Grupo de Hermanas del Asilo San Eugenio

Mitxel OlabuénagaBiografías de Hijas de la CaridadLeave a Comment

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Author: Pedro Gómez, C.M. · Year of first publication: 2011 · Source: Anales.
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El Asilo San Eugenio de Valencia se fundó en 1885, como institución de Beneficencia privada, que acogía a niños huérfanos y niños pobres con problemas familiares. Desde entonces, las Hijas de la Caridad han sido responsables de llevar adelante esta obra, superando con frecuencia grandes dificultades, sobre todo de tipo económico.

Durante la segunda República española, el Asilo fue amenazado varias veces. La presencia de las Hermanas en aquella institución molestaba a las personas izquierdistas más exaltadas, que querían barrer de la educación de los niños toda idea religiosa. Esta fue la razón por la que en las primeras semanas de julio de 1936 hasta llegaron a poner bombas a su alrededor para hacer saltar el edificio, pero la gente del barrio les hizo desistir. Ante aquellos ateos extremistas y exaltados, los vecinos argumentaban que no era justo y que cometerían un gran crimen, pues las Hermanas tenían hasta 522 niños acogidos entre internos y externos. Además, los vecinos argumentaban que las Hijas de la Caridad estaban al margen de toda política, que lo suyo era el trabajo de cada día, y lo que hacían era sólo una obra buena, pues suplían a las madres de aquellos niños abandonados.

En 1936, tenían 250 internos acogidos, entre niños y niñas, la mayoría huérfanos, todos atendidos con amor y entrega por las 12 Hermanas que formaban la Comunidad, con Sor Ignacia Ferrer como superiora. Recuerda Rosario Olmos, que estuvo en el Asilo: «Eran madres para todos los niños y niñas, que en aquel entonces éramos unos 250, todos huérfanos»

A pesar de las reacciones del vecindario y de la oposición de los acogidos, la persecución religiosa llegó a la Comunidad del Asilo de san Eugenio sin mucho que esperar. A partir del 18 de julio de 1936, arreciaba la persecución cada día: registros en la casa, interrogatorios interminables y acusaciones falsas, que terminarían con la expulsión de las Hermanas, el día 25 de julio, y la apropiación del edificio y enseres de la fundación. La Providencia divina permitió aquellas circunstancias para hacer brillar el testimonio de fe y de caridad de aquella Comunidad. El Señor tenía elegidas a tres de ellas para que dieran el mejor testimonio de amor con su propia sangre.

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