Pasa cuando te dejan entrar en sus vidas. No quiero decir cuando te permiten darles algo, sino cuando te dejan entrar en sus vidas como un ser humano. Recuerdo mi primera visita a los proyectos en Bedford-Stuyvesant, en Brooklyn, hace 21 años. Estaba realmente asustado, pero no dije nada porque iba con una Hija de la Caridad que no parecía asustada, así que yo no quería estarlo tampoco.
Pasamos a través de una multitud de hombres jóvenes que estaban en la puerta (yo les miré, la Hermana les saludó); llegamos al ascensor, y me di cuenta de que no había sitio donde resguardarnos si ese grupo decidiera venir contra nosotros. Subimos en el ascensor de acero, que tenía cierto olor a orina, hacia un piso alto; salimos y caminamos por el pasillo turquesa hacia el apartamento de Nelly. No recuerdo el nombre de su madre, sólo el de Nelly, de 7 años de edad. Tanto Nelly como su madre habían sido violadas un año antes. Su madre estaba tan traumatizada que ya no salía del apartamento, por lo que Nelly, de 7 años de edad, diariamente recogía los alimentos en el camino de la escuela a casa.
La hermana Chris era maravillosa con ambas, y se mostraron muy felices de verla. Pillé a Nelly echando un vistazo detrás del sofá de vez en cuando, y conseguí hacerla sonreír. Cuando nos fuimos, Nelly me trajo un pequeño dibujo de la escuela, escribió su nombre en la parte posterior del mismo, y me dijo que quería que lo conservase. La madre de Nelly comenzó a llorar, y me dijo que yo era el primer hombre al que Nelly había hablado desde la violación. Estaba tan abrumado que no sabía qué hacer con ese voto de confianza y el amor de la niña.
Aprendí mucho ese día. Aprendí sobre mi miedo. Aprendí sobre el miedo de los pobres. Aprendí lo poco que se necesita para tocar el corazón de otra persona. Y, por encima de todo, aprendí que todas las grandes diferencias entre esta madre y la niña traumatizada, y yo, pueden desaparecer en la amistad humana. La gran división se puede cruzar. Todavía tengo el dibujo de Nelly. Está enmarcado junto a la imagen de san Vicente De Paúl. De alguna manera conecto ese momento a mi propio camino de convertirme en un vicenciano. Nelly y su madre fueron dos de las muchas personas pobres que me acogieron en sus vidas, y al hacerlo, me hicieron un vicenciano.








One Comment on “Es el pobre quien te hace vicenciano”
por fav or donde puedo encontrar la letra de la canción Manifiesta tu santidad en mí y las otras