Entrevista (imaginaria) a Pier Giorgio

Francisco Javier Fernández ChentoPier Giorgio FrassatiLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido .
Tiempo de lectura estimado:

Verano 1921. En un domingo agradable de septiembre, fuimos al encuentro de uno de los protagonistas de la crónica de estos días. De vuelta de Roma, donde ha participado del Congreso de la Juventud Católica, disfruta con su familia algunos días de descanso, antes de emprender viaja a Alemania para encontrarse con su padre Alfredo, embajador italiano en Berlín.

Al tocar la campanilla, acude presurosamente un muchachito, casi quebrantado en algún modo la seriedad del ambiente. No espera ni siquiera una respuesta para confirmar quién es, abre la puerta y me introduce con gestos de un avezado mucamo: «la señora le ruega esperar, acomódese».

La villa de los Ametis es el orgullo de Pollone. La moderada elegancia de la construcción quita un poco de provincialismo al pequeño centro de la zona de Biella. Todavía aquello que asegura prestigio y aire «pueblerino» es la presencia de la familia Frassati.

Se vive cierta modestia, la misma que sentí profundamente cuando, en la luminosa sala, oigo la voz de Adelaide Ametis Frassati saludándome. Preocupada por las dificultades del viaje –alguna superposición de horarios en el ferrocarril y solamente eso- mandó que nos trajeran café.

«¿Cómo van las cosas en la capital? ¿La reina está todavía triste por la muerte de su padre?»: preguntas delicadas de aquellos que viven los acontecimientos con personal sensibilidad. Y después, también las relaciones entre Alemania y Polonia por el problema de la Silesia: una preocupación de madre que ve postergarse el viaje de su hijo a las minas, que se realizará entre los dos veranos.

La conversación cae inmediatamente sobre el motivo de mi visita. Un motivo profesional, un periodista que encuentra un «protagonista». Pero también un motivo personal, de un hombre que quiere descubrir alguna cosa «misteriosa» en una figura exuberante y al mismo tiempo profunda, contestatario a su modo de las tradiciones familiares y del convencionalismo social, atento a las delicadezas en la intimidad y a las preocupaciones por el bien común  de la sociedad. No quiero imaginar esa personalidad. Prefiero recoger las suaves palabras de su madre, sus recuerdos, sus apreciaciones, como para tener un fondo sobre el cual presentar en primer plano la imagen de Pier Giorgio.

«Siendo muy chico –recuerda la madre- mientras la hermanita dormía plácidamente, estaba en la ventana como un cuarto de hora» intuyendo quizás cosas infinitas. La bondad y la belleza del pequeño Dodo –sobrenombre con el cual todavía, de vez en cuando, llaman hoy a Pier Giorgio, que ya sobrepasó los veinte- son testimoniados no solamente por el natural orgullo materno, sino también de todos los parientes, de los conocidos, de todos aquellos que se encontraron con él ocasionalmente.

De vez en cuando algunos pleitos con su hermana, de un año menos, Luciana, «Tatanina«, que terminaban en promesas formales de «no pegarle más».

Mi mirada se detiene sobre varios bocetos, distribuidos con premeditado desorden en un rincón de la habitación. Es el arte de Adelaide Ametis, pintora, que imprime en los rostros de sus hijos pintados sobre la tela una sencilla y segura fortaleza.

El perfil robusto y delicado de Pier Giorgio es una constante que se descubre aunque sea otro el sujeto. Y por allí, sobre una pared, su retrato serio, en una postura estereotipada pero dispuesto, podríamos decir, a soltar el brazo para abrazar a quien lo mira.

Aparece una observación: el retrato no tiene un contorno, la imagen emerge de una mancha sin color. Como si quisiera decir, toda cosa que se le adjunte es superflua, no hay necesidad de delinear el perfil de un paisaje o de las cosas queridas por él. Su rostro se ofrece así, sin ninguna relación con el espacio o el tiempo precisos, como si eso fuera garantía de objetividad y permanencia.

Lo intuyo como una tácita invitación. Renuncio a continuar con la investigación preventiva, para encontrarme directamente con el personaje.

Robespierre!

Ninguna espera. Él mismo irrumpe en la conversación con su voz fuerte que atraviesa los muros: está de vuelta de la larga caminata de la mañana. El oxígeno que ha llenado sus pulmones, se transforma en buen humor, que contagia a los que lo rodean. La voz se hace más nítida y entra junto a un cuerpo más o menos robusto que se acerca a su madre. La presencia de un extraño hace mas lento, pero no detiene el abrazo cariñoso. «Esto es Pier Giorgio», dice gozosamente la señora Adelaide, comprendiendo no sólo la persona, sino también su «estilo».

Gritón y atropellado. Cuán apropiada la variante «fracasado», (fracassati) como lo llamaban los compañeros de la escuela. Soy presentado como «el periodista» venido de Roma. Una definición seria para el joven que se dispone a ser entrevistado. Existe el riesgo de sentirse «personaje», pero la modestia  y la simplicidad alegre de Pier Giorgio no lo permitirán. «Es un placer, Robespierre«, exclama estrechándome la mano. Y lo que podía ser una entrevista formal, se transforma inmediatamente en un diálogo amigable, mientras su madre se aleja.

Se habla de él, casi como un héroe. Su reacción por el ataque de la guardia real durante el desfile de la Juventud Católica en Roma, hace pocos días, ha enloquecido a todos.

Pier Giorgio (PG): «Debía defender la bandera de mi círculo universitario».

Entrevistador (E): Un colega de la redacción, que estuvo presente en el Palacio Altieri, detenido con otros arrestados, cuenta que Ud., en un cierto momento, afirmó ser el hijo del Senador Frassati, ¿por qué?

(PG): «Era un guardia que amenazaba con la bayoneta a un amigo activista de Cerdeña. He pronunciado el nombre de mi padre solamente para defenderlo».

(E): Y así los han dejado en libertad.

(PG): «Sí. Pero antes de irnos, nos pusimos a rezar allí, en las galerías, por nosotros y por todos los que nos habían golpeado.»

(E): Un gesto de arriesgado testimonio evangélico.

(PG): «Es Dios quien nos defiende y nos da fuerza».

(E): Además del congreso por el cincuentenario de la juventud católica, este año fue importante el vigésimo aniversario de la FUCI (Federación Universitaria Católica Italiana).

(PG): «He participado también en el congreso de Ravenna, a fines de agosto. Era representante de los estudiantes de Alemania y Polonia. He sostenido la idea de unificar la Juventud Católica con la FUCI, porque es necesario encontrar la unidad entre los trabajadores y los estudiantes. Lamentablemente, mi opinión no fue escuchada».

(E):¿No es de avanzada una idea de este género?. Hay quienes dicen que esa realidad no podrá ser realidad antes de 50 años.

(PG): «He estado en Alemania. En Berlín he encontrado círculos compuestos de trabajadores y universitarios. He podido conocer varios ambientes gracias al profesor Sonnenschein, simpático sacerdote que habla bastante bien el italiano y se ocupa también de los Italianos que residen en Berlín»..

(E):¿Volverá a Alemania?.

(PG): «Si. dentro de pocos días iré a Munich. Visitaré el museo Alemán, donde se encuentran todas las máquinas inventadas por el progreso del hombre».

(E): En la euforia de la descripción surge su personalidad de estudiante del politécnico.

(PG): «Sería conveniente visitar cada día una pequeña parte del museo y así se podría tener una pequeña idea de cada aparato y de esa manera estudiar en la práctica, más allá de la teoría, los problemas de la mecánica, de la física, de la química, de la geología, de la minería…..».

(E): Su entusiasmo es de aquel que entiende la técnica como un servicio al hombre y no algo ficticio. Una problemática que se entrelaza con su vocación de vida, con el ideal.

(PG): «Es mi deseo ayudar de todas maneras a mi gente y esto lo puedo hacer mejor como laico que de sacerdote. Como ingeniero minero puedo, dando un buen ejemplo, obrar de una manera muy eficaz».

Un himno al ser laico, al cristiano metido en el mundo al lado más débil. Una sutil incertidumbre se deja transparentar en el tono de voz de Pier Giorgio Frassati, que por unos segundos baja sus ojos. Al ritmo de la entrevista esos detalles se me escapan. Será más tarde la madre quien me los revelará, cuando me confesó que «él estaba convencido de haberse equivocado de camino, que su vocación lo inclinaría a ser más bien un misionero».

La fidelidad cotidiana.

(E): Antes de venir a Pollone traté de documentarme de su actividad: un elenco interminable…

Lo llamaban el estudiante «que corre siempre».

(PG): «Es verdad».

(E): El grupo del cual forma parte es conciente que la madurez de su preocupación social es fruto de una espiritualidad intensa. ¿Todo el tiempo dedicado para construir?.

(PG): «Por caridad. Cuántas cosas inútiles hacemos. En cambio ¡hay cosas tan necesarias por hacer!».

(E):¿Ocuparse de los problemas sociales en forma directa, por ejemplo?.

(PG): «Cuado sea anciano seré como el Cottolengo: ayudar a todos los pobres y niños que viven en necesidad».

(E): La atención de los necesitados lo lleva a criticar las experiencias vividas.

(PG): «Ciertas Conferencias Vicentinas las aboliría. Cuando hay hombres que, a pesar de estar llenos de celo cristiano, de frente a las dificultades se atemorizan, es mejor que la Conferencia no exista. No porque las personas obren de mala fe, sino porque ellas no se adaptan a los tiempos».

(E): Aparte de no usar el prestigio que deriva de ser hijo del senador, usted ha elegido en el campo económico la modestia. Sus amigos lo ven usar ropa descolorida. En tren usted viaja en tercera clase: ¿por qué?.

(PG): «Por que no hay cuarta», exclama con una carcajada que resuelve el problema, una respuesta que le haría conocer a la mano izquierda lo que hace la derecha.

El destino del dinero que el joven Frassati gasta o pide con insistencia a los familiares y amigos, habrá que buscarlas en las casas precarias, en las personas en desgracia de la ciudad, fruto de la naciente industria del automóvil o en los pobres lejanos.

Simplicidad también en sus diversiones.

(PG): «Una tarde he hecho una cola de dos horas para escuchar Aída en la tercera galería. Éramos un grupo de estudiantes, habíamos llevado comida y así el tiempo se nos pasó más rápido».

(E): La amistad, ¿Qué es la amistad para usted?.

Saca de bolsillo un boleto. «Es la dirección para una carta a un amigo» explica, mientras recuerda que de tanto en tanto le pasa por la mente la idea de construir un grupo de alegre y armónica compañía. Por ahora, tiene la dificultad de sus frecuentes traslados al exterior, que no le impiden remarcar la importancia de sentirse «socio» de una misma empresa, que es la vida. Lee: «Deben unirse hoy los amigos cristianos y firmar un acta con la finalidad de poder mantenerse hermanados en su permanencia terrena para que no se dispersen las energías que cada uno promete dedicar a las obras del Señor».

Es el principio del asociacionismo católico, expresado con profundidad y caridad.

Laico en la iglesia.

Pier Giorgio Frassati, un modelo que supera las ideas comunes acerca de los jóvenes cristianos, considerados en general incapaces de relaciones humanas adecuadas, extraños a las cosas de la vida, un poco «imbranati«.

(E): Muchos lo miran casi con asombro y cambian opiniones sobre los católicos. Pero no será jamás considerado como un «chupacirios».

(PG): «No, soy simplemente cristiano», responde con argucia.

(E): Es miembro de Pax Romana, un organismo que tiene por objeto acrecentar la amistad entre las naciones. ¿Qué piensa de estos años de presión, en los cuales la Paz está permanentemente amenazada?.

(PG): «En el mundo existe mucha maldad. Y existen muchos que sólo tienen el nombre de cristianos, pero no el espíritu: por consiguiente creo que la verdadera paz será necesaria esperarla un largo tiempo. Nuestra fe, nos enseña que siempre debemos conservar la esperanza de gozarla algún día».

(E):¿Y el trabajo en Pax Romana?

(PG): «Esperemos que no sea sólo un trabajo sobre los papeles. Si todos los pueblos tuvieran un espíritu interior, la paz romana llevará paz y justicia».

Cristiano en el mundo.

(E): Hablemos sobre el problema de la violencia. Soportado en los escuadrones, el fascismo está haciendo pie en Italia.

Le interesa profundizar la reflexión, expresando una clara toma de posición.

(PG): «Yo explico la violencia que en algunos países, lamentablemente, han ejercido los comunistas. Al menos ella estaba motivada por un gran ideal, el de elevar la clase trabajadora, por tantos años oprimida por gente sin conciencia. Pero los fascistas ¿qué ideal tienen? El vil dinero, pagado por los industriales y también, aunque no nos guste, vergonzosamente por nuestro gobierno; no obra sino bajo el impulso de la moneda y de la deshonestidad».

(E): Italia, la patria, ¿Qué es para usted?

(PG): «No puede ser monopolio de una tendencia antes que de otra, sino más bien objeto al cual se dignen nuestros esfuerzos comunes por mejorarla o defenderla. Y agrega: «Yo debo todavía servir a la patria».

(E):¿Habla del servicio militar?

(PG): «Si»

(E): Será un gran oficial.

(PG): «Ni soñando. Ni jefe. Quiero ser un simple soldado con mis alpinos».

Hacia las elevadas cumbres

Alpinos y montaña. La asociación de ideas introduce un tema que desencadena el entusiasmo de Pier Giorgio. Por eso he conservado el argumento de la montaña como último tema de la entrevista. Si lo hubiera intentado al principio -el regreso de la caminata era una tentación fuerte para comenzarla- no nos hubiera alcanzado el tiempo para otras cosas. Y por otro lado, no sé cómo comenzar este tema.

(PG): «Cada día que pasa me enamoro perdidamente de la montaña. Su belleza me atrae». Su hablar ya normalmente rico en gestos, se hace ahora mucho más expresivo.

(E): Se ve el fuego que le quema dentro. ¿También la atracción del riesgo?

(PG): «Cuando se va a la montaña, es necesario poner en limpio la propia conciencia, porque no se sabe nunca si se vuelve. A pesar de todo esto, no me asusto. Al contrario. Deseo siempre escalar los montes, alcanzar las puntas más difíciles, gustar aquella gloria pura no sólo se encuentra en la montaña».

(E):¿Cuál es su pensamiento sobre la muerte?

(PG): «Como uno no sabe cuando la muerte lo llamará, es prudente cada día prepararse para morir ese mismo día».

Parecería pesimista un pensamiento así. Pero descubro una gran serenidad en este veinteañero sabio y dinámico.

(E): Dicen que usted es desentonado.

(PG): «Lo importante es cantar»

(E):¿Tiene alguna vocación por el arte? Los vecinos lo escuchan declamar versos de obras teatrales; también lo encuentran recostado en un árbol leyendo a Dante en voz alta. ¿Es un refugio del mundo de aprendiz de ingeniero?.

Un momento de reflexión. Después, la respuesta, aparentemente retórica pero no, sentida. «Doy gracias a Dios por el deseo de conocer. De otra manera mi mente divagaría en cosas alegres y tristes al mismo tiempo y no sabría a dónde podría ir a terminar».

(E): ¿Algún desliz? ¿De vez en cuando entra en crisis? ¿Cómo la enfrenta Pier Giorgio Frassati?

(PG): «Pienso si en el momento de la crisis tuviese la desgracia de no creer, no serviría de nada vivir un instante más y solamente la muerte calmaría todo sufrimiento humano. Para quien cree, entonces, las dificultades de la vida no son objeto de abatimiento, sino que sirven de corrección y de esfuerzo enérgico para aferrarse a la vida, momentáneamente abandonada».

En la habitación se crea un ambiente cargado por estas reflexiones que manifiestan la naturaleza de quien vive intensamente la fe.

El silencio se interrumpe por la llegada de la madre. «¿Quiere quedarse con nosotros a almorzar? Nos daría un gran placer». La respuesta no podía más que ser afirmativa dada la gentileza de la invitación.

Una sensibilidad popular.

Aún algunos minutos cara a cara con el entrevistado. Una pregunta obligada:

(E): ¿Qué será mañana Pier Giorgio? A usted se le abren grandes espacios en la política. Su padre es senador del reino, conoce a muchas personas influyentes. Usted es apreciado en los ambientes eclesiásticos. Mucha gente le quiere bien y votaría por usted. ¿Cuáles son sus experiencias políticas?.

(PG): «En las elecciones administrativas de noviembre pasado, he ayudado con todos mis medios al bloque constitucional, del que forma parte el Partido Popular, que fue el vencedor. En diciembre me inscribí, después de haber participado de la «columna votante», aquella que pegaba carteles de noche».

(E): El director del «Eco de Biella» dice que usted, es un «popular» hasta la punta de los cabellos, Sin embargo tuvo que hacer esfuerzos para hacerse recibir en el partido.

(PG): «Existía el temor de que me alinease detrás de las ideas liberales de mi familia».

(E): Usted se coloca en una posición de avanzada.

(PG): «Es verdad. Adhiero a la idea progresista. He estado presente con el corazón en el convenio de la izquierda popular, de hace un año. El próximo octubre no podré estar en Turín para la elección en el Círculo «Cesare Balbo«, pero diré que voten por mi lista de izquierda».

(E): Tengo la sensación de encontrarme con alguien que tiene en mente grandes proyectos. Existen buenas probabilidades de que el partido de Don Sturzo llegue tarde o temprano a gobernar Italia. ¿Qué piensa?

(PG): «Dios nos ha dado esa mayoría y la debemos mantener. No para fines de lucro o de honor, sino para alcanzar una buena administración inspirada en valores cristianos».

Es casi un programa de un futuro ministro. Pero a la pregunta «¿Qué será mañana Pier Giorgio Frassati?» el interrogado no da respuesta.

Sería de todos modos prematura. Por ahora, pone su carisma de líder con los amigos, en las asociaciones. Y también en la familia, como lo confirma más tarde la madre. «En casa Pier Giorgio es tratado como un muchacho, pero inconscientemente todos sienten, sin darse cuenta, su superioridad moral y en las decisiones se apela a él, el «hombre justo» como lo define el abuelo».

Está justo para fantasear. La historia o el designio inescrutable de Dios podría descontradecir toda previsión.

Mejor, tal vez, dejar reposar su persona y su capacidad, para no consumirla rápidamente. En este sentido va la reflexión en voz alta de Pier Giorgio:

(PG): «Tengo necesidad de la tranquilidad de la campiña, para poder apartarme de la atmósfera que rodea la ciudad. Sobre mi cabeza vuelan tantos pensamientos, que no me dejan jamás concentrarme».

¿Una respuesta como para suspender la fatiga de la entrevista? Ninguna dificultad da recibirla, aún con el cansancio del que toma nota. Desde afuera, el jardinero grita llamando a Pier Giorgio para que vea el desarrollo de una planta que estaba curando.

(PG): ¿Me permite ir a ver? Por favor, venga usted también.

Así salimos afuera. Algunos pasos para estimular el apetito no están mal. Volvemos a ver al jovencito que me abrió la puerta esta mañana: es Juan, el hijo del jardinero.

(PG): «¿Sabe? Hace cuatro años que me diplomé en Agronomía y en un momento pensé en inscribirme en la facultad de Agricultura en Perugia» se confiesa el joven Frassati casi distraídamente. Su atención está totalmente sobre las hojas dañadas por un mal imprevisto e inexplicable.

(E): Me queda una curiosidad. ¿Por qué se ha presentado como Robespierre esta mañana? ¿Tiene un significado político?

(PG): «No. Moral. ¿Recuerda el sobrenombre que le dieron?»

(E): El incorruptible.

(PG): «Ya…»

(La entrevista es imaginaria. Está redactada en base a los testimonios publicados. Las palabras atribuidas a Pier Giorgio Frassati son en gran parte recogidas de sus escritos y reproducidas fielmente, salvo los necesarios retoques formales).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.