Federico Ozanam, Carta 0050: A Ernest Falconnet

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Federico OzanamLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Federico Ozanam · Traductor: Jaime Corera, C.M.. · Año publicación original: 2015 · Fuente: Federico Ozanam, Correspondencia. Tomo I: Cartas de juventud (1819-1840)..
Tiempo de lectura estimado:

Intervenciones de estudiantes católicos en la Sorbona. Primeras lecciones del sacerdote Gerbet. Consideraciones sobre la necesidad de la monarquía en Francia.

París, 10 de febrero de 1832.

No me reprendas, mi buen amigo, por lo mucho que me demoro en responderte; sobre todo, no pienses que se da ninguna especie de olvido por mi parte. No, no me olvido de ti; pienso en ti todos los días, hablo a menudo de ti, y si no te escribo es porque me falta tiempo, pero no voluntad. Hace muy poco tiempo tenía la intención de escribirte una carta larga y filosófica, pero las graves preocupaciones que me han agobiado me han impedido llevar a cabo mi proyecto. La negligencia de un viajero me ha dejado quince días sin noticias de mis padres, y la agitación de mi espíritu era tal que no era capaz de escribir dos líneas seguidas. Perdona, pues, mi querido amigo.

Tu carta me ha producido un vivo placer. ¡Es algo tan agradable conversar amigablemente! Veo que perseveras en las sendas de la filosofía católica y que te preparas para ser un día su digno defensor. Está bien. Nuestras filas están más nutridas de lo que pensábamos. He encontrado aquí algunos jóvenes con grandes ideas y ricos en sentimientos generosos, que consagran sus reflexiones y sus investigaciones a esa gran misión, que es también la nuestra. Cada vez que un profesor racionalista levanta la voz contra la revelación, voces católicas se levantan para replicarle. Ya nos hemos unido varios con ese propósito. Dos veces he participado ya en ese noble trabajo, dirigiendo mis objeciones, por escrito, a esos señores. Pero donde hemos tenido éxito de manera especial ha sido en el curso de historia del señor Saint-Marc Girardin. Atacó a la Iglesia dos veces: primero, calificando al papado de institución pasajera, nacida bajo Carlomagno, y hoy moribunda; segundo, acusando al clero de haber favorecido constantemente el despotismo. Nuestras respuestas, leídas públicamente, produjeron el mejor efecto tanto sobre el profesor, que se ha casi retractado, como sobre los oyentes, que aplaudieron. Lo más útil de esta obra es mostrar a la juventud estudiantil que se puede ser católico y tener sentido común, que se puede amar la religión y la libertad; además, se la saca de la indiferencia religiosa y se la acostumbra a las discusiones graves y serias.

Pero lo más dulce y consolador para la juventud cristiana son las conferencias establecidas, a petición nuestra, por el abate Gerbet. Ahora puede decirse que la luz brilla en las tinieblas: Lux in tenebris lucet. Cada quince días da una lección de filosofía de la historia; jamás llegó a nuestros oídos una palabra más penetrante, una doctrina más profunda. No ha habido más que tres sesiones y ya la sala está llena, llena de hombres célebres y de jóvenes despiertos. He visto allí a los señores de Potter, de Sainte-Beuve, Ampère hijo, recibiendo extasiados las enseñanzas del joven sacerdote. El sistema lamenesiano expuesto por él ya no es el de sus partidarios provincianos; es la alianza inmortal de la fe y de la ciencia, de la caridad y de la industria, del poder y de la libertad. Cuando se refiere a la historia, la ilumina y descubre en ella los destinos del porvenir. Por lo demás, nada de charlatanería: una voz débil, un ademán embarazoso, una improvisación suave y tranquila; pero, cerca del final, su corazón se inflama, su rostro se ilumina, el rayo de fuego está sobre su frente y la profecía en su boca.

Te animo calurosamente a que te suscribas a las lecciones del señor Gerbet, que se imprimen sucesivamente. Las quince te costarán 12 francos, libres de impuestos, pero en ellas encontrarás en abundancia con qué alimentar tu alma.

En tu última carta me hablabas largamente de política. Me parecen bien tus principios. Sin embargo, no creo que la sociedad francesa haya llegado aún a su mayoría de edad, ni que pueda ser dejada, sin peligro, a su propio movimiento. Creo que su carácter es tal que tiene esencialmente necesidad del régimen monárquico para dirigirla en sus desvíos, y del trono hereditario para mantener la estabilidad en el progreso, la unidad en la diversidad. Creo, en fin, que, para que el destino nacional sea uno, para que la tradición del pasado se prolongue en el futuro, hace falta que una familia sea símbolo de todo ello, y que el cetro no salga de sus manos.

El rey es, para mí, el símbolo de los destinos nacionales, la vieja idea que preside el desarrollo de la sociedad, el representante del pueblo por excelencia; sobre su frente brillan las glorias de la Francia antigua y de la moderna; en su cabeza se reúnen todos nuestros recuerdos. Por todo ello, yo la venero y la quiero, esté en el trono o en el exilio. En el exilio le rodea otra majestad: la de la desgracia.

Ya es tiempo de que te dé algunos detalles sobre los libros alemanes de los que me hablaste. Novalis está siendo traducido; de ello se ocupa nuestro amigo Materne. Las obras de Goerres[1] son demasiado alemanas para que se puedan poner en francés. Me han aconsejado dos obras de [Moeller][2], una vida de Gregorio VII y una vida de san Atanasio, ambas llenas de detalles curiosos, ambas escritas con espíritu católico por un autor protestante. Así, pues, pedí la primera para mí y la segunda para ti. La época de san Atanasio es una de las más oscuras y de las más curiosas, lo verás leyéndola tú mismo. Los libros llegarán dentro de un mes. Sé que estudias mucho el alemán; dime algo sobre tus otras ocupaciones. En cuanto a mí, traduzco, mientras espero un pequeño opúsculo de Benjamín [Bergmann][3]. Verás que ese es siempre el plan de nuestros trabajos comunes.

No me he ocupado aún de tu encargo acerca de las Méditations de Lamartine porque las Harmonies acaban de aparecer en formato in-32 por 7 francos, y porque, por otro lado, si quieres tener todas las obras del autor, tendrías que comprarlas todas juntas, pues Child Harold y el Chant du Sacre no se venden aparte.

Mis saludos afectuosos a tu madre, a tu padre, a tu tío, y para ti la amistad sincera y perseverante de tu fiel,

A.-F. Ozanam.

He recibido una carta del abate Noirot. Le contestaré hoy o muy pronto; sin embargo, si tú le ves antes, dale la información sobre los cursos de Gerbert y dile que le he suscrito para seis meses a la Revue Européenne[4], según sus deseos. Respóndeme pronto.

El señor d’Ault du Ménil [sic][5], antiguo oficial y miembro de la agencia[6], se ha encargado de un curso de literatura que ha desempeñado con gran talento y una erudición profunda. Expone de modo admirable la naturaleza y el futuro de la literatura católica, y aplica eso a España.

Finalmente, el señor de Coux va a comenzar un curso de economía política.

Dirección: señor Ernest Falconnet, rue de Pusy, nº 9, au 2e, Lyon. • Fuente: Archives Société de Saint Vincent de Paul (copia). • Ediciones: LFO1, carta 43. — Lettres, t. I, p. 45 (parcial). — Cartas, t. I, p. 65-67 (parcial).

[1]*    Johann Joseph Görres.

[2]      Jean Moeller. Nombre añadido por el editor de Lettres.

[3]      La obra de Benjamin Bergman fue resumida para lectores franceses por Moris, en el Journal asiatique, nº 823. El resultado del trabajo de Ozanam apareció en los Annales de Philosophie chrétienne de marzo y noviembre de 1832 (Galopin, nº 50).

[4]*    Fundada por los redactores del primer Correspondant, la Revue européenne apareció de 1831 a 1835, en 11 volúmenes. Federico Ozanam colaboró a partir de 1832.

[5]      Georges Léonard d’Ault du Mesnil.

[6]*    L’Agence pour la défense de la liberté religieuse fue una creación de Lamennais y de Lacordaire.

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