Hermosos textos de los fundadores (Servicio a los pobres)

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Año publicación original: 1977 · Fuente: Ecos de la Compañía, 1977.
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Con los enfermos

«…al servir a los pobres se sirve a Jesucristo. Hijas mías, ¡cuánta verdad es esto! Servís a Jesucristo en la persona de los pobres. Y esto es tan verdad como que estamos aquí. Una hermana irá diez veces cada día a ver a los en­fermos y diez veces cada día encontrará en ellos a Dios».

Conf. San Vicente, 13-2-1646, p. 240

«En efecto, no sería hacer lo bastante por Dios y por el prójimo darles alimento y remedio a los pobres enfermos, si no se les ayudase según los designios de Dios en el servicio espiritual que les debemos. ‘Cuando sirváis a los pobres de esta forma, seréis verdaderas Hijas de la Caridad, esto es, hijas de Dios e imitaréis a Jesucristo; porque, hermanas mías, ¿cómo servía él a los pobres? Les servía corporal y espiritualmente, iba de una parte a otra, curaba a los enfermos y les daba el dinero que tenía, y los instruía en su sal­vación. ¡Qué felicidad, hijas mías, que Dios os haya escogido para continuar el ejercicio de su Hijo en la tierra!»

Conf. San Vicente, 9-3-1642, p. 73

«Así, pues, hijas mías, tened mucho interés en la instrucción de esas pobres personas; enseñadlas a bien morir».

Conf. San Vicente, 22-10-1650, p. 497

«Después, hijas mías, tenéis que servir a esos pobres enfermos con gran caridad y dulzura, de forma que vean que vais a asistirles con un corazón lleno de compasión».

Conf. San Vicente, 48-1658, p. 1091

«…vuestro principal empleo, después del amor a Dios y del deseo de haceros agradables a su divina Majestad, tiene que ser el de servir a los pobres enfermos con mucha dulzura y cordialidad, compadeciéndolos de su mal y escu­chando sus pequeñas quejas… porque ellos os miran como a sus madres nutricias y como a personas enviadas por Dios para asistirles. Por eso estáis destinadas a representar la bondad de Dios delante de esos pobres enfermos».

Conf. San Vicente, 11-11-1657, p. 915

«…¡Qué dichosas sois, amadas Hermanas, en tener tan numerosos enfer­mos a quienes servir y cómo se echa de ver que Dios os ama, puesto que os ofrece tantas ocasiones de servirle! Continuad, os ruego, haciéndolo por su amor con todo el cuidado, mansedumbre y caridad que os son necesarias, etc.»

Carta de L. de Marillac a las Hnas. de Angers, 1656, p. 389

 

Enseñanza – Educación

«Después de la misa, tenéis que ejercitaros en la lectura, para haceros ca­paces de enseñar a las niñas. Es preciso, mis queridas hermanas, dedicarse seriamente a ello, puesto que se trata de uno de los dos fines por los que os habéis entregado a Dios: el servicio a los enfermos y la instrucción de la juventud, y esto principalmente en los campos. La ciudad está casi toda ella llena de religiosas, por tanto es justo que vayáis a trabajar a los campos. No estáis todas en esta disposición, mis hermanas, sin tener en consideración e] pueblo, las amistades ni los lugares lejanos o próximos?».

Conf. San Vicente, 16-8-1641, p. 58

«Vuestra Compañía, mis queridas hermanas, tiene también la finalidad de instruir a los niños en las escuelas, en el temor y amor de Dios, y esto lo tenéis en común con las Ursulinas. Pero como ellas tienen casas grandes y ricas, los pobres no pueden ir allá y han acudido a vosotras».

Conf. San Vicente, 9-2-1653, p. 535

«…aunque tendríamos mucho gusto, en publicar el número de las alumnas de vuestra escuela; sin embargo, consolémonos con que Dios lo sabe y resistamos cuanto nos sea posible el deseo de que se sepa lo que Dios hace por nuestro medio».

Carta 213 de Sta. Luisa a Sor B. Angiboust, 3-2-1647, p. 365

«…Os recomiendo que instruyáis a vuestras discípulas con mucha manse­dumbre y, sobre todo, que no dejéis pasar sus faltas sin corregírselas…»

Carta n.» 432 de Sta. Luisa a Sor Claudia Brígida en Chantilly, 1652, p. 235

«…como también en instruir bien a las niñas, no solamente en lo que deben creer, sino también enseñándoles los medios para vivir como buenas cris­tianas; porque esto es lo que Dios pide de vosotras, y para ésto os ha con­cedido la gracia de sacaros del mundo; sedle, pues, muy fieles».

Carta n.» 454 de Sta. Luisa a las Hnas. Andrea y Francisca en Varice, 23-6-1653, p. 263

Niños expósitos

«Si la señorita Le Gras pudiera tener ángeles, tendría que darlos para servir a esos inocentes. Ha corrido el rumor de que sólo se enviaba allá a las que no valían para otros sitios. Todo lo contrario, allí se necesitan a las más virtuosas; pues como sea la tía (así’ es como os llaman), así serán los niños».

Conf. San Vicente, 15-11-1654, p. 687

«…Tomad la costumbre de ver a Dios en esto (en estos niños) y de servirles en Dios y por su amor».

Conf. San Vicente, 7-12-1643, p, 136

«Al servir a esos niños, al servir a los pobres enfermos, yéndolos a buscar, hacéis a Dios el mayor servicio que se le puede hacer, contribuís con todo vuestro esfuerzo a que la muerte del Hijo de Dios no sea inútil, honráis la vida de nuestro Señor Jesucristo, que muchas veces ha hecho esto mismo…».

Conf. San Vicente, 7-12-1643, p. 144

Nuestra vocación de siervas

«El fin principal para que Dios ha llamado y reunido a las Hijas de la Caridad es para honrar a Nuestro Señor Jesucristo, como manantial y modelo de toda caridad, sirviéndole corporal y espiritualmente en la persona de los pobres…»

Reglas de las Hijas de la Caridad, Cap. 1, p. 67

«Amor afectivo y amor efectivo»

«…El vuestro es un espíritu de caridad, que os obliga a consumiros en el servicio del prójimo».

Conf. San Vicente, 15-11-1657, p. 934

«Hay que pasar del amor afectivo al amor efectivo, que consiste en el ejer­cicio de obras de caridad, en el servicio a los pobres emprendido con alegría, con entusiasmo, con constancia y amor. Estas dos clases de amor son como la vida de una hermana de la Caridad, porque ser Hija de la Caridad es amar a nuestro Señor con ternura y constancia…»

Conf. San Vicente, 9-2-1653, p. 534

«…sirviendo efectivamente a cada uno y haciéndose todo para todos. No basta con tener caridad en el corazón y en las palabras; tiene que pasar a las obras y entonces será perfecta y fecunda al engendrar el amor en los corazones de aquellos a quienes queremos y ganando a todo el mundo».

Conf. San Vicente; 30-5-1659, p. 563

«Servicio corporal y espiritual – Evangelización

«…vuestro mayor interés ha de ser el de dar a conocer a Dios, mediante el servicio espiritual que habéis de hacer a los pobres…»

Conf. San Vicente, Instrucción, mayo 1658, p. 1029

«…vosotras no estáis solamente para atender a los cuerpos de los pobres, sino también para darles instrucción en lo que podáis».

Conf. San Vicente, 15-10-1641, p. 63

«…es muy importante asistir a los pobres corporalmente, pero la verdad es que no ha sido nunca ese el plan de Nuestro Señor al hacer vuestra Com­pañía, cuidar solamente de los cuerpos; porque no faltarán personas para ello. La intención de Nuestro Señor es que asistáis a las almas de los pobres enfermos, y por eso tenéis que reflexionar dentro de vosotras mismas: «¿Cómo me porto yo en mi parroquia? ¿Cómo sirvo a los enfermos? ¿Lo hago sólo corporalmente o de las dos maneras al mismo tiempo? Porque si no tengo otra intención más que la de asistir al cuerpo, ¡ay!, eso es poco; no hay nadie cualquiera que sea, que no haga otro tanto»… Hay que tomar la resolución de añadir al servicio que hagáis a los cuerpos la asistencia a las almas en el futuro: «Sí, Salvador mío, en adelante deseo dedicarme a hacer a mis enfermos todo el servicio espiritual que me sea posible, lo mismo que al corporal».

Conf. San Vicente, 11-1141657, p. 917

«…sobre todo sed muy afables y cariñosas con los pobres que, como sabéis, son nuestros señores y, por tanto, hay que amarlos tiernamente y tenerles un gran respeto. Pero no basta que tengamos estas máximas en la memoria, sino que hemos de demostrarlo con nuestros cariñosos y tiernos cuidados».

Carta n.° 350 de L. de M. a Sor Cecilia Inés, 4-5-1650, p. 113

«Nuestra vocación consiste en ir no a una parroquia, ni sólo a una diócesis, sino por toda la tierra; ¿para qué? Para abrasar los corazones de todos los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego a la tierra para inflamarla con su amor… No me basta con amar a Dios, si no lo ama mi prójimo».

Conf. de San Vicente a los Misioneros, 30-5-1659, p. 553

«Es Dios el que os ha encomendada el cuidado de sus pobres y tenéis que portaros con ellos con su mismo espíritu, compadeciendo sus miserias y sintiéndolas en vosotras mismas en la medida de lo posible… Así es como habéis de portaros para ser buenas hijas de la Caridad, para ir adonde Dios quiera si es a África, a África; al ejército, a las Indias, adonde os pidan, ¡enhorabuena!; sois hijas de la Caridad y hay que ir».

Conf. San Vicente, 18-10-1655, p. 751

Atención a las personas

«Fijaos, mis queridas hermanas, no podéis ser todas iguales unas valer para los enfermos y otras para las escuelas. Les toca a los superiores miras para qué valéis. No todas sirven para sangrar, pues hay algunas que tienen la: manos demasiado torpes. Los dedos de la mano no son iguales en todas; por eso no todas podéis ser semejantes».

Conf. San Vicente, 27-7-1653, p. 586

Servicio a los verdaderamente pobres.

«En París, muchas veces nos presionan para que permitamos a las Hermanas que vayan a atender a enfermos que no son pobres, pero no podemos consentir que los sirvan, tanto porque ellas están sólo al servicio de quienes están desprovistos de toda asistencia., como por los inconvenientes que po­drían sobrevenir si se comprometieran con quienes tienen otros medios de hacerse servir«.

Conf. S. V. a Sor Juana Lepeintre superior a Cháteaudun, segunda redacción, 25-7-1656

Servicio de sierva a lo Margarita Naseau

«No era más que una pobre vaquera sin instrucción»

Conf. San Vicente, julio 1642, p. 39

«Y como las primeras que fueron llamadas a esta Compañía eran unas po­bres muchachas aldeanas, hemos de creer que los designios de Dios son que siga estando compuesta de mujeres pobres y sencillas»

Conf. San Vicente, 15-11 1657, p. 930

Los pobres son los amos

«…Son nuestros señores… Sí, hermanas mías, son nuestros amos.»

Conf. San Vicente, 14-6-1643, p. 125

«Pero esas mujeres que se entregan a Dios en vuestra Compañía lo hacen para estar unas veces entre enfermos llenos de infecciones y de llagas y con frecuencia de humores molestos, otras veces con unos pobres niños a los que hay que hacerles todo o entre unos pobres galeotes cargados de cadenas y de pesares; y vienen a someterse a otras personas que no conocen, para estar en toda clase de ocupaciones bajo la obediencia.»

Conf. de San Vicente, 19-8-1646, p. 256

Servicio dependiente

«Pero apenas empecéis a sentiros suficientes, apenas queráis que las demás se acomoden a vosotras y empecéis a ser altaneras, adiós el espíritu de hu­mildad! Ya no quedará más que la apariencia, puesto que os habréis transfor­mado del estado de siervas en el de independientes».

Conf. San Vicente, 15-11-1657, p. 938.

Servicio comunitario, «con sus hermanas»

«Debéis tratar a los pobres con dulzura y cordialidad, pensando que… por eso os ha puesto juntas y os ha asociado Dios… Por eso ha establecido Dios vuestra Compañía».

Conf. San Vicente, 14-6-1643, p. 125

 

«Dios escoge y reúne a unas muchachas de diversos lugares y provincias… para demostrar a los hombres de distintos sitios el amor que les tiene y el cuidado que de ellos tiene su Providencia, para socorrerles en sus necesidades».

Conf. S. V. a las Hnas. enviadas a Narbona y Cahors, 1659, p. 1184

«¡Ah! ¡Qué hermoso título, hijas mías! ¡Qué hermoso título y qué hermosa cualidad! ¿Qué habéis hecho a Dios para merecer esto? Sirvientas de los pobres…»

Conf. San Vicente, 30-5-1647, p. 302

Siervas trabajadoras

«Es que el mismo Dios trabaja continuamente, continuamente ha trabaja­do y trabajará. Trabaja desde toda la eternidad dentro de sí mismo por la generación eterna de su Hijo… Dios trabaja además fuera de sí mismo, en la producción y conservación de este gran universo…

…trabaja con cada uno en particular; trabaja con el artesano en su taller, con la mujer en su tarea, con la hormiga, con la abeja, para que hagan su recolección…

Un Dios trabaja incesantemente y podría mantenerse ociosa una Hija de la Caridad?»

Conf. San Vicente, 28-11-1619, p. 444, sobre el amor al trabajo

«…Si habéis vuelto de la visita de vuestros enfermos y no tenéis que ha­cer, tomad alguna rueca o cualquiera otra labor y trabajar…»

Conf. S. V. continuación de la Conf. sobre la práctica del reglamento
22-1-1645, p. 213

«Si Dios quiere, mis queridas hermanas, concederos la gracia de que po­dáis algún día ganaros la vida y llegar a servir en las aldeas que no tienen medios para sosteneros, creo que no habría nada más hermoso. Unas her­manas, trabajando por los demás, estarán en un lugar en donde servirán a los pobres e instruirán a las niñas, sin que nadie contribuya a ello, y esto gracias al trabajo de las hermanas que estén en otros lugares, gracias tam­bién al trabajo que ellas mismas puedan hacer en sus momentos de descanso!

¡Qué gran bendición de Dios sería, hermanas mías, que las que estáis ya en las aldeas, o en las parroquias, sirviendo a los pobres y enseñando a los niños, contribuyeseis con vuestro trabajo a conseguir que otras puedan rea­lizar ese mismo bien, aportando a la comunidad lo que os sobre!

Decid en vuestro interior: «Se trata de la casa donde me han educado; han hecho el favor de recibirme y acogerme en ella; es muy razonable que contribuya a sus gastos, para que puedan continuar haciendo lo mismo con las que vengan después de nosotras y siga adelante la Compañía y prosiga el bien que ha comenzado».

Conf. San Vicente, 28-11-1649, p. 449

Pobreza

«Respecto a lo que puedan gastar, como no se han criado a lo grande, creo que por poco que sea lo que den a la una, debe ayudar a vivir a la otra, y si no bastare, ellas trabajarán para ganar lo que faltare, porque cuando estaba ella en San Germán, a pesar del mucho trabajo y enfermos que tenía aun lavaba ropa para otros a fin de ganar algo».

Carta de L. de M. a S. Vicente, 9-2-1641, p. 75

«…vuestro trabajo tiene que tener la finalidad de honrar el trabajo fati­goso y duro de nuestro Señor en la tierra… ¡Ay! tendríamos que vendernos a nosotros mismos para sacar a nuestros hermanos de la miseria; y una Hija de la Caridad podrá ser tan desgraciada que se reserve algo y diga: «¡Quién sabe adónde puedo llegar! … ¡pensamientos condenables!

…hay que desterrar de nosotros el espíritu de avaricia. Se ha dicho atina­damente que no había que tener ante la vista la ganancia. ¡Dios mío! No, eso estropearía todo. Si una Hija de la Caridad se propusiese, al trabajar, ir acumulando dinero sobre dinero para tenerlo a disposición o para alimen­tarse mejor, eso disgustaría a Dios y desedificaría a las personas buenas».

Conf. de S. Vicente, 28-11-1649, p. 451 sobre el amor al trabajo

«Apenas se sepa que en una parroquia se ha quedado una hermana con cinco sueldos, podéis estar seguras de que dirán que las Hijas de la Caridad son unas ladronzuelas que les roban a los pobres».

Conf. de S. Vicente 26.8-1657, p. 899. Cuidar de los bienes de los pobres y de la Comunidad

Justicia

«…no puede haber caridad si no va acompañada de justicia; y nada puede obligarnos a hacer más de lo que podemos hacer razonablemente».

Carta n.° 473 de S. Vicente a Francisco de Coudray 17-6-1640, p. 48

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