Federico Ozanam, Carta 0031: A Auguste Materne

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Federico OzanamLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Federico Ozanam · Traductor: Jaime Corera, C.M.. · Año publicación original: 2015 · Fuente: Federico Ozanam, Correspondencia. Tomo I: Cartas de juventud (1819-1840)..
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Un largo silencio de Materne le hace temer a Ozanam que sus divergencias políticas hayan debilitado su amistad.

Viernes, 17 de marzo de 1831.

Mi querido amigo:

Te escribo con mucha pena en mi corazón. Desde hace algún tiempo un número muy grande de sucesos diversos pasan y repasan delante de mis ojos, y remueven mi alma hasta en lo más profundo. Al mismo tiempo, una muchedumbre de emociones buenas o malas, de ideas tristes o desgarradoras, se amontonan en mi corazón y en mi inteligencia, y no tengo a nadie con quien compartirlas. Ya no veo a mis antiguos amigos, no hay ya persona que me comprenda, que sienta lo que yo siento, con la que me pueda expansionar; eso me hace mal, mucho mal. Hasta mis órganos sufren. Estoy totalmente enfermo.

Y tú, mi buen Materne, ¿no sientes tú lo mismo? ¿No tienes necesidad de desahogarte? ¿De dónde viene el que ya no te vea? Desde hace más de tres semanas no has venido a verme. En cuanto a mí, no me atrevo ya a volver a tu casa, tengo miedo de importunarte. Si no fuera por eso, si eso no me lo hubiera impedido, hubiera ido a verte.

¡Qué sé yo! La diferencia de opiniones políticas es tal vez la causa de ese enfriamiento. Yo soy partidario del rey Carlos, y tú casi republicano. Yo detesto los recuerdos de la Convención, mientras que tú los aprecias; yo estoy adherido de corazón a la dinastía caída, y tú la desprecias, tal vez incluso la maldices. Yo honro al clero, y tú lo miras como la fuente de todos nuestros males. El gobierno actual y sus medidas son para mí tiránicas y para ti liberales. ¿Quién sabe si en una guerra civil no nos encontraríamos en bandos opuestos, si tú no te sentarías en un consejo de guerra que me condenara a muerte? ¡Pensamientos desgarradores, ideas que me matan! Y, sin embargo, los dos amamos a nuestro país, ambos tomaríamos las armas contra el extranjero, ambos hemos vivido los mismos estudios, en las mismas creencias; hemos tenido conversaciones tan deliciosas, hemos sido amigos, ¡y aún hoy siento por ti tanto afecto!

Pero tú, tal vez, hayas encontrado a algún otro que simpatiza mejor contigo, que piensa como tú, que siente como tú, que comparte las mismas opiniones, las mismas emociones, las mismas ideas. En ese caso, estoy muy lejos de hacerte ningún reproche, pues tú debes ser feliz; conserva esa dicha.

¡Qué desafortunado es el joven que no tiene amigos! Porque un joven tiene que sostener tantos combates, ¿y qué será de él si no encuentra un apoyo? Su corazón está a veces tan triste, ¿[qué] será de él si no sabe dónde reposar su corazón?

Esa es mi situación. Perdona, mi querido amigo, si el malestar de mi alma me lleva, tal vez, demasiado lejos en mis tristes conjeturas. Sea como sea, la amistad no se extingue en mí de un día para otro, está en mi corazón como el fuego sagrado en el santuario. Allí la encontrarás siempre presente, y cualesquiera que sean los sucesos que nos esperan, reunidos o separados, cercanos en nuestros sentimientos o de opiniones divididas, cuenta siempre con tu antiguo camarada.

A.-F. Ozanam.

No necesito rogarte que destruyas esta carta después de haberla leído, y que debe permanecer secreta entre nosotros dos. Por otro lado, como expresa mis opiniones, podría hacerme muy sospechoso en este tiempo de visitas a domicilio. Respóndeme lo antes posible.

Fuente: Archives Laporte (original). • Edición: LFO1, carta 27.

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