Analizamos nuestra realidad
CONTEMPLAMOS NUESTRO MUNDO
El mundo es una paradoja, pues mientras la mitad del planeta produce y consume diariamente más del doble de las calorías necesarias para sobrevivir y se desvive por inventar una receta eficaz para adelgazar, la otra mitad se muere de hambre.
Mientras en la parte que llamamos «desarrollada» del planeta, se discute sobre cómo ponerle fin a las guerras, los organismos internacionales diseñan las recetas «mágicas» para volver a los pobres menos pobres (pero no más ricos). Si analizamos la realidad mundial a nivel desarrollo humano en cuanto a pobreza cuantitativa, encontramos comparativas que son grandes paradojas mundiales:
- De los 842 millones de personas que padecen hambre, sólo 10 millones se encuentran en los países industrializados, mientras que 34 millones están en los países en transición y 798 millones en los países en desarrollo.
- Los países industrializados (la cuarta parte de la población del norte) consumen entre el 60 y el 80% de los recursos naturales (70% de la energía mundial, el 75% de los metales, el 85% de la madera y el 60% de la comida).
- El promedio de ingreso de los 20 países más ricos es 37 veces mayor que el de los 20 más pobres; una brecha que se ha duplicado en los últimos 40 años.
- Las 356 personas más ricas del mundo disfrutan una riqueza que excede a la renta anual del 40% de la humanidad.
- El 60% de las personas actuales no han hecho nunca una llamada telefónica y 1/3 de la humanidad vive sin electricidad. El 79% de los usuarios de internet reside en los países ricos, mientras que sólo el 0,4% de los habitantes del África subsahariana tiene acceso a la red.
- La mitad de la población mundial (entre 2,5 y 3 miles de millones de personas) sobreviven con menos de 2 dólares diarios. Más de mil millones con menos de 1 dólar diario.
- El costo de tener una enseñanza básica para todos sería de 6 mil millones de dólares, mientras la creación de cosméticos en Estados Unidos tiene un coste de 8 mil millones dólares.
- Crear la infraestructura para tener agua para todos tendría un coste de unos 9 mil millones de dólares, mientras que la producción de helados para Europa tiene un coste real de 11 millones de dólares. En general el costo de las armas en el mundo es de 780 mil millones de dólares, mientras que mantener un sistema de salud en la maternidad mundial costaría 12 mil millones de dólares.
- El costo para acceder a una salud y nutrición básica para todos, tendría un coste de 13 mil millones de dólares, mientras que el cuidado de mascotas en Europa y Estados Unidos cuesta 12 millones de dólares.
LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO
La Declaración del Milenio fue aprobada por 189 países y firmada por 147 jefes de estado y de gobierno en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas celebrada en septiembre de 2000. Los Objetivos de desarrollo del Milenio (ODM), ocho ambiciosos objetivos que se intenta alcanzar para 2015, se basan directamente en las actividades y metas incluidas en la Declaración del Milenio. Los ODM se componen de 8 Objetivos y 21 metas cuantificables que se supervisan mediante 60 indicadores:
- Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
- Objetivo 2: Lograr la enseñanza primaria universal.
- Objetivo 3: Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.
- Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil.
- Objetivo 5: Mejorar la salud materna.
- Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.
- Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
- Objetivo 8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
Los Objetivos de desarrollo del Milenio consolidan muchos de los compromisos más importantes asumidos en las cumbres y conferencias de las Naciones Unidas en la década de los 90. Reconocen explícitamente la dependencia recíproca entre el crecimiento, la reducción de la pobreza y el desarrollo sostenible. Pero los ODM son responsabilidad de todos y todas los ciudadanos del mundo. Son ocho objetivos encadenados, por lo que es importante cumplir todos, si uno falla lo hace también el resto. No se puede disminuir la mortalidad sin combatir el SIDA, ni se puede desarrollar un país para que funcione de forma autónoma si no se invierte en la enseñanza. Si no consigue esto, no se conseguirá abastecer a todo el mundo aunque teóricamente estemos en un mundo capaz de producir suficientes alimentos para todos. Pero todos debemos ser corresponsables de su cumplimiento: desde los gobiernos hasta los ciudadanos en su ejercicio de una ciudadanía responsable, porque con pequeños gestos desarrollamos una forma de servir y de ser solidarios.
Ante esta situación:
- ¿Cuál es mi actitud? ¿Me es indiferente? ¿Cómo me siento cuando veo las cifras?
- Cuándo paso por el lado de alguien que está sufriendo, ¿cuál es mi postura?
- ¿Qué tengo que hacer yo para que los ODM se cumplan? ¿Tengo que eliminar o incrementar algo en mi vida?
- ¿Me detengo habitualmente a pensar qué debo cambiar en mi vida para que ésta sea acorde con una equitativa distribución de los bienes mundiales?
Iluminamos nuestra realidad con la Palabra de Dios
Leemos y comentamos el Evangelio:
El Buen Samaritano (Lc 10,30-37)
- ¿Cómo puede situarse un joven vicenciano frente a las personas que están en nuestro camino? ¿Qué personas nos cruzamos en nuestro camino y necesitan de nuestra ayuda? ¿Cuántas veces hemos pasado de largo como el levita o el sacerdote y cuándo hemos sido samaritanos?
- El samaritano muestra la cercanía, el bajarse del caballo, la escucha, la colaboración con otros, la perseverancia, no da rodeos y cuando no puede más pide la colaboración de otros. ¿Cultivo estas cualidades en mí? ¿Cuál de ellas me parece más importante?
Leemos y comentamos estos textos de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac
«SERVIR A LOS POBRES ES IR A DIOS» (SVP, IX, 25)
«Él mismo quiso nacer pobre, recibir en su compañía a los pobres, servir a los pobres, ponerse en lugar de los pobres, hasta decir que el bien y el mal que les hacemos a los pobres los considerará como hechos a su divina persona. ¿Podía acaso demostrarles un amor más tierno a los pobres? ¿Y que amor podemos nosotros tenerle a Él si no amamos lo que Él amó? No hay ninguna diferencia, señoras, entre amarle a Él y amar a los pobres de ese modo; servirles bien a los pobres es servirle a Él. (SVP, X, 954-955).
«De modo que, si hay algunos entre nosotros que crean que están en la Misión para evangelizar a los pobres y no para cuidarlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, les diré que tenemos que asistirles y hacer que les asistan de todas las maneras, nosotros y los demás, si queremos oír esas agradables palabras del soberano Juez de vivos y de muertos: «Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado, porque tuve hambre y me disteis de comer, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me cuidasteis». Hacer esto es evangelizar de palabra y de obra; es lo más perfecto; y es lo que nuestro Señor practicó y tienen que practicar los que lo representan en la tierra». (SVP, XI, 393).
«Sed muy afables y dulces con vuestros pobres, sabéis que son vuestros maestros y que es necesario amarles con ternura y respetarlos grandemente. Es suficiente que estas máximas estén en nuestro espíritu, es preciso que nosotros lo testimoniemos con nuestro cuidado caritativo y dulce» (Escritos de Santa Luisa, 319).
- ¿Qué encontramos en las palabras y el ejemplo de San Vicente y Santa Luisa que nos toca personalmente y es desafío para el joven vicenciano?
Nos comprometemos
Elaborar una escala de las pobrezas que consideréis en vuestropaís más significativas
Dentro del grupo nos dividimos en parejas. Cada pareja elaborará, según su criterio, tres escalas: una con las pobrezas que consideremos urgentes, otra con las pobrezas en orden cuantitativo (más numerosos), y otra con las pobrezas emergentes. Luego realizamos una puesta en común con las aportaciones de cada pareja e intentamos hacer una única escala, para ello debatiremos sobre las diferentes posturas que han salido en las escalas en cuanto a urgencia, número y emergentes.
- ¿Estás comprometido con alguna de estas pobrezas?
Oración
- AMBIENTACIÓN Y CANTO
- LECTURA DEL EVANGELIO DE MATEO 25,31-46
- REFLEXIÓN:
El amor que pasa por nuestro corazón cuando servimos a los pobres no puede ser nuestro… porque muchas veces no hay explicación para ese amor, simplemente yo soy cauce de él. Yo soy Dios para los pobres y los pobres son Dios para mí también; por lo tanto, todo es muy sencillo, al final solo queda: DIOS y AMAR A DIOS.
Esta experiencia nos cambia la vida; lo que ofrecemos a nuestros hermanos necesitados son nuestros cuidados, atenciones, nuestras caricias, nuestra lucha para que superen sus heridas, tengan su dignidad, crezcan como personas… Pero además y sobre todo, tenemos que dejar que el amor de Dios siga pasando a través de nosotros con fluidez, a raudales…
Pero corremos el riesgo de medirlo todo por los resultados; entonces no tiene sentido nuestro servicio, porque cambiamos la mirada de Dios, y el pobre, por desgracia, se convierte en usuario. Tenemos el reto de encontrar el equilibrio entre la FIRMEZA Y LA TERNURA, trabajar incansablemente por ayudarles a ser protagonistas de su propio crecimiento, no sustituirlos.
La dimensión de fe es la que nos hará servirles con dulzura, respeto y devoción; cuando amamos, entendemos, perdonamos, damos oportunidades, pero también impulsamos, animamos, corregimos… EL AMOR ES CREATIVO HASTA EL INFINITO para encontrar cauces para dejar a Dios ser Dios en nosotros, también en los momentos difíciles.
- GESTO: Recordamos el nombre de alguien y el momento donde, realizando algún servicio, hemos encontrado el rostro de Cristo en el hermano que sufre.
- ORACIÓN (según los escritos de Santa Luisa de Marillac)
Señor, concédenos imitar tu vida, tu manera de obrar.
Tú nos has dicho que estabas en la tierra
para servir y no para ser servido.
Enséñanos a practicar una gran mansedumbre con todos,
a imitar tu gran bondad en la manera de acoger.
Como tú, Señor, deseamos amar con ternura
y respetar profundamente a todos aquellos
con quienes nos encontremos;
deseamos ser afables y bondadosos con los más desprovistos.
Señor, enséñanos a conservar siempre
un profundo aprecio por nuestro prójimo.
Tu vida en la tierra, tu muerte y tu resurrección
nos hablan de tu amor por todos. Amén.
Preguntas para compartir
- ¿Cuáles son las cualidades que un joven vicenciano tiene que potenciar en el servicio a los pobres?
- ¿Qué tipo de pobreza te parece más urgente en nuestra sociedad actual mundial?
- Pon un ejemplo de servicio vicenciano que haya en tu entorno e interpele tu vida.
Joven vicenciano = Buen samaritano (Lc 10,30-37)
(Documento de reflexión para la preparación del «Encuentro Mundial de Jóvenes Vicencianos», Madrid 2011)
A más de dos mil años de distancia, esta parábola mantiene su actualidad y fuerza inspiradora, y nos ayuda y sostiene en el servicio al estilo de San Vicente de Paúl.
Recorramos la relación de ayuda realizada por el Buen Samaritano delineando seis connotaciones trazadas por él que nos sirven como referencias concretas para la actividad pastoral, que el joven vicenciano debe interiorizar en su servicio:
Primera connotación: el ser conscientes, «al verle»
«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó a él y al verle tuvo compasión» (Lc 10,30-33).
Los tres protagonistas de la narración «ven» al desventurado, pero cada uno lo mira con ojos y corazones diferentes. El sacerdote y el levita, condicionados por el papel religioso de una concepción vertical de la relación con Dios, por las prescripciones de la ley y de las expectativas culturales, «dieron un rodeo», mientras que el Samaritano se detiene, guiado por las razones del corazón.
Segunda connotación: la compasión, «tuvo compasión»
El Samaritano conjuga la convicción externa del ver con una respuesta interior, se deja conmover e interrogar por lo que ve.
La compasión, del latín «cum pasión» = sufrir con, no es hecha ni de piedad ni de superioridad, sino que es un dejarse tocar por las heridas de los demás.
La relación de una ayuda eficaz se basa en el desarrollo de actitudes interiores como la compasión, la sensibilidad y la estimulación para orientar e inspirar la acción.
Tercera connotación: la cercanía, «llegó a él»
No es suficiente advertir el estremecimiento del corazón ante las imágenes que turban e interrogan; la sensibilidad interior sin la acción externa permanece estéril y mortificada.
Acercarse significa romper las barreras geográficas o culturales para hacerse prójimo; acercarse es algo particularmente crítico frente a aquellas personas con patologías que, a veces, provocan fastidio o rechazo en los agentes sanitarios, como los drogadictos, los enfermos mentales, seropositivos y los afectados de SIDA, los moribundos,…
Cuarta connotación: el cuidado, «vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino»
El Samaritano no llega a la escena con las manos vacías, sino lleva consigo los recursos que la prudencia y el buen sentido le sugieren.
Vendar las heridas, hoy, significa ofrecer acogida a quien está en el dolor, a través de la gentileza y de gestos que encarnan la bondad; echar el aceite de la esperanza y el vino de la consolación, simbolizan el acto de curar las llagas físicas y morales de los que sufren.
Quinta connotación: el acompañamiento, «y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él»
Después de haber interrumpido su viaje para socorrer al desventurado, el Samaritano enfrenta la situación de emergencia, lo acompaña a una posada y vela junto a él toda la noche.
Acompañar es recorrer un trecho de camino con quien se siente solo y descorazonado, con quien está tentado de rendirse porque está cansado y exasperado. Es hacer propio este mensaje: «No camines frente a mí, no te podría seguir; no camines detrás de mí, no podría verte; camina junto a mí y sé amigo mío».
Sexta connotación: la colaboración, «Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y si gastas algo más, te lo pagaré, cuando vuelva»
Después de haber pagado personalmente los gastos, el Samaritano no pretende hacer todo por sí solo, sino que involucra al posadero, en el proyecto de asistencia.
Éste es el campo vital en el que obra la pastoral actual. A más de veinte siglos de distancia, es el aspecto de la parábola que ha gozado el mayor desarrollo. La posada ha sido sustituida por millares de estructuras sanitarias: hospitales, centros de emergencia y de rehabilitación, casas para ancianos, etc. y el posadero ofrece cirujanos, radiólogos, anestesistas, cardiólogos, enfermeros, técnicos, auxiliares, cada uno con una competencia específica.
La tragedia del desventurado se nos vuelve a proponer a nosotros hoy, a través de miles de acontecimientos diferentes y las actitudes del Buen Samaritano encuentran eco en los gestos de quien se hace próximo del que sufre.







