El Superior General es considerado como el sucesor de San Vicente y rige los destinos de la Congregación conforme a las Constituciones de la misma. Es elegido por la Asamblea General, por un periodo de seis años, pudiendo ser reelegido por otros seis años.
Su figura está descrita en las Constituciones de la Congregación de la Misión, como el centro de unidad y de coordinación de todas las Provincias. Debe por lo tanto ser fuente de la animación y de la actividad apostólica.
Actualmente es Superior General el P. Gregory Gay. Nació en Baltimore, USA el 8/10/53. Ingresó en la Congregación el 8/8/3. Fue ordenado sacerdote el 24/05/80. Fue elegido en la Asamblea General de 2004 por un periodo de seis años.
El día 8 de julio de 2010 la Asamblea General de la C.M., que se celebraba en París, lo reeligió por otros seis años.
Entrevista con el P. Gregory Gay el día de su reelección
Unas horas después de su reelección, este cronista le pidió al P. Gregory G. Gay una pequeña entrevista para estas crónicas. Y el P. Gregory no dudó un solo instante en concedérmela. Todos conocemos al P. Gregory, pero es bueno que él también exprese sus sentimientos y sus pensamientos para todos los lectores de este doméstico medio de comunicación.
— ¿Le ha sorprendido la reelección?
— No. Porque he tratado de actuar de forma muy clara, muy sencilla en lo que ha sido mi experiencia de estos seis años, y he dado a los cohermanos la oportunidad de ver si quieren caminar por esta línea o no. Después de haber escuchado los diferentes diálogos en la sala, veo que las cosas que yo considero importantes siguen siendo cosas importantes para los cohermanos. Referente al futuro de la Congregación, no voy a mencionar las cosas porque se puede leer en mi informe al principio de la Asamblea.
— ¿Cómo se encuentra en estos momentos?
— En estos momentos me encuentro bien, como ya expresé a todos. El sentimiento no es el mismo que yo tenía hace seis años, porque, hace seis años, yo no sabía lo que significaba ser Superior General. Ahora sé que es un trabajo enorme, que exige mucha energía, pero estoy dispuesto a continuar con mi idea de hacer un plan de redistribución del trabajo dentro del Consejo y la Curia y, al mismo tiempo, lo que ya dije después de la elección, en cuanto a lo que es una constante en mí desde hace seis años y que no ha cambiado. Me refiero a mis sentimientos: mi amor por la Congregación, mi amor a la Familia Vicenciana y mi amor a los pobres. Esto no cambia y por ello me siento animado a seguir en esta línea.
— Comienza una nueva etapa. ¿Con qué ánimo?
— Con un ánimo bueno. Lo que para mi será muy importante es que la Asamblea General escoja, para el Superior General, un buen equipo de trabajo con el que podamos trabajar juntos, distribuyendo el trabajo tal como es necesario, para el bien de la Congregación y las otras responsabilidades que todos tenemos en relación a la Familia Vicenciana.
— ¿Le han proporcionado muchos disgustos estos seis años pasados?
— Yo creo que es normal dentro del contexto de una responsabilidad grande, como es el ser Superior General, el experimentar disgustos. Tal vez una de las cosas que me disgusta más es cuando observo ausencia del celo que se debe tener como vicenciano. Me disgusta, sobre todo, cuando veo que no somos como San Vicente quería, con esa virtud que él más quería; me estoy refiriendo a cuando no somos sencillos, cuando no somos transparentes en lo que queremos decir y faltamos a la caridad al no decir directamente a la persona lo que uno piensa. Muchas veces, hablamos fuera de lo que sentimos y no lo hacemos directamente con la persona. Yo lo he experimentado y siento que es lo que más me disgusta: cuando no hablamos directamente con el interesado, tal vez por miedo de que no lo va aceptar o algo así. La falta de sencillez me disgusta mucho.
— ¿Y alegrías?
— Muchas alegrías. Tal vez la oportunidad de experimentar, como dije en mi informe, el carisma vivo en diferentes lugares, sea en la Congregación, en las Hijas de la Caridad o en otras ramas de la Familia Vicenciana, sobre todo cuando trabajan juntos con mucho entusiasmo. Por ejemplo, sentí una gran alegría cuando España celebró el Congreso de la Familia Vicenciana; el nivel de entusiasmo y el deseo de encaminar la Familia Vicenciana era muy real. Otro motivo de gran alegría es cuando, yendo de un país a otro, experimento este mismo entusiasmo, muchas veces en situaciones muy difíciles.
— ¿Cómo ve la Congregación en estos momentos?
— Tengo mucho optimismo y mucha esperanza. Hemos escuchado una intervención aquí, en la Asamblea, que yo escuché también en 2004, creo que fue la misma persona. Me refiero a que estamos disminuyendo en número. Esto es solamente una parte de la Congregación. Lo interesante para mi es la parte de la Congregación donde el Superior General y los Asistentes hemos visto cómo la Congregación está joven, donde la Congregación está creciendo, y poner nuestra mirada hacia allá.
Debemos asegurar un buen liderazgo, buenos líderes para estos lugares. No se trata de decir que no pongamos interés en las otras partes del mundo, sino que debemos reenfocar energías que, tal vez, hemos puesto en una parte del mundo y dirigirlas hacia esta otra parte donde estamos en crecimiento.
— Y a los pesimistas, ¿qué les dice?
— Yo creo que tal vez una de las dificultades es que, cuando no tenemos una experiencia suficientemente internacional, caemos en actitudes pesimistas porque vemos solamente nuestra propia realidad y, si esta propia realidad no anda bien, si estamos perdiendo el espíritu o estamos disminuyendo en número, podemos estar más preocupados por el mantenimiento, en vez de impulsar una creatividad que nos haga ir hacia delante. También puede ocurrir esto cuando tenemos dificultades con cohermanos jóvenes, que viven a su manera, de forma un poco independiente… Yo digo que es mejor que abramos horizontes a la Congregación internacionalmente, y ello puede tener un efecto positivo para reanimar la propia realidad. Yo he oído a Sor Evelyne Franc hablar en el sentido de que todos somos parte de una cosa entera, en nuestro caso la Congregación de la Misión, y de que debemos sentirnos orgullosos donde el carisma está fuerte y con efectos positivos, sobre todo, en el servicio a los pobres y en la evangelización. Esto puede ser una forma de ayudarnos a la conversión, a la renovación en los lugares donde somos débiles y en los que, tal vez, hemos disminuido un poco.
— ¿Cuál ha sido su primer pensamiento cuando la Asamblea le ha mostrado su cariño con un sonoro aplauso?
— Algo que yo traté de repetir entonces, y fue: gracias por su amor, por su apoyo; siento que una gran cantidad de cohermanos me respetan, me quieren, están dispuestos a apoyarme. Eso me hizo sentir bien y me dio ánimos para continuar.
Y el P. Gregory se despide del cronista con la misma sonrisa con la que le recibió. Y el cronista le da la enhorabuena, le desea lo mejor, le da las gracias y piensa que está ante una buena persona, un cristiano cabal y un vicenciano convencido y convincente.







