Fines de la Asociación de la Medalla Milagrosa

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación de la Medalla Milagrosa, Virgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Miguel Pérez Flores, C.M. · Año publicación original: 2001 · Fuente: Revista Virgen Milagrosa.
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medalla_milagrosaFieles a la planificación hecha por el Di­rector Nacional con la finalidad de cono­cer mejor la naturaleza y fines de la Aso­ciación, toca ahora el que hablemos de los fines que se derivan del ser y de las notas características de la Asociación, co­mo dejamos dicho en el comentario al capítulo primero que trata de la natura­leza y del nombre oficial de la Asocia­ción.

El capítulo segundo de los Estatutos ver­sa sobre los fines, es decir, lo que se pre­tende como miembro de la Asociación y lo que pretende la Asociación en cuanto tal.

Fomentar la devoción a la Virgen María (Artículo 3)

El artículo tercero de los Estatutos es muy rico en contenido y muy propio de todo cristiano y en consonancia con lo que la Virgen pretendió con las aparicio­nes a Santa Catalina: Fomentar la devo­ción a la Virgen María. Fomentar es au­mentar la actividad o intensidad de la devoción, es decir, venerar; sentir, tener hacia la Virgen María sentimientos de admiración, de respeto y amor, particu­larmente rendir culto interior o exterior a la Virgen María.

En el mismo artículo se indican las razo­nes de fomentar la devoción a la Virgen:

  • Porque es la Madre de Dios.
  • Porque fue concebida sin pecado origi­nal.
  • Porque es modelo de la Iglesia peregri­na, como diciendo, que los fieles cris­tianos, miembros de la Iglesia, siguen caminando hasta conseguir la plenitud de la gloria eterna. María peregrinó mientras vivió hasta el momento de su glorificación. En este sentido, María es modelo de la Iglesia y de todos sus miembros que caminan hacia la meta final, donde sentirán el gozo de la glo­ria eterna. (PABLO VI, El culto maria­no, n. 37)

Los miembros de la Asociación deben te­ner clara conciencia que todo lo que di­cen y hacen, como tales, tiene, como úni­ca referencia, la gloria y alabanza de Je­. sús. La devoción a la Virgen María no tie­ne sentido si no va referida a un mayor conocimiento, amor e imitación de Jesucristo. Dios Padre adornó a la Virgen de tan hermosas prerrogativas, así también todos los amantes de la Virgen no pue­den apartar sus ojos del que es el único Salvador y Redentor del mundo, Jesucris­to nuestro Señor, nacido de una mujer, para liberarnos, según san Pablo, del pe­cado y recibir la adopción divina. (Gála­tas 4, 5)

La Medalla Milagrosa, modelo de santificación y de apostolado. (Artícu­lo 4)

La verdadera historia del cristiano es la historia de su santidad y la historia de su compromiso con los demás, es decir, su apostolado. Una de las ideas «ma­dres» del Concilio Vaticano II, es la lla­mada a la santidad de todos los bauti­zados que serán, mediante su vida san­ta, la historia de la Iglesia: En la Iglesia, todos, están llamados a la santidad, se­gún aquello del Apóstol: Esta es la vo­luntad de Dios, vuestra santificación. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y debe expresarse en los frutos de gra­cia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Aparece de manera multiforme en cada uno de los que, con edificación de los demás, se acercan a la perfec­ción de la caridad en su propio género de vida… (VATICANO II, Constitución sobre la Iglesia, n. 39). El canon 210 re­coge muy bien las enseñanzas y direc­trices de la Iglesia desde su origen has­ta hoy: Todos los fieles deben esforzar­se, según su propia condición, por lle­var una vida santa, así como incrementa, la Iglesia y promover su continua santificación.

La santidad tiene como elemento negati­vo la ausencia de todo pecado que la Medalla Milagrosa nos presenta en la Inscripción de anverso: ¡Oh María sin pe­cado concebida… !. En su aspecto positi­vo, la santidad consiste en la unión en to­do a la voluntad de Dios. Esta unión pro­duce la caridad, que nos incita a orar, a sufrir por amor de Dios y la capacidad de luchar incesantemente contra que es pe­cado. Saber amar, orar, sufrir, combatir al Recado es el secreto de la santidad.

En la Medalla descubrimos el amor mutuo de Jesús y de María. En el re­verso de la misma se muestra los dos corazones, el de Jesús y el de María.

La Medalla nos invita a orar. En ella, no solamente tenemos la breve jacula­toria de «¡Oh María sin pecado conce­bida, rogad por nosotros que recurri­mos a Vos!», sino que la historia de la Medalla recuerda la actitud orante de María, cuando ofrece al Padre y pide por el mundo entero y por cada uno de nosotros.

Nos invita a aceptar el dolor, la enfer­medad, lo que nos es adverso, para testimoniar mediante el dolor nuestro amor. La Medalla nos incita a sufrir mostrándonos los dos corazones su­frientes. El de Jesús y el de María. El uno coronado de espinas y el otro atravesado por una espada.

En fin, la Medalla nos incita a comba­tir el mal representado por la serpiente. María pisa con su pie la cabeza de la serpiente.

Sólida formación cristiana y mariana (Artículo 5)

Sería un error, considerar a la Asociación de la Medalla Milagrosa sólo como ex­presión de la devoción a la Virgen, si no se la considera como medio de apostola­do. El Concilio Vaticano dice que la Vir­gen que ya asunta al cielo, sigue cuidan­do de los hermanos de su Hijo que pere­grinos se hallan en peligros y angustias hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por eso María es invoca­da como Abogada, Auxiliadora, Socorro y Mediadora (VATICANO II, Constitución sobre la Iglesia, n. 39) título este que, sin duda, hace referencia a la Medalla Mila­grosa, cuyo significado principal es el de Mediadora de todas las gracias.

Para llevar a cabo el variado apostolado que inspira la Medalla Milagrosa, hay que tener una sólida formación cristiana en general y en algunos temas de mane­ra especial. El número quinto de los Esta­tutos señala otro fin de la Asociación de la Medalla Milagrosa: La formación cris­tiana de sus miembros para propagar la doctrina de la Iglesia en el ambiente fa­miliar y social, buscando el deber e imi­tando a María como modelo de vida cris­tiana.

Hay que dar razón de nuestra esperanza dijo san Pedro (1 Pedro 3, 15). Los miem­bros de la Asociación deben dar respuesta convincente a los muchos problemas que plantea el mundo de hoy.

El Congreso Mariano Nacional aprobó la siguiente proposición: Dentro de una sociedad de cambios, rápidos y profun­dos, las Celadoras de la Asociación así como los miembros de la misma deben comprometerse a la formación perma­nente y sistemática para la promoción y el servicio en el mundo de la caridad, de la cultura, y de la justicia y así reivindi­car la dignidad de la persona humana, imagen de Dios y sacramento de Jesús, intentando de este modo proyectar nuestra fe bautismal.

La formación de los miembros de la Aso­ciación de la Medalla Milagrosa abarca distintos campos:

El campo espiritual para crecer en la vida teologal. Para conseguir la forma­ción espiritual viva se requiere seguir el ritmo espiritual de la Iglesia y, si hay oportunidad para ello, la lectura de li­bros que versen sobre temas espiritua­les y la meditación continua y honda de la Palabra de Dios.

El campo doctrinal de la Iglesia. La la­bor doctrinal de la Iglesia en general y de las particulares es inmensa. El Papa, las Congregaciones romanas, las Con­ferencias episcopales procuran de me­dios suficientes para que los fieles cris­tianos estén al día y bien informados sobre las cuestiones que atañen a la Iglesia y al mundo en su cariz teológi­co y moral. La Congregación romana para la doctrina y la fe decía: Para que los laicos puedan realizar activamente la noble tarea de hacer reconocer y es­timar los valores humanos y cristianos, no bastan las exhortaciones, sino que es necesario ofrecerles la debida for­mación de la conciencia social, espe­cialmente la doctrina social de la Igle­sia, la cual contiene principios de refle­xión, criterios de juicio y directrices prácticas. (CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE; Instrucción sobre la libertad cristiana y la liberación. n. 72)

Espiritualidad Vicenciana (Artículo 6)

La nota o cualidad vicenciana de la Aso­ciación obliga a ésta a formarse en el ca­risma vicenciano que tiene, a mi modo de ver, dos vertientes y que, según el ca­pítulo sexto debe lograr alcanzar todo miembro de la Asociación de la Medalla Milagrosa:

  • la del espíritu
  • y la del apostolado

La espiritualidad que san Vicente ofre­ce a sus seguidores consiste en la reve­rencia y adoración del Padre, ser imita­dores de Jesucristo y dóciles al Espíritu Santo. Esta visión teológico de la Santísima Trinidad lleva consigo tres virtu­des fundamentales: la sencillez o amor a la verdad; la humildad o dependencia de Dios y la caridad con variables ros­tros: la compasión, la misericordia y la eficacia.

Por lo que se refiere a la vertiente apos­tólica, la predilección por los pobres, sa­cramento de Cristo, su evangelización y servicio. La misión de todo Vicenciano es plasmar, no sólo la figura del buen Samaritano, sino también lo que el mis­mo Jesús manifestó como los hechos que indicaban que el Salvador había ya llegado (Lc. 4, 18-19; 11, 4; Mt. 11, 4) o en la proclamación de las Bienaventu­ranzas (Mt. 5, 3-12) o en los criterios con los que juzgará Dios a las naciones (Mt. 25, 34-46).

El número de pobres, según los informes, es cada día creciente. La pobreza va ad­quiriendo mil rostros nuevos. El II Con­greso Mariano Nacional dedujo esta con­clusión a que la mayoría de las limosnas, de las donaciones que puede recibir, se­rán canalizadas para paliar las carencias de los necesitados que genera esta socie­dad sin distinción de raza, sexo, ideolo­gía o religión, así como en su promoción. (II CONGRESO MARIANO NACIONAL, Pág. 229)

La Asociación de la Medalla Milagrosa pertenece a la gran Familia Vicenciana y no puede hablarse de Familia Vicencia­na sin tener presente el carisma Vicen­ciano de evangelización y de servicio a los pobres.

Lee, reflexiona comparte

  • ¿Puedes probarte a ti mismo que fomentas la devoción a la Virgen María? Analiza lo que haces en este sentido o lo que puedes hacer.
  • ¿Te ha preocupado tu propia salvación? ¿Cómo entiendes la santidad en la situación en la que te encuentras o en los trabajos que llevas a cabo?
  • Las publicaciones: libros, revistas y las informaciones que recibimos llenan nuestra cabeza de ideas, de teorías sobre varios campos: la Iglesia y la sociedad ¿sabes situarte anta tanta información cristianamente? ¿Sabes discernir entre lo bueno cristianamente y lo malo?
  • ¿Qué virtudes de la Virgen consideras más importantes para tu modo y forma de vivir como persona humana y cristiana?
  • Casi seguro que estas enterado de las pobrezas que existen en el mundo y más en concreto donde tu habitas y trabajas. ¿Puedes contar en tu haber obras de caridad? ¿Te conmueve la presencia de un pobre?

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