Ginés Casasas

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Author: Benito Paradela, C.M. · Year of first publication: 1935 · Source: Notas biográficas.
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Hno. Ginés Casasas.—Natural de Planesas, sufragánea de Ososmort, en el obispado de Vich; vio la luz el 27 de agosto de 1738 y fue admitido en la Con­gregación el 18 de noviembre de 1767, haciendo los vo­tos el 10 de diciembre de 1769. «Fue un Hermano de­voto, fervoroso y aplicado al cumplimiento de su obli­gación—aseguran las Memorias—, por lo que quiso Dios probar su virtud, como la de Tobías y del Santo Job. Cegó, y a pesar de ser la vista una cosa tan necesaria, como cada uno sabe, quedó él con tanta tranquilidad, que no perdió un’ punto de su alegría; y no pudiendo ya ha­cer otra cosa, se dedicó todo a los ejercicios de piedad y a prepararse para una santa muerte. Era tan caritativo, que de todos se compadecía, y ya que no podía ayudarles de otro modo, lo hacía con sus oraciones. Pero al mismo tiem­po era tan humilde, que no quería se compadeciera nadie de él ni que le acompañase. Con la larga costumbre de ha­ber seguido la casa, sabía todos los lugares de ella, y así él solo con su palo iba a la iglesia, a la capilla del rezo, al refectorio, a su habitación de la enfermería y al lu­gar común sin ir a otra parte de la casa. Y si alguna vez se perdía y alguno le quería acompañar, parecía incomo­darse, sintiendo que le sirviesen, aun en tanta necesidad.

Todo el día pasaba orando o rezando el Rosario, el que pasaba aún en tiempo de recreación en el terrado de la enfermería a mediodía y en la capilla del rezo por la noche con licencia de los superiores. Se confesaba y comulga­ba cada semana y aún creo dos veces. Tenía un silencio perpetuo y si alguna vez hablaba, era de cosas de edifi­cación. Todo esto no podía provenir, sino de los buenos hábitos que había contraído antes de perder la vista. Con las turbulencias de la revolución constitucional, sus pa­rientes, que le amaban, vinieron a buscarle, y como los demás o huían o se escondían, y el pobrecito no podía hacerlo y quedaba expuesto, a los insultos y malos tratos de los impíos, se le aconsejó se fuese con sus parientes a su casa, en donde sazonado para el cielo, continuando el mismo tenor de vida que en casa y sin dejar el vestido de Hermano, le consumió la vejez y descansó en el Se­ñor en octubre de 1823.»

 

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