Elizabeth Ann Seton: una santa para todos

Francisco Javier Fernández ChentoIsabel Ana Bayley SetonLeave a Comment

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Autor: Lizette M. Lantigua .
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Como católicos, los santos son para nosotros un ejemplo de la relación íntima que puede tener una persona con Dios; sin embargo, de joven yo no podía relacionarme con las biografías de santos que leía. No sentía que tenía mucho en común con una persona que vivió hace mil años, en otro país muy lejano, con otro idioma y otra cultura. La mayoría de las veces, sus vidas me parecían inalcanzables. No sentía ninguna conexión con ellos. Hasta que un día me presentaron a Santa Elizabeth Ann Seton.

Acompañaba a mi esposo en un viaje de negocios cuando le pregunté al hombre que llevaba las maletas en el hotel la dirección de la Iglesia Católica más cercana. Ese domingo, el hombre pasó el “cepillo” a la hora de la ofrenda. Se dirigió a mí y me dijo en voz baja que tenía un regalo que me quería dar al finalizar la misa.

Al finalizar, me entregó una estampa religiosa con la imagen de Santa Elizabeth Ann Seton, que es conocida como la Madre Seton. La estampa tenía por detrás una tela que había tocado su reliquia. La santa –una episcopal practicante que se convirtió al catolicismo– fue esposa y madre de cinco hijos, y fundó una orden de religiosas después de haber enviudado.

En ese entonces yo no conocía mucho sobre la vida de esta santa; sólo recordaba que, en 1975, el Papa Paulo VI había anunciado su canonización. Yo tenía nueve años y me llamó la atención, porque era la primera santa nacida en mi país, los Estados Unidos.

Meses después, un medico me indicó que quizás me sería difícil concebir. Entonces comencé a rezarle a esta santa, que fue madre de tantos hijos. Al no sentirme bien de salud volví al médico, quien me confirmó que estaba embarazada.

Durante el embarazo tuve muchos pequeños problemas, y me recomendaron descanso para que el bebé no naciera antes de tiempo. Los últimos tres meses los pasé reposando, y el nacimiento del bebé, que se esperaba para el 25 de diciembre, se atrasó. El 3 de enero me indujeron el parto, y el 4 de enero me practicaron una cesárea de emergencia. Tres meses después, agradecida a la Madre Seton por el saludable nacimiento de mi hija, leí la biografía de la santa. Supe entonces que el aniversario de su muerte se conmemora el 4 de enero, día del cumpleaños de mi hija. Interpreté esto como una manera en que la Madre Seton me dejaba saber que ella había intercedido por mí.

Elizabeth Ann Bayley –su apellido de soltera– nació en Nueva York el 28 de agosto de 1774, poco antes del Primer Congreso Continental celebrado en Filadelfia, que conduciría a la Guerra de Independencia y al nacimiento de los Estados Unidos. Realizó su ministerio en Maryland, y su vida está muy relacionada con la historia de este país y con muchas figuras importantes de nuestra historia, como el presidente George Washington y el primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton. Su padre, Richard Bayley, era un famoso médico, y fue el primer funcionario de Salud Pública de la Ciudad de Nueva York. Su familia era prominente y disfrutaba de una buena situación económica.

A los 25 años de edad, Elizabeth Ann se casó con William Seton, el hijo mayor de uno de los más ricos importadores de Nueva York. Siempre fue muy caritativa. Ella y un círculo de amigas ayudaban a los pobres y las viudas de su comunidad. También conoció los problemas económicos cuando la compañía de su esposo quebró. Su mayor aporte a este país fue fundar el primer colegio católico gratuito, el primer orfanato y hospital católico, y la Orden de las Hijas de la Caridad de Emmitsburg, Maryland.

“Todos tenemos algo que nos identifica con ella”, explica la Hna. Mary Clare Hughes, directora del Santuario de la Madre Seton, en Maryland. “El que pierde sus padres de muy joven; el que tiene dificultad con una madrastra; la que es casada; la que es madre; el que lucha con una conversión religiosa; el que sufre problemas económicos; quien sufre la pérdida de un hijo o de su cónyuge, o quien es discriminado por su religión.”

El poder caminar por los mismos sitios que ella, es poder vivir un poco su vida y hacerla más real en nuestra mente. La zona es conocida desde la época de la santa como el Valle de San José. Allí fue edificada una capilla, designada por el Papa Juan Pablo II, en agosto de 1991, como basílica menor, donde los visitantes pueden recibir indulgencias especiales durante sus visitas. En la capilla hay una estatua de la santa esculpida en Italia, y bajo el altar están enterradas sus reliquias.

También en los terrenos se puede visitar dos casas donde la Madre Seton y sus religiosas vivían y enseñaban, un cementerio donde están enterrados sus familiares y mi lugar favorito, el museo. La exhibición relata la vida de esta santa en una película, exhibe sus pertenencias personales tales como su anillo de bodas, libros de oraciones y cartas que les escribía a sus hijos entre muchas otras cosas.

A tres millas de este sitio sagrado hay una gruta, réplica de la de la Virgen de Lourdes, con bellos jardines e imágenes, y allí está el sitio donde la santa enseñaba el catecismo a sus alumnos. Cuando se sale de la basílicas si se mira hacia el cielo, es posible apreciar una imagen dorada de la Virgen en una montaña, la cual señala que allí está la gruta.

“Es alguien a quien uno siente deseos de rezarle. Una mujer casada de una fe profunda”, explica Linda Kozlowski, que visitó la basílica en agosto. Su hermana Judy Krall, de Pensilvania, atribuye varios milagros a la intercesión de la santa, que es un ejemplo para la mujer moderna. Supo tomar decisiones, administrar negocios, valerse por sí misma, crecer en la fe y confiar siempre en Dios. Al morir de tuberculosis, con sólo 46 años de edad, les dijo a las Hermanas reunidas alrededor de su lecho de muerte: “Sed Hijas de la Iglesia, Sed Hijas de la Iglesia”, palabras que parecen hacer echo a todas las mujeres de hoy.

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