Formación humana y cristiana de Luisa de Marillac (VI)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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  1. LA FORMACIÓN EN LA FUNDACIÓN Y ORGANIZACIÓN DE LA COM­PAÑÍA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

El 29 de noviembre de 1633, después del tiempo de discer­nimiento impuesto por san Vicente, reúne Luisa de Marillac en su casa a unas buenas muchachas del campo, «deseosas a la vez de servir a los pobres y de ser de Dios». Nacía así la Compañía de las Hijas de la Caridad. Y comenzaba para santa Luisa una nueva etapa en su camino de formación humana y cristiana.

Efectivamente, las buenas muchachas que van a constituir el fundamento de la Compañía son piedras preciosas que Luisa debe tallar: «Cuando Salomón quiso construir el templo de Dios, puso coma fundamento algunas piedras preciosas para testimoniar que lo que quería hacer era muy excelente». La obra requería la dedicación de las mejores energías de Luisa, porque muchas de las jóvenes que llegaban, en expresión de san Vicente eran «unas pobres aldeanas ignorantes», que no sabían leer ni escribir37. Por eso, «de vuelta a casa, se ponen a trabajar; leen para aprender y después de hacer recordar los principales puntos de la doctrina en forma de catecismo, se lee algún pasa­je del Santo Evangelio para excitarse a la práctica de las virtu­des y al servicio del prójimo, a imitación del Hijo de Dios».

El trabajo que debía realizar santa Luisa era enorme: cons­truir el edificio de su vida espiritual sobre su pobreza humana. San Vicente le indica algunos puntos en los que deberá insistir: «En cuanto a lo que me dice de ellas no dudo de que son tal como me las describe; pero es de esperar que se vayan hacien­do y que la oración les hará ver sus defectos y las animará a corregirse de ellos. Será conveniente que les diga en qué con­sisten las virtudes sólidas, especialmente la de la mortificación interior y exterior de nuestro juicio, de nuestra voluntad, de los recuerdos, de la vista, del oído, del habla y de los demás senti­dos; de los afectos que tenemos a las cosas malas, a las inútiles y también a las buenas, por el amor de Nuestro Señor, que las ha utilizado de ese modo; y habrá que robustecerlas en esto, especialmente en la virtud de la obediencia y de la indiferencia; será conveniente que les diga que tienen que ayudarse en la adquisición de la virtud de la mortificación y ser ejercitadas en ella, yo también se lo diré para que estén dispuestas a ello».

El 25 de marzo de 1634 Luisa de Marillac se comprometía, mediante un voto, a dedicarse totalmente a la formación de las jóvenes para el servicio de Cristo en los pobres40. Podemos imaginar que como formadora, Luisa de Marillac vivió siempre en formación a su vez, porque sólo al paso de la Providencia se va iluminando el camino. Formación humana y cristiana en acción para que la Compañía quede establecida según el querer de Dios:

  • Promoverá la formación integral de cuantas van llegando a la Compañía: «Me parece que conocía los defectos de todas, pues nos los decía antes de que habláramos con ella. Pero demostraba mucha prudencia en sus advertencias… soportando y excusando siempre a todas las hermanas».
  • Les ayudará especialmente a discernir la autenticidad de su vocación: que no vengan sólo por la curiosidad de ver París, sino porque quieren entregarse totalmente a Dios y servirle en los pobres.
  • Animará su vida de oración.
  • Sostendrá su entrega cuando vayan apareciendo las difi­cultades en el servicio a los pobres.
  • Cuidará la especificidad de su vocación dentro de la Igle­sia, puesto que sin ser religiosas ni disponer todavía de lazos jurídicos, viven en una forma de vida muy agradable a Nuestro Señor.
  • Iniciará y promoverá las obras de la Compañía: la visita do­miciliaria a los enfermos, la atención a los niños expósitos, las escuelas, los hospitales, la atención en los campos de batalla, los ancianos…
  • Creará un clima de verdadera familia entre las hermanas: «Demostraba el mismo cariño a todas las hermanas… Le oí decir que amaba mucho a todas las hermanas y que deseaba que todas fuéramos tan perfectas coma nuestro patrono Jesucristo… Un día, durante su última enferme­dad, le pregunté qué es lo que le pediría a Dios para mí y para todas las hermanas; me dijo que le pediría que nos concediera la gracia de vivir como verdaderas Hijas de la Caridad, con mucha unión y caridad, tal como Él quiere de nosotras».
  • Atenderá el gobierno de las obras y de las personas y redactará los reglamentos para el funcionamiento de los diversos servicios.
  • Intervendrá decisivamente para que la Compañía posea el marco jurídico apropiado, insistiendo sobre todo en que la dirección ha de corresponder al Superior general de la Congregación de la Misión.
  • Inculcará a sus Hijas el verdadero espíritu de la Caridad, insistiendo en la excelencia del servicio a los pobres: «Ponía interés y deseaba mucho que la Compañía se con­servase en el espíritu de humildad y de pobreza, y decía con frecuencia: ‘somos criadas de los pobres; por tanto, tenemos que ser más pobres que ellos».

Juan Corpus Delgado

CEME, 2010

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