François Watel (quinto Superior General de la CM y de las HH. de la C.) (1651-1710)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros Paúles0 Comments

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 1903 · Fuente: Notices, IV.
Tiempo de lectura estimado: 4 minutos

superiores generalesHasta el Sr. Watel, los superiores generales  de la congregación podían citando los ejemplos de san Vicente de Paúl emplear las palabras de san Juan a propósito de su divino Maestro: “Lo que han visto nuestros ojos, lo que han oído nuestros oídos, nosotros lo declaramos como testimonio “. Pero el Sr. Pierron fue el último de los superiores generales  que vieron a san Vicente. El Sr. François Watel que sucedió al Sr. Pierron, había sido recibido en la compañía bajo el Sr. Alméras, pero si sus ojos no habían visto al santo fundador  de la Misión, su memoria y su corazón conservaban fielmente el eco de sus enseñanzas, y era un fiel imitador de su sencillez y de su celo.

Había nacido en Tranois, en la diócesis de Arras, y fue recibido en la Congregación en París, en el seminario de San Lázaro, el 24 de abril de 1670, a los diecinueve años de edad.

Muy felizmente dotado bajo el punto de vista de la inteligencia y de la madurez de juicio, fue nombrado superior del seminario de Auxerre, muy joven aún, es decir de unos treinta años. En 1688, fue colocado a la cabeza del de Amiens y, en 1698, nombrado visitador de la provincia de Francia, después de un viaje a Roma, donde resaltaron sus virtudes  y sus cualidades.

Cuando el Sr. Pierron, vencido por las debilidades, hubo remitido a la asamblea general su dimisión, acto de cristiana abnegación al que no debía sobrevivir más que algunas semanas. El Sr. Watel fue elegido para sucederle; y se puede decir que fue la modestia y las virtudes propias del misionero las que fueron elegidas en él. Las circunstancias exteriores parecían en efecto poner en evidencia a otro candidato, era el Sr. Hébert, quien estaba encargado de la parroquia de Versalles, y que debía un poco más tarde convertirse en obispo de Agen.

He aquí lo que cuenta el autor de la Historia de la Congregación, el Sr. Joseph Lacour. “Los amigos que el Sr. Hébert tenía en la corte, esperaban también verle nombrar general; sin embargo, algunos temían que no se conformara del todo con la sencillez de los primeros misioneros, y el Sr. François Watel fue elegido y reconocido de todos.

“Se produjeron sorpresas en el exterior; el R. P. Massillon, por entonces sacerdote del Oratorio, famoso predicador y después obispo de Clermont, preguntó a uno de los diputados, que era de su conocimiento, si el Sr. Hébert no había sido elegido; habiéndose enterado de que no: “Es preciso pues, respondió, que haya gente de mérito en vuestra Congregación”.

“Cuando el nuevo general, haciendo sus visitas, fue a cumplimentar al primer presidente, que era a la sazón el Sr. Achille de Harlay, este célebre magistrado habiendo advertido la sencillez de este superior, dijo que veía por su elección que el espíritu del Sr. Vicente animaba todavía a la compañía. Y cuando el Sr. Watel tuvo el honor de saludar al rey, Su Majestad le recibió con todas las atenciones y le dijo con toda la educación del mundo que si le habían nombrado general, se veía bien claro por el aspecto. Era en efecto de gran talla y bien pagado de su persona, robusto y solamente de algo más de cincuenta años, de tal manera que se esperaba  que viviría largo tiempo y con buena salud”.

El Sr. Watel no multiplicaba las recomendaciones y la asamblea general que presidió tras su elección hizo pocos decretos, se ha advertido lo siguiente: Se entregaba a hacer observar los que ya habían sido  mandados. Se esforzaba por gobernar en la paz; y si la Iglesia ha alabado a san Vicente de Paúl por haber sido amable con todos cunctis amabilis (Lecturas del Breviario), se puede decir que el reflejo de esta bondad estaba visiblemente en el Sr. Watel. Se puede afirmar, ha escrito el historiador de la Congregación, que era querido de todos en la compañía.

Era además entregado y vigilante. En cuestiones de doctrina, cuando fueron condenadas en particular las instituciones teológicas del P. Juénin, tachadas de jansenismo, se mostró muy firme para hacer retirar este libro no sólo de las manos de los seminaristas, sino de las de los regentes que, según él debían  beber de las fuentes puras.

Un objeto especial de su solicitud fueron las casas de formación de la congregación: impuso a todas las casas de Francia ayuda por las necesidades  de San Lázaro que les suministraba individuos;  y, estos individuos, se felicitaba por ellos, eran numerosos y bien formados: “Dios nos  envía según nuestras necesidades a buenos individuos, escribía el 1º de enero de 1705. Hay setenta y tres en nuestro seminario interno, bajo la dirección del Sr. Bonnet nuestro tercer asistente, que están bien y nos dan buenas esperanzas”. Por eso no se negó a aceptar nuevos e importantes establecimientos: Florencia en Italia, Barcelona en España, Toulouse, Valfleury, Poitiers en Francia y otras fundaciones más, lo que es un testimonio de su celo y de su ardor por buscar la gloria de Dios.

El Sr. Watel era joven todavía y se esperaba verle gobernar la compañía mucho tiempo con las altas cualidades que le distinguían, cuando, al cabo de siete años de generalato, Dios marcó el término de su carrera.

El mes de setiembre de 1710, mientras hacía los ejercicios del retiro, el cuarto día, después de la meditación sobre el paraíso, le entró la fiebre, y fue atacado de un letargo que le arrebató  rápidamente al afecto de la congregación. Se murió el 2 de octubre.

Mientras vivía, ha escrito el Sr. Joseph Lacour, en la Historia de la Congregación, “cada casa se alababa por la dulzura que el Sr. Watel conservaba en su dirección, y se trabajaba en las funciones lo mejor que se podía, concedía con facilidad a los particulares todo lo que podía según las costumbres, y aplicaba a cada uno  según sus talentos”. A su muerte fue llorado por todos.

Después de su muerte se constató un último servicio que había hecho a la compañía: había designado para gobernarla, con vistas a la futura asamblea general, al Sr Bonnet, asistente, hombre joven todavía y muy distinguido que la asamblea debía escoger para superior general y que debía realizar una de las más bellas carreras por el bien de la compañía.

 

Mitxel Olabuénaga

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones.

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