Sería negligencia reprensible no consignar por escrito los datos de que actualmente se puede disponer para dar una noticia cabal y exacta de esta Fundación, exponiéndose a que con al tiempo todos o gran parte de ellos quedaran sepultados en el olvido o que siendo muy difícil procurárselos, llegara a ser ya poco menos que imposible el encontrar la verdad sobre los principios de este convento, de su existencia histórica y de su restauración.
Con el objeto de obviar ese inconveniente y dar al mismo tiempo cumplida satisfacción a los deseos y reiteradas súplicas que se me han dirigido para que enviase a los redactores de los «Anales de la Congregación de la Misión» una relación, aunque sucinta, de esta nueva casa que hemos adquirido, pongo manos a la obra; y recogiendo todos los datos que me ha sido posible, escritos unos (aunque muy pocos), y otros orales, de testigos oculares que viven todavía, diré todo lo que ha llegado a mi noticia sobre la fundación de este convento, sus vicisitudes históricas y su restauración.
Situación.
Se halla enclavado este edificio en el distrito de la villa de Bellpuig (Lérida), como a 100 metros al Sur de la población, al lado de la carretera que va desde Bellpuig a Tarragona, y ocupa el mismo lugar que en el siglo xv y tiempos anteriores ocupaba la ermita de San Bartolomé, de donde tomó su nombre el convento, y que, al ser éste levantado, fue aquella con su capellanía trasladada a la iglesia parroquial de la villa de Bellpuig.
Perteneció antiguamente al Obispado de Vich; mas ahora está en la Diócesis de Solsona y tiene a su alrededor las espaciosas llanuras del Campo de Urgel, donde, merced al canal, abunda la vegetación y el cultivo de toda clase de plantas, árboles frutales, caldos y cereales; pudiendo muy fácilmente extender su acción por las Diócesis de Lérida, Seo de Urgel, Vich y Tarragona, cuyas jurisdicciones eclesiásticas casi confinan con Bellpuig.
Fundación del convento.
El Excmo Sr. D. Ramón III, Señor de las Baronías de Bellpuig, en el Principado de Cataluña, contemporáneo del Gran Capitán, Don Gonzalo Fernández de Córdoba, creado Virrey de Sicilia por los Reyes Católicos, Fernando V y doña Isabel y más tarde Virrey de Nápoles y Capitán general de los ejércitos de aquel reino en la Liga que se trabó entre el Papa Julio III y el rey Don Fernando, deseando manifestarse agradecido al Señor por las victorias que le otorgara por mar y por tierra, y siendo, por otra parte devotísimo del Seráfico P. San Francisco, determinó edificar, para sus Hijos de la observancia, un convento en una de las villas de sus Baronías, que fue la de Bellpuig.
Obtenida al efecto del Papa Julio la Bendición Apostólica y la facultad de trasladar la Capellanía de la Ermita del Apóstol San Bartolomé de dicha Villa, con la Bula Eximiae devotionis (21 de Feb. 1507), dio orden a sus Ministros y Oficiales para que a costa y expensas suyas se pusiese mano a la fábrica. Pero los Religiosos, atendiendo más a la pobreza religiosa que a la magnanimidad de su Bienhechor, de consuno con los Ministros y oficiales del Virrey se contentaron con un edificio pobre y angosto. Sabido esto por el Fundador, diose por ofendido, reconvino a sus Ministros, mandó derribar la fábrica hecha y dio orden terminante para que se construyera un convento digno de su generosidad y poder; a cuyo fin se dice haber enviado desde Italia la idea y planta que debía ejecutarse.
Por el año 1510, siendo Virrey de Nápoles, ya le hallamos socorriendo a su convento y Religiosos con largas limosnas, ordenando que éstas se continuasen por sus sucesores y moradores de dicha villa y lugares vecinos de su Baronía.
Vivían de ordinario en dicho convento 25 Religiosos; y es común tradición que también fue morador de él, con el cargo entero, el Beato Salvador de Roda.
Descripción del convento.
Como era de esperar, dada la generosa voluntad y espléndida mano del Fundador, salió el edificio muy rico y espacioso.
Consta de una fachada de unos 55 metros, con una profundidad lateral de 30 a 35, y 12 de alto. Casi todo es de piedra labrada y tiene dos pisos, además de la planta baja.
Interiormente contiene dos claustros cuadrados, pero desiguales; el menor era como un patio que servía de jardín, y el otro que mide 19 metros cuadrados, está rodeado por tres galerías, una en cada piso.
Los arcos de las galerías o corredoras de la planta baja son de estilo ojival, pero sencillos; los del primer piso, que son diez a cada uno de los cuatro lados, son de estilo bizantino con altos relieves en los capiteles de todas las columnas, pero todos distintos y de mucho mérito; los del segundo piso son de estilo romano y fueron añadidos posteriormente.
En el espacio comprendido entre estos claustros o galerías está el aljibe, todo de piedra y en cuya boca hay trabajos que son una verdadera maravilla.
Se sube a los distintos pisos por dos escaleras, una ancha y otra estrecha de caracol, con escalas y pasamanos, todo de piedra labrada; la escalera de caracol conduce hasta el campanario, y es la obra que más admiran los peritos en el arte.
El edificio, tanto las habitaciones como las galerías y los pasillos interiores, casi todo es de techo abovedado, encontrándose diseminado en muchos puntos el escudo que contiene las armas e insignias del Fundador.
Al lado que mira a la población se encuentra la Galería del Duque, que fue construida después, modificando aquella parte del edificio que corresponde al dorso de la iglesia. Se llama del Duque porque se la había preparado y reservado para sí D. Luis de Córdoba, Duque de Sesa, que estuvo casado con una nieta del Gran Capitán. A continuación de dicha galería, y en el espacio que quedaba basta llegar a la carretera, levantábase la iglesia de los frailes, pero formando un mismo cuerpo con todo el edificio.
Constaba de una sola nave espaciosa con capillas y altares laterales, gran parte de piedra labrada.
Por donación de los mismos Fundadores poseían los Religiosos alrededor del convento una extensa viña y una huerta muy capaz, con agua abundante para el riego, procedente de minas subterráneas y de un pozo inagotable.
También estaba dentro del edificio, en la Sala Capitular, la sepultura de los frailes; y en la iglesia, además de la sepultura del Fundador y de su familia, había otras varias sepulturas de familias particulares. Todavía se puede ver una tumba fechada a 1518.
El mausoleo del Fundador y su familia.
En 1522, siendo Emperador de Alemania y Rey de España Carlos V, falleció, en Nápoles D. Ramón de Cardona; y aunque por de pronto fue sepultado en la capilla de Castelnovo, en Nápoles, no obstante, su esposa Doña Isabel, cumpliendo la voluntad de su marido, quien en vida había escogido para su sepulcro el sagrado recinto de su convento de Bellpuig, llena de cariño hacia su esposo, aunque difunto, mandó a Juan de Nola, el más diestro y primoroso escultor de aquel siglo en Italia, que labrase para su marido un suntuosísimo mausoleo de finísimos mármoles para enviarlo a su convento de Bellpuig.
Hízose la obra en breve plazo, siendo luego remitido Bellpuig y colocado en la iglesia de su convento, en la parte de la Epístola.
Una vez que todo estuvo arreglado, entregó la Excelentísima Señora al honorable Juan de Baró el cadáver de su difunto marido, encerrado en una arca con dos llaves, para que lo trajese a Cataluña y fuese colocado en el mausoleo que estaba preparado. Cumplióse todo según había ordenado, y el 13 de Marzo de 1531, D. Ramón de Cardona fue depositado en este convento levantándose acta de todo lo dicho delante de, muchos, testigos.
Con el tiempo, en una cripta que se abrió delante del panteón, fueron enterrados muchos de los parientes de Cardona, y en unas lápidas de mármol negro finísimo se hace, memoria de muchos cuyos apellidos son: Folchs, Cardonas, AnglasoIas y Requesens.
Este suntuoso mausoleo, por lo alto y primoroso, no sólo es una maravilla del arte, sirviendo de admiración a todos los curiosos que llegan a registrarlo, sino también por la ingeniosidad y destreza con que se portó el artista en la disposición, estatuas y entalladuras, mereciendo ser comparado con los monumentos más célebres de la antigüedad.
Sobre el arca en que descansan Ios restos del Excmo. Sr. Don Ramón de Cardona se ve su imagen o estatua echada, labrada con tal destreza, que no parece sino el original propio. En el mismo nicho hay unas estatuas en figura de mujeres llorosas, muy al vivo, por la muerte del héroe, que parecen eternizar sus exequias. A sus pies, en memoria de las proezas y conquistas del valeroso Capitán, se registran como en escudo copiadas muchas batallas navales y campales. En lo más alto del panteón está grabada la inscripción síguíente: «Raymundo Cardonae, qui Regnum Neapolitanum praerogativa poene regia tenens, gloriara sibi ex mansuetudine comparavit, Isabella Uxor infelix, Malito opt. fecit. Vixit an. 54. men. 8. dies 6. An. 1522. ob.»
Entre los pendones, estandartes, trofeos y demás adornos que rodeaban el mausoleo de tan esforzado Capitán, había también la espada, ricamente aderezada, que el Pontífice Julio II regaló al Excmo. Sr. D. Ramón de Cardona, en ocasión que fue nombrado Capitán de la Santa Liga cerca del año 1511, y en cuya bellísima hoja se miraba esculpida con caracteres en una y otra parte esta inscripción: «Julius Secundus Pontif ex Maximus. Armo octavo.»
Hoy todavía se ve una espada en dicho mausoleo; pero no es la de Don Ramón de Cardona, sino la de un Capitán francés, que en tiempo de la francesada cogió aquélla y dejó la suya.
Dispersión de los Religiosos y suerte del convento.
Más de tres siglos hacía que resonaban las divinas alabanzas en este convento de Bellpuig, que, según testimonio del cronista de la provincia de Cataluña, era como la cabeza y el más principal, por cuyo motivo solían los frailes celebrar aquí sus Capítulos generales; y aunque eran muchos los lazos que los detenían en la dulce morada del edificio, que a fuerza de abnegación y trabajo había sido en gran manera mejorado tanto en sí mismo como en las tierras que le rodeaban, les fue, no obstante, casi en pleno siglo XIX, imposible continuar en su vida pacífica, edificando en gran manera gloriosa para Dios y provechosa para los hombres.
Por los años 1834-35, viendo estás santos Religiosos la saña cruel con que eran perseguidos y alevosamente asesinados los moradores de los claustros, comprendieron que les era necesario tomar alguna prudente medida para burlar el puñal asesino, y así resolvieron escapar y salvarse disfrazados, dejando todo lo que poseían al arbitrio de los malhechores legales que iban en su persecución. No muy lejos de aquí vive todavía exclaustrado uno de los antiguos habitantes de este convento y que cuenta 93 años de edad.
Bien podía haber reclamado su patronato la familia del Fundador que entonces existía; pero, como hubiese éste tal vez a la sazón enrabiado de fortuna o de opiniones, es lo cierto que nadie salió en defensa de los Religiosos, ni presentó derecho alguno, ni reclamación respecto de los bienes que acababan de ser abandonados así, tanto el convento como sus tierras vinieron a parar en manos del Gobierno; el cual, según era costumbre en tales circunstancias por menos de 30 monedas de plata, por decirlo así, los cedió al primero de sus amigos que deseaba favorecer.
El edificio vino a ser de tres socios, y las huertas fueron repartidas entre dos propietarios.
Ruinas del convento y traslación del mausoleo.
Fueron entretanto pasando los años; y como nadie cuidaba de las reparaciones que hacían falta en el convento, pues sólo lo habitaban algunos inquilinos que según lo necesitaban así se iban trasladando de una a otra parte del edificio, éste se llenó de goteras; y como faltaban, no sólo los bienes muebles (que como por encanto desaparecieron al dispersarse los Religiosos, viniendo todo a manos de los que fueron más diestros y acudieron más presto al despojo), sino también todas las maderas, hierros de puertas y ventanas, aun muchísimas piedras labradas, tejas y ladrillos, poco a poco se fue desmoronando; cayóse en una sola noche casi la mitad, de una de las alas, y como la iglesia tampoco ofrecía mucha seguridad, algunas personas verdaderamente amantes de su pueblo y de sus glorias pensaron trasladar el mausoleo a la iglesia parroquial, y así lo ejecutaron en 1841, logrando de esa manera que se salvara a lo menos aquel monumento artístico, en lo cual es de sospechar que intervendría la influencia de unos Duques y Marqueses descendientes de los sepultados en dicho panteón, que alguna vez se han presentado en Bellpuig para contemplar dicho monumento con cierto interés de familia.
Hallase, pues, dicho mausoleo en la iglesia parroquial BelIpuig, aI lado del Evangelio y hacia la mitad de la iglesia; está muy bien conservador pero desdice algo de un lugar sagrado, por tener algunas estatuas y relieves de sobrado realismo.
Algunos años después de trasladado el panteón se vino al suelo casi toda la iglesia; gran parte del edificio se había ya caído, y todo él, por Io desmantelado y ruinoso que, estaba, sólo servía para morada de lechuzas y murciélagos, sin que nadie cuidara de él ni pensase en su restauración.
Inauguración de la Casa Misión.
Llegó por fin el momento por tanto tiempo deseado.
El 1.° de octubre de este año 1899 ya estaban reunidos en el convento todos los miembros de esta pequeña Comunidad; todo Bellpuig hablaba de la fiesta y función que por la tarde se haría al inaugurarse aquel edificio, cuyas ruinas habían tantas veces contemplado no sin experimentar amarga pena. Sonaron las tres y ya la gente se iba reuniendo en la iglesia; allí estaban, además del Clero, los señores de la Junta, la incipiente Comunidad de San Vicente de Paúl y un crecido número de fieles.
Saliendo todos ordenadamente de la iglesia cantando el Santísimo Rosario con acompañamiento de la banda de música de la población; agregóse muchísima gente al atravesar las calles de Bellpuig, de modo que llegaron al convento más de 1.500 personas.
Estando todos en silenciosa expectación, el muy digno Sr. Cura párroco procedió a la solemne bendición de nuestro edificio y capilla provisional; y después que estuvo terminado el acto, el Sr. Pedrós desde la entrada de la casa dirigió a todos los presentes algunas breves palabras muy acomodadas a las circunstancias dando gloria y gracias al Señor por lo que se había realizado y animando a todos a continuar la obra comenzada hasta que podamos ver de nuevo reedificada la iglesia y las partes del edificio que aún están por reparar, para que así dicha fundación fuese provechosa a todo el Urgel, a toda Cataluña y aun a toda España: al Clero mediante los ejercicios espirituales y la instrucción preparatoria para el Seminario, a los pueblos mediante el ejercicio de las Misiones y a la juventud por medio de la instrucción.
Apenas hubo terminado, fue acercándose la gente para darnos el parabién por nuestra instalación, reconociéndonos en adelante como vecinos suyos y augurándonos feliz porvenir. Retiráronse luego procesionalmente, y prosiguiendo el Santo Rosario se volvieron a la iglesia parroquial.
Nos quedamos entonces solos; y como la fundación quedaba ya hecha, desde aquel día comenzó ya con toda formalidad la observancia de todas las reglas y prácticas de la Congregación, o sea la vida de Comunidad; y así, como fecha de esta fundación de Bellpuig, podemos poner el 1.° de octubre de 1899, fiesta del Santísimo Rosario.
Hemos tocado la dichosa suerte de ser fundadores o primeras piedras de esta nueva Casa de la familia de San Vicente de Paúl a los Sres. Miguel Pedrós, Superior; José Rigo, Justo Toro y Matías Saumell, teniendo en nuestra compañía, como hermanos Coadjutores, al’ H. José Vidal y al H. Bartolomé Gallart.
Dígnese el Señor por la intercesión de Nuestro Santo Padre derramar abundantes gracias sobre esta pequeña familia, para que prospere en personal y crezca en espíritu, y a manera de árbol frondoso despliegue una vida pujante y fecunda en exquisitos frutos de santificación propia y de salvación de las almas.
Miguel Pedrós
Bellpuig, 1899.






