El P. Godofredo Pérez. De este Padre ya se habló recientemente en ANALES, en el mes de abril de este mismo año, cuando celebró sus setenta y cinco años de vida religiosa en la Congregación. El mismo, en la homilía de la misa que celebró con ocasión de este singular acontecimiento, recordó las varias etapas de su vida en la Congregación, tanto la de su formación humanística, filosófica y teológica, como la de sus trabajos misioneros y parroquiales en Cuba y Puerto Rico, hasta que, vuelto a España cuando estaba para terminar nuestra guerra, reanudó estos mismos trabajos como cofundador de la parroquia de San Agustín de Melilla, por espacio de treinta y dos años, varios de ellos como Superior de la Comunidad. Por fin, estando para cumplir sus noventa años, pensando, sin duda, que a esa edad servía más de carga que de ayuda, pidió retirarse a la enfermería de Madrid, aunque en realidad no estaba enfermo. Aquí ha pasado dos años, llevando una vida tranquila y piadosa hasta el día mismo en que cumplía sus noventa y dos años, en que ya por la mañana se sintió algo indispuesto, por lo que pidió llamaran al médico, pero cuando llegó éste, le encontró en la capilla preparándose para decir la Santa Misa.
En la comida, para celebrar su cumpleaños, ofreció un extraordinario a sus compañeros de enfermería. Sin embargo, por la tarde se sintió mal de veras, y pronto hubo de administrársele los últimos Sacramentos, y antes de las nueve entregó suavemente su alma al Señor.’
El día siguiente, a media tarde, se trasladó el cadáver a la capilla de la Comunidad, y se celebró el funeral, con asistencia de toda la Comunidad, presidido por uno de sus antiguos Superiores en Melilla: el P. Saturnino Redondo, recientemente venido de Puerto Rico, quien hizo un elogio de su vida observante y trabajadora, de la claridad y perfección de su trabajo en el archivo parroquial, de su disponibilidad para llenar cualquier hueco en el trabajo, de lo mucho que le lloraron a su salida de Melilla… A continuación se le llevó al cementerio de San Isidro, a esperar allí la resurrección.







