Generosos con los pobres y compañeros

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Año publicación original: 1983 · Fuente: CEME.
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asdNo os olvidéis de distribuir vuestros bienes y de hacer eI bien, que tales sacrificios son los que agradan a Dios». IIII, 13,16).

«Conforme al Estatuto Fun­damental del voto de pobre­za en la Congregación, emplearemos los bienes propios, con permiso del Superior, en obras de caridad y en favor de los compañeros, evitando las diferencias entre nos­otros». (C 35).

La pobreza que se profesa en la Congregación no renuncia total a toda propiedad. Sin embargo, los Misioneros «no tendrán libre uso de estos bienes propios; ni podrán conservar los frutos que de ellos provengan, sino emplearlos en obras pías, o en favor de los padres y parientes necesitados, con permiso del Superior (cf. Breve «Alias Nos» de Alejandro VII, p. 163). La Asamblea General de 1980 permitió que los frutos de los bienes propios pudieran usarse en usos personales.

1. «¿No os parece razonable?».

El Fundador de la Congregación no creyó convenien­te llegar a exigir a los misioneros una pobreza radical en cuanto a la propiedad. Buscó una razonable combinación entre el poseer y el destino de lo que se posee, ni olvidar que habiéndose consagrado el misionero a Dios y a la Misión, lo que posee también está consagrado. Así explicó San Vicente esta combinación:

“El uso de los bienes no es para el individuo; él no tiene necesidad de ello, ya que la Compañía atiende sus necesidades; se utilizan las rentas de dichos bienes en obras pías «pro arbitratu superioris», según dice el Papa o se atenderá con ello a los parientes si lo necesitan. ¿Qué os parece, hermanos míos? ¿No os parece razonable? Nos hemos entregado a Dios; nos hemos privado voluntariamente de esos bienes; hemos renun­ciado a ellos». XI 653).

2. Pobres y compañeros, los preferidos.

Los pobres siempre son los preferidos; sin embargo, el texto de la Constitución 35 también comprende a los compañeros, con la advertencia de evitar toda diferen­cia, siempre odiosa en la comunidad. La preferencia por los pobres está muy marcada en el Estatuto y en la in­terpretación que de él hizo la Asamblea General de 1980:

«Los miembros de la Congregación deben emplear los frutos de sus bienes en obras pías. Esta es la norma principal y positiva que nace de la orientación vicenciana. Por ella disponemos de nosotros mismos y de nues­tros bienes en servicio de la evangelización de los po­bres. Este es el valor evangélico más claro y eminente del Estatuto. La ayuda a los padres y parientes necesi­tados, es ante todo, un deber de piedad y de justicia». (Apéndice a los Estatutos, p. 91, n. 2).

3. También en propio provecho, con permiso del Superior.

Es sólo norma permisiva, para salvar algunas circunstancias, no la solución más vicenciana:

«Los miembros de la Congregación pueden, con li­cencia del Superior, emplear estos frutos en usos perso­nales. Esta es la norma permisiva: es claro que se trata solamente de una concesión, de ninguna manera de una orientación positivamente recomendada». (Apéndice a los Estatutos, p. 93, n. 4).

  • ¿El poseer bienes propios me dificulta la prácti­ca de la pobreza o, por el contrario, me facilita el hacer obras de caridad?
  • ¿Me permito, por poseer bienes propios, tener algo que la mayor parte de mis compañeros no pueden tener?
  • ¿Me preocupo excesivamente de ayudar a los pa­rientes con los bienes propios?

Oración:

«Señor nuestro Jesucristo que viniste al inundo para comunicarnos los tesoros de tu gracia, concédenos que la práctica de la pobreza nos lleve a la práctica del amor a los pobres y a los hermanos. Danos el don de ser sensibles a las necesidades de los demás y el saber ayudarles humil­demente, calladamente, generosamente. Amén».

 

 

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