Elogio de la Sociedad san Vicente de Paúl

Mitxel OlabuénagaFormación Vicenciana, Historia de la Sociedad de san Vicente de PaúlLeave a Comment

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El 1885, la Congregación de Ritos colmaba otra vez de elogios a las Conferencias de San Vicente, honrando con ellas al Apóstol de la Caridad. El Cardenal Laurenzi, después de enumerar la multitud de sociedades de benefi­cencia fundadas por este gran Santo, añadía:

cEs también necesario mencionar con especialidad aquí, la Obra incomparable de las Conferencias de señores segla­res que ha tomado el nombre de San Vicente de Paúl. Hu­milde en sus principios, fue fundada en París el 1833 por el ilustre Ozanam, entonces estudiante y luego profesor de la Sorbona; dos Sumos Pontífices, Gregorio XVI y Pío IX, la recomendaron con gran interés y la enriquecieron con pre­ciosos tesoros espirituales. En pocos años se ha multipli­cado de un modo prodigioso y extendídose por los países más remotos en los que alumbra la antorcha de la fe cató­lica. Estos valientes socios, penetrándose del espíritu de San Vicente, su ilustre patrón, han aprendido sus máximas y sus industrias para esparcir los beneficios de la verdadera Caridad cristiana, haciéndolos penetrar hasta el humilde tu­gurio y la obscura choza de los infelices que sufren, multi­plicándolos en provecho de todas las clases pobres, hacién­dolos servir, por último, de manera admirable al bienestar moral de los que los reciben, y, por tanto, a la restaura­ción de toda la sociedad civil.»

¿A qué parte del Universo no envía San Vicente sus hi­jos y discípulos? ¿Dónde no distribuye el oro de sus limos­nas y la luz de sus enseñanzas? Su nombre es conocido y bendecido por toda la tierra; sus ejércitos pacíficos parten para todas las regiones del mundo a combatir la ignoran­cia y el dolor, conquistar las almas y merecer la palma del martirio. Mientras que los nombres ilustres del gran siglo de Luis XIV y de Richelieu permanecen siendo el objeto de una estéril admiración, el humilde Sacerdote que se co­nocía entonces con el nombre del Señor Vicente perma­nece siempre vivo entre nosotros por sus obras de caridad, por el amor de sus Misioneros y de las Hijas de la Caridad por la nueva e inmensa familia de las Conferencias.

ANALES 1906

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