Hijas de la Caridad en Italia (1843)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la Caridad2 Comments

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Author: Desconocido · Year of first publication: 1902 · Source: Anales Madrid.
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Hijas2I.—PRIMER ESTABLECIMIENTO EN SENA (1843).

El Conde de Serristorri, Gobernador de Jena, autorizado por Su Alteza Imperial y Real el Gran Duque de Toscana, manifestó a la Compañía de las Hijas de la Caridad el deseo de hacer conocer en Toscana «lo que puede la Caridad de Jesucristo»: son las mismas palabras de tan excelente hombre. A este efecto, pidió Hermanas para el servicio de mujeres en el hospital de Santa María de la Scala, y para el de niños expósitos dependiente de la mis­ma dirección, reservándose para más adelante el servicio de los hombres; a fin—decía—de no chocar con las preocupa­ciones de los toscanos.

Determinóse que doce Hermanas se dirigieran a Sena en Enero de 1843. Su llegada, que debía poner fin a gran nú­mero de abusos existentes en el hospital de mujeres y en San Sebastián, en donde se hallaba establecido el servicio de los niños expósitos, les acarreó, por decirlo así, tantos enemigos cuantos eran los empleados allí en donde debían cesar los abusos.

A través de las dificultades que continuamente se origi­naban, continuó el establecimiento hasta 1848: se llegó hasta amenazar a las Hermanas, y se hicieron más pode­rosos y terribles sus adversarios en tiempo de la revolu­ción. Entonces la Compañía llamó a las Hijas de la Cari­dad. Al abandonar éstas a Sena, se dirigieron a Liburnia, y de aquí pasaron a la casa central de Turín. Sucedía esto en Marzo de 1848.

II.- ESTABLECIMIENTO DE LA PROVINCIA DE TOSCANA (1855).

Principios. — Como acaba de referirse, las Hermanas empezaron a extenderse fuera del Piamonte, en el país limí­trofe de la Liguria, en los territorios de Plasencia y Toscana, en la encantadora ciudad de Sena. Dieron principio en esta última ciudad con la dirección del hospital; confió­seles poco después el establecimiento de sordo-mudos, bajo la dirección del llorado P. Pendola, quien les dio siempre pruebas de su afectuosa estima.

Estas Hermanas procedían de la Casa central de Turín Mas en 1855 el Sr. Landrucci, Ministro del Interior, concibió el designio de fundar en Toscana una casa central de Hijas de la Caridad: el Gobierno aceptó la proposición de aquél, encargándole que tratase este asunto con el señor Etienne, Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad.

El Gobierno toscano aceptó las condiciones propuestas por el Superior General, quien accedía a su demanda de fundar al propio tiempo una casa de Padres Lazaristas (Paúles) para la dirección espiritual de las Hijas de la Ca­ridad. Debía fundarse esta Casa central de Hijas de la Ca­ridad en el Conservatorio de San Jerónimo, en Sena, y los lazaristas se establecieron en Casa Pía, casa destinada ya para los ejercicios espirituales.

Ocupaban el Conservatorio de San Jerónimo las Oblatas, llamadas también «Vírgenes abandonadas», porque su ins­tituto les impone la obligación de educar a las niñas. Esta Comunidad, confesarlo es preciso, estaba en decadencia: numerosos y graves abusos y la desunión se habían intro­ducido, y la educación de las niñas se hallaba muy abandonada. El Gobierno toscano pidió a la Santa Sede la facultad de trasladar el local y las rentas de este Conser­vatorio a la Comunidad de las Hijas de la Caridad, asegu­rando a cada una de las Oblatas durante su vida una pen­sión suficiente, tomada de las rentas del Conservatorio, a lo cual accedió la Santa Sede por Breve de 31 de Agosto de 1855.

El Superior General de las Hijas de la Caridad comisionó a la respetable Sor Mazín, Visitadora de la Casa central de Turín, para que examinase los lugares; mas a tal grado de desesperación habían llegado las Oblatas, que el Alcalde de Sena mandó dos gendarmes a Sor Mazín para que la acompañasen en la visita del dicho Conservatorio, temien­do que sobreviniese alguna sensible desgracia; ella, sin embargo, no quiso recibirlos. Habiéndolo examinado todo, determinó conceder una parte del local a las Oblatas que deseasen permanecer allí: el Gobierno aceptó esta condes­cendencia y les dio un ala del edificio, debiendo las Hijas de la Caridad posesionarse de este local cuando las Obla­tas lo abandonasen.

No obstante las dificultades que se suscitaron, el Arzo­bispo de Sena, Excmo. Sr. Baldanzi, tuvo que proceder a la ejecución del Breve: en el mes de Junio de 1856, pues, se les asignó a las Oblatas que quisieron quedarse una parte del local, y lo demás quedó a disposición de las Hijas de la Caridad.

A Sor Moncontié, Superiora de las Hijas de la Caridad del hospital de Santa María della Scala de Sena, encargó la Comunidad hacer el inventario de cuanto dejaban las Oblatas en San Jerónimo. Halló la casa en un estado tal de abandono, que resolvió hacer algunas ligeras reparacio­nes, con el fin de que se pudiesen habitar algunos departa­mentos: y al ver sus privaciones, los Superiores de las ca­sas de Sena, movidos por la caridad, se resolvieron a dar un tanto para subvenir a los indispensables gastos de las primeras Hermanas que debían habitar allí. El 1º de Sep­tiembre de 1856 se dirigió a Sena el Sr. Etienne, Superior General, y encontró dificultades, al parecer insuperables, para la fundación de los Lazaristas.

El Excmo. Sr. Mencini, que había dado la casa, era ya muerto, y su sucesor, el Excmo. Sr. Baldanzi, juzgó imposi­ble llevar a cabo la empresa de su predecesor. Entonces resolvió el Superior General que viniese a Sena semanal­mente un Misionero de Florencia, en la persuasión de que más tarde se arreglaría la cosa.

El 11 de Septiembre, día memorable del aniversario del martirio del venerable Perboyre, el Sr. Etienne, asistido de dos Misioneros, a las siete de la mañana celebró el Santo Sacrificio de la Misa en la iglesia de la nueva Casa central, para atraer las bendiciones de Dios sobre las obras que en ella se iban a emprender.

Halláronse presentes muchos Misioneros lazaristas de Francia e Italia, como el Sr. Peyzac, el Sr. Sturchi, el se­ñor Maszucco, el Sr. Littardi y el. Sr. Guarini.

La respetable Madre Mazín, las Hermanas de diferentes casas de Sena, Liburnia, Florencia, Prato, Roma y otras vecinas también asistieron, como igualmente la respetable Hermana Cordero, Visitadora de la dicha Casa central, Sor Dumargat, asistenta, Sor Gradit, ecónoma, Sor Her­nu, directora del Seminario, y las Hermanas Anandola, Gagliano, Giacopetti y Beccaria, destinadas todas ocho a inaugurar el nuevo establecimiento. Recibieron la Sagrada Comunión, y por ella se unieron más íntimamente a Nues­tro Señor, rogándole por las intenciones por las que se ofrecía el sacrificio. Siguióse luego la visita de la casa y la elección de las piezas destinadas al Seminario, a las Escue­las y a la Comunidad.

El Superior General se detuvo en una de las habitaciones para dar salida a los sentimientos de que su corazón estaba lleno, al pensar en el bien que estaba llamada a hacer la Casa central, y con su habitual bondad dirigió algunas pa­labras, en las que dio a conocer los destinos de esta casa; ella debía ser, por su conducta, como un ejemplar de edifi­cación para todas las casas de la Provincia, comunicándolas su amor a la regularidad y el espíritu de la vocación. Nom­bróse Director de la Provincia al Sr. Massucco, Superior de la casa de Florencia.

El Sr. Etienne presidió la reunión de Señoras de la Ca­ridad, y les dijo que tendrían en la Casa central una her­mana para visitar a los pobres a domicilio — señalando él mismo a Sor Guitard para el desempeño de este oficio.— Después se dirigió a Florencia, en donde tuvo una entre­vista con el Excmo. Sr. Alejandro Franchi, Nuncio de Su Santidad, encargándose él mismo de escribir al Excmo. Señor Bandanzi, para que sin demora trabajase en fundar á, los Misioneros; lo que en efecto se verificó, entrando éstos en la Casa Pía el 22 de Septiembre.

El 9 de Octubre de 1856, y terminadas algunas reparaciones necesarias, se abrió el Seminario de las Hermanas con cuatro jóvenes postulantas: las Sras. Zei, Faini, Paoleschi y Mariottini, que acababan de terminar su postulantado en Florencia.

El Gobierno toscano entregó el local de San Jerónimo sin ninguna obligación por parte de las Hijas de la Caridad; mas el afecto que tienen a los pobres, y el deseo de Sr. Etienne, Superior General, les hizo concebir el designio, desde su instalación, de abrir escuelas para las niñas po­bres. Empezóse desde los primeros días a reparar dos salas con este objeto, de lo cual tuvo conocimiento la ciudad muy pronto; de modo que diariamente se presentaba gran número de madres pobres en la portería pidiendo que se les dijese el día en que se abrirían las clases. Por esto no se esperó a terminar las obras, para satisfacer a la vez a las pobres y a las Hermanas, más ansiosas tal vez que las pobres mismas de dar comienzo a obra para ellas tan cara. Admitieron, pues, provisionalmente a las niñas en un corre­dor, y el 13 de Octubre de 1856 agrupáronse por primera vez unas sesenta en torno de las que iban a servirles de ángeles tutelares. El 7 de Diciembre siguiente, reparadas ya las escuelas, se verificó la apertura solemne y definitiva, presidida por el Ilmo. Sr. Focacci, Vicario general, asistiendo a ella el Cura de San Martín, Parroquia de la Casa central, los Misioneros, el Cura de Sena y muchas Señoras de la Caridad.

Había en la cerca de San Jerónimo un ala de edificio abandonado hacía ya muchos años y mirado hasta enton­ces como inhabitable por su estado ruinoso. El deseo de albergar allí algunas pobres huérfanas, librándolas de la in­moralidad adonde inevitablemente las hubiera arrastrado su situación, hizo que, confiando en la Providencia, se emprendiesen las reparaciones más urgentes. Estando en disposición de ser habitado, recibióse primeramente a cuatro huérfanas, que fueron admitidas el 24 de Diciembre, y cuyo número, acrecentado de día en día, se elevó hasta treinta.

Asociación de Señoras para tratar de los intereses de las huérfanas.

Llegóse a temer que se disolviera la Compañía de Seño­ras de la Caridad. Entonces Sor Cordero pensó afianzarla, formando una Sociedad de piadosas Señoras que se ocupasen de las huérfanas, esperando que llegasen más tarde a ser fervorosas Señoras de la Caridad. Sometióse esta idea al Sr. Salvador Stella, Superior de los Sacerdotes de la casa de Sena y ya Director de las Señoras de la Caridad; propúsola éste a su vez a la Sociedad de Señoras, las que la acogieron gustosas. Decidióse que se formase un pe­queño Reglamento, redactado por el Sr. Stella, y al que enriqueció con indulgencias el Padre Santo Pío IX cuando pasó por Sena.

Comenzaron sus reuniones el 19 de Enero de 1857, en nú­mero de diez; esta Asociación se aumenta más y más cada día, y augura excelentes resultados.

Visita del Sr. Juan Bautista Etienne, Superior General, a la Casa central de Sena.

El jueves 5 de Marzo de 1857 el Sr. J. B. Etienne se di­rigió a Sena, en la cual pasó tres días; visitó la Casa cen­tral hasta en sus menores detalles, alegrándose de las reparaciones y mejoras llevadas a cabo. En varias ocasiones las animó y exhortó con palabras llenas de aquella bondad y amenidad que le caracterizaban; presidió el Consejo y dio los avisos que estimó útiles para el bien de la Provincia.

El sábado 7, Sor Aufray, de Liburnia, tuvo el consuelo de emitir los primeros votos en su Misa, a la que asistieron gran número de Hermanas de las casas de la ciudad. Aque­lla misma tarde salió de Sena, dejando con su bendición en todas las Hermanas el deseo de ser dignas hijas de San Vi­cente de Paúl.

Audiencia concedida por S. S. Pío IX a las Hermanas de la Casa central de Sena.

El 30 de Agosto, el Soberano Pontífice honró con su presencia a la ciudad de Sena y se dignó conceder audien­cia a las Hijas de la Caridad de la Casa central; presentáronse éstas en número de treinta y cuatro, doce de las cuales eran seminaristas, y tuvieron la honra singular de es­cuchar de su boca algunas palabras de aliento y de besar su sagrada mano. Su Santidad se dignó concederles perpe­tuamente indulgencia plenaria en el día aniversario de esta audiencia.

III.-CRECIMIENTO DE LAS OBRAS.-MILÁN.

Una piadosa y noble señora de Milán, la Duquesa Melzi de Eril, deseando formar una Sociedad de Señoras de la Ca­ridad, y por este medio, y el de suscripciones caritativas, tener una casa de Hijas de la Caridad en Milán para visitar a los pobres en sus casas, pidiólas por medio del Sr. Mas sueco, Misionero de Florencia. Expuso sus temores de que las Hermanas fuesen enviadas al Piamonte por razón de las dificultades políticas existentes entre ambos Gobiernos. El Sr. Massucco aprovechó el tránsito del Sr. Superior Gene­ral, en Marzo de 1857, para comunicarle esta petición. Éste juzgó que por entonces debían tenerse en cuenta los temo­res expuestos, y por esto comisionó a Sor Cordero, Visita­dora, para que tratase con dicha señora, siempre bajo el

supuesto de que la Lombardía, a la sazón dependiente de Austria, se agregaría a la Provincia de Toscana. Aceptadas las condiciones del contrato por la Duquesa Melzi, se le dieron tres Hermanas, y el sábado 14 de Noviembre de 1857 las instaló Sor Cordero en la Parroquia de San Simplicio en Milán, en la puerta Comase.

Los comienzos de las Hermanas en esta ciudad no pu­’ dieron ser más consoladores, y no dejaban lugar a dudar de que era llegado el momento en que San Carlos Bo­rromeo quería ver establecidas en su ciudad las obras de San Vicente de Paúl.

Más tarde, esto es, el II de Febrero de 1858, día memo­rable en Sena por ser el aniversario de las gracias conce­didas a Santa Catalina, fué escogido para dar principio a los trabajos de una sala de asilo para niños pobres.

Muchos bienhechores, y a su cabeza el Gran Duque de Toscana, contribuyeron con sus generosos dones a tan her­mosa obra de caridad.

Después, en Noviembre de 1858, el Duque Salviati Bor­ghese manifestó deseo de tener tres Hermanas para una casita de socorros que pensaba establecer en la aldea de Migliarino, completamente sujeta a él, para poder dar ins­trucción religiosa a las niñas de la aldea y procurar soco­rros a los pobres enfermos; aceptóse el establecimiento, si bien no se abrió hasta el mes del siguiente Junio, por no estar en disposición de habitarse la casa destinada a las Hermanas.

Las Hermanas van a las ambulancias.Supresión de la Provincia.

La Providencia preparaba otra hermosa Misión a la Pro­vincia de Toscana, siendo causa de la propagación de sus obras en Lombardía la guerra de Italia ocurrida en 1859. Al tomar el Piamonte las armas contra Austria, tenía que ser Milán teatro de las tristes e inevitables consecuencias de semejantes expediciones, y muy pronto se vio convertida en vasto hospital tan soberbia y encantadora ciudad, y abundar en ella heridos de tres naciones: piamonteses, austriacos y franceses. No bastando la caridad de los habi­tantes al horroroso número de muertos y moribundos, so­licitó con empeño la ciudad de Milán el socorro de las Hi­jas de la Caridad. Dirigióse primero a las Hermanas de la Misericordia, fundada por la Duquesa Melzi, marchando dos al punto adonde reclamaba la necesidad más pronto remedio; mas viéndose imposibilitadas de poder solas acu­dir a las inmensas necesidades que exigía el lastimoso es­tado a que se veían reducidos los infelices heridos, rogaron a las Autoridades que recurriesen a la Provincia del Pia­monte como a la más próxima, por estar Sena, de quien dependía entonces la Lombardía, muy lejos para poder prestar prontamente el socorro necesario.

Aceptada la proposición, se dirigieron a Turín para soli­citar un refuerzo de algunas Hermanas. La digna Madre Ma­zín, Visitadora de esta Provincia, acogió la demanda con el más vivo interés y se apresuró a enviar once Hermanas, esperando la llegada de las de la Toscana, a las que había dado ya noticia del deseo de las Autoridades, así civiles como eclesiásticas, las cuales las llamaban de todo corazón a Milán para cuidar de los heridos.

Apenas se recibió la noticia, eligió el Consejo de la Pro­vincia de Toscana a quince Hermanas, ocho de las cuales eran de la casa central, especialmente las hermanas Cotté, Amandola, Gagliano, Cretal, Bianchi y Beccaria. La Her­mana Visitadora, por haber visto las ambulancias de Cri­mea en la guerra de Oriente, pensó que hallaría menores dificultades que cualquiera otra para organizar las de Mi­lán; por eso fué elegida para conducir la pequeña colonia, a la que también se agregó la Directora; pues se resolvió cerrar provisionalmente el Seminario y enviar a París a las Hermanas jóvenes que lo componían, dejando a las postu­lantas en las casas, para reemplazar a las Hermanas desti­nadas a las ambulancias.

Sor Midroit y Sor Dulac, del hospital de Sena; Sor Dri­ves, de San Nicolás de Sena; Sor Salesse y Sor Milhant, de la Inmaculada Concepción de Florencia; Sor Chopín y Sor Daméle de San Nicolás de Florencia, completaron el nú­mero de las Hermanas necesarias a la obra que iba a em­prenderse.

El Sr. Massucco, su respetable Director, quiso por sí mismo acompañar a la colonia, para afirmar la situación de las Hermanas en Milán.

Por esto y por ser muy limitada entonces la Provincia en cuanto a los sujetos, determinaron los Superiores ma­yores suprimirla como Provincia, pasando las casas a de­pender de la de Turín.

IV.-RESTABLECIMIENTO DE LA PROVINCIA DE TOSCANA.

Las Hermanas y los Misioneros lograron en 1875 que el Sr. Boré, a la sazón Superior General, reorganizase la Pro­vincia de Toscana. Entonces trazó los límites de la nueva Provincia, separando la Lombardía y añadiendo la Romaña y las Marcas de Ancona, que hasta entonces habían for­mado parte de la Provincia del Piamonte.

Los departamentos que pertenecen a las Hijas de la Caridad en la Provincia de Toscana son: Toscana, las Marcas, Umbrías y las Romañas.

Hemos dado ya anteriormente noticia de los principios de la Provincia de Nápoles (Anales, t. VII, p. 587) y de la de Roma (t. VIII, págs. ni, 258 y 436).

En la actualidad tiene la Provincia de Turín 218 casas; 165 la de Nápoles; 158 la de Sena. En la ciudad de Roma hay 14. Todo esto da en Italia la consoladora cifra de 565 casas

2 Comments on “Hijas de la Caridad en Italia (1843)”

  1. Soy sobrina de la hermana Eliana Atala,hija de la Caridad,ella desea saber de su amiga Angela Fanfoni.
    Mi tia no sabe enviar correo electronico ,dejaré el mio

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