El gozo de la amistad. Juicio sobre los profesores del colegio de Lyon. Proyectos filosóficos.
Lyon, 22 de enero de 1830.
Sí, mi querido Fortoul, mi país ante todo, pero después de mi país, mis padres y mis amigos. ¡Mis amigos! ¡Cuánto bien hace al alma poder pronunciar esa palabra! ¡Y qué dulce es sentir, que también en París los hay que te llaman amigo, que te tienden los brazos! No sé qué clase de magnetismo hay entre los amigos de París y los de Lyon, que atrae a Materne y a Ozanam hacia Huchard y Fortoul. Sobre todo, vuestras cartas tienen para eso un encanto invencible, y Materne y yo, después de la lectura de vuestras cartas, nos quedamos mirándonos mucho tiempo el uno al otro, sin atrevernos a confesar que nos gustaría dejar todo para estar en París a vuestro lado.
Y, ante todo, cuando recibimos una carta vuestra nos reunimos tres o cuatro amigos alrededor de la chimenea, para hacer con ella una lectura pública; luego nos la pasamos del uno al otro para releerla cada uno por su cuenta. Es una verdadera fiesta. Espero, pues, que una correspondencia comenzada con tan felices auspicios continuará sin interrumpirse, hasta cuando estemos todos reunidos en esa vasta capital que es el centro de toda Francia.
Me gusta imaginarme a vosotros dos alrededor de la chimenea, filosofando como Cicerón y Hortensio1 y elaborando pasajes mejor que ninguno de los siete sabios. Me gusta, sobre todo, saber que habláis de nosotros con frecuencia. Preferiría saber que decís algo malo algunas veces sobre nosotros, antes que pensar que nos olvidáis totalmente. Creo que pensaréis también algunas veces en el bueno del abate Noirot, a quien verle es siempre para nosotros un favor y que quiere seguir dándonos sus atenciones y sus consejos. Yo lo encuentro mucho mejor, pero no le aconsejaría, sin embargo, volver a dar su curso este año.
El señor Nouseilles es al abate Noirot [como] el señor Royer-Collard es a Cousin, [como] el estudio exclusivo de los hechos y de algunas de sus leyes es al estudio arrebatador de las causas y de las leyes generales, [como] la flema imperturbable es al entusiasmo. La escuela escocesa en relación al platonismo es como el espigador que sigue al segador, como la prosa sensata y, con frecuencia, tímida es a la poesía sublime. Se pueden con todo extraer muchas cosas buenas de esa enseñanza, porque el espigador recoge con frecuencia buenas y bellas espigas que ha olvidado el segador. El señor Nouseilles ha adoptado el método algo insípido de hacer aprender de memoria a sus alumnos las lecciones de Laromiguière (de lo que yo me libro) y comentarlas, profundizándolas. Porque todo está en todo. A pesar de eso, yo no encontraría jamás en Laromiguière la elevación, el éxtasis, el arrebato intelectual que sentía escuchando al abate Noirot.
El señor Foyer es para nosotros un verdadero padre de familia, cuyas conversaciones son instructivas y agradables. Discutimos con él, ponemos objeciones, razonamos. No hemos visto aún más que el magnetismo, sus fenómenos electrodinámicos y una parte de la óptica. El gabinete de física está muy bien montado este año.
El alemán es una lengua hermosa y el señor Dürr un buen maestro. La lengua alemana es madre, primitiva; sus relaciones con la lengua griega primitiva proporciona por ello muy curiosos hechos históricos. La dificultad del comienzo de este estudio es ampliamente compensada por el placer que se encuentra en él. Y podrás hacerte una idea de cuán pequeña es esa dificultad si yo, animal con orejas largas, en dos meses he podido aprender lo suficiente para dominar doscientas o trescientas palabras, escribir muchos temas, traducir fácilmente las fábulas de Lessing2 e incluso poner en versos franceses uno o dos romances, tan frescos en el original como insulsos en la traducción. Si yo he hecho eso, imagínate lo que puede hacer Materne, pues también él está aprendiendo alemán, también él asiste a filosofía, a física; y desafío a Orestes y a Pílades3, y a todos los amigos famosos que citan nuestros viejos clásicos a que digan si jamás se quisieron tan tiernamente. Sí, la amistad es una necesidad, y ella lleva su recompensa en sí misma.
He leído, en la carta que me ha prestado Materne, que también tú estás pensando en aprender alemán. ¡Qué placer será leer juntos a Goethe y Schiller, y reírnos a cuenta de l’Art poétique de Boileau!
El señor Rabanis está en guerra abierta con el señor Idt sin haberse enemistado con él por ninguna razón. Predica el romanticismo hasta desde los tejados, y, sin embargo, ha merecido un puesto en la aduana: quiero decir que se ha hecho nombrar miembro de la Académie de Lyon, y que se sienta con toda gravedad en un sillón, ¡el hombre de las bromas continuas, el enemigo eterno de las pelucas!
¡Filosofía! has escrito en la carta que me has enviado, y yo también exclamo: ¡Filosofía! Sí, mi querido amigo, es para mí la fuente de los placeres más agradables, y aunque me acusaras de orgullo, te diré que miro con una especie de lástima a los que van a buscar el placer en el tumulto del mundo, mientras que se encuentra en el fondo del corazón, en el yo pensante. ¡Cristianismo y filosofía! Jamás he visto ni sentido nada que se pudiera asociar tan bien para la felicidad del hombre.
Por lo demás, esa es mi divisa. Me gustaría intentar hacer que todo entre en ese marco inmenso cuyo título sería Filosofía. Hoc opus, hic labor4.
Pues me preguntas cuáles son mis proyectos filosóficos, te voy a informar sobre ellos con tanta mayor facilidad cuanto que yo proyecto mucho más de lo que llevo a cabo.
Para comenzar, el señor Noirot quiere que me dedique a leer, y a leer mucho. He tenido que comenzar por la Physiologie de Richerand5 y luego he pasado a Bacon, a quien ahora estoy analizando, no sin dificultad. Pasaré luego a Locke, Bonnet, Condillac, después de lo cual me dará permiso para analizar a Platón, Descartes, Leibnitz.
Estoy intentando, a la vez, redactar mis opiniones filosóficas en un cuaderno que me servirá luego como memorándum y como guía. Pues mi intención es dedicarme sin cesar a esa madre de las ciencias, a ese centro común al que van a reunirse todos los conocimientos humanos. Quiero intentar darte el plan que me he formado sobre ella.
Entiendo por filosofía la ciencia del espíritu humano. Ahora bien, me parece que el objeto de nuestro espíritu es continuamente un triple fin: lo verdadero, lo bueno, lo bello. A ese triple objeto corresponde un orden triple de facultades: el entendimiento, la voluntad, el gusto. Estudiar esas facultades en sus resultados, sus operaciones, sus leyes, es el objeto de la filosofía considerada como ciencia. Considerada como arte, su fin es dar a las facultades reglas para conducir al hombre a la verdad, al bien y la belleza, es decir, a la felicidad, porque, según mi pensar, el disfrute del bien de lo verdadero, lo bueno y lo bello por excelencia (es decir, Dios) constituye la felicidad suprema. Así hay que ver la literatura como una consecuencia de la filosofía, y no un arte de imitación. No es eso todo. La filosofía, profundizando todo, debe penetrar hasta la sustancia del alma y elevarse hasta su causa, que es Dios. < Aquí tienes un pequeño cuadro condensado que te dirá todo lo que encierra esta palabrería.
| Fin del hombre Felicidad |
Filosofía | |
| Verdad
Bien Belleza |
Ciencia
Estudio del entendimiento |
Arte
Lógica |
| Sustancia
Causa |
↓
Estudio del alma en sí misma |
|
Si tengo inclinación a la abogacía es, en gran parte, porque encuentro relaciones fuertes entre el estudio del Derecho y el de la Moral, y porque la profesión de abogado me parece armonizar perfectamente con la literatura y la filosofía.
Una cosa me crea problemas en mi plan: me parece que la teodicea es uno de los datos necesarios para la moral y yo la he colocado detrás.
Pero, además de que tú sabes muy bien que todas las clasificaciones son defectuosas, me parece que antes que comenzar la moral religiosa se podrían poner, como un preludio corto, algunas nociones de teodicea, que luego habrá que profundizar. > Puedes ver, mi querido Fortoul, que te abro del todo mi alma. Ábreme también la tuya y, sobre todo, dame tus consejos, aclara mis dudas, pues por esa razón te descubro todas mis ideas. ¡Feliz el joven estudiante que tiene un tal camarada, un camarada tan instruido, tan capaz de instruir él mismo! Más feliz todavía si sé aprovecharme de ello. Estoy dispuesto a aprovechar lo que me has dado en tu última carta, en cuanto pueda procurarme las lecciones de Cousin. Actuemos como amigos y no nos ocultemos nada. Hazme participar en tu erudición, en tus descubrimientos, envíame, por favor, algunas de tus poesías, si es que sigues escribiéndolas; yo también podría comunicarte algunas veces algunos de mis pequeños versos para aprovecharme de tus consejos. Adiós, siempre seré tu buen camarada y amigo,
A.-F. Ozanam
< Berthet vive en rue de l’Arbre-Sec nº 34, residencia del señor Astier, dueño de la pensión; el susodicho Berthet va a escribirte pronto, por lo que me ha dicho.
El señor Louet ha recibido tu escrito la víspera del día en que apareció l’Abeille, y lo va a publicar en el número próximo. Me pide que le excuses porque no te ha respondido aún; ha perdido hace poco a su suegro y en esos momentos es difícil ocuparse de los asuntos y de la correspondencia.
Por favor, comunica a Huchard la líneas que adjunto aquí para él:
Buenos días, señor Huchard, κῶς ‘έχεις;6 tu carta me ha gustado muchísimo; me reservo el responderte largo y tendido dentro de algún tiempo. El invierno ya ha pasado aquí y espero que seas menos casero. Dime algo de tus cursos y de tus ocios pues, como bien lo sé, tú eres un buen filósofo, y, como dice Epicteto7, tú te comportas con relación al placer como en relación a unas viandas que se pasan alrededor de la mesa y de las que el sabio toma una parte, sin buscarlas demasiado y sin hacer esfuerzos para procurárselas. Ánimo, pues, Solvitur acris hiems… nunc pede libero saltandum8. Háblame de tus trabajos, de tus ocupaciones, etc.
Tu amigo y mío (maestro Cuirard) tiene buena salud; incluso antes de recibir tu carta le había prestado algunos libros de filosofía. Me parece que se ocupa de demasiadas cosas a la vez. Recomiéndale, sobre todo, que escriba menos versos. Pierde en ello mucho tiempo. No le digas eso como que procede de mí. Por lo demás, es un gran muchacho, que recibe bien los avisos, gran trabajador. Balloffet, dimidium mei9, te abraza, y los dos juntos bebemos a tu salud. No olvides, sobre todo, a tu amigo in æternum,
A.-F. Ozanam,
estudiante de Filosofía. >
Muchos recuerdos a nuestros amigos de París.
Dirección: Al señor H. Fortoul, estudiante de Derecho, rue des Maçons-Sorbonne10, Hôtel Sainte-Anne nº 24, París. • Fuentes: Archives nationales, 246 AP 4, nº 9 (original). — Archives Société de Saint Vincent de Paul (fotocopia). — Archives Laporte (copia). • Ediciones: LFO5, carta 1337 (9 bis). — Disquisitio, p. 78-79, a excepción de los pasajes entre < >.
- Esos dos grandes abogados romanos estaban unidos por una íntima amistad.
- Lessing, Gotthold Ephraim. Fabeln. Drey Bücher. Nebst Abhandlungen mit dieser Dichtungsart verwandten Inhalts. Berlín: 1759, in-8º.
- Orestes y Pílades son, en la mitología griega, ejemplo de amistad fraterna.
- «Este es el trabajo, esta la tarea». De Virgilio, Eneida, VI, 129. Expresión utilizada para señalar dónde se encuentra la dificultad de algo.
- Richerand, Balthasar-Anthelme. Nouveaux éléments de physiologie (Nuevos elementos de fisiología). París: Crapart, Creille et Ravier, año X [1802], 2 vol. in-8º.
- «¿Cómo estás?».
- Epicteto (55–135), filósofo estoico griego. No dejó obra escrita; sus enseñanzas se conservan en un Enchiridion (Manual) y en unos Discursos editados por su discípulo Flavio Arriano. Federico Ozanam menciona un texto del Enchiridion: «Recuerda que, en la vida, debes comportarte como en un banquete. ¿Te ofrecen algo? Extiende tu mano y toma tu parte con moderación. ¿Ha pasado de largo? No lo detengas. ¿Aun no ha sido ofrecido? No extiendas tu deseo hacia ello; espera que llegue a ti. Haz esto en relación con hijos, esposa, cargos públicos, riquezas, y llegarás a ser un digno participante del banquete de los dioses. Pero si ni siquiera tomas las cosas que otros ponen ante ti y puedes rechazarlas, no solo serás un participante del banquete de los dioses sino también de su Imperio. Porque precisamente por hacer esto es por lo que Diógenes y Heráclito fueron, con justicia, llamados divinos.»
- «Se desvanece el áspero invierno, ahora toca danzar con pies sueltos». Estos versos de Horacio (Odas I, 4, 1 y 37, 1-2) evocan la alegría producida por la llegada de la primavera. La segunda parte no corresponde exactamente («nunc pede libero pulsanda tellus» es lo que dice la obra de Horacio), lo que hace pensar que Ozanam citaba de memoria.
- «Mi otra mitad».
- Actualmente la calle Cujas.







