VI.- DIFICULTADES
Apuntaremos, brevemente, lo que entorpece o desvirtúa la labor misionera.
Borrachera. El indio americano —escribe el P. Bayle— es sumamente borracho. Su mayor felicidad la puso en trasegar cantidades fabulosas hasta caer como un leño.
El poder de los caciques americanos se medía por el número de tinajas que sus mujeres llenaban hasta el borde.
Muchos hombres de los pueblos se «embolan» para celebrar mejor la alegría de la fiesta que celebran, no molestando empero al misionero en tales circunstancias.
Secuela de la borrachera es la disminución de la raza, pues el «alcohol es cuchillo que los acaba».
Amancebamiento. Otra terrible plaga es el amancebamiento, contra el cual luchan los misioneros con escasos resultados. «Es muy natural a estas gentes vivir con cualquier vecina y así por largo tiempo, sin sentir el menor remordimiento».
En algún pueblo no hay ningún matrimonio católico. «Estoy insertando partidas de Bautismo —dice un misionero— y me extraña ver que la mayoría de los neófitos tienen el mismo apellido. Pregunto la causa y ¡cuál no fue mi sorpresa! al saber que todos eran hijos de un indio llamado Chaleco. El hombre se da el lujo de tener simultáneamente seis mujeres, formando sólo con sus familias el caserío de Diamanta».
No obstante, es consolador ver que cuando va arraigándose más y más nuestra sacrosanta Fe en los indígenas, aumenta progresivamente el número de matrimonios católicos, germen de nuevas generaciones cristianas.
Protestantismo. La rivalidad que frente a las misiones católicas mantienen hoy los protestantes, significa un esfuerzo desesperado para contrarrestar las fuerzas numéricas y morales de los católicos. Se llenan de envidia, sobre todo, al ver cómo 144, misioneros arrastran a las masas, particularmente a los niños para lo cual son ellos impotentes. Mas, los protestantes del Vicariato no duermen, por algo tienen sus sectas unos 10.000 Adeptos en nuestra Misión.
Dificultades de locomoción. Grande es la distancia que separa un caserío de otro. Los viajes por tierra resultan penosísimas por la espesa vegetación tropical; faltan caminos y los puentes son escasos, siendo muy difícil el vadear torrentes y ríos.
El 2 de julio de 1935 se adquirió para el recorrido Mosquitia-Trujillo, la gasovela «Santa Teresita», de seis toneladas y con motor de gasolina de 20 H. P.; pero, desde hace bastante tiempo, está ya fuera de servicio.
Clima tropical. Otros tormentos, más enervantes que las fieras e insectos son el sol que tuesta la piel y empobrece la sangre, y la humedad que mantiene al misionero en constante baño de sudor que le cubre a veces las espaldas de pústulas rojizas, causando una comezón muy desagradable. Cuando el sol cae de plano, si no tienen a mano los dulces cocos para apaga: la sed han de contentarse los misioneros con agua fangosa.
Mosquitos. Existe un furibundo y múltiple enemigo que no respeta edades ni condiciones: el Mosquito, más numeroso que las arenas de la playa. A veces, para poder continuar los bautizos y otras funciones, no queda otro remedio que encender fuego en la iglesia para que se escapen con el humo estos molestos zancudos. No es raro que las giras apostólicas tengan un epílogo de calenturas y violentos vómitos.
Lenguas. Múltiples eran los idiomas que hablaban los hondureños al iniciar los españoles la conquista, pues el licenciado Del Palacio, escribía al Rey de España: «Tantos idiomas son una hábil astucia del demonio para sembrar más fácilmente la discordia entre las tribus y oponerse a la predicación del Evangelio».
Las lenguas indígenas de las diversas razas que pueblan la Mosquitia impiden la labor directa del misionero en los primeros años de su apostolado. Ha de servirse de un intérprete para entenderse con los naturales.
V I I. PORVENIR
Halagadoras son las esperanzas que abrigan los misioneros del Vicariato.
Se fundan en que:
a) Se han establecido tres colegios gratuitos con unos 500 alumnos. En cada residencia dirigen los PP. las escuelas parroquiales, iniciando así a la niñez en la práctica de nuestra re-ligión.
b) Los Padres están realizando un plan de construcciones: Me refiero al levantamiento de templos. En cada pueblo y caserío construyen su capilla.
3) El establecimiento de los nuestros en la Mosquitia ha sido causa de adelantos insospechados en el orden intelectual y moral que harán realidad dentro de poco, la incorporación de esta región al Catolicismo.
Final.
Admiremos a nuestros Hermanos del Vicariato en su labor obscura y sufrida de 34 años, bañando las selvas vírgenes con sudores apostólicos, y tejiendo para nuestra Provincia, y sobre todo para la Misión, una corona de lauros evangélicos.
Intentemos imitar según nuestras posibilidades los altos ejemplos de virtud que nos dan, siendo «misioneros» obsesionados por el noble ideal de la salvación de las almas, como exige San Vicente de nosotros.
NICOLÁS MAS, C. M.






