No sólo era bueno, sino que hacía buenos a cuantos con él trataban: rezumaba bondad, ejemplaridad comunicativa.
Y no hizo milagros, si no fue el de su vida.
Pocas líneas, pero suficientes para canonizar a un santo.
Sí, señor; el Hermano Páramo era uno de esos Hermanos- Perlas, que decía San Vicente.
Y Dios se lo llevó convertido en rubí, para engastarlo en su corona de Majestad.
¡Ay, Madrid, Madrid, cuánta sangre de Paúles ha chupado tu arena! Porque también en Madrid fue fusilado el Hermano Páramo.
Como era natural, pues eran primos carnales, llevóselo consigo el Hermano Del Río a casa de su hermano carnal, D. Cecilio, Presbítero.
Cuando al ordenarles los milicianos de caza que entraran en el coche del «paseo» fatídico, uno de los cuatro detenidos en aquella casa—los tres dichos y un tal D. Hipólito, seglar—, dicen testigos que se resistió a entrar, y a empellones lo metieron, a buen seguro que no sería el Hermano Páramo, sino que, pacífico en, suma como era, bien se dejaría conducir al suplicio con mansedumbre corderil.
Habiendo sido visto su cadáver junto al del Hermano Del Río en el Depósito Judicial—calle de Santa Isabel—harto extraño es que ni fotografía ni ficha obre en el fichero de la Dirección General de Seguridad; lo cierto es que ojos escrutadores no lo han divisado. Hay tantos desconocidos o no identificados, por desfigurados… El tiro de gracia, que destroza el cráneo, es el tiro de la final desgracia, pues imposibilita en muchos casos la identificación anhelada.
A no dudarlo, el cadáver del Hermano Páramo está en el cementerio de la Almudena (Este); pero, ¿dónde?, ¿en qué fosa?
El Hermano Estanislao Páramo Marcos, hijo de Isidoro y Lucía, había nacido en Pedrosa del Río Urbel (Burgos), el 7 de mayo de 1885. Ingresó en la Congregación el 21 de octubre de 1911. Hizo los Votos el 15 de marzo de 1914.
Dejó raros ejemplos de santidad en Villafranca del Bierzo, adonde llegó el 21 de enero de 1915; en Limpias, del 28 de marzo de 1921 al 16 de septiembre de 1930; en Murguía, desde este día y año al 10 de noviembre de 1932; en Alcorisa, desde esta última fecha al 30 de julio de 1933, en que volvió a Madrid.
Todos los lugares de destino del Hermano Páramo fueron Colegios de Segunda Enseñanza. Con lo que dicho queda que no le faltarían ocasiones de ejercitarse en la paciencia.
De haber vivido en la Edad Media, hubiera sido el Hermano Páramo un leguito de aquéllos que se prestaban para iluminar y mejor para ser iluminados en los pergaminos de un códice.
Al escribir estas líneas, se nos ocurre recomendarle e6mo santo de devoción para cualquier remedio. Como le creemos muy exaltado en el Cielo, por lo mismo que fue muy humilde, y le juzgamos santo o casi santo, aun sin el martirio, y santo bonachón, abrigamos la seguridad de que no ha de negarse a pedir a su Divina Majestad, con mansedumbre machacona cuanto desde acá abajo se le encomiende, que, por otra parte, sólo por el hecho de que a él se lo encarguen, todo lo ha de estimar necesario y justo, pues nunca se metió en averiguaciones de si los demás tenían razón o no en cuanto decían y hacían o dejaban de hacer o decir.
A probar fortuna; que, por lo demás, no hay que temer que Dios se niegue a glorificar a estos siervos suyos, como ha glorificado a los de otros tiempos y países.







