayas.
Escuela de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de la Hermita. Al Rvdo. P. Mariano Suárez, S.J. Párroco de la Hermita se debe la fundación de esta escuela, en este barrio de Manila. Desde su apertura en 1901 hasta 1904, estuvo regentada por dos Hermanas del Asilo de Looban, quienes iban diariamente a presidir las clases, volviendo por la tarde al Asilo. En el último año citado se constituyó comunidad con cuatro Hermanas. Como escuela gozó de gran reputación entre el público manilense y fue siempre objeto del cariño y protección del bondadoso Arzobispo O’Doherty. Por causas ajenas a la comunidad, tuvo ésta que abandonar la Escuela en mayo de 1917, con gran sentimiento de las niñas pobres y de sus familias.
Sagrado Corazón de Jesús de Iloilo. Este Colegio comenzó en 1908 con una modesta escuela para niñas pobres, sucursal del Colegio de San José de Jaro. Sin perder de vista su fin principal se halla hoy convertido en el más elegante y conocido centro docente de la ciudad Ilonga.
Colegio de la Milagrosa de Calbayog. El Ilmo. Sr. D. Pablo Singzon de la Anunciación, uno de los filipinos más afectos a los Hijos e Hijas de S. Vicente, como que hizo sus estudios en el Seminario de Cebú y tuvo dos Hermanas Hijas de la Caridad, fue el fundador de este Colegio, en la Provincia de Samar. A petición del Prelado y en un vapor fletado por él, llegaron a la población, procedentes de Cebú, cuatro Hermanas el 21 de mayo de 1911 e inmediatamente se hicieron cargo del Establecimiento.
Se ha clausurado por falta de recursos y de personal en este año de 1929.
Colegio del Sagrado Corazón de Nagcarlan .‑ Fue su fundador el celoso Párroco D. Juan Asilo. Tomaron posesión de la Escuela tres Hermanas el 27 de junio de 1915. A pesar de la guerra que los Maestros del Gobierno declararon a esta Escuela, se vio concurrida de niños y niñas. La falta de personal obligó a retirar las Hermanas en marzo de 1918, con harta pena del celoso Párroco que no perdonó gastos para sostenerlo.
Asilo de Santa Luisa de Marillac, en Malo.- La idea de levantar una casa refugio para huérfanas en Malo, pueblo próximo a la Ciudad de Iloilo, partió de Sor Faustina Pallás, Superiora del Colegio de S. José de Jaro. El 8 de diciembre de 1915, se recogieron algunas niñas pobres en una modesta casa, mas la buena Hermana, deseaba ardientemente tener casa propia. El entonces Jaro Doherty inició un fondo con recursos allegados en los Estados Unidos.
- Ignacio Arroyo donó el terreno, donde debía de levantarse el edificio, con diez mil pesos en metálico, y con esto y otros donativos de personas piadosas se pudo levantar un bonito edificio de cemento suficiente para el citado refugio.
Escuela de Silang. Provincia de Cavite. Se empezó esta Escuela para niñas pobres, el 15 de junio de 1921, en la Casa Parroquial. Por falta de recursos se cerró en junio de 1923.
Programa de estudios implantado en los Colegios de Hermanas desde 1864 a 1898 equiparado con el actual de lengua inglesa, de Estados Unidos
| Programa español
Clase ínfima
Catecismo, lectura, escritura, principios de gramática castellana, aritmética y labores. |
Programa inglés
Escuela primaria
Lectura, escritura, gramática inglesa, aritmética, geografía de Filipinas, música y ejercicios físicos. |
| Clase media
Catecismo explicado, Historia Sagrada, lectura, escritura al dictado, gramática castellana, nociones de geografía e historia, en especial de Filipinas, higiene, urbanidad y labores. |
Escuela intermedia
Lectura, escritura, gramática inglesa, aritmética, geografía, historia de Filipinas, fisiología, higiene y sanidad, urbanidad, música, dibujo, ciencias domésticas y ejercicios físicos. |
| Clase Superior
Religión y moral, gramática, ejercicios de composición, geografía, historia, aritmética, nociones de geometría, higiene, pedagogía, nociones de ciencias naturales, urbanidad y labores. |
Escuela Superior
Literatura y composición, historia general, historia y gobierno de Filipinas, historia y gobierno de Estados Unidos, álgebra, geometría, biología, física, elementos de economía en especial de Filipinas, música, educación física y gimnasia. |
El piano, solfeo, dibujo y pintura eran en nuestros Colegios asignaturas libres, pero las labores que componían la costura, el corte, el tejido a ganchillo y los distintos trabajos en oro y seda, tenían toda la importancia de una verdadera asignatura de programa. Este plan de estudios comenzó a modificarse en 1902 con la admisión de algunas asignaturas en inglés, hasta que, en 1911, se vieron precisadas a aceptar el sistema oficial del Gobierno y someterse a la inspección del departamento de Instrucción Pública, a cambio de poder expedir títulos oficiales de enseñanza primaria, intermedia y superior.
A pesar de las exigencias de las Autoridades educacionales, las Hermanas consideran las asignaturas de religión y español como esenciales y dedican a ellas una clase diaria. Todos los Colegios de las Hermanas tienen aneja su correspondiente escuela gratuíta para niñas pobres, en la cual se da la misma instrucción que en las escuelas del Gobierno, de enseñanza primaria e intermedia, además de las asignaturas de religión y español. También se las instruye en las labores propias de su sexo.
A esta obra de caridad y patriotismo debemos juntar la laudable costumbre de tener en sus internados el quince por ciento de internas, exentas de pago de pupilaje y demás gastos anejos a toda colegiala.
Para que su obra educacional fuera más eficaz y social crearon en ocho de sus casas escuelas especiales para la carrera de magisterio, bajo la dirección de Hermanas competentes y escogidas para tan delicado cargo. Las aspirantes a maestras debían presentar un certificado de haber cursado y aprobado todas las asignaturas del Colegio, sin cuyo requisito, no podían ser admitidas en la normal.
Esta comprendía tres cursos especiales para las maestras de enseñanza primaria y cuatro para las de enseñanza superior. En ellas se ampliaban los conocimientos adquiridos en el Colegio, se estudiaban las asignaturas propias del Magisterio y se ejercitaba a las alumnas en la práctica de la enseñanza.
Antes de pasar a regentar las clases eran sujetas las normalistas a un riguroso examen público, que tenía lugar dos veces al año, en la casa Ayuntamiento de la Ciudad de Manila, excepto el Colegio de Santa Isabel de Nueva Cáceres, que gozaba ciertos privilegios conseguidos por el Obispo Gainza. Dichos exámenes fueron anuales desde 1894 y se hicieron, desde entonces, en el Colegio de las Asuncionistas. El tribunal estaba compuesto por miembros de la Junta Suprema de Instrucción. Verificado el examen se entregaban a las aspirantes el título oficial de maestras con autorización para ejercerlo en todas las Islas.
A este propósito escribió un filipino notable en 1891: «La instrucción y la enseñanza de la mujer en Filipinas comenzó por las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl… Casi todas las maestras que hay en la actualidad en todos los pueblos de Filipinas han salido de los Colegios regentados por las Hermanas de la Caridad de S. Vicente de Paúl». Con el año 1898 terminó tan cristiana y patriótica labor.
La influencia de las Hermanas en Filipinas no se limita, como es de suponer, a la enseñanza de la inteligencia, sino también a la formación del corazón, por medio de las virtudes cristianas, sólida piedad y temor santo de Dios. A ello se encaminan las frecuentes exhortaciones y las prácticas de piedad tan comunes en sus Colegios: comunión frecuente, devoción a María, Asociación de Hijas de María, a la cual pertenecen muchos miles de alumnas.
Premios obtenidos por sus trabajos educacionales en varias exposiciones,
Por sus labores de encaje, bordado en oro y en blanco y en flores y frutas artificiales.
Exposición Internacional de Madrid, 1883, una medalla de oro y otra de plata.
Exposición Internacional de Barcelona, 1888, una medalla de plata y un diploma de honor.
Exposición general de Filipinas, 1895, una medalla de oro, otra de plata y otra de cobre.
Exposición Internacional de Panamá, 1915, primer premio de bordado en oro, primer de bordado en blanco, nueve medallas de oro y cuatro medallas de plata (Memoria de las Hijas de la Caridad por Pedro Pampliega, C.M., 1928)






