Hijas de la Caridad en España (1) (Daydi)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: .
Tiempo de lectura estimado:

Origen de la fundación en España

PRIMERA IDEA DE LA FUNDACIÓN EN ESPAÑA. – LOS MISIONE­ROS. – EL SEÑOR NOALARD Y EL M. H. PADRE SUPERIOR GENE­RAL. – LAS SEIS JÓVENES ELEGIDAS. – PARTIDA PARA FRANCIA. – SU PRUEBA EN NARBONA. – SEMINARIO. – PRIMEROS AÑOS DE OBRAS. – FORMACIÓN DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD. – VO­CACIÓN. – CONDICIONES DE ADMISIÓN. – PRUEBA. – SEMINARIO. – FORMACIÓN EN LAS OBRAS. – LOS VOTOS.

Por los años 1780 a 1781, algunas personas piadosas de Barcelona, que habían tenido ocasión de conocer en Francia el admirable Instituto de las Hijas de la Caridad, fundado por san Vicente de Paúl y la B. Luisa de Marillac, animadas, por otra parte, por la lectura de la vida de san Vicente, publicada por primera vez en español, concibieron el deseo de procurar a su patria las ventajas de tan benéfica institución. Con tal objeto, se dirigieron a los Misioneros de san Vicente de Paúl, para con­certar con ellos los medios que debían emplearse para realizar su piadoso designio.

Hacía ya más de setenta años que los hijos de san Vicente se hallaban establecidos en España. Al principio dependían de Italia, de donde habían venido los primeros fundadores; pero desde 1774 se constituyó la provincia española con las casas de Barcelona, Palma de Mallorca, Guissona, Reus y Barbastro, siendo su primer Visitador el respetable señor Vicente Ferrer, que falleció en 1789.

En la época a que nos referimos, tenían los Misioneros su residencia en la calle de Talleres, en el mismo local que hoy ocupa el hospital militar, excepto el cuerpo de edificio que linda con la calle de Valldoncella, que fue adquirido con posterioridad.

Era entonces superior de la casa de Barcelona el señor Fer­nando Noalard. Este venerable misionero, inspirado en el mismo deseo de ver a las Hijas de la Caridad establecerse en España, animó a aquellas piadosas personas, ofreciéndoles su coopera­ción decidida con su valioso influjo, empezando desde luego a ocuparse en ello cerca del M. H. Padre Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, resi­dente en París.

El Muy Honorable señor Antonio Jacquier, Superior’ Ge­neral, aceptó en principio, esta idea y, para asegurar mejor su realización, indicó al señor Noalard que sería muy conveniente se escogieran algunas jóvenes españolas que a su piedad y bue­nos antecedentes añadieren el deseo de consagrarse a Dios en el servicio de los pobres, y las mandasen a la Casa madre de Pa­rís, en donde pudiesen formarse en el espíritu de san Vicente y en las obras propias de su santa vocación.

Así se hizo en efecto; y el 18 de marzo de 1782 salían de Barcelona, acompañadas del mismo señor Noalard, seis jóvenes, cuatro catalanas y dos aragonesas, que habían sido juzgadas las más a propósito para esta empresa. He aquí sus nombres:

Josefa Esparanza Miguel, de Barcelona.

María Blanc, de Barbastro (Huesca).

Manuela Lecina, de Besians (Huesca).

Francisca Teresa Cortés, de Tremp (Lérida).

Lucía Reventós, de Villanueva y Geltrú (Barcelona).

Antonia Andreu, de Palautordera (Barcelona).

Después de cinco días de camino, llegaron a Narbona, don­de comenzaron la prueba en distintas casas de las Hijas de la Caridad de aquella ciudad. La prueba en Narbona duró cinco meses, pasando, el 25 de agosto del mismo año, al seminario de la Casa madre de París, en donde permanecieron ocho meses. En el mes de mayo de 1783, tomaron la corneta y fueron desti­nadas a distintas casas, con el fin de terminar su formación.

Con el nombre de corneta se designaba en Francia una es­pecie de tocado especial que usaban antiguamente las mujeres del campo de los alrededores de París. Según el diccionario de

Larousse, se llama así el tocado de algunas religiosas, particu­larmente el de las Hijas de la Caridad. Tomar la Corneta, para esas religiosas que no usan velo, tiene el mismo significado que tomar el velo para las otras. — Nouveau Larousse illustré.

Estas seis Hermanas españolas permanecieron algunos años en Francia; allí hicieron sus primeros votos y se ocuparon en las obras propias de su vocación, esperando que los Superiores juzgasen oportuno disponer otra cosa.

Antes de pasar adelante, vamos a exponer en qué consiste la formación de las Hijas de la Caridad, a la que se sujetaron con toda sumisión y edificación las primeras Hermanas espa­ñolas.

Como hemos visto, el Padre Superior General había indi­cado al señor Noalard que se eligieran algunas jóvenes que, además de sólida piedad y buenos antecedentes, sintieran de­seos de consagrarse a Dios en el ejercicio de la caridad en favor de los pobres.

Esto significa simplemente que la primera condición, para formar parte de la Comunidad de las Hijas de la Caridad, es sentir en sí esa inspiración divina, que se llama vocación sobre­natural, aspirando únicamente a la perfección de la pobreza evangélica, a no tener otra solicitud que la de los bienes espiri­tuales, a darse sin reserva al servicio de los pobres, propor­cionándoles todos los socorros y auxilios posibles, así para el alma como para el cuerpo.

Para las admisiones, la. Comunidad procede con mucho rigor. Exige de todas las aspirantes, sin excepción, que sepan leer y escribir, que gocen de buena salud, que tengan las apti­tudes necesarias para los ministerios de su vocación, que estén dotadas de carácter dulce, compasivo y benéfico, que sean pia­dosas y que su edad no baje de diez y ocho años, ni pase de los veintiocho.

Antes de admitirlas, se les abre prolija información pri­vada, no sólo personal, sino también acerca de la probidad de sus padres y de la limpieza de su linaje.

Se excluye a las aspirantes que han servido de criadas, no en menosprecio de esa honesta ocupación, sino para alejar hasta la sombra de toda idea mercenaria y hacer brillar más el per­fecto desinterés y abnegación, que es propio de las Hijas de la Caridad.

Una vez admitidas las aspirantes, comienza la prueba, que es como un ensayo que precede al Seminario, es decir, a la en­trada en la Comunidad.

La prueba tiene por objeto hacer que las jóvenes que aspi­ran a ser Hijas de la Caridad, conozcan de cerca a las Hermanas, sus obras, sus diarias ocupaciones, en una palabra, el aspecto interior de la Comunidad, viviendo con ellas, asistiendo a sus prácticas piadosas, ejercitándose en los trabajos comu­nes, observando las principales reglas para que puedan infor­marse en el espíritu de su vocación, y familiarizarse con sus usos, obras y obligaciones.

Aun cuando todas las casas de las Hermanas pueden reci­bir postulantes, éstas son colocadas, de preferencia, en esta­blecimientos de alguna importancia, en donde, bajo la direc­ción prudente de la Superiora, puedan desde luego prestar algunos servicios e iniciarse en las obras de su vocación.

En la prueba suelen permanecer unos tres meses, sin con­traer ninguna obligación ni compromiso, conservando el ves­tido secular. Una vez terminada la prueba, en la que, tanto de parte de la Comunidad como de la misma postulante, se ha podido ver si su vocación es verdadera o sólo efecto de puro sentimentalismo, quedan en perfecta libertad para decidirse a volver a su casa o seguir adelante, pasando entonces al Semi­nario.

Las aspirantes españolas hicieron, como hemos dicho, su prueba en Narbona, que duró cinco meses, sin duda para dar­les tiempo a que se ejercitasen en la lengua francesa. Su voca­ción parece que se consolidó más y más, al conocer y tratar de cerca a las Hijas de la Caridad, viendo sus obras; pues las vemos, a principios de septiembre del mismo año, ingresar en el Seminario de la Casa madre, que se hallaba entonces en el arrabal de San Dionisio, cerca de San Lázaro.

Lo que es el noviciado para las órdenes religiosas, es el seminario para las Hijas de la Caridad. Nunca quiso san Vi­cente que las Hermanas fuesen o se considerasen religiosas; por esto, no hay entre ellas noviciado, sino seminario, ni Her­manas novicias, sino Hermanitas seminaristas, como tampoco se llaman profesas, a las que ya han emitido los primeros votos.

El seminario suele durar de ocho a doce meses, según los casos y personas., en el cual tiempo son iniciadas en la vida in­terior y de perfección que se proponen abrazar.

San Vicente de Paúl pone como base de la vida espiritual de las Hijas de la Caridad las tres virtudes de sencillez, hu­mildad y caridad que, como él dice, deben considerarse como las tres facultades del alma de la Comunidad. Coloca después el Santo la rectitud y pureza de intención, la huida del pecado, de las máximas del mundo y el abandono filial e ilimitado en brazos de la Providencia divina.

Las Hermanitas del seminario dejan ya el traje seglar, para vestir uno especial y propio de ellas. Su vida es en todo semejante a la de las demás Hermanas, a excepción de las obras exteriores de caridad; no se ligan con voto ni promesa alguna, pero siguen en todo la regla y emplean el tiempo entre los ejercicios piadosos prudentemente distribuidos, el trabajo manual y las frecuentes instrucciones especiales.

Cuando se las juzga suficientemente formadas en la vida interior e impuestas en todo lo que pertenece a sus obligacio­nes, san Vicente quiere que terminen su formación y prepara­ción a los santos votos en medio de las obras. Entonces visten ya el santo hábito, compuesto de un paño gris azulado, cu­briendo la cabeza con la blanca corneta., tocado propio y peculiar de las Hijas de la Caridad.

Al salir las Hermanas del seminario son enviadas a alguna casa y encargadas de un oficio, sin dejarlas abandonadas a sí mismas; pues durante su formación, que dura cinco años, deben vivir animadas del espíritu del seminario. La superiora las recibe y coloca con frecuencia bajo su inmediato cuidado, se ocupa en terminar su formación, imprimiendo en ellas máxi­mas de verdadera y sólida piedad; las instruye en los usos y oficios de la casa, formándolas para el trato civil y de las gen­tes, como conviene a una sierva de los pobres, obligada por su estado a ser sociable con toda clase de personas ; las ayuda a vencer las dificultades que se les presentan, sosteniéndolas y animándolas en los primeros pasos de su hermosa y angelical vocación.

Al cuarto año de su vocación, si la Comunidad está satis­fecha de ellas y se ve que han de perseverar en su vocación, reciben un catecismo especial, en donde están expuestas con toda claridad y precisión las ventajas de los votos y las obligaciones que van a contraer al emitirlos. La misma superiora se encarga de hacérselo aprender y de explicárselo; de este modo, cuando llega el día feliz de consagrarse a Dios por los santos votos, saben perfectamente lo que van a hacer. Estos votos son simples y privados de pobreza, de obediencia al Su­perior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, de castidad y de estabilidad en el servicio de los. pobres; se hacen sólo por un ario; pues entre ellas no hay nunca votos perpetuos, sino que los renuevan toda la vida, cada año, el 25 de marzo, después de haber obtenido el beneplácito de los Superiores.

Como las Hijas de la Caridad no son religiosas, aun cuan­do impropiamente y por analogía se las da alguna vez este nombre, la emisión de sus votos no es lo que canónicamente se llama profesión; puesto que son completamente privados, sin ser aceptados por la Iglesia ni por la misma Comunidad, pro­duciendo sus efectos sólo en el foro interno de la conciencia. No hay ninguna ceremonia externa, ni sermón, ni bendición, ni entrega de anillo ni de velo, verificándose sin rito litúrgico de ninguna especie.

Todo es de una sencillez admirable en este acto tan tierno, todo él impregnado de la más dulce piedad v del más profundo espíritu interior y sobrenatural. Durante la santa Misa, inme­diatamente después de la elevación, la joven Hermana, colo­cada al lado de su Superiora, pronuncia a media voz la fór­mula de sus votos y con esto termina todo.

Nuestras primeras Hermanas españolas pasaron en Fran­cia por estas distintas etapas de su formación: Prueba, Semi­nario, primeros años de obras, aprendiendo allí a ser perfec­tas Hijas de la Caridad, preparándose para cumplir digna­mente la misión que la Providencia divina las reservaba.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *