Enviados «Ad Gentes»

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Año publicación original: 1981 · Fuente: CEME.
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mision_ad_gentes«Sabed que vamos a dedi­carnos a los paganos. Así ­nos lo ha mandado el Señor: Yo te haré luz de las naciones, para que lleves la salvación hasta el extremo ­de la tierra». (Hch 13,47).

«Entre las obras de apostolado de la Congregación ocupan un lugar destacado las Misiones «ad gentes» o a pueblos que se hallan en parecido estado de evangelización. Al construir la nueva comunidad eclesial los misioneros están cuidadosamente atentos a las semillas del Verbo» que se encuentran en la cultura y la religiosidad de cada pueblo (cf.EN 53)». (C 16).

Los Misioneros de la Congregación se comprometen, en virtud de su vocación, no sólo a renovar la vida cris­tiana de los pueblos que ya gozan de fe, sino a poder ser enviados a otras naciones, donde Jesucristo todavía no es conocido. Una misma vocación nos empuja a di­latar el Reino de Dios por todos los países, cristianos o no cristianos. Desde los orígenes mismos de la Con­gregación hasta hoy no han faltado entre nosotros Mi­sioneros de temple evangélico que se han desparramado por todos los continentes, hasta derramar su sangre, llevando el mensaje de salvación.

1. «Nuestra vocación es: evangelizare pauperibus».

La tarea de la evangelización no terminará nunca para la Iglesia ni para la Congregación. Aparte de ser la evangelización la señal más clara de que la Congre­gación responde a su vocación, es, además, la mayor gra­cia que puede recibir y fuente abundante de nuevas vocaciones misioneras. Frente a posibles objeciones que pudieran ponerle, San Vicente anima a todos los Misioneros a ir a países lejanos:

«Habrá algunos que dirán que es demasiado ambi­cioso enviar Misioneros a países lejanos, a las Indias, a Berbería. Pero, Dios y Señor mío, ¿no enviaste Tú a Santo Tomás a las Indias y a los demás apóstoles por toda la tierra? ¿No quisiste que se encargaran del cui­dado y dirección de todos los pueblos en general y de muchas personas y familias en particular? No importa; nuestra vocación es: evangelizare puaperibus, evangeli­zar a los pobres». (XI 395).

2. «Juzgamos felices a los misioneros que han muerto por la fundación de una nueva Iglesia».

Nuestro amor a las misiones «ad gentes» podría ago­tarse en una simple admiración hacia aquellos que lo dejaron todo: pueblo, familia, comodidades, y obede­cieron la voz del Señor: «Id por todo el mundo». De poco serviría esto si no fuera acompañado de un com­promiso real:

«¿Sabéis qué es lo que pienso cuando oigo hablar de esas necesidades tan lejanas de las misiones extran­jeras? Todos hemos oído hablar y sentimos cierto deseo de ir allá; juzgamos felices a los Misioneros que han muerto como hombres apostólicos por la fundación de una nueva Iglesia. Y, efectivamente, son felices porque han salvado sus almas al entregarlas por la fe y por la caridad cristiana. Todo esto es muy hermoso, muy san­to; todos alaban su celo y su entusiasmo; y ahí se que­da todo. Pero si tuviésemos esa indiferencia, si no nos apegásemos a esa tontería y estuviésemos dispuestos a a todo, ¿quién no se ofrecería para ir a Madagascar…, o a cualquier otro sitio, donde Dios desea que le sirva la Compañía? Si no lo hacemos así, es porque estamos apegados a alguna cosa». (X 536).

3. «Las religiones no cristianas están llenas de innumerables ‘semillas del Verbo’».

La Congregación hoy, como la Iglesia toda, mantie­ne vivo el empuje misionero y desea intensificarlo. La Constitución 16 recuerda a todos los Misioneros envia­rlos «ad gentes» el respeto y estima por las culturas y religiones no cristianas:

«Poseen, en efecto, un impresionante patrimonio de textos profundamente religiosos; han enseñado a gene­raciones de personas a orar. Todas están llenas de innu­merables semillas del Verbo y constituyen una auténti­ca preparación evangélica… No obstante, ni el respeto ni la estima hacia estas religiones ni la complejidad de las cuestiones planteadas implica para la Iglesia una invitación a silenciar ante los no cristianos el anuncio de Jesucristo. Al contrario, la Iglesia piensa que estas multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del mis­terio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la ver­dad… La Iglesia se siente responsable ante todos los pueblos. No descansará hasta que no haya puesto de su parte todo lo necesario para proclamar la Buena Nueva cle Jesús Salvador». (EN 53).

  • ¿Qué resonancia encuentra en mí el mandato del Señor: «Id por todo el mundo y predicad la Buena Nueva»?
  • ¿Me intereso prácticamente por la extensión del Reino de Dios? ¿A qué limito mi ayuda a la Iglesia misionera?
  • ¿Respeto y estimo las culturas y religiones no cristianas, sin menoscabo del anuncio de Jesu­cristo?

Oración:

«Dios y Señor nuestro, que por tu amor hacia los hom­bres has querido que los Misioneros anunciaran a los gen­tiles la riqueza insondable que es Cristo, concedemos, por su intercesión, crecer en el conocimiento de tu misterio y vivir siempre según el Evangelio, dando fruto abundante de buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo». (Lho, oración por un misionero).

 

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