En renovación continua

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Flores-Orcajo · Year of first publication: 1985 · Source: CEME.
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eucaristia espiritu«Nadie le pone una pieza de paño sin estrenar a un manto pasado, porque el remiendo tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja el roto peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; sino, el vino revienta los odres; no, a vino nuevo, odres nuevos». (Mt 2,21-22).

«Supuesto este fin, la Congregación de la Misión, atendiendo siempre al Evangelio, a los signos de los tiempos y a las peticiones más urgentes de la Iglesia, procurará abrir nuevos caminos y aplicar medios adaptados a las circunstancias de tiempo y lugar, se esforzará además por enjuiciar y ordenar las obras y ministerio, permaneciendo así en estado de renovación continua». (C 2).

Las comunidades eclesiales aceptaron generosamente la llamada a la renovación, dada por el Vaticano II. La renovación no se considera como un hecho estático, sino más bien como un dinamismo. «Renovarse o morir». La aceleración histórica lo exige.

1. Pasado, presente, futuro.

Salvada la diferencia que existe entre la Iglesia y la Congregación de la Misión, ¿no podríamos aplicar a ésta lo que Pablo VI dijo sobre el pasado, presente y futuro de la Iglesia?:

«La Iglesia, dicen, será venerada por su antigüedad, por una cierta inmovilidad en el paso del tiempo, pero le falta aquel aire moderno que siempre es nuevo… La objeción es fuerte… Merece ser atendida».

El Papa sigue diciendo:

«No obstante esto, la Iglesia es joven. Y lo que más asombra es que las energías de su juventud le vienen de su inalterable persistencia en el tiempo. Precisemos: la parte humana de la Iglesia sufre la inexorable ley de la historia y del tiempo. Su expresión puede marchitarse, puede envejecer, puede morir. Naciones enteras han conseguido borrar su presencia histórica en ellas… pero, la Iglesia, no sólo tiene un principio sobrenatural, ultra histórico, posee también energías incalculables de renovación». (Aud. 12.6.1974).

2. El paso del Espíritu.

La Congregación ha emprendido responsablemente (.1 quehacer de la renovación. Lo afirma explícitamente la Asamblea general de 1980 en la Introducción a las Constituciones:

  • «Abandónense gradualmente las obras de apostolado que, tras un ponderado examen, se vea que en la actualidad han dejado de responder a la vocación de la Compañía». (E 1).
  • «La comunidad se crea constantemente a sí misma renovando, ante todo, los elementos más importantes de nuestro vivir y obrar: el seguimiento comunitario de Cristo… la evangelización de los pobres… la oración… la comunidad de bienes…». (C 25).
  • «Compete al Superior General: 1.° procurar con sumo cuidado… que se promueva constantemente la actividad apostólica y la renovación de la Congregación y que las Constituciones y Estatutos se apliquen de la manera más conveniente». (C 107, 1.°).
  • La Asamblea General, que representa inmediatamente a toda la Congregación, tiene… los siguientes derechos: 1.° velar por el patrimonio del Instituto y Promover, según el mismo la adecuada renovación». (C 137, 1.°).

3. Indiferentes, disponibles, activos.

La renovación continua exige a todos los miembros de la C.M. un gran temple espiritual, esencial para la validez de la renovación y para que ésta esté animada del espíritu evangélico y vicenciano.

La disponibilidad, indiferencia y el amor activo por la Congregación que nos pide San Vicente son las actitudes fundamentales:

«La indiferencia participa de la naturaleza del amor perfecto, ya que es una actividad amorosa que inclina el corazón a todo lo que es mejor y destruye lo que se le impide llegar a él, lo mismo que el fuego, que no sólo tiende a su centro, sino que consume todo lo que intenta detenerlo» (XI 526).

«Le doy gracias porque está Vd. dispuesto a hacer en todo y en todas partes la voluntad de Dios, dispuesto a vivir y a morir en cualquier sitio adonde él le mande. Esa es la disposición de los buenos siervos de Dios y de los hombres verdaderamente apostólicos que no se detienen en nada. Esta es la señal de los verdaderos hijos de Dios que se encuentran en libertad de responder a los designios de un Padre tan digno». (IV 418).

«Bendito sea Dios por esta santa indiferencia que le convierte a Vd. en un instrumento muy idóneo para las obras de Dios». (IV 502).

  • ¿Me considero espiritualmente dispuesto a aceptar todos los cambios que la comunidad me pide por razones de renovación y actualización?
  • ¿Acepto y siento en mí la necesidad de la renovación personal y comunitaria, en la vida apostólica, etc.?
  • ¿Soy fiel a las evaluaciones que la Comunidad pide y organiza?

Oración:

«¡Oh Salvador!, concédenos la gracia de participar en tus disposiciones de indiferencia, disponibilidad y amor hacia la voluntad de tu Padre. Te lo suplico, libertador nuestro, con la confianza de que jamás perderemos en ello nuestra libertad y siempre tendremos estas disposiciones en nuestro entendimiento y voluntad, en donde no entrará nada que pueda separarnos de ejecutar todo lo que tú ordenes. Y al obrar así, tú nos tomarás de la mano y nos harás cumplir tu voluntad, hasta conducirnos a la gloria». (Cf. XI 537).

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