El sentido de pertenencia a la AIC

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación Internacional de CaridadesLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Año publicación original: 1999 · Fuente: Justicia y Caridad, 1999.
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aicLa primera Línea programática AIC termina con la frase: «Sólo dentro de un espíritu de pertenencia más firme, po­dremos llevar a cabo el proyecto de San Vicente y así con­tribuir mejor a la acción internacional para la eliminación de la pobreza». Pero, ¿Cuál es este sentido de pertenencia a la AIC, tan im­portante?

El sentido de pertenencia a la AIC y sus bases

El sentido de pertenencia es un lazo moral que se establece entre una persona y una institución de la que forma parte, bien naturalmente (una familia, una ciudad), bien por libre adhesión (asociación, comunidad…). La persona conoce y estima la uti­lidad, los objetivos, los ideales de dicha institución y acepta los compromisos y deberes que conlleva su adhesión. El sentido de pertenencia a la AIC es una actitud del espíri­tu que nos da conciencia de pertenecer a una asociación a la que, libremente, hemos elegido pertenecer. Es un elemento funda­mental de comunión en nuestra comunidad asociativa que ga­rantiza su eficacia a todos los niveles. Se trata de un sentimiento que madura poco a poco y que se asienta sobre algunos pilares fundamentales: 1) El primer pilar es el conocimiento de la AIC, de su identi­dad, de sus objetivos, de su estructura, de su ubicación por el mundo. Sin este conocimiento es imposible evaluar si la AIC co­rresponde a nuestros deseos y a nuestras esperanzas y, en con­secuencia, de suscitar en nosotros el deseo de pertenecer a ella y de comprometernos en sus actividades. Sólo el conocimiento de la asociación puede ofrecer a nuestra adhesión motivos más profundos y fuertes que un sencillo y superficial atractivo. Es importante que cada miembro conozca bien todo lo re­ferente a la asociación para ser capaz de hablar de ella con com­petencia y objetividad cuando se le presente la ocasión, sin exa­geración, pero también sin reticencia. 2) El segundo pilar es él sentido de pertenencia y la volun­tad. Para adherirse a un proyecto no es suficiente conocerlo, hay que creer en él, amarlo y decidir comprometerse con él. San Vicente decía que no debemos juzgar nuestras obras me­jores que las demás, pero que debemos amar la nuestra más que las otras, como cada cual ama a su madre más que a las demás mujeres, incluso si éstas son más bellas o mejores. Esta elección afectiva es indispensable para todas las/os vo­luntarias/os, y no sólo para quienes se acercan a la AIC por pri­mera vez y deben decidir si desean entrar o no en la asociación. Cada cual puede encontrarse, a veces, enfrentado a dificultades y obstáculos, así como a incoherencias, errores, debilidades, y sentirse tentado de abandono. En estos momentos hay que vol­ver a interrogarse sobre los motivos de nuestra adhesión, y re­novar el compromiso de pertenencia. Únicamente con la con­vicción del valor de nuestra elección podremos ser lo suficientemente fuertes para sobrepasar las tentaciones y trans­formar las dificultades en desafíos para aceptar con valor, con­fianza, esperanza y entusiasmo. 3) Para terminar, el tercer pilar es el factor humano: la so­lidaridad. Pertenecer a una asociación no significa sólo adherirse a un proyecto, sino que significa igualmente establecer relaciones con otras personas, basadas en un proyecto de vida común, un mismo ideal y un mismo espíritu. Así pues, se trata de una relación más fuerte que un lazo de amistad individual que se arraiga profun­damente en la vocación común. En esta relación podemos sentir la alegría y el orgullo de formar parte de la gran familia AIC. La pertenencia es un punto de referencia permanente, una referencia a un proyecto, a los métodos y criterios empleados por la asociación, un apoyo, un sostén para la acción de cada cual, produciendo confianza y coherencia en nuestra acción. Ninguno de estos pilares son suficientes por separado. Hay que apoyarse en todos, mediante la formación, seria y comple­ta, y el compromiso personal que son los que pueden reforzar nuestra adhesión al proyecto de San Vicente y nuestro sentido de pertenencia a la AIC.

Los motivos que sostienen el sentido de pertenencia

El sentido de pertenencia supone el conocimiento de la aso­ciación así corno profundos motivos de adhesión ¿cuáles son esos motivos?

  • El primero es la decisión de formar parte del voluntaria­do y de afirmar dentro de él la especificidad vicenciana, ofre­ciendo un aporte original y coherente
  • El segundo es la opción por un estilo de vida basado en la libertad y la gratuidad.
    • Libertad, ya que se trata de una decisión libre, tomada a causa de una convicción personal entusiasta y generosa. Es un compromiso moral más fuerte que un contrato, pues su objeto es el don y no un contrato de trabajo.
    • Gratuidad: que va más allá de la decisión de trabajar sin retribución, estado de espíritu, basado en la solidaridad, el sen­tido de responsabilidad, el ofrecimiento, no sólo de nuestro tiempo sino de nosotras/os mismas/os.
  • Un motivo todavía más importante es la decisión de res­ponder a tina vocación y la plena conciencia de ello. La deci­sión de pertenecer a la asociación es nuestra manera de repetir las palabras de Isaías: «Heme aquí, Señor, envíame», las pala­bras de María: «He aquí la esclava del Señor». Hay que comprender bien que el sentido de pertenencia al voluntariado vi­cenciano es nuestra manera de responder a nuestra propia vo­cación mediante el don de nosotros mismos, según el proyecto de San Vicente. La adhesión completa y sincera a la AIC im­plica la integración espiritual al carisma, al espíritu, al estilo propio de la asociación. La vocación vicenciana es un llama­miento del Señor a recibir el carisma y el método de San Vicente como un «don» que Dios nos ofrece para llevar a la práctica la caridad evangélica de una manera específica: la del proyecto de San Vicente. No se trata solamente de seguir algunas reglas de organización, sino de impregnarse de una espiritualidad particular que llegue a modelar nuestro espíritu y propicie actitudes inte­riores que iluminen de manera especial nuestro cristianismo.

El sentido de pertenencia en los detalles concretos de la vida de la Asociación

Examinemos ahora cómo se expresa, en la práctica, el sen­tido de pertenencia. Éste se desarrolla, sobre todo, en el equi­po local del que formamos parte. Según la intuición de San Vi­cente el equipo (o grupo, centro, filial etc…) es la primera y fundamental célula de nuestra asociación, el centro operacio­nal donde se realiza el proyecto de nuestro fundador. La participación en la vida de un grupo es una escuela extraordinaria para cultivar y acrecentar el sentido de per­tenencia

  • El grupo es el primer lugar donde se experimenta la so­lidaridad y el trabajo en común, donde se aprende a escuchar y a respetar a los demás,
  • El grupo proporciona las primeras informaciones y la pri­mera formación, referente a la asociación y a los fundamentos del proyecto vicenciano,
  • En grupo se aprende cómo acercarse y cómo servir a los pobres, En grupo se pone en común la formación y la reflexión,
  • En grupo se nos informa sobre las iniciativas y las líneas de acción y sobre la formación a todos los niveles de la aso­ciación: nacional, regional, internacional,
  • El grupo forma el espíritu de servicio efectuando un tra­bajo solidario, al mismo tiempo que pone de relieve los talen­tos de cada cual y enseña a aceptar, con el mismo espíritu de disponibilidad y humildad para el bien común, tanto el trabajo más oscuro como la más alta responsabilidad,
  • En el grupo se aprende a evaluar las actividades, la mo­tivación, la coherencia con el espíritu vicenciano, las actitudes personales.

Para que todo esto se realice es necesario que las reuniones del grupo no se instalen en una rutina aburrida, sino que por el contrario, sean dinámicas, creativas, capaces de ofrecer a sus miembros importantes ocasiones de reflexión y de formación. Un grupo local vivo, creativo, abierto a las sugerencias de sus miembros, de la asociación nacional e internacional, puede ayu­dar a adquirir un profundo espíritu de pertenencia tanto a la asociación como a la amplia familia vicenciana. En conclusión, podemos decir que el sentido de pertenencia es también el vivir una aventura humana y espiritual, que nos hace sentir lo maravilloso del compartir con los demás la fe en una gran idea y en un gran proyecto espiritual; que es bello compartir la fi­delidad a nuestros orígenes comunes, así como las motivaciones, los objetivos, los ideales de la asociación, viviendo como en una familia espiritual de la que estamos orgullosos de pertenecer. Dentro de esta óptica, la inscripción es el signo exterior que expresa y confirma nuestra decisión interna de pasar de una colaboración externa a un compromiso más intenso mediante la decisión de pertenecer a la asociación. El pago de la cuota posee también un profundo valor: es el signo tangible de nuestra voluntad de contribuir mediante un gesto solidario, a la vida de la asociación. Es un compro­miso de co-responsabilidad, es, sobre todo un signo, un símbolo de pertenencia. Por esto mismo, el pago de la cuota tiene un sig­nificado diferente que un donativo. Un don, incluso si es nece­sario para la asociación, puede ser un sencillo gesto de apre­ciación de las actividades realizadas y no implica un compromiso personal. La cuota, por el contrario, expresa la decisión de per­tenecer a la asociación, de asumir la responsabilidad de un com­promiso. El pago de la cuota anual es una manera de exteriori­zar, de hacer visible, de confirmar, nuestra pertenencia.

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