Federico Ozanam, Carta 0022: A Auguste Materne

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Federico OzanamLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Federico Ozanam · Traductor: Jaime Corera, C.M.. · Año publicación original: 2015 · Fuente: Federico Ozanam, Correspondencia. Tomo I: Cartas de juventud (1819-1840)..
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Amistad fortalecida por la semejanza de caracteres. Lucha contra los mismos defectos.

[Lyon, junio de 1830].

Mi querido amigo,

He aquí nuestra amistad cimentada, decidida; nuestras confesiones mutuas son la garantía segura de ello. Tú empiezas a ser feliz y yo, amigo mío, también. Siento llenarse mi corazón; experimento un sentimiento sereno y suave, un sentimiento de paz que no se manifiesta hacia afuera por medio de expresiones vivaces. Porque tienes que conocerme muy a fondo; a veces puedo parecer frío, mis sentimientos están a menudo encerrados en mí mismo, tengo una especie de respeto humano o de timidez que me impide dejarlos explotar delante de otras personas. No te alarmes entonces si, a veces, puedo tener contigo un aire reservado en casa o en la calle: será durante nuestros paseos, nuestros deliciosos paseos solitarios, sobre todo entonces será cuando mi corazón derrame en el tuyo sus penas y sus alegrías, y reciba de estos dulces consuelos una efusión de gozo, una sobreabundancia de gozo inexpresable. ¡Oh, qué feliz y bella va a ser la vida que vamos a vivir! Tienes toda la razón al decir que fuimos hechos el uno para el otro. Ambos deseamos esta amistad y ambos no nos atrevíamos. Ambos queríamos una mutua confianza y temíamos tenerla, mas somos felices por haberla hecho. Ambos tenemos parientes que llorar. Ambos nos dejamos, a veces, llevar por la tristeza. Ambos queríamos ser piadosos; ambos pasamos la prueba de las mismas tentaciones, las mismas sequedades, hasta en la santa comunión. Todo lo que me dijiste en tu última carta respecto a tus rarezas, tus brotes de piedad, tus ataques o tus elogios en materia de religión, tus sequedades en la confesión[1] y en la Santa Mesa, respecto a tus pensamientos voluptuosos, todo eso es también mi historia, mi fiel historia. Como tú soy, a la vez, malicioso, controlador o panegirista del clero y de la religión, según me encuentre con personas que profesan opiniones opuestas. Como para ti, de ello resulta para mí satisfacción o remordimiento. Como a ti, pensamientos voluptuosos me asedian sin cesar, mas no tengo, como tú, la fuerza para evitar las ocasiones de tenerlos. No sé poner una guardia a mis ojos y me paro a menudo a mirar grabados o personas que no habría que mirar. No sé tampoco privarme de leer comedias, etc., que tendría que prohibirme, que incluso se me han prohibido, pero me doy buenas razones para hacerlo, o mejor dicho razones aparentes. Me esfuerzo en engañarme a mí mismo; en general, esta flaqueza es muy grande en mí y se extiende a todo.

Tengo, además, el defecto de algo de celos, cuando se elogia a alguien delante de mí con mucha ostentación. No tengo tampoco que ocultarte que los he tenido respecto a ti, que incluso me ocurrió rebajar los elogios que se me hacían de ti, amigo mío. Mucho le cuesta a mi corazón declararte esto, pero se lo debía a tu amistad.

Añade a eso que, a veces, hablo de manera poco caritativa de los demás, por ejemplo, riéndome de este pobre señor Idt, sacrificando a veces la verdad al respeto humano, hablando o pensando un poco temerariamente sobre personas o cosas religiosas que no me incumben. Ahora conoces todo, salvo, como te dije, las particularidades diarias, conoces el fondo de mi corazón y de mi carácter, mis necesidades, mis sufrimientos. Espero en ti, espero en tus consejos, espero en el porvenir que se abre delante de mí. Tengo también que decirte que, a veces, mis pensamientos voluptuosos dieron lugar a acciones tal vez inocentes en sí mismas, enteramente pueriles, pero su motivo era vergonzoso y, en fin, no puedo impedirme tener piedad de mí mismo al pensar en ellas.

Ozanam.

Fuente: Archives Laporte (original). • Edición: LFO1, carta 18.

[1]      «Si hay alguna contrición, se debe más a razón que a sentimiento» [nota del propio Ozanam].

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