El Vicariato Apostólico de San Pedro Sula (Honduras) 1911-1945 (V)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

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Author: Nicolás Más · Year of first publication: 1945 · Source: Anales Barcelona.
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La CeibaV.— LABOR MISIONERA
Ocupaciones parroquiales.
En qué condiciones espirituales se hallaba la costa Norte hondureña antes de la llegada de nuestros Padres? El P. GelaIn tiene la palabra: «Al día siguiente de mi llegada a Puerto Cortés, me contó la señora que cuidaba de la iglesia de esta localidad: Ayer se murió un joven católico, y por no haber querido venir el cura de San Pedro, tuvo que morir sin sacramentos, presidiendo el entierro el pastor protestante.
—¿Cuánto dista S. Pedro de aquí?
-Tres horas de tren.
–Es que el buen señor cura —como me enteré después —, no quiso venir a enterrar al difunto si antes no le adelantaban dinero. ¡Dios mío, qué sacerdotes! «…
Nuestros Padres, al llegar al vasto territorio del actual Vicariato, sólo hallaron dos sacerdotes, uno en S. Pedro y otro en Trujillo, los cuales para recorrer los caseríos dependientes de ellos, emplearían unos cinco años.
Poco después, en octubre de 1912, escribía el mismo señor Gelabert: «Asistían, cuando llegué, los domingos a Misa unas 25 personas, siendo así que la ciudad sampedrana tiene 12.000 habitantes. No existían asociaciones piadosas, ni se enseñaba la Doctrina Cristiana. Estoy ocupadísimo en organizarlo todo. He conseguido que los últimos domingos asistiesen a Misa más de 200 personas. Funciona un coro de 25 señoritas que comienzan a cantar admirablemente»…
El Rdmo. Sr. Sastre consiguió en su primer año de regencia del Vicariato (1922) 2.810 bautismos, 120 matrimonios, 2.224 ~lesiones, 5.934 Comuniones, 5 conversiones de protestantes, 3.030 confirmaciones de niños, y 434 confirmaciones de adultos.
Vicariato modelo. fue tal el entusiasmo del Sr. Nuncio al recorrer nuestra Misión, que repetía a todas las personas que le visitaban: «El Vicariato de San Pedro Sula es un alto ejemplo para toda Honduras». El señor Administrador Ap. de Tegucigalpa, que le acompañaba, dijo a su vez: «Verdaderamente, los Misioneros han conseguido el ideal de que la parroquia sea una verdadera familia». Tuvo esta impresión al ver la docilidad y el cariño con que nuestros feligreses obedecían a la menor insinuación de los Padres. (Visita de S. E. Mons. Lunardi, en mayo de 1939).
Excursiones apostólicas.
Acompañemos al Misionero en una de sus excursiones misioneras para formarnos una idea de lo que suele acaecer en tales jiras apostólicas.
Ante todo hay que preparar la maleta. Que sea grande y fuerte, pues en ella hemos de depositar todo lo necesario para los ministerios sagrados: ornamentos, roquete, estola, hostias pequeñas y grandes, vino de Misa, cirios (si los hay), Santos Oleos, Ritual, Misal, Ara, medallas…
«La obediencia — escribía un misionero —me manda ir a visitar un caserío, bastante distante de nuestra residencia, con el fin de bautizar a los niños y hacer cumplir con Pascua a los mayores. Después de 6o kilómetros de tren, bajé en Sabá. Pasamos el río Aguan en un tronco vacío, de 5 metros de longitud, que aquí llaman cayuco. Un susto más que regular nos esperaba, pues no lejos vimos algunos lagartos (caimanes) que acompañaban al cayuco, anhelando que éste vaciara su carga. El barquero nos aseguró que uno de estos famélicos caimanes, el día anterior, le había devorado su perrito.
El resto del trayecto lo hicimos a caballo. El camino sombreado por copas de árboles altísimos; aquí las palmas con sus arcadas naturales; allí tarros (cañas) gruesos como el puño se elevan hasta 15 metros; más allá, árboles de varios metros de diámetro…
El camino es encantador, aunque frecuentado durante la noche por algunas fieras: tigres, víboras… pero no hay peligro, pues las fieras huyen del hombre.
Entrada en el pueblo. Al aparecer el pueblo uno de los que me acompañaban dispara los consabidos tiros de rúbrica, que son muy bien contestados por los del pueblo. Son volteadas alegremente las campanas mientras se inicia la entrada triunfal. No podía ser ésta más solemne: ni siquiera faltaron guitarristas que tocaron con bastante maestría unas piezas lloronas. En tan amable compañía y en medio de la algazara general iba el Misionero repartiendo bendiciones, ya que todos las solicitaban, arrodillados.
Se dirige el cortejo a la iglesia, iniciándose las fiestas misionales o misión.
La Misión. El Sr. Obispo quiere que el Misionero permanezca unos ocho días en cada pueblo para realizar así algún fruto sólido. Se instruye a los indígenas en lo más necesario para salvarse, haciéndoles poner sus miras en el cielo. Por la mañana, Misa y predicación. Por la noche, Rosario, cánticos y sermón. Por las mañanas y tardes, catecismo, que suele ser al aire libre. Busco un tronco para sentarme. Me imitan mis compañeros. Toda la gente se sienta sobre el verde zacate… y con la vista fija en el Padre. Las madres arrullando a sus hi-jos, y dándoles el pecho cuando se inquietan. Antes de despedirlos les doy a todos mi bendición de Padre.
El último día es el destinado a los bautismos: 15 o 20 criaturas porfían por ver quién llora más, mientras sigo las ceremonias del Ritual. Los padrinos se cuidan de alegrar la fiesta comprando «guaro» al por mayor. Pasan toda la noche tocando el tambor, impidiéndome conciliar el sueño. Después, son dos burros los que corren y juegan junto a mi choza. Al fin, me dejan en paz. Recé entonces, una vez más la jaculatoria favorita de todo Misionero hondureño: «Dejadme dormir, Señor, para que mañana pueda trabajar para Vos». ¡Esta es mi llora! me dije y dormiré en santa paz. Poco después, una sinfonía mixta de ladridos me despierta sobresaltado: era la hora de los perros. También los chinches, aliados de los mosquitos, molestan hasta la madrugada. Tuve dos horas para descansar, hasta que ¡otro sobresalto! Me despierta un cerdo que mueve mi catre. Cuatro gallinas y un gato, juntamente con el cuto, se paseaban por mi dormitorio como Pedro por su casa.
Iglesia y viviendas. La iglesia tiene las paredes de empalizada. El techo puntiagudo, fabricado con hojas de palmera. ¿Y el altar? Es una mesa ordinaria cubierta con estampas, papeles y medallas sin dejar apenas lugar para el cáliz. Como dosel un mosquitero y por candeleros dos tazas boca abajo.
Todas las mujeres y niños junto al Padre, sentados en el suelo y con los ojos clavados en mi persona. Los hombres de pie detrás, presidiendo la función con religioso silencio. Acompaño los cantos con armonium a la luz de una vela, que por candelero tiene una botella envuelta en un trozo de periódico, (para disimular).
Las viviendas son del mismo material que la iglesia. Un par de cajones sirven de armarios, otro par sustituyen a las sillas. La chimenea es la puerta de entrada, única de la choza, por la que desaparece el humo, después de ennegrecerlo todo. La reunión de 20 chozas como la descrita, diseminadas entre yerbazales, de aspecto mísero, forman uno de tantos caseríos.
Despedida. Llegó la hora de dejar a los habitantes del caserío. Todos los vecinos, al repique de las campanas, salen en masa a despedirme. Al no permitirles que me acompañen rom-pen todos a llorar, suplicándome que pronto les visitara de nuevo. Montamos en las caballerías, y… adi000ós! típicamente acompañado de movimiento de brazos, estilo aspas de molino de viento, hasta perdernos de vista»…
Labor de educación.
Colegio «San Vicente de Paúl». Es para muchachos, bajo la protección directa de Mons. Se terminó el edificio en 1925, siendo bendecido poco después. Lo dirigen varios misioneros, ayudados de tres profesores indígenas. Suelen matricularse de 15o a 200 alumnos, a quienes se enseña los cinco grados de la Primaria, según el programa oficial.
Colegio «María Auxiliadora». Llegaron las Hijas de San Juan Bosco a San Pedro Sula en 1939, llamadas por Mons. Sastre, que ardientemente deseaba un centro de educación para jóvenes.
El 15 de agosto de 1941 bendijo el Vicario Apost. el nuevo edificio colegio «María Auxiliadora». Las Salesianas, notables educacionistas a lo San Juan Bosco, cumplen su misión educadora con beneplácito de las familias Sampedranas.
Escuela de Trujillo, llamada «La Milagrosa», en la que se enseña el estudio de las primeras letras, siendo dirigida por profesoras, bajo la dependencia de los Padres, los cuales enseñan catecismo dos veces por semana.
Escuela de Patuca. El 15 de septiembre de 1935 inauguróse la escuela católica de Patuca, bendiciéndose en este día el Pabellón nacional. Al frente de este centro docente quedó el entusiasta patriota, Coronel don Félix Ramos. El plan de enseñanza que se observa en la escuela misional está ajustado a las normas que sigue la enseñanza nacional, con la sola diferencia de que en sus asignaturas incluye la Doctrina Cristiana.
En el Primer año asistían ya 35 zambitos.
El Semanario «Buen Amigo». Empezó a editarse en 1931, sustituyendo a la Revista «Aurora». «Nuestro periodiquillo es constante y fiel en visitar a nuestros feligreses. Su visita no es visita protocolaria, es visita de amigo bueno que desea el bien de sus amigos y lectores. Sencillamente ama y manifiesta su cariño iluminando el buen camino que deben seguir sus lectores».
Es repartido gratuitamente a todos los feligreses.

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