Federico Ozanam, Carta 0027: A Auguste Materne

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Federico OzanamLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Federico Ozanam · Traductor: Jaime Corera, C.M.. · Año publicación original: 2015 · Fuente: Federico Ozanam, Correspondencia. Tomo I: Cartas de juventud (1819-1840)..
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Actitud del nuevo gobierno hacia la religión. Ensayo de definición del suceso providencial.

Lyon, 29 de noviembre de 1830.

Mi querido amigo:

Cuánto me ha gustado y cuánto bien me ha hecho tu carta franca y conmovedora. Yo sabía muy bien que, si el entusiasmo te lleva a veces algo lejos, tu razón madura y sabia te moderará siempre; sabía que, lejos de ofenderte al expresarte mis sentimientos, no podría más que darte gusto y darte también una prueba de amistad, y tú me das otra prueba, no menos grande, por tu profesión sincera.

Me alegro, amigo mío, de que tu religión no se haya debilitado; me alegro de pensar que atravesaremos juntos este desierto de la vida para llegar a la tierra de promisión, que nos serviremos de apoyo el uno al otro, y que ni uno ni el otro sufriremos una caída grave a lo largo de la ruta.

Sí, amigo mío, la religión convive con la libertad. Mira a los suizos, a los polacos, a los suramericanos. La religión y la joven Francia deberían acercarse, reunirse, pero desgraciadamente veo que se separan, se rechazan todos los días por una malquerencia recíproca. Por un lado, palabras y acciones peligrosas, sospechosas para el clero; por el lado de la autoridad, rechazo del catolicismo como religión del estado, injurias publicadas en contra de la religión sin ninguna represión por parte del gobierno, supresión del tratamiento a los cardenales en contra de lo estipulado en el concordato, derribo escandaloso de las cruces de misión, denominación extraordinariamente áspera del señor Pons de l’Hérault; todo eso contribuye a aumentar el descontento mutuo. En lugar de entrar en el camino de la conciliación y de hacerse concesiones recíprocas, riñen, se ofenden, se hostigan; se diría que son enemigos, y ¿cuál es la causa de eso?: el prejuicio común de que la religión católica es la hermana del despotismo, la enemiga de la libertad.

Acepto totalmente tus ideas providencialistas, pero hago una distinción. Yo veo como legítimo todo lo que es providencial, y providencial todo lo que es durable. Y, por eso, veo como providencial el 89 porque aún dura, porque su acción continúa. Pero veo como puramente humano el 93, que no duró más que un año. Veo como providencial y legítimo el reino de Napoleón, y como humano e ilegítimo su gobierno de los cien días. Es esa la razón, también, por la que hoy, cuando toda la gente joven proclama la gloriosa revolución, yo intento hacerme viejo y miro, espero, observo. Dentro de diez años te diré lo que tiene de legítimo y de ilegítimo, de providencial y de humano. Y además, si permanezco fiel a la familia caída, a la bandera blanca de la flor de lis, es, lo admito, porque soy viejo, porque he vivido mucho en el pasado, no veo claro en el futuro, me atengo a los recuerdos de la vieja Francia, y con dolor y respeto saludo la oriflama que se despide de ella. Para otra vez una profesión de fe política más detallada; solamente te digo que creo personalmente que Felipe es mucho más hábil que Carlos; le creo incluso bueno, pero me da miedo su hijo, etc…

Mi querido amigo, al darte un pequeño testimonio de amistad en víspera de tu ida a París, lejos de mí la idea de producirte la más leve molestia; yo sé qué es eso de las finanzas escasas, non ignara mali[1]. Y además, los regalos no son intercambios, todo su mérito está en la sorpresa; bien sabes que no me agradaría nada que cayeras en bancarrota; recibe, pues, mi pequeño Lamartine como un pequeño presente del corazón que no espera más recompensa que la del corazón, y que me veré muy contento si quieres pensar en mí cuando lo abras, en tus momentos de meditación poética.

Tu amigo,

Ozanam.

Fuente: Archives Laporte (original). • Edición: LFO1, carta 23.

[1]*    «Que no desconoce el infortunio». De Virgilio, Eneida, I, 630.

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